domingo, 22 de abril de 2012

Salgamos al encuentro de Jesús (Oswald Chambers)

Salgamos al encuentro de Jesús (Oswald Chambers)



"Entonces salgamos al encuentro de Jesús, fuera del campamento, y llevemos la deshonra que él llevó" Hebreos 13:13 (NTV)

“Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio” (Heb_13:13).


La primera lección que aprendemos de este versículo es que Cristo es el centro de reunión de Su pueblo. No nos congregamos en torno a una denominación, iglesia, edificio o algún gran predicador, sino sólo en Cristo: “a él se congregarán los pueblos” (Gen_49:10). “Juntadme mis santos, los que hicieron conmigo pacto con sacrificio” (Sal_50:5).
La segunda lección es que debemos salir a él, fuera del campamento. Algunos han definido el campamento como “todo sistema religioso terrenal adaptado al hombre natural”. Se trata de la esfera religiosa en la que Cristo es deshonrado y degradado, la pagana monstruosidad que se disfraza hoy como cristianismo y que enmascara a todos los que: “tienen apariencia de piedad pero niegan la eficacia de ella”. Cristo está afuera, y debemos salir a él.
También aprendemos que salir con Cristo fuera del campamento conlleva vituperio. A veces los cristianos sufren vituperio por causa de su obediencia al Señor en cuanto a la comunión de la iglesia. Más y más, las asociaciones eclesiales tienen cierta medida de prestigio y posición social. Pero cuanto más nos acerquemos al patrón del Nuevo Testamento, más tendremos que compartir en Su vituperio. ¿Estamos dispuestos a pagar ese precio?

El hombre de vestido teñido me llamó,
Conocí Su voz, mi Señor crucificado;
No pude resistir cuando a sí mismo se mostró,
Y obedecí, dejando todo a un lado.

Este mundo me expulsó una vez que hubo encontrado
Que en mi rebelde corazón estaba coronado
Aquél al que había rechazado, despreciado y asesinado,
A quien Dios con poder maravilloso había para reinar resucitado.

Y así, mi Señor y yo estamos fuera del campamento,
Pero más dulce que cualquier lazo terrenal es su presencia.
Que una vez conté más grande que su llamamiento;
Estoy fuera para el mundo, pero de mi Señor no siento ausencia.



sábado, 21 de abril de 2012

Serás Salvo (Oswald Chambers)

Serás Salvo (Oswald Chambers)



"Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo" Romanos 10:9 (NTV)

“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Rom_10:9)


Este versículo, favorito de muchos, apunta a dos verdades básicas que son muy difíciles de aceptar por el hombre caído, la encarnación y la resurrección. No puede haber salvación sin una plena aceptación de estas doctrinas y todo lo que significan.
Primero, debemos confesar con nuestra boca que Jesús es el Señor, esto es, que Aquél que nació en el establo de Belén es ni más ni menos que Dios manifestado en carne. La deidad del Señor Jesús es la piedra angular donde se apoya todo el plan de la salvación.
Segundo, es vital que creamos en nuestro corazón que Dios lo levantó de los muertos, si bien esto significa más que el simple hecho de la resurrección. Esto incluye que el Señor Jesús murió en la cruz como nuestro Sustituto. Pagó la pena que nuestros pecados merecían. Soportó la ira de Dios que debimos haber sufrido eternamente y por último, lo levantó de la muerte al tercer día, como prueba de la entera satisfacción de Dios con el sacrificio de Cristo por nuestros pecados.
Cuando le recibimos como Señor y Salvador, la Biblia certifica que somos salvos.
Pero alguien podría preguntar: “¿Por qué se ha de confesar antes de creer? ¿No creemos primero y luego confesamos?”
En el versículo 9 Pablo enfatiza la encarnación y la resurrección, y nos da el orden histórico en que ocurrieron, la encarnación primero y la resurrección treinta y tres años más tarde.
En el versículo siguiente se señala que creer va antes que confesar. “Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación”. Aquí el orden es el que tiene lugar cuando nacemos de nuevo. Primero, confiamos en el Salvador para ser justificados, y luego confesamos la salvación que hemos ya recibido.
Es tal la naturalidad, sencillez y candor con que nuestro versículo enseña esta asombrosa verdad que los niños cantan libremente:
Romanos diez, nueve
Es mi versículo preferido;
Confesando a Cristo como Señor,
Soy salvo por gracia divina;
Porque tres son las palabras de la promesa
Que en letras doradas brillan:
Romanos diez, nueve.



viernes, 20 de abril de 2012

A su imagen (Oswald Chambers)

A su imagen (Oswald Chambers)



"Los alumnos no son superiores a su maestro, pero el alumno que complete su entrenamiento se volverá como su maestro" Lucas 6:40 (NTV)

“El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro”
(Luc_6:40)


En este pasaje, el Señor Jesús les recordaba a los Doce que cuando fueran a discipular a los demás no esperaran que sus discípulos progresaran en la vida espiritual más allá de donde ellos mismos habían llegado. En otras palabras, el alcance de nuestra influencia positiva sobre los demás está limitada por lo que nosotros mismos somos. Como O. L. Clark decía:
No puedes enseñar lo que no sabes;
No puedes guiar a donde no vas.
El Salvador continuó reforzando esta lección por medio de la historia de la paja y la viga. Un hombre camina por un campo sembrado cuando repentinamente una ráfaga de viento le clava en el ojo una minúscula pizca de paja. Se restriega el ojo, tira del párpado, y prueba todos los consejos bien intencionados que sus amigos le dan para sacar la mota del ojo. Entonces llego yo con un poste telefónico sobresaliendo de mi ojo y le digo: “Amigo, permíteme que te saque esa pajita del ojo”. El hombre me mira con el ojo que le queda bueno y me dice: “¿No crees que debieras sacarte primero el poste telefónico del ojo?”
¡Por supuesto! No puedo ayudar a alguien que está luchando con un pecado dominante si yo mismo estoy encadenado a ese pecado. No puedo apremiarle a que obedezca el más simple mandamiento de la Escritura si por mi parte no lo obedezco. Cualquier fracaso espiritual en mi vida sella mis labios en esa área en particular.
Cuando mi discípulo ya está bien preparado, es decir, cuando he terminado de entrenarle, no puedo esperar que esté un centímetro más arriba de mi propia talla espiritual. Puede crecer hasta mi estatura, pero no puedo guiarle más allá de ella.
Todo esto enfatiza una vez más que debemos estar atentos a nuestra propia vida. Nuestro ministerio debe ser un ministerio de carácter. Lo que está adentro es lo que cuenta. Podemos ser interesantes y astutos pero si hay puntos débiles en nuestra vida, áreas de negligencia y desobediencia, entonces nuestro discipulado para con otros es el caso del ciego que guía a otro ciego.



jueves, 19 de abril de 2012

Es mediante la bondad de Dios (Oswald Chambers)

Es mediante la bondad de Dios (Oswald Chambers)



"Y, como es mediante la bondad de Dios, entonces no es por medio de buenas acciones. Pues, en ese caso, la gracia de Dios no sería lo que realmente es: gratuita e inmerecida" Romanos 11:6 (NTV)

“Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia” (Rom_11:6)


Cuando uno se fundamenta bien en la doctrina de la gracia desde el comienzo de su vida cristiana, se libra de muchos problemas que podrían venir más tarde. Es fundamental entender que la salvación es un don gratuito de la gracia de Dios y que se da a aquellos que no sólo no la merecen sino que de hecho merecen lo contrario. No hay alguna obra suficientemente meritoria que alguien pueda hacer para ganar la vida eterna. Les es dada sólo a aquellos que dependen por completo de los méritos del Salvador.

Es muy importante que entendamos que la salvación es toda de gracia porque sólo de esta manera podemos llegar a tener plena certidumbre. Si la salvación dependiera de nosotros en el grado más insignificante o de nuestras obras miserables, entonces nunca tendríamos esa certeza. Nunca llegaríamos a saber si nuestras buenas obras han sido suficientes, o si en realidad han sido buenas. Pero cuando todo depende de la obra de Cristo, entonces no hay lugar para la duda punzante y persistente.

Asimismo es cierto acerca de nuestra seguridad eterna. Si ésta depende en alguna medida de nuestra capacidad para mantenernos firmes, entonces podemos ser salvos hoy y mañana estar perdidos, pero si nuestra seguridad depende de la capacidad del Salvador para guardarnos, podemos saber que estamos seguros eternamente.
Los que viven bajo la protección de la gracia no son juguetes indefensos del pecado. El pecado tiene dominio sobre los que están bajo la ley porque la ley les dice qué es lo que deben hacer pero no les da el poder para hacerlo. La gracia brinda a la persona una posición perfecta ante Dios, le enseña a caminar en la dignidad de su llamamiento por el Espíritu Santo que lo habita y además le recompensa por hacerlo.

Bajo la gracia, el servicio viene a ser un gozoso privilegio y no una servidumbre legalista (buscando mérito). El creyente es motivado por el amor y no por el temor. El recuerdo de los sufrimientos del Salvador mueve al pecador salvo a derramar su vida en servicio consagrado.

La gracia también enriquece la vida infundiendo acción de gracias, adoración, y alabanza. Nuestro corazón rebosa de adoración al conocer al Salvador, lo que ha hecho por nosotros y quiénes somos los pecadores por naturaleza y en la práctica.

No hay nada como la gracia de Dios. Es la joya que corona Sus atributos. Estar bien fundado en la verdad de la gracia soberana de Dios transfigurará toda la vida.



miércoles, 18 de abril de 2012

Para que sepan los que creen (Oswald Chambers)

Para que sepan los que creen (Oswald Chambers)



"Les he escrito estas cosas a ustedes, que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna" 1Juan 5:13 (NTV)

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1Jn_5:13).


Estaremos eternamente agradecidos a Dios por este versículo porque nos enseña que la seguridad de la salvación nos llega en primer lugar por la Palabra de Dios y no por los sentimientos. La Biblia fue escrita, entre otras razones, para que aquellos que creen en el Nombre del Hijo de Dios puedan saber que tienen vida eterna.
Podemos estar agradecidos al saber que esta seguridad no depende de los sentimientos, ya que éstos fluctúan de un día a otro. “Dios no nos pide que digamos: ‘gracias Dios porque me siento muy bien’, sino que fijemos los ojos en Jesús y Su Palabra”. Una vez alguien preguntó a Martín Lutero: “¿Sientes que tus pecados han sido perdonados?”, y él contestó: “No, pero estoy tan seguro de esto como que hay un Dios en el cielo. Porque los sentimientos van y vienen y son engañosos. Mi garantía es la Palabra de Dios. Nada es más digno de creerse”. C. I. Scofield nos recuerda que: “la justificación tiene lugar en la mente de Dios y no en el sistema nervioso del creyente”. H. A. Ironside acostumbraba decir: “No sé si soy salvo porque me siento feliz, pero me siento feliz porque sé que soy salvo”. Sabía que era salvo por la Palabra de Dios.
Cuando vemos que el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, debemos recordar que el Espíritu nos da testimonio principalmente a través de las Escrituras (Rom_8:16). Por ejemplo, en Jua_6:47 leemos: “El que cree en mí, tiene vida eterna”. Sabemos que hemos confiado en Cristo para nuestra salvación eterna; él es nuestra única esperanza para el cielo. Por lo tanto, el Espíritu de Dios nos da testimonio, a través de este versículo, de que somos hijos de Dios.

Por supuesto que también hay otros medios que nos aseguran que poseemos la salvación: sabemos que somos salvos porque amamos a los hermanos, aborrecemos el pecado y practicamos la justicia, amamos la Palabra de Dios y tenemos el instinto de oración. Pero el más importante y fundamental de estos es la Palabra de Dios, el instrumento más confiable y preciso del universo. George Cutting decía en su tratado memorable “Seguridad, Certeza y Gozo”: “Es la sangre la que nos salva; es la Palabra la que nos lo asegura”.



martes, 17 de abril de 2012

Todo o nada (Oswald Chambers)

Todo o nada (Oswald Chambers)



"Entonces el discípulo a quien Jesús amaba le dijo a Pedro: «¡Es el Señor!». Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se puso la túnica (porque se la había quitado para trabajar), se tiró al agua y se dirigió hacia la orilla" Juan 21:7 (NTV)

"Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa... y se tiró al mar" Jua_21:7


¿Alguna vez has sufrido una crisis durante la cual lo has abandonado todo de una forma intencional, categórica y sin que importaran las consecuencias? Es una crisis de la voluntad. Muchas veces puedes alcanzar este punto en el ámbito externo, pero no lograrás nada. La crisis verdadera y profunda del total abandono es interior, no exterior. Renunciar a las cosas externas puede ser un indicio de que estás en completa esclavitud.
¿Has sometido conscientemente tu voluntad a Jesucristo? Es una operación de la voluntad, no de las emociones. Cualquier emoción positiva que resulte no es más que el brillo exterior de esa operación. Si enfocas tu atención hacia lo que sientes, nunca te someterás a Él. No le preguntes a Dios cómo debería ser ese acto de sometimiento, sino sométete con respecto a lo que ya tienes delante de ti, bien sea en un plano superficial o profundo.
Si has escuchado la voz de Jesucristo en las olas del mar, puedes soltar tus convicciones y tu firmeza de carácter a los cuatro vientos, pero conserva tu relación íntima con Él.



lunes, 16 de abril de 2012

¿Puedes bajar de la montaña? (Oswald Chambers)

¿Puedes bajar de la montaña? (Oswald Chambers)



"Pongan su confianza en la luz mientras aún haya tiempo; entonces se convertirán en hijos de la luz. Después de decir esas cosas, Jesús salió y desapareció de la vista de ellos" Juan 12:36 (NTV)

"Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz" Jua_12:36


Todos vivimos momentos en los que nos sentimos muy bien, como nunca antes, y decimos: "¡Me siento en forma para lo que sea! ¡Si tan sólo pudiera mantenerme siempre así!" Pero esto no sucederá. Son momentos en los que recibimos una percepción o una revelación de acuerdo con la cual debemos vivir cuando no nos sintamos igual. Muchos de nosotros no somos buenos para enfrentar el mundo cotidiano, cuando no nos encontramos en la cima de la montaña. Sin embargo, debemos elevar nuestra vida diaria hasta el nivel que nos fue revelado o estuvimos en la cumbre.
No permitas nunca que se desvanezca el sentimiento que se haya despertado en ti en la cima de la montaña. No te amodorres al calor de pensamientos, diciendo: "¡Qué rico sería que mi ánimo estuviera así!"
Actúa inmediatamente, haz algo, aunque la única razón para actuar sea que preferirías no hacer nada. Si en una reunión de oración Dios te muestra algo que Él quiere que realices, no digas: "lo voy a hacer", sino ¡hazlo! Cógete por el cuello y sacude la pereza de tu carne. En nuestros anhelos por una experiencia grandiosa siempre podemos ver la pereza, y entonces hablamos de que vamos a tener un tiempo en la montaña. Es necesario que aprendamos a vivir en el día gris de acuerdo con lo que vimos en la cumbre.
No te rindas porque una vez estuviste inactivo y confundido. Manos a la obra de nuevo. Quema tus puentes tras de ti y permanece comprometido con Dios en un acto voluntario. Nunca reconsideres tus decisiones, pero entonces, asegúrate de tomarlas a la luz de lo que viste y aprendiste en la cima.