"Pero
ustedes no son así porque son un pueblo elegido. Son sacerdotes del
Rey, una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden
mostrar a otros la bondad de Dios, pues él los ha llamado a salir de la
oscuridad y entrar en su luz maravillosa" 1Pedro 2:9 (NTV)
"Pero vosotros sois... real sacerdocio", 1Pe_2:9
¿Qué
derecho nos convierte en un "sacerdocio real"? El derecho de la
expiación por la cruz de Cristo. ¿Estamos preparados para poner a un
lado, de manera resuelta, nuestros intereses y entregarnos al trabajo
sacerdotal de la oración? La continua búsqueda interior para ver si
somos lo que deberíamos ser produce un tipo de cristianismo enfermizo y
egoísta: no la vida vigorosa y sencilla de un hijo de Dios. Hasta que no
lleguemos a una relación adecuada y satisfactoria con Él, nuestra
situación será sólo la de "aguantar a duras penas", aunque digamos:
"¡Qué maravillosa victoria he obtenido!" Sin embargo, en este caso no
hay nada que indique el milagro de la redención. Lánzate con una fe a
ojos cerrados y cree que la redención es completa. Luego no te preocupes
más por ti mismo, sino empieza a actuar de acuerdo con lo que dijo
Jesucristo: Ora por el amigo que acude a ti a la medianoche, ora por los
creyentes y ora por todos los hombres. Ora comprendiendo que eres
perfecto únicamente en Cristo Jesús y no sobre la base del siguiente
argumento: "¡Oh, Señor, he hecho lo máximo que he podido! Escúchame
ahora, por favor".
¿Cuánto tiempo le tomará a Dios librarnos de
esa malsana costumbre de pensar sólo en nosotros? Debemos hartarnos de
nosotros mismos, hasta el punto de que no nos sorprenda lo que Dios nos
pueda decir sobre quiénes somos. Sólo hay un punto de encuentro donde
estamos bien con Dios: Cristo Jesús. Una vez nos encontremos ahí,
debemos derramar nuestra vida con todo lo que tenga de valor para este
ministerio de la vida interior.
"Cuando
Job oró por sus amigos, el SEÑOR le restauró su bienestar. Es más, ¡el
SEÑOR le dio el doble de lo que antes tenía!" Job 42:10 (NTV)
"Cuando
Job hubo orado por sus amigos, Jehová le quitó la aflicción; y aumentó
al doble todas las cosas que habían sido de Job", Job_42:10
En
el Nuevo Testamento nunca aparece la oración quejumbrosa malsana,
centrada en uno mismo, ni el esfuerzo decidido de que yo quiero estar
bien. El hecho de que esté tratando de estar bien con Dios indica que me
estoy rebelando contra la expiación mediante la cruz de Cristo. Oro:
"Señor, si me contestas, purificaré mi corazón: andaré rectamente
delante de ti, si me ayudas". Pero no puedo estar bien con Dios por mi
mismo, no puedo perfeccionar mi vida. Solo puedo lograrlo si acepto la
expiación del Señor Jesucristo como un absoluto regalo. ¿Soy lo bastante
humilde para aceptarlo? Debo renunciar a todos mis derechos y reclamos,
parar todo esfuerzo, abandonarme por completo en sus manos y luego
comenzar a entregarme al trabajo sacerdotal de la intercesión. Muchas
oraciones tienen su origen en una auténtica incredulidad en la
expiación. Jesús no está empezando a salvarnos. Él ya nos salvó por
completo. Y, cuando se trata de un hecho ya consumado, es un insulto
pedirle que realice lo que ya llevo a cabo.
Si no estás recibiendo
las cien veces más que prometió Jesús (ver Mat_19:29), ni obtienes
discernimiento en la Palabra de Dios, entonces empieza a orar por tus
amigos. Entra en el ministerio de la vida interior. Cuando Job hubo
orado por sus amigos, Jehová "aumentó al doble todas las cosas". Tu
verdadero trabajo al ser una persona salva es la oración intercesora. En
cualquier circunstancia que Dios permita, ora en seguida para que su
expiación se haga tan real y clara en la vida de otras personas como ha
sucedido en la tuya. Ora por tus amigos y por aquellos con quienes
tienes contacto, ahora.
"Jesús
repitió la pregunta: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas? —Sí, Señor —dijo
Pedro—, tú sabes que te quiero. —Entonces, cuida de mis ovejas —dijo
Jesús" Juan 21:16 (NTV)
"¿Me amas?... Pastorea mis ovejas" Jua_21:16
Jesús
no dijo: "Procura que la gente se convierta a tu manera de pensar",
sino "pastorea mis ovejas", es decir, "vela porque sean alimentadas en
el conocimiento de mí". Nosotros calificamos como servicio lo que
hacemos en la obra cristiana. Sin embargo, Jesucristo llama servicio lo
que somos para Él y no lo que hacemos por Él. El discipulado se basa
únicamente en la consagración a Jesucristo, no en la adhesión a una
creencia o doctrina. "Si alguno viene a mí y no aborrece... no puede ser
mi discípulo", Luc_14:26. En este versículo no hay ninguna discusión ni
presión de parte de Jesús para seguirlo. Sencillamente dice: "Si
quieres ser mí discípulo, debes consagrarte únicamente a mí". Una
persona tocada por el Espíritu de Dios de repente dice: "¡Ahora veo
quién es Jesús!" Ese es el origen de la devoción.
Actualmente
hemos sustituido la creencia doctrinal por la personal y esta es la
razón por la que tantos están consagrados a diferentes causas y muy
pocos a Jesucristo. La gente no quiere consagrarse a Jesús, sino tan
sólo a la causa que Él fundó. Jesucristo resulta ser profundamente
ofensivo para las mentes educadas de hoy en día, para quienes solamente
desean que Él sea su amigo y no están dispuestos a aceptarlo de otra
forma. Por encima de todo nuestro Señor obedeció la voluntad de su Padre
y no la tarea de suplir las necesidades de la gente. La salvación de
las personas fue el resultado natural de su obediencia al Padre. Si sólo
estoy consagrado a la causa de la humanidad, pronto me cansaré y
llegaré al punto donde mi amor vacilará y tropezará. Pero si amo a
Jesucristo de una forma personal y apasionada, serviré a la humanidad
aunque los hombres me traten como un tapete donde se limpian los
zapatos. El secreto en la vida de un discípulo es su devoción a
Jesucristo; y la característica de esa vida es que no se hace notar. Es
semejante a un grano de trigo que cae en la tierra y muere, pero luego
nacerá y cambiará todo el paisaje (Jua_12:24).

"—Sí,
ven —dijo Jesús. Entonces Pedro se bajó por el costado de la barca y
caminó sobre el agua hacia Jesús. Pero, cuando vio el fuerte viento y
las olas, se aterrorizó y comenzó a hundirse. «¡Sálvame, Señor!» —gritó"
Mateo 14:29-30 (NTV)
"Y descendiendo
Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver
el fuerte viento, tuvo miedo", Mat_14:29-30
El viento era en verdad borrascoso y las olas muy altas, pero Pedro no los vio al comienzo, ni los tuvo en cuenta en absoluto.
Sencillamente
reconoció a su Señor, descendió y andaba sobre las aguas. Un poco
después empezó a contemplar la situación real y se hundió de inmediato.
¿Por qué nuestro Señor no le dio la capacidad de caminar en lo más bajo
de las olas al igual que por encima de ellas? El habría podido hacerlo.
Sin embargo, ni lo uno ni lo otro podía suceder sin que Pedro
reconociera continuamente al Señor Jesús.
Nosotros caminamos con
determinación y confianza en Dios en algunos asuntos, pero luego le
damos cabida a nuestras reflexiones personales y nos hundimos. Si
verdaderamente estás reconociendo a tu Señor, no es de tu incumbencia la
manera ni el lugar hacia donde Él dirige tus circunstancias. Las
situaciones que te rodean son reales, pero tan pronto las miras, te
hundes. Entonces, ni siquiera puedes reconocer a Jesús y viene su
reprensión: "¿Por qué dudaste?" Mat_14:31. Sin importar cuáles sean las
circunstancias reales, sigue reconociendo a Jesús, es decir, mantén una
completa dependencia de Él.
Si comienzas a discutir por un
instante cuando Dios ha hablado, estás acabado. Nunca te preguntes: "¿Me
habló realmente?" Sé audaz y actúa de inmediato (con plena libertad y
dispuesto a arriesgarlo todo) y arrójalo todo sobre Él. Tú no sabes
cuándo oirás su voz, pero siempre que la escuches, aunque sea de la
manera más débil imaginable, abandone total e incondicionalmente a Él.
Es sólo mediante la entrega de ti mismo y de tus circunstancias que lo
reconoces a Él. Solamente reconocerás su voz de una manera más clara si
eres arriesgado y estás dispuesto a rendirlo todo.
"No juzguen a los demás, y no serán juzgados" Mateo 7:1 (NTV)
"No juzguéis, para que no seáis juzgados", Mat_7:1
La
instrucción de Jesús en cuanto a juzgar a otros es muy sencilla: "No lo
hagas". El cristiano promedio es uno de los individuos más mordazmente
criticones que se conozca. La crítica hace parte de las actividades
ordinarias del ser humano, pero en el reino espiritual nada se logra con
ella. El efecto de la crítica es que divide las fuerzas de quien es
criticado. El Espíritu Santo es el único que puede criticar; y solamente
Él es capaz de demostrar lo que está mal, sin lastimar ni herir. Es
imposible participar en la comunión con Dios cuando tienes una actitud
de crítica. Ser crítico te vuelve duro, vengativo y cruel, te deja el
sentimiento lisonjero de que eres alguien superior. Jesús dice que, como
eres su discípulo, debes cultivar la actitud de no criticar, la cual no
se consigue una vez y para siempre. Debes guardarte de todo lo que te
hace sentir una persona superior.
No puedo escaparme de la
perspicacia de Jesús en mi vida. Si veo una paja en tu ojo, quiere decir
que tengo una viga en el mío (ver Mat_7:3-5). Cada cosa mala que veo en
ti, Dios la descubre en mí. Cada vez que juzgo, me condeno a mí mismo
(ver Rom_2:17-24). No sostengas más la vara para medir a los demás.
Siempre hay por lo menos un hecho que ignoramos en cada una de las
situaciones de las personas. Lo primero que hace Dios es limpiarnos
espiritualmente de manera profunda. Después de eso no existe la
posibilidad de que quede orgullo en nosotros. Cuando comprendo lo que
hay en mí, aparte de la gracia de Dios, no queda nadie por quien pueda
perder la esperanza o considerarlo como un caso perdido.
"Nadie
tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que Yo os mando. Ya no os llamo
siervos, porque el siervo no sabe qué hace su señor; pero os he llamado
amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las di a conocer"
Juan 15:13-15 (BTx)
"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos... Os he llamado amigos", Jua_15:13-15
Jesús
no me pide que muera por Él, sino que ponga mi vida por Él. Pedro le
dijo al Señor: ¡Mi vida daré por ti! Y realmente ese era su deseo
(Jua_13:37). Es admirable la manera en que él entendía lo heroico. Sería
malo no poder hacer una declaración como la de Pedro. Sólo podemos
percibir el entendimiento de nuestro deber a través de nuestro sentido
de lo heroico. Te ha preguntado el Señor alguna vez "¿Tu vida darás por
mí?" Jua_13:38). Es mucho más fácil morir que entregar la vida día tras
día con el sentido de nuestro alto llamamiento.
No fuimos creados
para momentos brillantes, sino que debemos andar a la luz de ellos, por
los caminos cotidianos. En la vida de Jesús solo hubo un momento
brillante: el del monte de la transfiguración. Entonces se despojó de su
gloria por segunda vez y descendió al valle del endemoniado (ver
Mar_9:1-29). Durante 33 años Él puso su vida para hacer la voluntad del
Padre. "En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por
nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los
hermanos", 1Jn_3:16. Actuar así va en contra de nuestra naturaleza
humana.
Si soy amigo de Jesús, debo dar mi vida por Él de una
manera consciente y esmerada. Esto es difícil y gracias a Dios que lo
es. Nuestra salvación es fácil porque el costo para Él fue muy grande,
pero su manifestación en mi vida es difícil. En realidad Dios salva a
una persona, la llena del Espíritu Santo y luego le dice: "Ahora pon la
salvación en práctica, sé fiel conmigo aunque la naturaleza de todo lo
que te rodea puede hacerte infiel". Jesús nos dice: Os he llamado
amigos. Permanece fiel a tu amigo y recuerda que tu vida física
compromete su honor.
"En
vista de todo esto, esfuércense al máximo por responder a las promesas
de Dios complementando su fe con una abundante provisión de excelencia
moral; la excelencia moral, con conocimiento" 2Pedro 1:5 (NTV)
"Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid..." 2Pe_1:5 LBLA
Con
respecto a las tareas monótonas, Pedro dijo que ahora somos
participantes de la naturaleza divina (versículo 2Pe_1:4) y que debemos
obrar con toda diligencia, es decir, concentrarnos en formar hábitos
piadosos. Debemos añadir a nuestras vidas todo lo que implica el
carácter. Ninguna persona nace natural o sobrenaturalmente con carácter,
sino que lo debe desarrollar. Tampoco nacemos con hábitos piadosos;
debemos formarlos basados en la nueva vida que Dios nos fue dando. No
fuimos hechos para ser rimbombantes modelos en miniatura de Dios, sino
esencialmente para que manifestemos, en la vida diaria, el milagro de su
gracia. Las tareas monótonas son las que revelan mi carácter. El gran
obstáculo en nuestra vida espiritual es que estamos intentando hacer
grandes hazañas. Sin embargo, "Jesús tomando una toalla comenzó a lavar
los pies de los discípulos", Jua_13:3-5.
En ocasiones no hay
iluminación espiritual ni emociones, tan sólo las tareas comunes y
corrientes de todos los días. La rutina es el método que Dios tiene para
preservarnos entre los tiempos de inspiración que tenemos. No esperes
que Dios te dé siempre sus momentos emocionantes. Aprende a vivir en el
ámbito de la monotonía por el poder de Dios.
Es difícil "añadir",
como dijo Pedro. Decimos que no esperamos que Dios nos lleve al cielo en
un lecho de rosas y, con todo, ¡actuamos de acuerdo con esta
expectativa! Debo comprender que mi obediencia, hasta en el más mínimo
detalle, tiene tras de sí toda la omnipotencia de la gracia divina. Si
cumplo con mi deber, no por cumplirlo sino porque creo que Dios está
dirigiendo mis circunstancias, entonces, en el instante en que obedezco,
toda la maravillosa gracia de Dios es mía mediante la expiación de
Cristo.