Mat
10:32 Cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, Yo
también lo confesaré delante de mi Padre celestial (BTx 3)
“A
cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le
confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.” Mat_10:32. ¡Es
una promesa llena de gracia! Es un gran gozo para mí confesar a mi
Señor. Sin importar cuáles pudieran ser mis fallas, no estoy avergonzado
de Jesús, ni me da miedo declarar las doctrinas de Su cruz. Oh Señor,
no he escondido Tu justicia dentro de mi corazón.
El
panorama que el texto pone delante de mí es dulce. Los amigos abandonan
y los enemigos se alegran, pero el Señor no repudia a Su siervo. Sin
duda el Señor me reconocerá incluso aquí, y me dará nuevas señales de Su
consideración favorable. Pero se aproxima el día cuando deba estar
delante del grandioso Padre. ¡Qué bendición es pensar que Jesús me
confesará entonces! Él dirá: “Este hombre realmente confió en mí, y
estaba anuente a sufrir reproches por amor de Mi nombre; por esa razón
yo lo reconozco como mío.”
El
otro día un gran hombre fue hecho caballero, y la reina le entregó una
insignia enjoyada; pero, ¿qué importancia tuvo eso? Será un honor que
sobrepase a todos los honores cuando el Señor Jesús nos confiese en la
presencia de la Majestad divina en los cielos.
Que
nunca me sienta avergonzado de reconocer a mi Señor. Que nunca me
abandone a un cobarde silencio, o acepte una componenda proveniente de
un corazón desfallecido. ¿Acaso me avergonzaré de reconocer a Aquel que
promete reconocerme?
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

2Cr
7:14 y se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi Nombre, y
oran, y buscan mi rostro, y se convierten de sus malos caminos, entonces
Yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.
(BTx 3)
“Si
se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y
buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo
oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.”
2Cr_7:14. Llamados
por el nombre del Señor, somos, sin embargo, hombres y mujeres que
yerran. ¡Cuán grande misericordia es que nuestro Dios esté presto a
perdonar! Siempre que pecamos, apresurémonos al propiciatorio de nuestro
Dios, en busca del perdón.
Hemos
de humillarnos. ¿No deberíamos ser humillados por el hecho que después
de recibir tanto amor, todavía transgredimos? Oh, Señor, nos postramos
delante de Ti en el polvo, y reconocemos nuestra cruel ingratitud. ¡Oh,
la infamia del pecado! ¡Oh, la infamia que es siete veces más terrible
en personas tan favorecidas como lo hemos sido nosotros!
Además,
hemos de orar pidiendo misericordia, limpieza y liberación del poder
del pecado. Oh, Señor, óyenos ahora, y no apagues nuestro clamor.
En
esta oración hemos de buscar el rostro del Señor. Él nos ha dejado por
causa de nuestras faltas, y debemos suplicarle que regrese. Oh, Señor,
míranos en Tu Hijo Jesús, y sonríe a Tus siervos.
Esto
ha de ir acompañado con nuestro rechazo del pecado, pues Dios no puede
volverse a nosotros a menos que nos volvamos del pecado.
Luego
viene la triple promesa de oír, perdonar y sanar. Padre nuestro,
concédenos esta triple promesa de inmediato, por nuestro Señor
Jesucristo.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

Deu
30:6 YHVH tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tu
descendencia, para que ames a YHVH tu Dios con todo tu corazón y con
toda tu alma, a fin de que vivas (BTx 3)
“Y
circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu
descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con
toda tu alma, a fin de que vivas.” Deu_30:6. Aquí leemos acerca de la verdadera circuncisión.
Noten
a su autor: “Jehová tu Dios.” Sólo Él puede tratar eficazmente con
nuestro corazón, y quitar su carnalidad y su corrupción. Hacernos amar a
Dios con todo nuestro corazón y alma es un milagro de gracia que sólo
el Espíritu Santo puede obrar. Hemos mirar únicamente al Señor para
esto, y no estar satisfechos nunca con nada que no sea eso.
Noten
dónde es obrada esta circuncisión. No es de la carne, sino del
espíritu. Es la señal esencial del pacto de la gracia. El amor a Dios es
la marca indeleble de la simiente elegida; por este sello secreto la
elección de gracia es certificada para el creyente. Debemos cuidar de no
confiar en ningún rito externo, sino que seamos sellados en el corazón
por la operación del Espíritu Santo.
Noten
cuál es el resultado: “a fin de que vivas.” La intención de la carne es
muerte. Venciendo a la carne encontramos vida y paz. Si andamos en las
cosas del Espíritu, viviremos. Oh, que Jehová, nuestro Dios, complete Su
obra de gracia en nuestras naturalezas internas, para que en el sentido
más pleno y más elevado vivamos para Dios.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

Zac 10:12 Con la fuerza de YHVH avanzarán en su Nombre. Oráculo de YHVH. (BTx 3)
“Y yo los fortaleceré en Jehová, y caminarán en su nombre, dice Jehová. Zac_10:12.
Esto
es un solaz para los santos enfermos. Se han debilitado y temen que no
se levantarán nunca del lecho de la duda y del miedo; pero el grandioso
Médico puede curar la enfermedad y quitar la debilidad proveniente de
esa enfermedad. Él fortalecerá a los débiles. Esto lo hará de la mejor
manera posible, pues será “en Jehová”. Nuestra fortaleza es mucho más
sólida en Dios que en el yo. En el Señor produce comunión, en nosotros
generaría orgullo. En nosotros estaría tristemente limitada, pero en
Dios no conoce límites.
Cuando
la fortaleza le es otorgada, el creyente la usa. Camina por todos lados
en el nombre del Señor. ¡Qué gozo es caminar por todas partes después
de una enfermedad, y qué deleite es ser fuerte en el Señor después de
una temporada de postración! El Señor otorga a Su pueblo libertad para
caminar por todos lados, y un sosiego interior para ejercitar esa
libertad. Él nos hace caballeros: no somos esclavos que no conocen el
descanso, y no disfrutan los paisajes, sino que somos libres de viajar
cómodamente por toda la tierra de Emanuel.
Vamos,
corazón mío, ya no estés enfermo y afligido. Jesús te ordena que seas
fuerte, y que camines con Dios en santa contemplación. Obedece Su
palabra de amor.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

Apo
3:8 Yo sé tus obras. He aquí que he puesto delante de ti una puerta
abierta que nadie puede cerrar, porque aunque tienes poco poder, has
guardado mi Palabra y no negaste mi nombre (BTx 3)
“He aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar.” Rev_3:8. Los
santos que permanecen fieles a la verdad de Dios tienen una puerta
abierta delante de ellos. Alma mía, tú has resuelto vivir y morir
conforme a lo que el Señor ha revelado en Su Palabra, y por tanto
delante de ti está esta puerta abierta.
Voy
a entrar a través de la puerta abierta de comunión con Dios. ¿Quién me
denegará la entrada? Jesús ha quitado mi pecado, y me ha dado Su
justicia, y por eso puedo entrar libremente. Señor, eso hago por gracia.
Tengo
también delante de mí una puerta abierta a los misterios de la Palabra.
Puedo adentrarme en las cosas profundas de Dios. Elección, Unión con
Cristo, la Segunda Venida: todas estas cosas están delante de mí, y
puedo disfrutarlas.
Una
puerta abierta de acceso está delante de mí en privado, y una puerta
abierta de utilidad en público. Dios me oirá; Dios me usará. Una puerta
es abierta para mi marcha progresiva hacia la iglesia de arriba, y para
mi comunión diaria con los santos de aquí abajo. Algunos procurarán
encerrarme o dejarme fuera, pero todo eso será en vano.
Pronto
veré una puerta abierta al cielo: la puerta de perlas será mi vía de
entrada, y entonces entraré donde está mi Señor y Rey, y estaré
eternamente unido con Dios.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

Lev
4:7 El sacerdote pondrá parte de aquella sangre sobre los cuernos del
altar del incienso aromático delante de YHVH, en la Tienda de Reunión, y
derramará el resto de la sangre del novillo al pie del altar del
holocausto, situado a la entrada de la Tienda de Reunión (BTx 3)
“Y
el sacerdote pondrá de esa sangre sobre los cuernos del altar del
incienso aromático, que está en el tabernáculo de reunión delante de
Jehová.” Lev_4:7.
El
altar del incienso es el lugar donde los santos presentan sus oraciones
y alabanzas; y es muy agradable pensar que ha sido rociado con la
sangre del grandioso sacrificio. Esto es lo que hace aceptable delante
de Jehová toda nuestra adoración: Él ve la sangre de Su propio Hijo, y
por eso acepta nuestro homenaje.
Es
bueno que fijemos nuestros ojos en la sangre del único sacrificio por
el pecado. El pecado se mezcla incluso con nuestras cosas santas, y
nuestro mejor arrepentimiento, y fe, y oración y acción de gracias no
podrían ser recibidos por Dios si no fuera por el mérito del sacrificio
expiatorio. Muchos miran con desprecio “la sangre”; pero para nosotros
es el fundamento del consuelo y de la esperanza. Eso que está sobre los
cuernos del altar tiene el propósito de estar de manera prominente
delante de nuestros ojos cuando nos acercamos a Dios. La sangre da
fortaleza a la oración, y por esto está sobre los cuernos del altar.
Está “delante de Jehová”, y por eso debe estar delante de nosotros. Está
sobre el altar antes de que traigamos el incienso; está allí para
santificar nuestras ofrendas y dones.
Vamos,
oremos con confianza, puesto que la víctima ha sido ofrecida, el mérito
ha sido argumentado, la sangre está detrás del velo, y las oraciones de
los creyentes deben ser de olor agradable al Señor.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Isa
62:4 Nunca más serás llamada la Desamparada, Ni tu tierra, la Desolada,
Sino que serás llamada Hefzi-bá, y tu país, Beula, Porque el amor de
YHVH estará contigo Y tu tierra tendrá marido (BTx 3)
“Nunca más te llamarán Desamparada.” Isa_62:4. “Desamparada”
es una palabra lúgubre. Suena como un tañido fúnebre. Es el registro de
las aflicciones más agudas, y la profecía de los males más espantosos.
Un abismo de miseria abre su boca en esa palabra “Desamparada.”
¡Abandonado por uno que comprometió su honor! ¡Abandonado por un amigo
probado por largo tiempo y de confianza! ¡Abandonado por un pariente
amado! ¡Abandonado por padre y madre! ¡Abandonado por todos! Esto es un
verdadero dolor, y, sin embargo, puede ser soportado pacientemente si el
Señor nos sostiene.
Pero,
¿qué se sentirá al verse abandonado por Dios? Piensen en el más amargo
de los clamores: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
¿Hemos probado alguna vez en algún grado el ajenjo y la hiel de
“Desamparada” en ese sentido? Si así fuera, supliquemos al Señor para
que nos salve de cualquier repetición de una aflicción tan indecible.
¡Oh, que esas tinieblas no vuelvan jamás! Los hombres maliciosamente le
dijeron a un santo: “Dios lo ha desamparado; perseguidle y tomadle.”
Pero siempre fue falso. El favor amante del Señor forzará a nuestros
crueles enemigos a tragarse sus propias palabras, o, al menos, a
reprimir sus lenguas.
Lo
opuesto de todo esto es esa palabra superlativa Hefzi-bá: “Mi deleite
está en ella.” Esto convierte en baile al llanto. Que aquellos que
soñaron que habían sido abandonados oigan al Señor cuando dice: “No te
desampararé, ni te dejaré.”
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
