Sal 81:10 Yo soy YHVH, tu Dios, El que te hizo subir de la tierra de Egipto; ¡Ensancha tu boca, y Yo la llenaré! (BTx 3)
“Abre tu boca, y yo la llenaré.” Sal_81:10.
¡Este
es un gran estímulo para la oración! Nuestros conceptos humanos nos
inducen a pedir pequeñas cosas, porque nuestros merecimientos son
pequeños; pero el Señor quiere que pidamos grandes bendiciones. La
oración debería ser un asunto tan sencillo como abrir la boca; debería
ser una expresión natural, sin limitaciones. Cuando un hombre es
ferviente, abre grandemente su boca, y nuestro texto nos exhorta a ser
fervientes en nuestras súplicas.
Sin embargo, también quiere decir
que podemos tener valor delante de Dios, y pedir muchas y grandes
bendiciones de Sus manos. Lean el versículo completo, y vean el
argumento: “Yo soy Jehová tu Dios, que te hice subir de la tierra de
Egipto; abre tu boca, y yo la llenaré.” Debido a que el Señor nos ha
dado tanto, nos invita a que pidamos más, sí, a que esperemos más.
Miren
cómo los pajaritos en sus nidos parecieran ser solamente bocas cuando
la madre llega para alimentarlos. Actuemos de la misma manera. Recibamos
gracia en cada puerta.
Bebamos la gracia como la esponja chupa el
agua en la que se encuentra. Dios está listo para llenarnos cuando
estemos listos para ser llenados. Que nuestras necesidades nos induzcan a
abrir nuestras bocas; que nuestro desfallecimiento nos conduzca a abrir
nuestras bocas y a esperar con avidez; sí, que nuestra alarma nos lleve
a abrir nuestras bocas con el grito de un niño. La boca abierta será
llenada por el propio Señor. Que así sea para nosotros, oh Señor, en
este día.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Jua 16:14 Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo anunciará (BTx 3)
“El me glorificará; porque tomará de lo mío y os lo hará saber.” Jua_16:14.
El
mismo Espíritu Santo no puede glorificar de mejor manera al Señor Jesús
que mostrándonos las propias cosas de Cristo. Jesús es Su misma mejor
recomendación. No hay otra forma de adornarlo excepto con Su propio oro.
El consolador nos muestra lo que ha recibido de nuestro Señor
Jesús. No vemos nunca nada claramente si Él no nos lo revela. Él tiene
la manera de abrir nuestras mentes, y de abrir las Escrituras, y
mediante este doble proceso nos revela a nuestro Señor. Hay un gran arte
involucrado al exponer un asunto, y ese arte pertenece en el más alto
grado al Espíritu de verdad. Él nos muestra la esencia de las cosas.
Este es un grandioso privilegio, conocido por quienes han experimentado
la visión beatífica.
Busquemos la iluminación del Espíritu, no
para gratificar nuestra curiosidad, y ni siquiera para que nos traiga
personal consuelo, sino para glorificar al Señor Jesús. ¡Oh, que
tuviéramos ideas dignas de Él! Los conceptos rastreros deshonran a
nuestro precioso Señor.
¡Oh, que tuviéramos tales impresiones
vívidas de Su persona, y obra, y gloria, que pudiéramos clamar con alma y
corazón para alabarlo! Allí donde hay un corazón enriquecido por la
enseñanza del Espíritu Santo, habrá un Salvador glorificado más allá de
toda expresión. Ven, Santo Espíritu, luz celestial, y muéstranos a Jesús
nuestro Señor.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Heb 4:9 Queda, por tanto, un reposo sabático para el pueblo de Dios (BTx 3)
“Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios.” Heb_4:9.
Dios
ha provisto un reposo, y algunos han de entrar en él. Aquellos a
quienes fue predicado inicialmente, no entraron por su incredulidad; por
tanto, ese reposo queda para el pueblo de Dios. David cantó acerca de
él; pero tenía que tocar el tono menor pues Israel rehusó el reposo de
Dios. Josué no podía proporcionarlo, ni Canaán podía concederlo: queda
para los creyentes.
Vamos, entonces, esforcémonos por entrar a
este reposo. Renunciemos al arduo trabajo del pecado y del yo.
Abandonemos toda confianza incluso en aquellas obras de las que pudiera
decirse: “son buenas en gran manera.” ¿Poseemos algunas de ellas? A
pesar de ello, descansemos de nuestras propias obras, lo mismo que hizo
Dios de las Suyas. Encontremos ahora solaz en la obra consumada de
nuestro Señor Jesús. Todo ha sido cumplido plenamente: la justicia no
requiere más. Paz grandiosa es nuestra porción en Cristo Jesús.
En
cuanto a los asuntos providenciales, la obra de gracia en el alma, y la
obra del Señor en las almas de otros, pongamos estas cargas sobre el
Señor, y descansemos en Él. Cuando el Señor nos da un yugo que llevar,
lo hace de tal manera que al asumirlo, encontremos descanso. Por fe nos
esforzamos para entrar al reposo de Dios, y renunciamos a todo reposo en
la autosatisfacción o la indolencia. El propio Jesús es el perfecto
reposo, y en Él estamos llenos hasta el borde.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Sal 18:28 En verdad, oh YHVH, Tú enciendes mi lámpara. ¡Oh Dios mío, Tú iluminas mi oscuridad! (BTx 3)
“Tú encenderás mi lámpara.” Sal_18:28.
Pudiera
ser que mi alma esté retenida en la oscuridad; y si esta oscuridad es
de una naturaleza espiritual, ningún poder humano podría brindarme luz.
¡Bendito sea Dios!, porque Él puede alumbrar mi oscuridad, y encender mi
lámpara de inmediato. Aunque esté rodeado de “tinieblas que cualquiera
las palpe,” sin embargo, Él puede disipar la lobreguez, y traer de
inmediato resplandor a mi alrededor.
La misericordia consiste en
que si Él enciende la lámpara, nadie la puede apagar, ni se extinguirá
por falta de sustancia, ni se consumirá en el lapso de unas horas. Las
lumbreras que el Señor encendió al principio siguen alumbrando todavía.
Las lámparas podrían necesitar despabiladeras, pero Él no las apaga.
Que
me sea concedido, entonces, como el ruiseñor, cantar en la oscuridad.
La expectación me proveerá de música, y la esperanza me dará el tono.
Pronto me regocijaré en una lámpara encendida por Dios. Estoy débil y
fatigado ahora. Tal vez sea el clima, o la debilidad corporal, o la
sorpresa de una súbita prueba; pero independientemente de la causa de la
oscuridad, únicamente Dios me proporcionará luz. Mis ojos sólo son para
Él. Pronto tendré la lámpara del Señor que alumbre a mi alrededor; y,
más adelante, a su debido tiempo, estaré donde no se necesitan lámparas,
ni luz del sol tampoco. ¡Aleluya!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Núm
23:9 En verdad, desde la cumbre de las peñas lo contemplo, Desde los
collados lo diviso: Ve ahí un pueblo que mora aparte, Y entre las
naciones no será contado. (BTx 3)
“He aquí un pueblo que habitará confiado, y no será contado entre las naciones.” Núm_23:9.
¿Quién
querría habitar entre las naciones, y ser contado entre ellas? Vamos,
inclusive la iglesia profesante es de naturaleza tal, que resulta
sumamente difícil seguir plenamente al Señor dentro de su seno. Hay tal
mezcla e influencia que uno suspira con frecuencia anhelando “una cabaña
en algún vasto desierto.”
Es muy cierto que el Señor quiere que
Su pueblo siga un camino de separación con relación al mundo, y que
salga decidida y claramente de él. Somos apartados por el decreto, la
compra, y el llamado divinos, y nuestra experiencia interior nos ha
conducido a diferir grandemente de los hombres del mundo; y por eso,
nuestro lugar no está en su Feria de las Vanidades, ni en la Ciudad de
la Destrucción, sino en el camino angosto por el que todos los
verdaderos peregrinos deben seguir a su Señor.
Esto no sólo debe
reconciliarnos con los escarnios y los desprecios del mundo, sino
conducirnos a aceptarlos con placer, como parte de nuestra porción del
pacto. Nuestro nombres no están registrados en el mismo libro, no
provenimos de la misma simiente, no estamos ligados al mismo lugar, ni
estamos confiando en el mismo guía, por tanto, está bien que no seamos
contados con ellos. Basta con que estemos en el número de los redimidos,
y estaremos contentos de ser extravagantes y solitarios hasta el fin
del capítulo.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Jue 13:23 Pero su mujer le respondió: Si YHVH hubiera querido
hacernos morir, no habría tomado de nuestra mano el holocausto y la
ofrenda, ni nos habría mostrado estas cosas, ni nos habría anunciado en
este tiempo cosa semejante (BTx 3)
“Si Jehová nos
quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la
ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría
anunciado esto.” Jue_13:23.
Este es un tipo de promesa
deducida por lógica. Es una inferencia extraída válidamente de hechos
comprobables. No era probable que el Señor hubiera revelado a Manoa y a
su mujer que les nacería un hijo, y sin embargo, que tuviera en Su
corazón el propósito de destruirlos. La mujer razonó bien, y haríamos
bien si siguiéramos su línea de argumentación.
El Padre ha
aceptado el grandioso sacrificio del Calvario, y ha declarado que está
muy complacido con él; ¿cómo podría tener ahora la intención de
matarnos? ¿Por qué existiría la necesidad de un Sustituto si el pecador
debe morir? El sacrificio aceptado de Jesús pone un fin al temor.
El
Señor nos ha mostrado nuestra elección, nuestra adopción, nuestra
unión con Cristo, nuestras bodas con el Amado: ¿cómo podría destruirnos
ahora? Las promesas están cargadas de bendiciones que exigen que seamos
preservados para vida eterna. No es posible que el Señor nos deseche, y
sin embargo, que cumpla con Su pacto. El pasado nos asegura, y el
futuro nos reasegura. No moriremos, sino que viviremos; pues hemos
visto a Jesús, y en Él hemos visto al Padre por medio de la iluminación
del Espíritu Santo. Por causa de esta mirada que genera vida, hemos de
vivir para siempre.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Eze
47:9 Y todo ser viviente que nade por dondequiera que entren estos dos
ríos, vivirá, y habrá una gran multitud de peces, porque esas aguas han
entrado allí para que todas las cosas sean sanadas y vivan dondequiera
que llegue el río. (BTx 3)
“Y toda alma viviente que nadare por dondequiera entraren estos dos ríos, vivirá.” Eze_47:9.
Las
aguas vivas, en la visión del profeta, fluían al Mar Muerto, y eran
portadoras de vida, incluso para ese lago estancado. Allí donde llega la
gracia, la vida espiritual es la consecuencia inmediata y eterna. La
gracia procede soberanamente de conformidad a la voluntad de Dios, tal
como el río en todos sus serpenteos sigue su propia y dulce voluntad; y a
todas partes donde llega, no espera que la vida venga a él, sino que
produce vida mediante su propio flujo vivificador. ¡Oh, que se derramara
a lo largo de nuestras calles, e inundara nuestros barrios bajos! ¡Oh,
que viniera ahora a mi casa, y se elevara de tal forma que cada
habitación tuviera que nadar en él! Señor, concédeme que el agua viva
fluya a mi familia y a mis amigos, y que no me pase por alto. Espero
haber bebido ya de sus aguas; pero deseo bañarme en él, sí, nadar en él.
Oh mi Salvador, necesito vida más abundantemente. Ven a mí, te lo
ruego, hasta que cada parte de mi naturaleza esté vívidamente energizada
e intensamente activa. Dios vivo, te lo ruego, lléname de Tu propia
vida.
Yo soy un pobre palo seco; ven y hazme vivir de tal manera
que, como la vara de Aarón, pueda reverdecer y florecer y producir fruto
para Tu gloria. Vivifícame, por nuestro Señor Jesús. Amén.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.