Deu
28:8 YHVH mandará la bendición a tus graneros y a todo lo que emprenda
tu mano, y te bendecirá en la tierra que YHVH tu Dios te da (BTx 3)
“Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano.” Deu_28:8. Si
nosotros obedecemos al Señor nuestro Dios, Él bendecirá todo aquello
que nos da. Las riquezas no son una maldición cuando son bendecidas por
el Señor. Cuando los hombres poseen más de lo que requieren para
satisfacer su inmediata necesidad, y comienzan a almacenar en graneros,
la marchita podredumbre de la avaricia o el estéril endurecimiento del
corazón son propensos a acompañar a la acumulación; pero con la
bendición de Dios, esto no sucede así. La prudencia ordena el ahorro, la
liberalidad gobierna el gasto, la gratitud conserva la consagración, y
la alabanza endulza el gozo. Es una gran misericordia contar con la
bendición de Dios sobre nuestra caja fuerte, y sobre nuestra cuenta
bancaria.
¡Qué
favor nos es concedido con la última frase! “Jehová enviará su
bendición sobre todo aquello en que pusieres tu mano.” No pondríamos
nuestra mano en nada sobre lo que no nos atreviéramos a pedir la
bendición de Dios, ni nos pondríamos a hacer nada sin oración y sin fe.
¡Pero qué privilegio es poder esperar la ayuda del Señor en cada
actividad!
Algunos
hablan de un hombre con suerte: la bendición del Señor es mejor que la
suerte. La protección de los grandes no es nada comparada con el favor
del Señor. La confianza en uno mismo está muy bien, pero la bendición
del Señor es infinitamente mayor que todo el fruto del talento, del
genio o del tacto.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Éxo 33:14 Y Él dijo: ¿Mi presencia habrá de ir contigo y darte reposo? (BTx 3)
“Y él dijo: mi presencia irá contigo, y te daré descanso.” Éxo_33:14. ¡Preciosa
promesa! Señor, capacítame para apropiarme de ella como toda mía. En
ciertos momentos debemos abandonar nuestra residencia, pues aquí no
contamos con una ciudad permanente. Sucede con frecuencia que cuando nos
sentimos más en casa en un lugar, súbitamente somos llamados lejos de
él. Aquí hay un antídoto para ese mal. El propio Señor nos acompañará.
Su presencia, que incluye Su favor, Su comunión, Su cuidado, y Su poder,
estará siempre con nosotros en cada una de nuestras marchas. Esto
significa mucho más de lo que dice; pues, de hecho, quiere decir todo.
Si Dios está presente con nosotros, poseemos el cielo y la tierra. ¡Ve
conmigo, Señor, y entonces envíame donde quieras!
Pero
esperamos encontrar un lugar de reposo. El texto nos lo promete. Hemos
de tener reposo por el propio dar, actuar y preservar de Dios. Su
presencia nos conducirá a descansar incluso cuando vayamos en la marcha,
sí, incluso en medio de la batalla.
Descanso.
Palabra tres veces bendita. ¿Puede ser gozada alguna vez por los
mortales? Sí, allí está la promesa, y la invocamos por medio de la fe.
El descanso proviene del Consolador, del Príncipe de Paz, y del glorioso
Padre que descansó de todas Sus obras el séptimo día. Estar con Dios es
descansar en el sentido más enfático.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Jua
16:20 De cierto, de cierto os digo que vosotros lloraréis y os
lamentaréis, y el mundo se alegrará. Vosotros os entristeceréis, pero
vuestra tristeza se convertirá en gozo (BTx 3)
“Vuestra tristeza se convertirá en gozo.” Jua_16:20. Su
tristeza particular era la muerte y la ausencia de su Señor, y fue
convertida en gozo cuando resucitó de los muertos y se mostró en medio
de ellos. Todas las tristezas de los santos serán transmutadas;
inclusive las peores de ellas, que parecería que deben permanecer para
siempre como fuentes de amarguras.
Entonces
entre más tristeza, mayor gozo. Si tenemos carretadas de tristeza,
entonces el poder del Señor las convertirá en toneladas de gozo.
Entonces entre más amarga sea la tribulación, más dulce será el placer:
la oscilación del péndulo hasta el extremo izquierdo lo conducirá a
llegar hasta el extremo derecho. El recuerdo del dolor enriquecerá el
sabor del deleite: contrastaremos el uno con el otro, y el brillo del
diamante será visto más claramente por causa del estuche negro sobre el
que descansa.
¡Vamos,
corazón mío, ten ánimo! Dentro de poco estaré tan contento como ahora
estoy abatido. Jesús me dice que por medio de una alquimia celestial, mi
tristeza será convertida en gozo. Yo no puedo ver cómo ha de ser eso,
pero lo creo, y comienzo a cantar anticipándolo. Esta depresión de
espíritu no durará mucho, y pronto seré elevado y estaré entre los seres
felices que alaban al Señor día y noche, y allí cantaré de la
misericordia que me libró de grandes aflicciones.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Zac
4:7 ¿Quién eres tú, oh gran monte? ¡Ante Zorobabel serás aplanado! Él
sacará la piedra principal° con aclamaciones de: ¡Gracia, gracia a ella!
(BTx 3)
“¿Quién
eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura;
él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a
ella.” Zac_4:7. En
esta hora un gran monte de dificultad, de calamidad o de necesidad
podría aparecerse en nuestro camino, y la razón natural no ve manera de
remontarlo, ni atravesarlo, ni rodearlo.
Sólo
dejen que la fe intervenga, y al instante el monte desaparecerá y se
reducirá a llanura. Pero la fe debe oír primero la palabra del Señor:
“No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová
de los ejércitos.” Esta grandiosa verdad es una necesidad fundamental
para enfrentarse a las insuperables pruebas de la vida.
Yo
veo que no puedo hacer nada, y que toda confianza en el hombre es
vanidad. “No con ejército.” Yo veo que no se puede confiar en ningún
medio visible, sino que la fortaleza está en el Espíritu invisible.
Solamente Dios puede obrar, y los hombres y los instrumentos son algo
con los que no se puede contar.
Si
es así, si el Dios Todopoderoso asume los asuntos de Su pueblo,
entonces los grandes montes no son nada. Él puede quitar mundos así como
los niños empujan los balones, o los patean con su pie. Él me puede
proporcionar este poder. Si el Señor me pide que quite un monte de los
Alpes, yo puedo hacerlo mediante Su nombre. Podría ser un gran monte,
pero incluso delante de mi debilidad será reducido a una llanura; si el
Señor lo ha dicho, ¿qué podría temer si cuento con Dios de mi lado?
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Sal 103:9 No contenderá para siempre, Ni para siempre estará enojado (BTx 3)
“No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo.” Sal_103:9.
Él
contenderá algunas veces, pues no sería un padre sabio para tales
pobres hijos errantes como somos nosotros. Su reprensión es muy dolorosa
para quienes son sinceros, pues sienten cuán tristemente la merecen, y
cuán indebido de su parte es contristarlo. Nosotros sabemos lo que esta
contención significa, y nos inclinamos delante del Señor, lamentando
haberle conducido a estar enojado con nosotros.
Pero,
¡qué consuelo encontramos en estas líneas! No contenderá “para
siempre”. Si nos arrepentimos y nos volvemos a Él con corazones
quebrantados por el pecado y quebrantados a consecuencia del pecado, Él
nos sonreirá de inmediato. Para Él no es un placer volver un rostro
ceñudo hacia aquellos que ama de todo corazón: Él se goza de que nuestro
gozo sea pleno.
Vamos,
busquemos Su rostro. No hay motivo para la desesperación, y ni siquiera
para el desaliento. Amemos al Dios contendiente, y antes de que pase
mucho tiempo cantaremos: “Tu indignación se apartó, y me has consolado.”
¡Desaparezcan, oscuros presentimientos, cuervos del alma! ¡Vengan a mí,
humildes esperanzas y recuerdos agradecidos, palomas del corazón! Quien
nos perdonó hace mucho tiempo como un juez, puede perdonarnos otra vez
como Padre, y nos regocijaremos en Su amor dulce e inmutable.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Deu
7:22 YHVH tu Dios irá expulsando esos pueblos poco a poco. No podrás
acabar con ellos en seguida, no sea que las fieras del campo lleguen a
ser demasiado numerosas para ti (BTx 3)
“Y Jehová tu Dios echará a estas naciones de delante de ti poco a poco.” Deu_7:22. No
debemos esperar ganar victorias para el Señor Jesús de un solo golpe.
Las prácticas y principios perversos tardan en morir. En algunos lugares
toma años de trabajo echar siquiera a uno de los muchos vicios que
corrompen a los habitantes. Debemos continuar la guerra con toda nuestra
fuerza, aun cuando sólo seamos favorecidos con un pequeño éxito
evidente.
Nuestro
deber en este mundo es conquistarlo para Jesús. No hemos de hacer
concesiones, sino que hemos de exterminar los males. No hemos de buscar
popularidad, sino que hemos de mantener una guerra incesante contra la
iniquidad. Infidelidad, papado, bebida, impureza, opresión,
mundanalidad, error; todo esto ha de ser “echado fuera”.
Sólo
el Señor nuestro Dios puede lograr esto. Él obra por medio de Sus
siervos fieles; y, bendito sea Su nombre, Él promete que obrará de esta
manera. “Jehová tu Dios echará a estas naciones de delante de ti.” Esto
lo hará gradualmente, para que aprendamos la perseverancia, crezcamos en
la fe, vigilemos con denuedo, y evitemos la seguridad carnal.
Demos
gracias a Dios cuando haya un pequeño éxito, y oremos pidiendo más
éxitos. No enfundemos nunca la espada hasta que la tierra entera sea
conquistada para Cristo.
¡Ten valor, corazón mío! Prosigue poco a poco pues muchas pequeñas victorias constituirán un gran todo.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Jer
50:20 En aquellos días y en aquella hora, dice YHVH, se buscará la
culpa de Israel, y no se hallará, y el pecado de Judá, y no se
encontrará, porque Yo habré perdonado al remanente que me haya reservado
(BTx 3)
“En
aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehová, la maldad de Israel será
buscada, y no aparecerá; y los pecados de Judá, y no se hallarán; porque
perdonaré a los que yo hubiese dejado.” Jer_50:20. ¡Esta
es en verdad una palabra gloriosa! ¡Qué perdón tan perfecto es
prometido aquí para las naciones pecadoras de Israel y Judá! El pecado
será quitado de tal manera que no será encontrado, será tan borrado que
no habrá ninguno. ¡Gloria sea dada al Dios de los perdones!
Satanás
busca pecados con los cuales acusarnos y nuestros enemigos los buscan
para poder ponerlos a nuestro cargo, y nuestra propia conciencia los
busca incluso con una avidez mórbida. Pero cuando el Señor aplica la
sangre preciosa de Jesús, no tememos ninguna forma de búsqueda, pues “no
aparecerá”, “no se hallarán”. El Señor ha hecho que los pecados de Su
pueblo cesen de existir: ha acabado con la transgresión, y ha puesto un
término al pecado. El sacrificio de Jesús ha arrojado a nuestros pecados
a las profundidades del mar. Esto nos hace saltar de alegría.
La
razón de la desaparición de nuestros pecados se basa en el hecho que el
propio Jehová perdona a Sus elegidos. Su palabra de gracia no sólo es
real, sino divina. Él habla absolución, y nosotros somos absueltos. Él
aplica la expiación, y a partir de esa hora Su pueblo está más allá de
todo temor de condenación. ¡Bendito sea el nombre del Dios aniquilador
del pecado!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
