“En quietud y en confianza será vuestra fortaleza.” Isa_30:15. Estar
inquietándose y preocupándose, cuestionando y desconfiando es siempre
una debilidad. ¿Qué podríamos hacer si nos consumiéramos hasta quedar en
los huesos y en la piel? ¿Acaso podríamos ganar algo por tener miedo o
por irritarnos? ¿Acaso no nos estaríamos volviendo incapaces para la
acción, y trastornaríamos nuestras mentes para cualquier sabia decisión?
Nos estamos hundiendo con nuestros esfuerzos cuando podríamos flotar
por la fe.
¡Oh,
que tuviéramos gracia para quedarnos quietos! ¿Para qué correr de casa
en casa repitiendo la gastada historia y enfermándonos más y más del
corazón conforme la decimos? ¿Por qué quedarnos en casa clamando en
agonía por causa de desventurados presentimientos que podrían no
cumplirse jamás? Sería bueno mantener quieta la lengua, pero sería
muchísimo mejor si tuviéramos quieto el corazón. ¡Oh, quedarnos quietos y
saber que Jehová es Dios!
¡Oh,
que tuviéramos gracia para confiar en Dios! El Santo de Israel ha de
defender y liberar a los Suyos. Él no puede volverse de Sus solemnes
declaraciones. Podemos estar seguros de que cada palabra de Su voluntad
permanecerá aunque las montañas fueran trasladadas.
Él
es digno de toda confianza; y si mostráramos confianza y la consecuente
tranquilidad, seríamos tan felices como los espíritus que están delante
del trono.
Vamos, alma mía, regresa a tu reposo, y apoya tu cabeza sobre el pecho del Señor Jesús.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Sal 37:3 Confía en YHVH y practica el bien; Habita en la tierra y apaciéntate de la fidelidad (BTx 3)
“Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.” Sal_37:3 Confía
y haz son palabras que se concatenan muy bien, en el orden en que el
Espíritu Santo las ha colocado. Hemos de tener fe, y esa fe debe obrar.
La confianza en Dios nos pone en la obra santa: confiamos en Dios para
el bien, y luego hacemos el bien. No nos quedamos quietos porque
confiamos, sino que nos levantamos y esperamos que el Señor obre a
través nuestro y por nosotros. No nos corresponde preocuparnos y hacer
el mal, sino confiar y hacer el bien. No confiamos sin hacer, ni hacemos
sin confiar.
Los
adversarios quieren erradicarnos, si pudieran; pero confiando y
haciendo, habitamos en la tierra. No entraremos en Egipto, sino que
permaneceremos en la tierra de Emanuel: la providencia de Dios, la
tierra de Canaán del amor del pacto. No se pueden deshacer de nosotros
tan fácilmente como suponen los enemigos del Señor. No pueden echarnos
fuera, ni destruirnos: allí donde Dios nos ha dado un nombre y un lugar,
allí moraremos.
Pero,
¿qué pasa con la provisión de nuestras necesidades? El Señor ha puesto
un ‘en verdad’ a esta promesa. Tan cierto como que Dios es fiel, Su
pueblo será alimentado. A ellos les corresponde confiar y hacer, y el
Señor actuará de conformidad a su confianza. Si no son alimentados por
los cuervos, o alimentados por Abdías, o alimentados por una viuda, de
alguna manera ellos serán alimentados. ¡Fuera los temores!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Éxo
23:22 Si escuchas atentamente su voz y haces todo lo que te hablo,
tendré enemistad con tus enemigos y tendré aversión hacia tus
adversarios (BTx 3)
“Pero
si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré
enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.”
Éxo_23:22. Cristo,
el Señor, ha de ser reconocido y obedecido en medio de Su pueblo. Él es
el Virrey de Dios, y habla en nombre del Padre, y nuestra
responsabilidad es hacer sin reservas e inmediatamente lo que Él ordene.
Perderíamos la promesa si desatendemos el precepto.
¡Cuán
grande es la bendición para la plena obediencia! El Señor establece una
alianza con Su pueblo, tanto a la ofensiva como a la defensiva. Él
bendecirá a quienes nos bendicen, y maldecirá a quienes nos maldigan.
Dios irá en corazón y alma con Su pueblo, y tomará la posición de ellos
con profunda simpatía. ¡Qué protección nos garantiza esto! No
necesitamos preocuparnos por nuestros adversarios, cuando se nos asegura
que se han convertido en los adversarios de Dios. Si Jehová ha asumido
nuestra contienda, podemos dejar a los enemigos en Sus manos.
En
lo que concierne a nuestro interés, nosotros no tenemos enemigos; pero
por la causa de la verdad y de la justicia, tomamos las armas y salimos
al conflicto. En esta guerra santa, estamos aliados con el eterno Dios, y
si obedecemos cuidadosamente la ley de nuestro Señor Jesús, Él está
comprometido a emplear todo Su poder en favor nuestro. Por esa razón no
tememos a nadie.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Mar 9:23 Jesús le dijo: ¿Si puedes?° ¡Todo es posible para el que cree! (BTx 3)
“Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” Mar_9:23. Nuestra
incredulidad es el mayor obstáculo en nuestro camino; de hecho, no hay
otra dificultad real en lo relativo a nuestro progreso y a nuestra
prosperidad espiritual. El Señor puede hacerlo todo; pero cuando Él
establece como regla que de acuerdo a nuestra fe así nos será hecho,
nuestra incredulidad ata las manos de Su omnipotencia.
Sí,
las confederaciones del mal serán dispersadas si tenemos fe. La verdad
despreciada alzará su cabeza si confiamos en el Dios de la verdad.
Podríamos aguantar el peso de la tribulación, o atravesar ilesos en
medio de las olas de la calamidad, si pudiéramos ceñir nuestros lomos
con el cinturón de la paz, ese cinturón que es abrochado por las manos
de la confianza.
¿En
qué no podemos creer? ¿Es posible que creamos en todo excepto que
creamos en Dios? Sin embargo, Él es siempre sincero; ¿por qué no creemos
en Él? Él es siempre fiel a Su palabra; ¿por qué no podemos confiar en
Él? Cuando nos encontramos en una condición de recto corazón, la fe no
cuesta mayor esfuerzo: entonces confiar en Dios es tan natural para
nosotros como es para un niño confiar en su padre.
Lo
peor es que podemos creer a Dios acerca de todo con excepción de la
presente tribulación abrumadora. Esto es necedad. Vamos, alma mía,
sacude esa pecaminosidad, y confía al Señor tu carga, tu labor, la
ansiedad de este presente. Cumplido esto, todo ha sido cumplido.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Jua
12:26 Si alguno me sirve,° sígame; y donde Yo estoy, allí también
estará mi servidor. Si alguno me sirve, el° Padre lo honrará (BTx 3)
“Si
alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi
servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.” Jua_12:26. El
servicio más elevado es imitación. Si yo quiero ser el siervo de
Cristo, he de ser Su seguidor. Hacer como hizo Jesús es la forma más
segura de honrar Su nombre. He de tener esto en mente cada día.
Si
imito a Jesús, tendré Su compañía: si soy semejante a Él, estaré con
Él. A su debido tiempo Él me llevará a lo alto para que more con Él
arriba, si, entre tanto, me esfuerzo para seguirle aquí abajo. Después
de Su sufrimiento nuestro Señor llegó a Su trono, y, de la misma manera,
después de que hayamos sufrido un poco con Él aquí abajo, nosotros
también llegaremos a la gloria. La condición de la vida de nuestro Señor
será la condición de nuestra vida: si estamos con Él en Su humillación,
estaremos con Él en Su gloria. Vamos, alma mía, cobra ánimos y coloca
tus pies en las huellas marcadas con sangre que tu Señor te ha dejado.
No
debo dejar de observar que el Padre honrará a quienes siguen a Su Hijo.
Si Él me ve que soy fiel a Jesús, pondrá señales de favor y de honor en
mí por causa de Su Hijo. Ningún honor puede ser semejante a este.
Príncipes y emperadores conceden simples sombras de honor; la sustancia
de la gloria proviene del Padre. Por tanto, alma mía, aférrate al Señor
Jesús más firmemente que nunca.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Sal 29:11 YHVH dará fuerza a su pueblo, YHVH bendecirá a su pueblo con la paz. (BTx 3)
“Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz.” Sal_29:11. David
acababa de oír la voz del Señor en medio de los truenos, y acababa de
ver Su poder en el huracán cuyo paso había descrito; y ahora, en la
serena calma después de la tormenta, ese poder sobrecogedor que
estremece los cielos y la tierra, es prometido como la fortaleza de los
escogidos. Aquel que da alas a la certera centella dará a Sus redimidos
alas de águila; Aquel que estremece la tierra con Su voz, hará temblar a
los enemigos de Sus santos y dará a Sus hijos paz. ¿Por qué somos
débiles si podemos recurrir al poder divino? ¿Por qué nos turbamos
siendo nuestra la propia paz del Señor? Jesús, el Dios fuerte, es
nuestro poder; revistámonos de Él y salgamos a cumplir con nuestro
servicio. Jesús, nuestro bendito Señor, es también nuestra paz;
reposemos en Él en este día, y pongamos un término a nuestros temores.
¡Qué bendición es contar con Él como nuestro poder y nuestra paz, ahora y
para siempre!
Ese
mismo Dios que cabalga sobre la tormenta en los días de tempestad,
gobernará también al huracán de nuestra tribulación, y nos enviará,
antes de que pase mucho tiempo, días de paz.
Tendremos
poder en medio de las tormentas, y cánticos para los días hermosos.
Comencemos a cantar de inmediato al Dios que es nuestra fortaleza y
nuestra paz. ¡Huyan, pensamientos sombríos! ¡Levántense, fe y esperanza!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Isa
43:2 Cuando pases por las aguas, Yo estaré contigo, La corriente no te
anegará; Cuando andes por el fuego, no te quemarás, Ni la llama arderá
en ti (BTx 3)
“Cuando
pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te
anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá
en ti.” Isa_43:2. No
hay ningún puente: hemos de pasar por las aguas, y sentir el ímpetu de
las corrientes. La presencia de Dios en toda inundación es mejor que
cualquier trasbordador. Hemos de ser probados, pero saldremos
triunfantes, pues el propio Jehová, que es más poderoso que las muchas
aguas, estará con nosotros. Él podría parecer alejado de Su pueblo en
otras circunstancias, pero de seguro estará con ellos en las
dificultades y en los peligros. Las aflicciones de la vida podrían
alzarse a una extraordinaria altura, pero el Señor estará a la altura de
cualquier ocasión.
Los
enemigos de Dios podrían poner peligros de su propia hechura en nuestro
camino, es decir, persecuciones y crueles mofas que son como un
ardiente horno de fuego. ¿Qué pasa entonces? Pasaremos por los fuegos.
Estando Dios con nosotros, no nos quemaremos; no, ni siquiera el olor
del fuego se nos impregnará.
¡Oh,
la maravillosa seguridad del peregrino nacido del cielo y destinado al
cielo! Las muchas aguas no lo ahogarán, ni los fuegos lo quemarán. Tu
presencia, oh Señor, es la protección de los santos frente a los
múltiples peligros del camino. He aquí, en fe me entrego a Ti, y mi
espíritu entra en el reposo.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
