lunes, 21 de octubre de 2013

¡Sin prisa ...pero sin pausa!


Isa 60:22 El más pequeño crecerá hasta mil, Y el menor será pueblo numeroso. Yo, YHVH, me apresuraré a hacer esto a su tiempo (BTx 3)

“El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte. Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.”  Isa_60:22.


Las obras para el Señor con frecuencia comienzan a pequeña escala, y no son menos importantes por eso. La debilidad educa a la fe, acerca a Dios, y gana gloria para Su nombre. El premio es una promesa de crecimiento. El grano de mostaza es la más pequeña de todas las semillas, y sin embargo, se convierte en una hortaliza  y se hace árbol, con ramas que alojan a los pájaros del cielo. Podemos comenzar con uno, aunque sea “el pequeño”, y, sin embargo, “vendrá a ser mil.” El Señor es grandioso con la tabla de multiplicar. Cuán a menudo le dijo a Su siervo solitario: “Te multiplicaré”. Confíen en el Señor, cuando sean solamente uno o dos; pues Él estará en medio de ustedes si están congregados en Su nombre.
“El pequeño.” ¿Qué puede ser más despreciable a los ojos de aquellos que cuentan cabezas y pesan fuerzas? Sin embargo, este es el núcleo de una gran nación. Solamente una estrella brilla inicialmente en la tarde, pero pronto el cielo está cubierto de innumerables luces. 
Tampoco debemos pensar que la perspectiva de crecimiento sea remota, pues la promesa es, “Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.” No habrá una prisa prematura, como esa que puede verse en reuniones agitadas; todo será a su debido tiempo; sin embargo, no habrá ninguna demora. Cuando el Señor se apresura, Su velocidad es gloriosa.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.


domingo, 20 de octubre de 2013

Por tu nombre de Jesús


Mat 1:21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados (BTx 3)

“Él salvará a su pueblo de sus pecados.”  Mat_1:21.


Señor, sálvame de mis pecados. Por tu nombre de Jesús me siento animado a orar de esta manera. Sálvame de mis pecados pasados, para que el hábito de ellos no me mantenga cautivo. Sálvame de mis pecados constitucionales, para que no sea el esclavo de mis propias debilidades. Sálvame de los pecados que continuamente están ante mis ojos para que no pierda mi horror por ellos. Sálvame de mis pecados secretos; pecados que no percibo debido a mi falta de luz. Sálvame de los pecados súbitos y sorprendentes: no permitas que sea sacado de mi camino por la fuerza de la tentación. Sálvame, Señor, de todo pecado. No permitas que la iniquidad tenga dominio sobre mí. 
Solamente Tú puedes hacer esto. Yo no puedo romper mis propias cadenas ni eliminar a mis propios enemigos. Tú conoces la tentación, pues Tú fuiste tentado. Tú conoces el pecado, pues Tú cargaste con el peso de ese pecado. Tú sabes cómo socorrerme en mi hora de conflicto. Tú puedes salvarme de pecar, y salvarme cuando he pecado. Se ha prometido en Tu propio nombre que harás esto, y yo te ruego que en este día me permitas comprobar la profecía. No permitas que ceda al mal carácter, o al orgullo, o al desaliento o a cualquier forma de mal; pero sálvame para santidad de vida, para que Tu nombre de Jesús pueda ser glorificado en mí abundantemente.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román. 


sábado, 19 de octubre de 2013

Es preciso ver que la corrección es “con justicia”


Jer 30:11 Porque Yo estoy contigo para salvarte, dice YHVH, Destruiré a todas las naciones en donde te he dispersado, Pero a ti no te destruiré, Te corregiré con mesura, Pero de ninguna manera te dejaré impune (BTx 3)

“Sino que te castigaré con justicia.”  Jer_30:11.

Ser dejado sin corrección sería un signo fatal: demostraría que el Señor habría dicho: “Es dado a ídolos; déjalo.” ¡Que Dios nos conceda que esa no sea nunca nuestra porción! La prosperidad ininterrumpida es algo que debe causarnos miedo y temblor. Dios reprende y disciplina a todos aquellos a quienes ama tiernamente, pero permite que aquellos por los que no tiene estima se engorden sin temor, como novillos destinados al matadero. Es en amor que nuestro Padre celestial usa la vara para con Sus hijos. 
Sin embargo, es preciso ver que la corrección es “con justicia”: Él nos da amor sin medida, pero el castigo es “con justicia.” Igual que bajo la antigua ley ningún israelita podía recibir más de “cuarenta azotes menos uno”, que garantizaba un conteo cuidadoso y un sufrimiento limitado, así sucede con cada miembro afligido de la casa de la fe: cada golpe es contado.
Nuestro castigo es regulado según la medida de la sabiduría, de la simpatía y del amor. Lejos esté de nosotros rebelarnos contra esas estipulaciones tan divinas. Señor, si Tú estás a mi lado para medir las amargas gotas para mi copa, me corresponde tomarla alegremente de Tu mano, y beberla de acuerdo a tus instrucciones, diciendo: “Hágase tu voluntad.”

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.


viernes, 18 de octubre de 2013

La cosecha te recompensará


Sal 126:5 Los que siembran con lágrimas, Segarán con regocijo (BTx 3)

“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán”  Sal_126:5

Los tiempos de llanto son ideales para la siembra: no queremos que la tierra esté demasiado seca. Las semillas remojadas en las lágrimas de una ansiedad sincera brotarán más rápidamente. La sal de lágrimas llenas de oración darán a la buena semilla un sabor que las protegerá del gusano: la verdad expresada con tremenda sinceridad contiene una doble vida. En vez de detener nuestra siembra debido a nuestro llanto, redoblemos nuestros esfuerzos porque la estación es muy propicia.
Nuestra semilla celestial no podría ser sembrada apropiadamente con risas. La profunda aflicción y la preocupación por las almas de otros son un acompañamiento más adecuado para la enseñanza piadosa que cualquier cosa parecida a la levedad. Nos hemos enterado de hombres que fueron a la guerra con un corazón ligero, pero fueron derrotados; y sucede mayormente lo mismo con aquellos que siembran en ese mismo estilo.
Vamos, entonces, corazón mío, continúa sembrando en tu llanto, pues cuentas con la promesa de una venturosa cosecha. Tú cosecharás. Tú, tú mismo, verás algún resultado de tu trabajo. Este resultado vendrá a ti en tan gran medida como para proporcionarte un gozo que una pobre, marchita y escasa cosecha no te podría proporcionar. Cuando tus ojos estén empañados con lágrimas de plata, piensa en el grano de oro. Soporta con alegría el presente trabajo y el desconsuelo; pues el día de la cosecha te recompensará con plenitud.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.


jueves, 17 de octubre de 2013

Guiádos a la recompensa


Pro 13:13 El que menosprecia la Palabra, perecerá por ello, Pero el que teme el mandamiento será recompensado (BTx 3)

“Mas el que teme el mandamiento será recompensado.”  Pro_13:13.

El santo temor de la Palabra de Dios experimenta un notable descuento ahora. Los hombres se consideran más sabios que la Palabra del Señor, y se sientan para juzgarla. “Pero yo no hice así, a causa del temor de Dios.” Nosotros aceptamos al Libro inspirado como infalible, y demostramos nuestra estimación por medio de nuestra obediencia. No sentimos terror de la Palabra, sino que tenemos un temor filial de ella. No tenemos miedo de sus castigos, porque tenemos temor de sus mandamientos.
Este santo temor del mandamiento produce la tranquilidad de la humildad, que es mucho más dulce que la temeridad del orgullo. Se convierte en un guía de nuestros movimientos; una traba cuando vamos cuesta abajo, y un estímulo cuando vamos ascendiendo.
Preservados del mal y conducidos a la justicia por nuestra reverencia al mandamiento, adquirimos una quieta conciencia, que es una fuente de vino; un sentido de libertad de la responsabilidad, que es como vida de entre los muertos; y una confianza de agradar a Dios, que es el cielo aquí abajo. Los impíos podrán ridiculizar nuestra profunda reverencia por la Palabra de Dios; ¿pero qué importa eso? El premio por nuestro supremo llamamiento es suficiente consuelo para nosotros. Las recompensas de la obediencia escarnecen las burlas del escarnecedor.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.


miércoles, 16 de octubre de 2013

La razón para la vida


Jua 14:19 Aún un poco, y el mundo no me ve más, pero vosotros me veis. Porque Yo vivo, también vosotros viviréis (BTx 3)

“Porque yo vivo, vosotros también viviréis.”  Jua_14:19.

Jesús ha vuelto la vida de los creyentes en Él tan cierta como la Suya. Con la misma certeza que vive la cabeza, los miembros vivirán también. Si Jesús no hubiera resucitado de los muertos, entonces nosotros estaríamos muertos en nuestros pecados; pero como Él resucitó, todos los creyentes han resucitado en Él. Su muerte quitó nuestras transgresiones y soltó las amarras que nos retenían bajo sentencia de muerte. Su resurrección certifica  nuestra justificación: hemos sido absueltos, y la misericordia dice: “También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás.”
Jesús ha hecho la vida de Su pueblo tan eterna como la Suya. ¿Cómo podrían morir los miembros en tanto que Él viva, viendo que son uno con Él? Porque Él no muere más, y la muerte no tiene dominio sobre Él, ellos tampoco regresarán más a las tumbas de sus viejos pecados, sino que vivirán para el Señor en vida nueva. Oh creyente, cuando estés bajo gran tentación, y tengas miedo de caer un día por mano enemiga, que esto te dé seguridad. No perderás nunca tu vida espiritual, pues está escondida con Cristo en Dios. Tú no dudas de la inmortalidad de tu Señor; por tanto, no pienses que te dejará morir, puesto que eres uno con Él. El argumento para tu vida es Su vida, y por eso no puedes tener ningún temor; por tanto, descansa en tu Dios vivo.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.


martes, 15 de octubre de 2013

De Jesús, de Él mismo, nos nutrimos


Jua 6:57 Como me envió el Padre viviente, y Yo vivo del Padre, de igual modo el que me mastica, también él vivirá de mí (BTx 3)

“Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.”  Jua_6:57.

Vivimos en virtud de nuestra unión con el Hijo de Dios. Como Dios-hombre Mediador, el Señor Jesús vive por el autoexistente Padre que lo ha enviado, y de la misma manera nosotros vivimos por el Salvador que nos ha vivificado. Quien es la fuente de nuestra vida es también su sustento. La vida es sustentada por el alimento. Debemos sustentar la vida espiritual con el alimento espiritual, y ese alimento espiritual es el Señor Jesús. No Su vida, o Su muerte, o los oficios, o la obra únicamente, sino Él mismo, que incluye todas estas cosas. De Jesús, de Él mismo, nos nutrimos.
Esto nos es explicado en la Cena del Señor, pero lo gozamos en la práctica cuando meditamos en nuestro Señor, cuando creemos en Él con fe apropiadora, cuando lo recibimos con amor, y lo asimilamos por el poder de la vida interior. Sabemos lo que es alimentarnos de Jesús, pero no podemos decirlo ni escribirlo. Nuestra ruta más sabia es practicarlo, y hacerlo más y más. Se nos pide que comamos abundantemente, y será para nuestro infinito beneficio hacerlo por cuanto Jesús es nuestra comida y nuestra bebida. 
Señor, yo te doy gracias porque esto, que es una necesidad para mi nueva vida, es también mi mayor deleite. Por tanto, en este momento, yo me alimento de Ti.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.