jueves, 14 de noviembre de 2013

¡Algo!


Jua 14:14 Si algo me pedís en mi nombre, Yo lo haré (BTx 3)

“Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.”  Jua_14:14.

¡Qué promesa tan amplia! ¡Algo! Ya sean grandes o pequeñas, todas mis necesidades están cubiertas por esa palabra “algo”. Ven, alma mía, con libertad delante del propiciatorio, y oye a tu Señor cuando te dice: “Abre tu boca, y yo la llenaré”. 
¡Qué promesa tan sabia! Siempre hemos de pedir en el nombre de Jesús. A la vez que esto nos alienta, también lo honra a Él. Este es un argumento constante. Ocasionalmente cualquier otro argumento es oscurecido, especialmente aquellos que podríamos sacar de nuestra propia relación con Dios, o nuestra experiencia de Su gracia; pero en momentos así, el nombre de Jesús es tan poderoso en el trono como siempre, y podemos argumentarlo con plena seguridad. 
¡Qué oración tan instructiva! No podría pedir nada a lo que Cristo no pudiera poner Su mano y Su sello. No me atrevería a usar el nombre de mi Señor para una petición egoísta o caprichosa. Sólo puedo usar el nombre de mi Señor para oraciones que Él mismo diría si estuviese en mi caso. Es un gran privilegio que seamos autorizados a pedir en el nombre de Jesús como si el propio Jesús lo pidiera; pero nuestro amor a Él no nos permitiría nunca interponer ese nombre donde Él no lo pondría. 
¿Estoy pidiendo lo que Jesús aprueba? ¿Me atrevería a poner Su sello a mi oración? Entonces ya tengo lo que busco del Padre.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


miércoles, 13 de noviembre de 2013

El cuidado que nunca cesa


Sal 121:4 He aquí no se adormecerá ni dormirá, El que guarda a Israel (BTx 3)

“He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel.”  Sal_121:4.

Jehová es “el Guarda de Israel”. Ninguna forma de descuido se introduce clandestinamente en Él, ni el más profundo sueño ni el más ligero reposo. Nunca deja de vigilar la casa y el corazón de Su pueblo. Esta es razón suficiente para que descansemos en perfecta paz.  Alejandro decía que él dormía porque su amigo Parmenio velaba; con mayor razón deberíamos dormir porque nuestro Dios es nuestro guarda.
“He aquí” es introducido aquí para llamar nuestra atención a esta verdad alentadora. Israel, cuando tenía una piedra por almohada, se durmió; pero su Dios estaba despierto y vino en visión a Su siervo. Cuando estemos indefensos, el propio Jehová cubrirá nuestras cabezas. 
El Señor guarda a Su pueblo como un hombre rico guarda su tesoro, como un capitán guarda una ciudad con una guarnición, como un centinela mantiene la custodia de su soberano. Nadie podría dañar a aquellos que están bajo esa custodia. Quiero poner mi alma en Sus amadas manos. Él no nos olvida nunca, no cesa nunca de cuidarnos diligentemente, y nunca se considera incapaz de preservarnos.
Oh mi Señor, guárdame, para que no me descarríe y caiga y perezca. Guárdame, para que pueda guardar Tus mandamientos. Por Tu cuidado vigilante impide que duerma como el haragán, y que perezca como aquellos que sueñan el sueño de la muerte.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


martes, 12 de noviembre de 2013

Amor sin cambio, favor sin reserva


Jer 31:14 Saciaré el alma de los sacerdotes con grosura, Y mi pueblo será saciado con mi benevolencia, dice YHVH (BTx 3)

“Y mi pueblo será saciado de mi bien, dice Jehová.”  Jer_31:14.

Noten la palabra “mi” que aparece dos veces: “Mi  pueblo será saciado de mi  bien.” Las personas que son saciadas por Dios están marcadas como pertenecientes a Dios. Dios se agrada con ellas, pues ellas se agradan con Él. Ellas le llaman su Dios, y Él las llama Su pueblo; Él se agrada de tomarlas como una porción, y ellas se sacian con Él como su porción. Hay una comunión mutua de deleite entre el Israel de Dios y el Dios de Israel.
Estas personas están  saciadas. Eso es algo grandioso. Muy pocos de los hijos de los hombres son saciados alguna vez, sin importar cuál sea su porción; se han tragado la sanguijuela borriquera que continuamente clama: “¡dame! ¡Dame!” Únicamente las almas santificadas son almas saciadas. El propio Dios es quien ha de convertirnos y contentarnos. 
No es sorprendente que el pueblo del Señor sea saciado con el bien de su Señor. Pues allí hay bien sin mezcla, liberalidad sin restricción, misericordia sin reprensión, amor sin cambio, favor sin reserva. Si el bien de Dios no nos sacia, ¿qué podría saciarnos? ¡Cómo!, ¿todavía estamos gimiendo? Con certeza hay un deseo maligno internamente si es un deseo que el bien de Dios no sacia.  
Señor, yo estoy saciado. Bendito sea Tu nombre.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


lunes, 11 de noviembre de 2013

La ley de otro reino


Rom 6:14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia (BTx 3)
 
“Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.”  Rom_6:14.

El pecado reinaría si pudiera, pues no puede aceptar ningún lugar que esté por debajo del trono del corazón. Algunas veces tenemos miedo que nos conquiste, y entonces clamamos al Señor: “Ninguna iniquidad se enseñoree de mí.” Esta es Su respuesta consoladora: “el pecado no se enseñoreará de vosotros.” Podría asediarlos, e incluso herirlos; pero no establecerá nunca una soberanía sobre ustedes.
Si estuviésemos bajo la ley, nuestro pecado cobraría fuerzas y nos mantendría bajo su poder; pues el castigo del pecado es que un hombre quede bajo el poder del pecado. Pero como nosotros estamos bajo el pacto de gracia, estamos protegidos de apartarnos del Dios vivo por la cierta declaración del pacto. Gracia nos es prometida, por la cual somos recuperados de nuestros extravíos, limpiados de nuestras impurezas, y liberados de las cadenas del hábito.
Podríamos quedar sumidos en la desesperación y estar “contentos de servir a los egipcios” si fuéramos todavía como esclavos trabajando para ganar la vida eterna; pero como somos los hombres libres del Señor, cobramos ánimo para luchar contra nuestras corrupciones y tentaciones, estando seguros que el pecado no nos someterá bajo su influjo de nuevo. Dios mismo nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo, a Quien sea la gloria por siempre y para siempre. Amén.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


 

domingo, 10 de noviembre de 2013

Dios no lo permitirá


Sal 121:3 No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda (BTx 3)

“No dará tu pie al resbaladero.”  Sal_121:3.

Si el Señor no va a permitirlo, ni los hombres ni los demonios podrían hacerlo. ¡Cuán grandemente se regocijarían si pudieran provocarnos una ignominiosa caída, echarnos de nuestra posición y desterrarnos de la memoria! Harían esto para el disfrute de sus corazones si no fuera por un obstáculo, y solamente un obstáculo: el Señor no lo permitirá; y si Él no lo tolerará, nosotros no lo sufriremos.
El camino de la vida es como un viaje por entre los Alpes. A lo largo de los senderos de las montañas uno está constantemente expuesto a que sus pies resbalen. Allí donde el camino es elevado la mente está inclinada a padecer vahídos, y entonces el pie pronto resbala: hay partes que son lisas como el cristal, y otras que son escarpadas con piedras sueltas, y en cualquiera de ellas una caída es difícil de evitar. Aquel que a lo largo de su vida recibe la capacidad para mantenerse íntegro y para caminar sin tropezar tiene el mejor de los motivos para estar agradecido. Con escollos y trampas, rodillas débiles, pies cansados y enemigos sutiles, ningún hijo de Dios podría mantenerse firme durante una hora si no fuera por el amor fiel que no dará su pie al resbaladero. 

                      “En medio de mil trampas estoy
                       Sostenido y protegido por Tu mano;
                       Esa mano invisible todavía me sostendrá,
                       Y me conducirá a Tu santo monte.”

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


sábado, 9 de noviembre de 2013

Miremos únicamente al Señor


Eze 34:30 Y sabrán que Yo, YHVH su Dios, estoy con ellos, y que ellos, la casa de Israel, son mi pueblo, dice Adonay YHVH (BTx 3)

“Y sabrán que yo Jehová su Dios estoy con ellos, y ellos son mi pueblo, la casa de Israel, dice Jehová el Señor.”  Eze_34:30.

Ser el propio pueblo del Señor es una bendición especial, pero saber que lo somos es una bendición consoladora. Una cosa es esperar  que Dios esté con nosotros, y otra cosa es saber que en efecto está con nosotros. La fe nos salva, pero la seguridad nos sacia.
Tomamos a Dios para que sea nuestro Dios cuando creemos en Él; pero alcanzamos el gozo de Él cuando sabemos que es nuestro y que somos Suyos. Ningún creyente debería contentarse con esperar y confiar, sino que debería pedirle al Señor que lo conduzca a la plena certidumbre, de tal forma que los asuntos de fe puedan convertirse en asuntos de certidumbre. 
Llegamos a un claro conocimiento del favor de Dios hacia nosotros cuando gozamos de las bendiciones del pacto y vemos al Señor levantado para nosotros como una planta de renombre. Aprendemos que somos el pueblo del Señor por la gracia, no por la ley.
Volvamos siempre nuestra mirada en la dirección de la gracia inmerecida. La seguridad de la fe nunca puede venir por las obras de la ley. Es una virtud evangélica, y sólo puede llegarnos de una manera evangélica. No miremos hacia dentro. Miremos únicamente al Señor. Conforme veamos a Jesús veremos nuestra salvación.
Señor, envíanos tal marea de tu amor que seamos arrastrados más allá del cieno de la duda y del miedo.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


viernes, 8 de noviembre de 2013

El Todosuficiente es suficiente


2Co 12:9 y me ha dicho: Bástate mi gracia, porque el° poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que resida en mí el poder del Mesías (BTx 3)

“Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.”  2Co_12:9.
Nuestra debilidad debe ser valorada en la medida que abre paso a la fortaleza divina. No podríamos haber conocido nunca el poder de la gracia si no hubiéramos experimentado la debilidad de la naturaleza. Bendito sea el Señor por el aguijón en la carne y el mensajero de Satanás, ya que nos encaminan a la fortaleza de Dios.
Esta es una preciosa palabra que brota del propio labio del Señor. Ha llevado a este escritor a reír de gozo. ¡La gracia de Dios es suficiente para mí! Estoy seguro que es así. ¿Acaso no basta el cielo para el pájaro, y no basta el océano para el pez? El Todosuficiente es suficiente para mi mayor necesidad. Aquel que es suficiente para la tierra y el cielo, es en verdad capaz de satisfacer el caso de un pobre gusano como yo. 
Apoyémonos, entonces, en nuestro Dios y en Su gracia. Si no quitara nuestro dolor nos daría la capacidad de aguantarlo. Su fortaleza será derramada sobre nosotros hasta que el gusano remonte las montañas; y quien es un don nadie saldrá victorioso sobre todos los encumbrados y poderosos; pues aun si fuésemos mil veces más fuertes de lo que somos, eso sería igual a nada delante del enemigo; y aunque pudiésemos ser más débiles de lo que somos, lo cual sería muy difícil, podríamos hacerlo todo por medio de Cristo.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román