lunes, 30 de septiembre de 2013

Sin limitaciones


Sal 81:10 Yo soy YHVH, tu Dios, El que te hizo subir de la tierra de Egipto; ¡Ensancha tu boca, y Yo la llenaré! (BTx 3)

“Abre tu boca, y yo la llenaré.”  Sal_81:10.

¡Este es un gran estímulo para la oración! Nuestros conceptos humanos nos inducen a pedir pequeñas cosas, porque nuestros merecimientos son pequeños; pero el Señor quiere que pidamos grandes bendiciones. La oración debería ser un asunto tan sencillo como abrir la boca; debería ser una expresión natural, sin limitaciones. Cuando un hombre es ferviente, abre grandemente su boca, y nuestro texto nos exhorta a ser fervientes en nuestras súplicas.
Sin embargo, también quiere decir que podemos tener valor delante de Dios, y pedir muchas y grandes bendiciones de Sus manos. Lean el versículo completo, y vean el argumento: “Yo soy Jehová tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto; abre tu boca, y yo la llenaré.” Debido a que el Señor nos ha dado tanto, nos invita a que pidamos más, sí, a que esperemos más.
Miren cómo los pajaritos en sus nidos parecieran ser solamente bocas cuando la madre llega para alimentarlos. Actuemos de la misma manera. Recibamos gracia en cada puerta.
Bebamos la gracia como la esponja chupa el agua en la que se encuentra. Dios está listo para llenarnos cuando estemos listos para ser llenados. Que nuestras necesidades nos induzcan a abrir nuestras bocas; que nuestro desfallecimiento nos conduzca a abrir nuestras bocas y a esperar con avidez; sí, que nuestra alarma nos lleve a abrir nuestras bocas con el grito de un niño. La boca abierta será llenada por el propio Señor. Que así sea para nosotros, oh Señor, en este día.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Su persona, y obra, y gloria


Jua 16:14 Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo anunciará (BTx 3)

“El me glorificará; porque tomará de lo mío y os lo hará saber.”  Jua_16:14.

El mismo Espíritu Santo no puede glorificar de mejor manera al Señor Jesús que mostrándonos las propias cosas de Cristo. Jesús es Su misma mejor recomendación. No hay otra forma de adornarlo excepto con Su propio oro.
El consolador nos muestra lo que ha recibido de nuestro Señor Jesús. No vemos nunca nada claramente si Él no nos lo revela. Él tiene la manera de abrir nuestras mentes, y de abrir las Escrituras, y mediante este doble proceso nos revela a nuestro Señor. Hay un gran arte involucrado al exponer un asunto, y ese arte pertenece en el más alto grado al Espíritu de verdad. Él nos muestra la esencia de las cosas. Este es un grandioso privilegio, conocido por quienes han experimentado la visión beatífica.
Busquemos la iluminación del Espíritu, no para gratificar nuestra curiosidad, y ni siquiera para que nos traiga personal consuelo, sino para glorificar al Señor Jesús. ¡Oh, que tuviéramos ideas dignas de Él! Los conceptos rastreros deshonran a nuestro precioso Señor.
¡Oh, que tuviéramos tales impresiones vívidas de Su persona, y obra, y gloria, que pudiéramos clamar con alma y corazón para alabarlo! Allí donde hay un corazón enriquecido por la enseñanza del Espíritu Santo, habrá un Salvador glorificado más allá de toda expresión. Ven, Santo Espíritu, luz celestial, y muéstranos a Jesús nuestro Señor.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.


sábado, 28 de septiembre de 2013

El propio Jesús es el perfecto reposo


Heb 4:9 Queda, por tanto, un reposo sabático para el pueblo de Dios (BTx 3)

“Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios.”  Heb_4:9.

Dios ha provisto un reposo, y algunos han de entrar en él. Aquellos a quienes fue predicado inicialmente, no entraron por su incredulidad; por tanto, ese reposo queda para el pueblo de Dios. David cantó acerca de él; pero tenía que tocar el tono menor pues Israel rehusó el reposo de Dios. Josué no podía proporcionarlo, ni Canaán podía concederlo: queda para los creyentes.
Vamos, entonces, esforcémonos por entrar a este reposo. Renunciemos al arduo trabajo del pecado y del yo. Abandonemos toda confianza incluso en aquellas obras de las que pudiera decirse: “son buenas en gran manera.” ¿Poseemos algunas de ellas? A pesar de ello, descansemos de nuestras propias obras, lo mismo que hizo Dios de las Suyas. Encontremos ahora solaz en la obra consumada de nuestro Señor Jesús. Todo ha sido cumplido plenamente: la justicia no requiere más. Paz grandiosa es nuestra porción en Cristo Jesús.  
En cuanto a los asuntos providenciales, la obra de gracia en el alma, y la obra del Señor en las almas de otros, pongamos estas cargas sobre el Señor, y descansemos en Él. Cuando el Señor nos da un yugo que llevar, lo hace de tal manera que al asumirlo, encontremos descanso. Por fe nos esforzamos para entrar al reposo de Dios, y renunciamos a todo reposo en la autosatisfacción o la indolencia. El propio Jesús es el perfecto reposo, y en Él estamos llenos hasta el borde.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Una lámpara encendida por Dios


Sal 18:28 En verdad, oh YHVH, Tú enciendes mi lámpara. ¡Oh Dios mío, Tú iluminas mi oscuridad! (BTx 3)

“Tú encenderás mi lámpara.”  Sal_18:28.

Pudiera ser que mi alma esté retenida en la oscuridad; y si esta oscuridad es de una naturaleza espiritual, ningún poder humano podría brindarme luz. ¡Bendito sea Dios!, porque Él puede alumbrar mi oscuridad, y encender mi lámpara de inmediato. Aunque esté rodeado de “tinieblas que cualquiera las palpe,” sin embargo, Él puede disipar la lobreguez, y traer de inmediato resplandor a mi alrededor.
La misericordia consiste en que si Él enciende la lámpara, nadie la puede apagar, ni se extinguirá por falta de sustancia, ni se consumirá en el lapso de unas horas. Las lumbreras que el Señor encendió al principio siguen alumbrando todavía. Las lámparas podrían necesitar despabiladeras, pero Él no las apaga.
Que me sea concedido, entonces, como el ruiseñor, cantar en la oscuridad. La expectación me proveerá de música, y la esperanza me dará el tono. Pronto me regocijaré en una lámpara encendida por Dios. Estoy débil y fatigado ahora. Tal vez sea el clima, o la debilidad corporal, o la sorpresa de una súbita prueba; pero independientemente de la causa de la oscuridad, únicamente Dios me proporcionará luz. Mis ojos sólo son para Él. Pronto tendré la lámpara del Señor que alumbre a mi alrededor; y, más adelante, a su debido tiempo, estaré donde no se necesitan lámparas, ni luz del sol tampoco. ¡Aleluya!

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

jueves, 26 de septiembre de 2013

En el número de los redimidos


Núm 23:9 En verdad, desde la cumbre de las peñas lo contemplo, Desde los collados lo diviso: Ve ahí un pueblo que mora aparte, Y entre las naciones no será contado. (BTx 3)

“He aquí un pueblo que habitará confiado, y no será contado entre las naciones.”  Núm_23:9.

¿Quién querría habitar entre las naciones, y ser contado entre ellas? Vamos, inclusive la iglesia profesante es de naturaleza tal, que resulta sumamente difícil seguir plenamente al Señor dentro de su seno. Hay tal mezcla e influencia que uno suspira con frecuencia anhelando “una cabaña en algún vasto desierto.”
Es muy cierto que el Señor quiere que Su pueblo siga un camino de separación con relación al mundo, y que salga decidida y claramente de él. Somos apartados por el decreto, la compra, y el llamado divinos, y nuestra experiencia interior nos ha conducido a diferir grandemente de los hombres del mundo; y por eso, nuestro lugar no está en su Feria de las Vanidades, ni en la Ciudad de la Destrucción, sino en el camino angosto por el que todos los verdaderos peregrinos deben seguir a su Señor.  
Esto no sólo debe reconciliarnos con los escarnios y los desprecios del mundo, sino conducirnos a aceptarlos con placer, como parte de nuestra porción del pacto. Nuestro nombres no están registrados en el mismo libro, no provenimos de la misma simiente, no estamos ligados al mismo lugar, ni estamos confiando en el mismo guía, por tanto, está bien que no seamos contados con ellos. Basta con que estemos en el número de los redimidos, y estaremos contentos de ser extravagantes y solitarios hasta el fin del capítulo.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El sacrificio aceptado de Jesús pone un fin al temor


Jue 13:23 Pero su mujer le respondió: Si YHVH hubiera querido hacernos morir, no habría tomado de nuestra mano el holocausto y la ofrenda, ni nos habría mostrado estas cosas, ni nos habría anunciado en este tiempo cosa semejante (BTx 3)

“Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría anunciado esto.”  Jue_13:23.

Este es un tipo de promesa deducida por lógica. Es una inferencia extraída válidamente de hechos comprobables. No era probable que el Señor hubiera revelado a Manoa y a su mujer que les nacería un hijo, y sin embargo, que tuviera en Su corazón el propósito de destruirlos. La mujer razonó bien, y haríamos bien si siguiéramos su línea de argumentación.
El Padre ha aceptado el grandioso sacrificio del Calvario, y ha declarado que está muy complacido con él; ¿cómo podría tener ahora la intención de matarnos? ¿Por qué existiría la necesidad de un Sustituto si el pecador debe morir? El sacrificio aceptado de Jesús pone un fin al temor.
El Señor nos ha mostrado nuestra elección, nuestra adopción, nuestra unión con Cristo, nuestras bodas con el Amado: ¿cómo podría destruirnos ahora? Las promesas están cargadas de bendiciones que exigen que seamos preservados para vida eterna. No es posible que el Señor nos deseche, y sin embargo, que cumpla con Su pacto. El pasado nos asegura, y el futuro nos reasegura. No moriremos, sino que viviremos; pues hemos visto a Jesús, y en Él hemos visto al Padre por medio de la iluminación del Espíritu Santo. Por causa de esta mirada que genera vida, hemos de vivir para siempre.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

martes, 24 de septiembre de 2013

Consecuencia inmediata y eterna


Eze 47:9 Y todo ser viviente que nade por dondequiera que entren estos dos ríos, vivirá, y habrá una gran multitud de peces, porque esas aguas han entrado allí para que todas las cosas sean sanadas y vivan dondequiera que llegue el río. (BTx 3)

“Y toda alma viviente que nadare por dondequiera entraren estos dos ríos, vivirá.”   Eze_47:9.

Las aguas vivas, en la visión del profeta, fluían al Mar Muerto, y eran portadoras de vida, incluso para ese lago estancado. Allí donde llega la gracia, la vida espiritual es la consecuencia inmediata y eterna. La gracia procede soberanamente de conformidad a la voluntad de Dios, tal como el río en todos sus serpenteos sigue su propia y dulce voluntad; y a todas partes donde llega, no espera que la vida venga a él, sino que produce vida mediante su propio flujo vivificador. ¡Oh, que se derramara a lo largo de nuestras calles, e inundara nuestros barrios bajos! ¡Oh, que viniera ahora a mi casa, y se elevara de tal forma que cada habitación tuviera que nadar en él! Señor, concédeme que el agua viva fluya a mi familia y a mis amigos, y que no me  pase por alto. Espero haber bebido ya de sus aguas; pero deseo bañarme en él, sí, nadar en él. Oh mi Salvador, necesito vida más abundantemente. Ven a mí, te lo ruego, hasta que cada parte de mi naturaleza esté vívidamente energizada e intensamente activa. Dios vivo, te lo ruego, lléname de Tu propia vida.
Yo soy un pobre palo seco; ven y hazme vivir de tal manera que, como la vara de Aarón, pueda reverdecer y florecer y producir fruto para Tu gloria. Vivifícame, por nuestro Señor Jesús. Amén.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.