sábado, 14 de enero de 2012

Llamado por Dios (Oswald Chambers)



Llamado por Dios


"Enseguida oí la voz de Dios que decía: «¿A quién voy a enviar? ¿Quién será mi mensajero?» Isaías 6:8 (TLA)

"Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré y quién irá por nosotros? entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí". Isa_6:8


El Señor no le dirigió su llamado a Isaías, sino que el profeta le oyó decir: "¿quién irá por nosotros?" El llamado divino no es sólo para unos pocos escogidos; es para todo el mundo. Si escucho o no su llamado depende de la condición de mis oídos y lo que oigo exactamente depende de mi actitud espiritual. Pues muchos son llamados, pero pocos escogidos (Mat_22:14). Es decir, pocos prueban que son los escogidos. Éstos son los que han entrado en una relación con Dios por medio de Jesucristo, cuya condición espiritual ha sido cambiada y sus oídos abiertos. Entonces escuchan la voz del Señor que continuamente pregunta: "¿Quién irá por nosotros?" Dios no elige a alguien y le dice: "Ahora, ve tú". Él no le impuso su voluntad a Isaías cuya respuesta, en completa libertad, solo podía ser: "Heme aquí, envíame a mí".
Aparta de tu mente la idea de suponer que Dios va a venir a obligarte o suplicarte. Cuando nuestro Señor llamó a sus discípulos no hubo ninguna presión irresistible desde afuera. La tranquila aunque vehemente insistencia de su "venid en pos de mí" les fue dirigida a hombres que tenían todos sus sentidos receptivos (Mat_4:19). Si permitimos que el Espíritu Santo nos lleve cara a cara con Dios, también escucharemos lo que oyó Isaías la voz del Señor y, en perfecta libertad, también diremos: "Heme aquí, envíame a mí".



viernes, 13 de enero de 2012

¿Alguna vez has estado a solas con Dios? (Oswald Chambers)



¿Alguna vez has estado a solas con Dios?


"Más tarde, cuando Jesús se quedó a solas con los doce discípulos y con las demás personas que se habían reunido, le preguntaron el significado de las parábolas" Marcos 4:10 (NTV)

"Cuando quedó sólo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola",
Mar_4:10

Él a solas con nosotros. Cuando Dios nos lleva a estar a solas por medio del sufrimiento, la aflicción, o la tentación, por la desilusión y la enfermedad, o por los deseos frustrados, por una amistad rota o una nueva amistad; cuando permite que nos encontremos completamente solos y enmudecidos, incapaces de hacer siquiera una pregunta, entonces Él empieza a enseñarnos. Observemos el entrenamiento de Jesucristo para los doce. Eran los discípulos, no la muchedumbre, quienes estaban confundidos. Constantemente le estaban haciendo preguntas y Él siempre les explicaba las cosas; pero no las entendieron hasta que recibieron al Espíritu Santo (ver Jua_14:26).
Mientras caminas con Dios, lo único que Él quiere que sea claro para ti es la forma en que trata con tu alma. Las penas y dificultades en la vida de otras personas te resultarán totalmente confusas. Dejamos de creer que entendemos la lucha del otro sólo cuando Dios pone al descubierto los mismos defectos en nuestra vida. Existen vastas áreas de terquedad e ignorancia que el Espíritu Santo tiene que revelar en cada uno de nosotros, pero esto ocurre únicamente cuando Jesús nos lleva a estar solos. ¿Estamos ahora a solas con Él, o nos preocupan más nuestras propias ideas, amistades y los cuidados de nuestro cuerpo? Jesús sólo puede enseñarnos algo cuando acallamos todas nuestras preguntas intelectuales y nos encontramos a solas con ÉL.


jueves, 12 de enero de 2012

¿Alguna vez has estado a solas con Dios? (Oswald Chambers)



¿Alguna vez has estado a solas con Dios?


"De hecho, durante su ministerio público nunca enseñó sin usar parábolas; pero después, cuando estaba a solas con sus discípulos, les explicaba todo a ellos" Marcos 4:34 (NTV)

"...aunque a sus discípulos se lo explicaba todo en privado", Mar_4:34


Nosotros a solas con Él. No todo el tiempo Jesús se aparta con nosotros para aclararnos las cosas. Él nos las explica a medida que las podemos entender. Las vidas de otros son un ejemplo, pero Dios nos pide que examinemos nuestras propias almas. Es un trabajo lento, tan lento que Dios se tarda todo el tiempo y aun la eternidad para hacer a un hombre o una mujer conforme a su propósito. La única forma en que podemos ser útiles para Dios es permitiéndole que nos muestre las áreas profundas y ocultas de nuestro carácter. ¡Es sorprendente cuán ignorantes somos con respecto a nuestro ser! Ni siquiera reconocemos nuestra envidia, orgullo o pereza cuando se hacen evidentes delante de nuestros ojos. Pero Jesús nos revela todo lo que hemos guardado en nuestro interior antes de que su gracia comenzara a obrar. ¿Cuántos de nosotros hemos aprendido a mirarnos interiormente con valentía?
Tenemos que desechar la idea de que nos entendemos a nosotros mismos. Este siempre es el último pedazo de orgullo que se va. Dios es el único que nos entiende. La maldición más grande en nuestra vida espiritual es el orgullo. Si alguna vez hemos tenido una breve visión de lo que somos ante los ojos de Dios, nunca vamos a decir: "¡Oh, soy tan indigno!" Entenderemos que así es, sin necesidad de decirlo. Sin embargo, mientras todavía conservemos alguna duda de que no somos dignos, Dios continuará rodeándonos, apretando el cerco hasta que nos encontremos a solas con Él. Mientras que exista algún elemento de orgullo o vanidad, Jesús no podrá enseñarnos nada. Nos permitirá sufrir el quebrantamiento o la desilusión que sentimos cuando nuestro orgullo intelectual está herido. Él nos revelará numerosas pasiones y deseos desordenados, acerca de los cuales nunca nos imaginamos que tendría que llevarnos a estar a solas con Él. Se nos muestran muchas cosas, a menudo sin resultados. Pero cuando Dios nos hable a solas acerca de ellas, serán claras para nosotros.



miércoles, 11 de enero de 2012

Lo que les cuesta a otros mi obediencia (Oswald Chambers)



Lo que les cuesta a otros mi obediencia


"Cuando ellos se llevaban a Jesús, sucedió que un hombre llamado Simón, que era de Cirene, venía del campo. Los soldados lo agarraron, pusieron la cruz sobre él y lo obligaron a cargarla detrás de Jesús" Lucas 23:26 (NTV)


"Tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz", Luc_23:26

Nuestra obediencia a Dios les cuesta más a otras personas que a nosotros, y es ahí donde comienza el dolor. Si amamos a nuestro Señor, la obediencia no nos cuesta nada y, por el contrario, es un deleite. Pero les cuesta mucho a quienes no lo aman. Ya que obedecer a Dios trastorna los planes de otras personas, ellas se burlarán de nosotros, diciendo: "¿A esto le llamas cristianismo?" Podemos evitar el sufrimiento, pero no si vamos a obedecer a Dios. Debemos dejar que se pague el precio.
Cuando nuestra obediencia empieza a costarles a otros un precio, nuestro orgullo humano se atrinchera y decimos: "Jamás aceptaré nada de nadie". Pero debemos hacerlo, o desobedeceremos a Dios. No tenemos ningún derecho a pensar que las relaciones que tenemos con otras personas deberían ser de una clase diferente de las que el mismo Señor mantuvo (ver Luc_8:1-3).
El estancamiento en la vida espiritual se presenta cuando decimos que sólo nosotros vamos a sufrir todas las consecuencias. Y realmente no podemos. Por estar muy involucrados en los propósitos universales de Dios, otros se afectan de inmediato cuando lo obedecemos a Él. ¿Vamos a permanecer fieles en nuestra obediencia a Dios y estaremos dispuestos a sufrir la humillación porque rehusamos ser independientes? ¿O tomaremos la actitud opuesta, declarando que "no haremos sufrir a otras personas?" Podemos escoger desobedecer a Dios, lo cual aliviará enseguida la situación, pero contristaremos a nuestro Señor. Mientras que, si lo obedecemos, Él cuidará de aquellos que han sufrido las consecuencias de nuestra obediencia. Simplemente debemos obedecer, y dejarle todas las consecuencias a Él. Guárdate de la tendencia a darle órdenes a Dios con respecto a lo que tú permitirás que suceda, si lo obedeces.


martes, 10 de enero de 2012

Los ojos abiertos (Oswald Chambers)


Los ojos abiertos


"para que les abras los ojos, a fin de que pasen de la oscuridad a la luz, y del poder de Satanás a Dios. Entonces recibirán el perdón de sus pecados y se les dará un lugar entre el pueblo de Dios, el cual es apartado por la fe en mí" Hechos 26:18 (NTV)

"Para que abras sus ojos... para que reciban... perdón de pecados", Hch_26:18

En todo el Nuevo Testamento este versículo constituye el mejor resumen de la verdadera esencia del mensaje de un discípulo de Jesucristo.
La primera obra de gran poder de la gracia de Dios se resume en las palabras: "para que reciban... perdón de pecados". Cuando una persona fracasa en su experiencia cristiana personal, casi siempre se debe a que nunca ha recibido nada. La única señal de que alguien es salvo, es que ha recibido algo de Jesucristo. Nuestro trabajo como obreros de Dios es abrirles los ojos a las personas para que se vuelvan de las tinieblas a la luz, lo cual no es la salvación; es la conversión, es decir, el esfuerzo de un ser humano que se ha despertado. No creo que generalice demasiado cuando digo que la mayoría de cristianos nominales son de esta clase. Sus ojos se han abierto, pero no han recibido nada. La conversión no es regeneración. Este es un hecho que hemos pasado por alto en nuestra predicación actual. Cuando una persona ha nacido de nuevo, lo sabe porque recibió algo como regalo del Dios Todopoderoso y no debido a su propia decisión. Las personas pueden hacer votos y promesas, y pueden estar decididas a seguir hasta el final, pero nada de esto es la salvación. La salvación significa que somos colocados en una posición donde podemos recibir algo de Dios con base en la autoridad de Jesucristo, es decir, el perdón de los pecados.
Y después viene la segunda obra poderosa de la gracia: "...daros herencia con todos los santificados", Hch_20:32. En la santificación, quien ha nacido de nuevo le cede deliberadamente a Jesucristo su derecho sobre sí mismo, y se identifica por completo con el ministerio de Dios hacia otras personas.


lunes, 9 de enero de 2012

Un examen interior en intercesión (Oswald Chambers)



Un examen interior en intercesión


"Ahora, que el Dios de paz los haga santos en todos los aspectos, y que todo su espíritu, alma y cuerpo se mantenga sin culpa hasta que nuestro Señor Jesucristo vuelva" 1 Tesalonicenses 5:23 (NTV)

"...Y todo vuestro ser - espíritu, alma y cuerpo - sea guardado irreprensible", 1Ts_5:23

Todo vuestro ser. La excelente y misteriosa obra del Espíritu Santo ocurre en los lugares más recónditos de nuestro ser, a los cuales no podemos llegar. Lee el Salmo 139. Aquí el salmista da a entender: “Oh Señor, tú eres el Dios de los amaneceres, el Dios de la profunda noche, el Dios de las cimas de las montañas, y el Dios del mar. Pero, mi Dios, el alma mía tiene horizontes más lejanos que los de las madrugadas, tinieblas más oscuras que las noches de la tierra, cumbres más altas que las de cualquier montaña, abismos más profundos que cualquier mar de la naturaleza. Tú, que eres el Dios de todas estas cosas, sé mi Dios. No puedo alcanzar las alturas ni las profundidades. Existen motivos que no puedo descubrir, sueños que no puedo alcanzar. Dios mío, examíname".
¿Creemos que Dios puede fortalecer y proteger nuestros procesos mentales en una medida muchísimo mayor que la de nuestras posibilidades? "La sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado", 1Jn_1:7. Si este versículo se refiere únicamente a la limpieza en nuestro nivel consciente, ¡qué Dios tenga misericordia de nosotros! La persona que ha sido embotada por el pecado dirá que ni siquiera es consciente de él. Pero la limpieza del pecado que experimentamos alcanzara las alturas y profundidades de nuestro espíritu, si nosotros andamos en luz, como Él está en luz. El mismo Espíritu que nutrió la vida de Jesucristo alimentará la vida de nuestro espíritu. Sólo cuando Dios nos protege con la milagrosa santidad de su Espíritu, nuestro espíritu, alma, y cuerpo pueden ser guardados en una rectitud sin mancha hasta la venida de Jesús, y Dios ya no nos reprueba.
Deberíamos permitir que nuestras mentes mediten con mayor frecuencia en estas grandiosas y monumentales verdades de Dios.



domingo, 8 de enero de 2012

¿Mi sacrificio vive? (Oswald Chambers)



¿Mi sacrificio vive?


"Cuando llegaron al lugar señalado por Dios, Abraham construyó un altar, y sobre él preparó la leña para el fuego; luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar" Génesis 22:9 (TLA)

"...edificó allí Abraham un altar... ató a Isaac, su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña", Gén_22:9

Este acontecimiento ilustra el error que cometemos al creer que lo máximo que Dios requiere de nosotros es el sacrificio de la muerte. Lo que Dios desea es el sacrificio a través de la muerte, el cual nos capacita para hacer lo que hizo Jesús, es decir, sacrificar nuestras vidas. No: "Señor, estoy dispuesto a ir contigo... a la muerte", Luc_22:33, sino: "Estoy dispuesto a identificarme con tu muerte de modo que pueda sacrificar mi vida para Dios".
¡Al parecer, creemos que Dios quiere que renunciemos a cosas! Dios purificó a Abraham de este disparate, y está realizando el mismo proceso en nuestras vidas. Él nunca nos pide que abandonemos algo por el simple hecho de dejarlo. Más bien, nos pide que renunciemos a eso debido a lo único que vale la pena tener: la vida con Él. Es cuestión de soltar las ataduras que restringen nuestras vidas. Y esos lazos se desatan de inmediato cuando nos identificamos con la muerte de Jesús. Entonces, entramos en una relación con Dios que nos permite sacrificar nuestra vida para Él.
Para Dios no tiene ningún valor que le entregues tu vida para morir, Él quiere que seas un sacrificio vivo, que le permitas tener todas tus fuerzas las cuales han sido salvadas y sacrificadas a través de Jesús (Rom_12:1). Esto es aceptable para Dios.