Isa
60:22 El más pequeño crecerá hasta mil, Y el menor será pueblo
numeroso. Yo, YHVH, me apresuraré a hacer esto a su tiempo (BTx 3)
“El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte. Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.” Isa_60:22. Las
obras para el Señor con frecuencia comienzan a pequeña escala, y no son
menos importantes por eso. La debilidad educa a la fe, acerca a Dios, y
gana gloria para Su nombre. El premio es una promesa de crecimiento. El
grano de mostaza es la más pequeña de todas las semillas, y sin
embargo, se convierte en una hortaliza y se hace árbol, con ramas que
alojan a los pájaros del cielo. Podemos comenzar con uno, aunque sea “el
pequeño”, y, sin embargo, “vendrá a ser mil.” El Señor es grandioso con
la tabla de multiplicar. Cuán a menudo le dijo a Su siervo solitario:
“Te multiplicaré”. Confíen en el Señor, cuando sean solamente uno o dos;
pues Él estará en medio de ustedes si están congregados en Su nombre.
“El
pequeño.” ¿Qué puede ser más despreciable a los ojos de aquellos que
cuentan cabezas y pesan fuerzas? Sin embargo, este es el núcleo de una
gran nación. Solamente una estrella brilla inicialmente en la tarde,
pero pronto el cielo está cubierto de innumerables luces.
Tampoco
debemos pensar que la perspectiva de crecimiento sea remota, pues la
promesa es, “Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.”
No habrá una prisa prematura, como esa que puede verse en reuniones
agitadas; todo será a su debido tiempo; sin embargo, no habrá ninguna
demora. Cuando el Señor se apresura, Su velocidad es gloriosa.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

Mat 1:21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados (BTx 3)
“Él salvará a su pueblo de sus pecados.” Mat_1:21. Señor,
sálvame de mis pecados. Por tu nombre de Jesús me siento animado a orar
de esta manera. Sálvame de mis pecados pasados, para que el hábito de
ellos no me mantenga cautivo. Sálvame de mis pecados constitucionales,
para que no sea el esclavo de mis propias debilidades. Sálvame de los
pecados que continuamente están ante mis ojos para que no pierda mi
horror por ellos. Sálvame de mis pecados secretos; pecados que no
percibo debido a mi falta de luz. Sálvame de los pecados súbitos y
sorprendentes: no permitas que sea sacado de mi camino por la fuerza de
la tentación. Sálvame, Señor, de todo pecado. No permitas que la
iniquidad tenga dominio sobre mí.
Solamente Tú puedes hacer esto.
Yo no puedo romper mis propias cadenas ni eliminar a mis propios
enemigos. Tú conoces la tentación, pues Tú fuiste tentado. Tú conoces el
pecado, pues Tú cargaste con el peso de ese pecado. Tú sabes cómo
socorrerme en mi hora de conflicto. Tú puedes salvarme de pecar, y
salvarme cuando he pecado. Se ha prometido en Tu propio nombre que harás
esto, y yo te ruego que en este día me permitas comprobar la profecía.
No permitas que ceda al mal carácter, o al orgullo, o al desaliento o a
cualquier forma de mal; pero sálvame para santidad de vida, para que Tu
nombre de Jesús pueda ser glorificado en mí abundantemente.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

Jer
30:11 Porque Yo estoy contigo para salvarte, dice YHVH, Destruiré a
todas las naciones en donde te he dispersado, Pero a ti no te destruiré,
Te corregiré con mesura, Pero de ninguna manera te dejaré impune (BTx
3)
“Sino que te castigaré con justicia.” Jer_30:11. Ser
dejado sin corrección sería un signo fatal: demostraría que el Señor
habría dicho: “Es dado a ídolos; déjalo.” ¡Que Dios nos conceda que esa
no sea nunca nuestra porción! La prosperidad ininterrumpida es algo que
debe causarnos miedo y temblor. Dios reprende y disciplina a todos
aquellos a quienes ama tiernamente, pero permite que aquellos por los
que no tiene estima se engorden sin temor, como novillos destinados al
matadero. Es en amor que nuestro Padre celestial usa la vara para con
Sus hijos.
Sin
embargo, es preciso ver que la corrección es “con justicia”: Él nos da
amor sin medida, pero el castigo es “con justicia.” Igual que bajo la
antigua ley ningún israelita podía recibir más de “cuarenta azotes menos
uno”, que garantizaba un conteo cuidadoso y un sufrimiento limitado,
así sucede con cada miembro afligido de la casa de la fe: cada golpe es
contado.
Nuestro
castigo es regulado según la medida de la sabiduría, de la simpatía y
del amor. Lejos esté de nosotros rebelarnos contra esas estipulaciones
tan divinas. Señor, si Tú estás a mi lado para medir las amargas gotas
para mi copa, me corresponde tomarla alegremente de Tu mano, y beberla
de acuerdo a tus instrucciones, diciendo: “Hágase tu voluntad.”
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

Sal 126:5 Los que siembran con lágrimas, Segarán con regocijo (BTx 3)
“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán” Sal_126:5 Los
tiempos de llanto son ideales para la siembra: no queremos que la
tierra esté demasiado seca. Las semillas remojadas en las lágrimas de
una ansiedad sincera brotarán más rápidamente. La sal de lágrimas llenas
de oración darán a la buena semilla un sabor que las protegerá del
gusano: la verdad expresada con tremenda sinceridad contiene una doble
vida. En vez de detener nuestra siembra debido a nuestro llanto,
redoblemos nuestros esfuerzos porque la estación es muy propicia.
Nuestra
semilla celestial no podría ser sembrada apropiadamente con risas. La
profunda aflicción y la preocupación por las almas de otros son un
acompañamiento más adecuado para la enseñanza piadosa que cualquier cosa
parecida a la levedad. Nos hemos enterado de hombres que fueron a la
guerra con un corazón ligero, pero fueron derrotados; y sucede
mayormente lo mismo con aquellos que siembran en ese mismo estilo.
Vamos,
entonces, corazón mío, continúa sembrando en tu llanto, pues cuentas
con la promesa de una venturosa cosecha. Tú cosecharás. Tú, tú mismo,
verás algún resultado de tu trabajo. Este resultado vendrá a ti en tan
gran medida como para proporcionarte un gozo que una pobre, marchita y
escasa cosecha no te podría proporcionar. Cuando tus ojos estén
empañados con lágrimas de plata, piensa en el grano de oro. Soporta con
alegría el presente trabajo y el desconsuelo; pues el día de la cosecha
te recompensará con plenitud.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

Pro 13:13 El que menosprecia la Palabra, perecerá por ello, Pero el que teme el mandamiento será recompensado (BTx 3)
“Mas el que teme el mandamiento será recompensado.” Pro_13:13. El
santo temor de la Palabra de Dios experimenta un notable descuento
ahora. Los hombres se consideran más sabios que la Palabra del Señor, y
se sientan para juzgarla. “Pero yo no hice así, a causa del temor de
Dios.” Nosotros aceptamos al Libro inspirado como infalible, y
demostramos nuestra estimación por medio de nuestra obediencia. No
sentimos terror de la Palabra, sino que tenemos un temor filial de ella.
No tenemos miedo de sus castigos, porque tenemos temor de sus
mandamientos.
Este
santo temor del mandamiento produce la tranquilidad de la humildad, que
es mucho más dulce que la temeridad del orgullo. Se convierte en un
guía de nuestros movimientos; una traba cuando vamos cuesta abajo, y un
estímulo cuando vamos ascendiendo.
Preservados
del mal y conducidos a la justicia por nuestra reverencia al
mandamiento, adquirimos una quieta conciencia, que es una fuente de
vino; un sentido de libertad de la responsabilidad, que es como vida de
entre los muertos; y una confianza de agradar a Dios, que es el cielo
aquí abajo. Los impíos podrán ridiculizar nuestra profunda reverencia
por la Palabra de Dios; ¿pero qué importa eso? El premio por nuestro
supremo llamamiento es suficiente consuelo para nosotros. Las
recompensas de la obediencia escarnecen las burlas del escarnecedor.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

Jua 14:19 Aún un poco, y el mundo no me ve más, pero vosotros me veis. Porque Yo vivo, también vosotros viviréis (BTx 3)
“Porque yo vivo, vosotros también viviréis.” Jua_14:19. Jesús
ha vuelto la vida de los creyentes en Él tan cierta como la Suya. Con
la misma certeza que vive la cabeza, los miembros vivirán también. Si
Jesús no hubiera resucitado de los muertos, entonces nosotros estaríamos
muertos en nuestros pecados; pero como Él resucitó, todos los creyentes
han resucitado en Él. Su muerte quitó nuestras transgresiones y soltó
las amarras que nos retenían bajo sentencia de muerte. Su resurrección
certifica nuestra justificación: hemos sido absueltos, y la
misericordia dice: “También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás.”
Jesús
ha hecho la vida de Su pueblo tan eterna como la Suya. ¿Cómo podrían
morir los miembros en tanto que Él viva, viendo que son uno con Él?
Porque Él no muere más, y la muerte no tiene dominio sobre Él, ellos
tampoco regresarán más a las tumbas de sus viejos pecados, sino que
vivirán para el Señor en vida nueva. Oh creyente, cuando estés bajo gran
tentación, y tengas miedo de caer un día por mano enemiga, que esto te
dé seguridad. No perderás nunca tu vida espiritual, pues está escondida
con Cristo en Dios. Tú no dudas de la inmortalidad de tu Señor; por
tanto, no pienses que te dejará morir, puesto que eres uno con Él. El
argumento para tu vida es Su vida, y por eso no puedes tener ningún
temor; por tanto, descansa en tu Dios vivo.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.

Jua 6:57 Como me envió el Padre viviente, y Yo vivo del Padre, de igual modo el que me mastica, también él vivirá de mí (BTx 3)
“Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.” Jua_6:57. Vivimos
en virtud de nuestra unión con el Hijo de Dios. Como Dios-hombre
Mediador, el Señor Jesús vive por el autoexistente Padre que lo ha
enviado, y de la misma manera nosotros vivimos por el Salvador que nos
ha vivificado. Quien es la fuente de nuestra vida es también su
sustento. La vida es sustentada por el alimento. Debemos sustentar la
vida espiritual con el alimento espiritual, y ese alimento espiritual es
el Señor Jesús. No Su vida, o Su muerte, o los oficios, o la obra
únicamente, sino Él mismo, que incluye todas estas cosas. De Jesús, de
Él mismo, nos nutrimos.
Esto
nos es explicado en la Cena del Señor, pero lo gozamos en la práctica
cuando meditamos en nuestro Señor, cuando creemos en Él con fe
apropiadora, cuando lo recibimos con amor, y lo asimilamos por el poder
de la vida interior. Sabemos lo que es alimentarnos de Jesús, pero no
podemos decirlo ni escribirlo. Nuestra ruta más sabia es practicarlo, y
hacerlo más y más. Se nos pide que comamos abundantemente, y será para
nuestro infinito beneficio hacerlo por cuanto Jesús es nuestra comida y
nuestra bebida.
Señor,
yo te doy gracias porque esto, que es una necesidad para mi nueva vida,
es también mi mayor deleite. Por tanto, en este momento, yo me alimento
de Ti.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
