sábado, 28 de abril de 2012

Fe es confianza inquebrantable en la Palabra de Dios, en Su fidelidad y veracidad (Oswald Chambers)

Fe es confianza inquebrantable en la Palabra de Dios, en Su fidelidad y veracidad (Oswald Chambers)



"La fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver" Hebreos 11:1 (NTV)

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Heb_11:1)


Fe es confianza inquebrantable en la Palabra de Dios, en Su fidelidad y veracidad. La fe es la convicción firme de que lo que Dios dice es verdad y lo que promete sucederá. Tiene que ver principalmente con el futuro y con lo invisible (“lo que se espera”).
Whittier decía que: “los pasos de la fe se posan en el aparente vacío, y no obstante encuentran roca debajo”. ¡Pero esto no es así! La fe no es un salto en la oscuridad. Exige la evidencia más segura, y la encuentra en la Palabra de Dios.
Algunas personas creen equivocadamente que pueden obtener cualquier cosa que deseen si creen con toda su fuerza que sucederá. Pero esa es credulidad, no fe. La fe necesita apoyarse en la revelación de Dios y aferrarse a Sus promesas. Si el Señor hace alguna promesa, entonces es tan segura como si ya hubiera sucedido. Si él preside el futuro, ciertamente se cumplirá. En otras palabras, la fe trae el futuro al presente y hace visible lo invisible.
No hay riesgo en creer a Dios. Dios no puede mentir, no engaña a nadie ni puede ser engañado. Creer en Dios es lo más racional, sano y lógico que una persona puede hacer. ¿Qué hay más razonable que la criatura crea en el Creador?
La fe no está limitada por las posibilidades sino que invade el reino de lo imposible. Alguien ha dicho: “La fe comienza donde las posibilidades humanas terminan. Si algo es posible entonces Dios no tiene parte en la gloria. Si es imposible, no hay duda que puede hacerse”.
Fe, poderosa fe que la promesa ve
Y mira a Dios solamente;
De las imposibilidades ríe
Y clama: “Se hará ciertamente”
Cierto es que hay dificultades y problemas en la vida de fe. Dios la prueba en el crisol de la adversidad y la aflicción para ver si es genuina (1Pe_1:7). A menudo tenemos que esperar largos años para ver el cumplimiento de Sus promesas, y algunas veces tenemos que esperar hasta alcanzar la otra orilla. Pero “las dificultades son la comida con que la fe se alimenta” (George Müller).
 “Sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb_11:6). Cuando nos negamos a creer en él, estamos insinuando que es un mentiroso (1Jn_5:10), y ¿cómo puede Dios agradarse de aquellos que le llaman mentiroso?



viernes, 27 de abril de 2012

Escuchen (Oswald Chambers)

Escuchen (Oswald Chambers)



"Hijos míos, escuchen cuando su padre los corrige. Presten atención y aprendan buen juicio" Proverbios 4:1 (NTV)

“Oíd, hijos, la enseñanza de un padre, y estad atentos, para que conozcáis cordura” (Pro_4:1)


En los primeros cuatro versículos de Proverbios 4, Salomón describe cómo el buen consejo puede y debe ser transmitido de una generación a otra. Nos dice cómo su padre lo había instruido, y luego se dirige a su hijo recomendándole encarecidamente que ponga toda su atención a la buena enseñanza y la sana instrucción.
Es del todo aconsejable que los jóvenes estén siempre dispuestos a aprender de sus padres tanto como puedan acerca de los asuntos prácticos de la vida. En la esfera espiritual todo joven cristiano debería tener también un consejero espiritual, alguien de toda su confianza con quien pueda hablar con franqueza y libertad de cualquier tema, y que comparta con él la riqueza de su experiencia. Cuánto mejor si es el mismo padre quien lleva a cabo este papel. Pero si no, debe buscar a una persona así.
Los creyentes maduros y consagrados han acumulado una vasta cantidad de conocimientos prácticos. Sin duda han experimentado derrotas, pero han sacado de ellas lecciones valiosas y han aprendido como evitarlas la siguiente vez. Los cristianos más mayores pueden ver aspectos de un problema que los jóvenes podrían pasar por alto; han aprendido a ser equilibrados y a evitar extremos irrazonables.
Un joven sabio, como lo fue Timoteo, cultivará la amistad y el amor de un Pablo, tratando de recurrir a su sabiduría y conocimiento. Se guardará de muchas humillaciones y de cometer muchos errores si consulta a quien ha pasado por experiencias similares a las suyas. En vez de tratar a los ancianos con desprecio, honrará a los que han sabido pelear la batalla y han mantenido un buen testimonio.
Por lo general, los santos de más edad no presionan a los jóvenes. Saben que ningún consejo es tan inoportuno como aquel que no es solicitado. Pero, cuando se les pregunta, siempre están dispuestos a compartir sus pensamientos penetrantes que serán de gran ayuda a lo largo del camino.
De modo que si un joven mantiene una dura lucha con la lascivia, o desea saber cómo encontrar la dirección de Dios, o quiere saber cómo criar una familia en el Señor, si se pregunta si Dios lo está llamando al campo de misión, si necesita ayuda para manejar sus finanzas, o desea una vida de oración más efectiva, sería sabio buscar la ayuda de un guía espiritual que pueda llevarlo a la luz de la Escritura para que lo alumbre en su problema particular. Bajo las canas hay a menudo un cúmulo de sabiduría que puede ser aprovechada. ¿Por qué aprender del modo más difícil cuando puedes beneficiarte de la visión y las experiencias de los demás?



jueves, 26 de abril de 2012

Permaneciendo Fieles (Oswald Chambers)

Permaneciendo Fieles (Oswald Chambers)



"Cuando él llegó y vio las pruebas de la bendición de Dios, se llenó de alegría y alentó a los creyentes a que permanecieran fieles al Señor" Hechos 11:23 (NTV)

“y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor”
(Hch_11:23)


Hay una tendencia alarmante en algunos círculos cristianos a adular a los hombres por su erudición, aun cuando no sean leales a la Persona de Cristo.
Tenemos a un hombre, por ejemplo, que es un brillante escritor, maestro en el uso de las ilustraciones, un comentarista cuyos estudios de palabras en las lenguas originales son espléndidos. Pero niega el nacimiento virginal, explica racionalmente los milagros de nuestro Señor, rechaza la resurrección literal y corporal del Salvador y habla condescendientemente de Jesús como alguien que merece un lugar en la galería de los héroes del mundo. Para él, Jesús es uno más entre muchos ilustres personajes, lo que equivale a minimizar al Hijo de Dios con inciertas alabanzas. Este hombre simplemente no es fiel al Señor.
Es vergonzoso encontrar a cristianos que defienden a hombres como éste por su brillante erudición. Con hipocresía, encomian su destreza intelectual y pasan por alto la manera herética con que se refiere a Cristo. Les gusta citarlo como autoridad respetada y moverse en los mismos círculos académicos. Si son desafiados por confraternizar con aquel enemigo de la Cruz de Cristo, utilizan palabras ambiguas para restarle importancia a la gravedad de la ofensa. Es muy común oírles hablar mal de los cristianos fundamentalistas que creen en la Biblia por atreverse a enfrentarse a un erudito tan reconocido.
Es hora de que los cristianos se armen de santa indignación cuando su Salvador es traicionado en las aulas de la erudición. éste no es tiempo para pactos. La verdad tocante a Su Persona y obra no es negociable. Debemos tomar nuestro lugar y darnos a conocer.
Los profetas no se andaban por las ramas cuando la verdad de Dios estaba en entredicho. Eran ferozmente leales al Señor y lanzaban invectivas contra aquellos que se atrevían a negarle o despreciarle.
Los apóstoles también reaccionaban ante cualquier intento de despojar al Señor de Su gloria. Escogieron ser leales a Cristo antes que adquirir reputación en el mundo teológico.
Los mártires escogieron morir antes que comprometer su lealtad al Hijo de Dios. Les interesaba más la aprobación de Dios que la de los hombres.
Nuestra responsabilidad es ser fieles al Señor Jesús en todas las cosas y resistir a cualquiera que no quiera darle el lugar de preeminencia que merece.



miércoles, 25 de abril de 2012

Hoy subiste al Monte con espectativas


Dios hará vivir en paz
a quienes le son fieles
y confían en él.

No me lavarás los pies jamás (Oswald Chambers)

No me lavarás los pies jamás (Oswald Chambers)



"—¡No! —protestó Pedro — ¡Jamás me lavarás los pies! —Si no te lavo —respondió Jesús— no vas a pertenecerme" Juan 13:8 (NTV)

“No me lavarás los pies jamás” (Jua_13:8)


El Señor Jesús se ciñó una toalla y luego puso agua en un lebrillo, preparándose para lavar los pies a Sus discípulos. Cuando se acercó a Pedro, éste dijo enfáticamente: “No me lavarás los pies jamás”.
¿Por qué? ¿Por qué Pedro no quiso someterse a este bondadoso ministerio del Señor? Quizás se sintió indigno de que su Señor le sirviera. Pero posiblemente su actitud fue de orgullo e independencia. No quiso ponerse en la posición de recipiente; no quería depender de la ayuda de nadie.
Esta misma actitud es el principal impedimento de que mucha gente se salve. Quieren ganar la salvación por sus propios méritos, y se resisten a recibirla como un don gratuito de la gracia; sienten que esto les rebaja en su dignidad. No quieren sentirse en deuda con Dios. Pero: “Aquel que es demasiado orgulloso para endeudarse infinitamente jamás podrá ser cristiano” (James S. Stewart).
Aquí hay también una lección para los que ya son cristianos. Todos nos hemos encontrado alguna vez con creyentes que son dadores compulsivos. Siempre están haciendo algo por los demás. Sus vidas se derraman sirviendo a sus parientes y vecinos. Merecen ser alabados por su generosidad. ¡Pero hay una mosca en el perfume! Nunca quieren ser recipientes, ni permiten que nadie haga nada por ellos. Han aprendido a dar generosamente pero no han aprendido a recibir de gracia. Disfrutan la bendición de ministrar a los demás, pero les niegan la misma bendición a los demás.
El mismo Pablo se mostró como un recipiente agradecido de los dones de los filipenses. Al darles las gracias decía: “No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta” (Flp_4:17). Pensaba más en la recompensa de ellos que en su propia necesidad.
 “Se cuenta del sr. Westcott que, cerca del fin de sus días, decía que había cometido un gran error. Pues aunque siempre había estado dispuesto a trabajar por los demás hasta el límite de su capacidad, nunca permitió que otros lo hicieran para él, y como resultado había perdido algunos ingredientes de dulzura y realización. No se había permitido a sí mismo la disciplina de recibir muchas bondades que no podrían ser correspondidas” (J. O. Senderos).
Un poeta desconocido lo resumió bien al escribir:

Tengo por grande a quien, por causa del amor,
Puede dar con corazón ardiente y generoso;
Pero el que toma por causa de la dulzura del amor,
Le tengo por más generoso aún y no orgulloso.



martes, 24 de abril de 2012

Un fragante perfume (Oswald Chambers)

Un fragante perfume (Oswald Chambers)



"Pero, ¡gracias a Dios!, él nos ha hecho sus cautivos y siempre nos lleva en triunfo en el desfile victorioso de Cristo. Ahora nos usa para difundir el conocimiento de Cristo por todas partes como un fragante perfume" 2Corintios 2:14 (NTV)

“Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de Su conocimiento” (2Co_2:14)


Para este pasaje Pablo usó la figura de un desfile triunfal en el que un general militar acaba de volver de una conquista en el extranjero. él encabeza el desfile, saboreando la dulce satisfacción de la victoria. Detrás de él vienen sus tropas jubilosas, y tras ellas los prisioneros de guerra, ya señalados para el castigo, quizás la muerte. Por toda la ruta del desfile hay incensarios que llenan el aire de aromas y perfumes. Pero estas fragancias significan cosas diferentes para los que desfilan, dependiendo del bando en que se encuentran. Para aquellos que son leales al vencedor, es fragancia de victoria, más para los cautivos, es presagio de derrota y condenación.
La senda del siervo del Señor Jesús coincide con esta descripción en diferentes aspectos. El Señor va a la cabeza guiándole siempre en triunfo. Aunque no siempre parece haber victoria, el creyente está del lado de los vencedores y la causa de Dios jamás fracasa.
A dondequiera que va lleva consigo el aroma de Cristo. Pero este aroma tiene diferente significado a los que participan de él: Olor de vida eterna a los que se someten al Señor Jesús, y de muerte y destrucción a los que rechazan el evangelio.
Pero en ambos casos Dios es glorificado: en la salvación de los que se arrepienten, y en el rechazo de los que perecen. Cuando estos últimos estén ante Cristo, en el Juicio del Gran Trono Blanco, no podrán acusar a Dios por su situación desdichada, porque tuvieron la oportunidad de ser salvos pero la rechazaron.
Hay una tendencia muy generalizada de juzgar la efectividad del servicio cristiano por el número de personas que se salvan. Este pasaje nos sugiere que es igualmente válido juzgarlo por el número de personas que, después de oír el evangelio, lo rechazan y se hunden en el infierno.
Dios es glorificado en ambos casos. A Su presencia asciende el suave aroma de la gracia en los que se salvan y de la justicia en los que se pierden.
¡Qué tema tan solemne! No es de extrañar que el apóstol pregunte como conclusión: “¿Para estas cosas, ¿quién es suficiente?”



lunes, 23 de abril de 2012

El templo de Dios (Oswald Chambers)

El templo de Dios (Oswald Chambers)



"Dios destruirá a cualquiera que destruya este templo. Pues el templo de Dios es santo, y ustedes son este templo" 1Corintios 3:17 (NTV)

“Si alguno destruye el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1Co_3:17)


En este versículo, el templo de Dios se refiere a la asamblea local. Pablo no alude a individuos cristianos sino al conjunto de creyentes cuando dice: “el cual sois vosotros”. Los santos en Corinto formaban un templo de Dios.

Como también el apóstol dice en 1Co_6:19, que cada creyente individualmente es templo del Espíritu Santo: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” El Espíritu Santo de Dios habita en el cuerpo de cada hijo de Dios.
Pero en el texto de hoy tenemos bajo consideración la asamblea. Pablo afirma que si alguien la destruye, Dios a su vez le destruirá. “Con el significado de destruir se usa de dañar a la iglesia local apartándola de aquella posición de santidad de vida y de pureza de doctrina en la que debiera permanecer, 1Co_3:17, ‘destruyere’, y de la destrucción retributiva por parte de Dios del delincuente que es culpable de este pecado, ‘destruirá’” (W. E. Vine, Diccionario Expositivo, Vol. I).

Nuestro versículo advierte que es un asunto muy serio intentar hacer daño a una comunidad local. De hecho, es una forma de autodestrucción. Pongamos un ejemplo: un hombre no se sale con la suya en la asamblea. O tiene un enfrentamiento violento de personalidades con otro hermano. En lugar de resolver el problema como las Escrituras indican, él se va, visita y organiza a la gente para que se ponga de su lado y crea un partido en la iglesia. Este grupo mal formado no se humilla ni admite que ha obrado mal, y así las cosas van de mal en peor. Muy pronto la congregación padece de una abierta división.

O quizás se trata de una “hermana carnal” que dirige una campaña de murmuración y maledicencia contra alguien de la congregación. Su lengua difamatoria golpea a diestra y a siniestra hasta que la iglesia se llena de pleitos y amargura. No se detendrá hasta que la asamblea, en otro tiempo próspera, quede reducida a escombros. Una mujer insumisa y criticona es capaz de destruir a una iglesia si puede, y después formar otra “iglesia” a su gusto.

Personas como ésta están en gran peligro porque han dañado al cuerpo de Cristo, y no podrán salir impunes; pues el gran Dios del universo está decidido a destruir a los que destruyen Su asamblea. ¡Alerta, todos aquellos que tienden a crear facciones!