Sal 34:20 Él guarda todos sus huesos, Ni uno de ellos será quebrantado. (BTx 3)
“El guarda todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado.” Sal_34:20. Por
el contexto, esta promesa está dirigida al hombre justo muy afligido:
“Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará
Jehová.” Podría sufrir heridas en su piel y
heridas en su carne, pero no se le hará mayor daño, “ni un hueso suyo será quebrantado.”
Esto
es un gran consuelo para un atribulado hijo de Dios, y un consuelo que
me apresuro a aceptar; pues hasta esta hora no he sufrido un daño real
por mis muchas aflicciones. No he perdido fe, ni esperanza, ni amor. Es
más, lejos de perder estos huesos del carácter, han ganado en fortaleza y
energía. Tengo más conocimiento, más experiencia, más paciencia, más
firmeza de los que tenía antes de que vinieran las pruebas. Ni siquiera
mi gozo ha sido destruido. Muchas contusiones he recibido por
enfermedad, luto, depresión, calumnia y oposición; pero la contusión fue
sanada, y no he sufrido fractura compuesta de hueso, y ni siquiera una
fractura simple. La razón no está lejos para que necesite buscarse. Si
confiamos en el Señor, Él guarda todos nuestros huesos; y si Él los
guarda, podemos estar seguros que ni uno solo de ellos será
quebrantado.
Vamos, corazón mío, no te aflijas. Te estás doliendo, pero no hay huesos rotos. Soporta la dureza, y desafía al miedo.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Isa 31:5 Como ave que revolotea,° Así amparará YHVH Sebaot a Jerusalem, Amparando y salvando, Perdonando y libertando (BTx 3)
“Como las aves que vuelan, así amparará Jehová de los ejércitos a Jerusalén.” Isa_31:5. Con
ala presurosa la madre de los pajaritos vuela veloz para proteger a sus
polluelos. No pierde ni un momento en su camino cuando se acerca para
proporcionarles comida, o guardarlos del peligro. Así vendrá el Señor
como sobre alas de águila, para la defensa de Sus escogidos; sí,
cabalgará sobre las alas del viento.
Con
alas desplegadas la madre cubre a sus pequeñuelos en el nido. Los
oculta interponiendo su propio cuerpo. La madre transmite su propio
calor a sus polluelos, y hace
de
sus alas una casa en la que habitan como en su hogar. De la misma
manera el propio Jehová se convierte en la protección de Sus elegidos.
Él mismo es su refugio, su morada, su
todo.
Como
pájaro volando, y pájaro protegiendo (pues la palabra significa ambas
cosas), así será el Señor para nosotros: y lo será repetida y
exitosamente. Hemos de ser defendidos y preservados de todo mal: el
Señor, que se compara a los pájaros, no será como ellos en su debilidad,
pues Él es Jehová de los ejércitos. Que este sea nuestro consuelo: que
el amor todopoderoso sea veloz para socorrernos, y seguro para
cubrirnos. El ala de Dios es más rápida y más tierna que el ala de un
pájaro, y nosotros pondremos nuestra confianza bajo Su sombra a partir
de este momento y para siempre.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

1Ts
4:17 Después nosotros, los que vivamos, los que hayamos quedado,
seremos arrebatados simultáneamente con ellos en las nubes al encuentro
con el Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor (BTx 3)
“Y así estaremos siempre con el Señor.” 1Ts_4:17. Mientras
estemos aquí, el Señor está con nosotros, y cuando somos llamados a
partir, estamos con Él. No se puede separar al santo de su Salvador.
Ellos son uno, y siempre han de ser uno: Jesús no puede estar sin Su
propio pueblo, pues sería una cabeza sin un cuerpo. Ya sea que seamos
arrebatados en el aire, o que descansemos en el Paraíso, o que
permanezcamos aquí, estamos con Jesús; ¿y quién nos apartará de Él?
¡Qué
gozo es este! Nuestro honor supremo, nuestro descanso, nuestro consuelo
y nuestro deleite, es estar con el Señor. No podemos concebir nada que
sobrepase o que ni siquiera iguale esta sociedad divina. Por una santa
comunión hemos de estar con Él en Su humillación, en Su rechazo, en Su
sufrimiento, y luego estaremos con Él en Su gloria. Antes de mucho
estaremos con Él en Su reposo y en Su realeza, en Su expectación y en Su
manifestación. Nos irá como a Él le vaya, y triunfaremos conforme Él
triunfe.
Oh
Señor mío, si he de estar siempre contigo, tengo un destino
incomparable. No envidiaré a un arcángel. Estar para siempre con el
Señor es mi idea suprema del cielo. La gloria para mí no son las arpas
de oro, ni las coronas inmarcesibles, ni la luz sin nubes; sino el
propio Jesús, y yo con Él para siempre en una comunión íntima y
amorosa.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Jos
17:18 sino que la serranía será tuya, aunque es bosque, tú lo talarás, y
serán tuyos sus términos, porque desposeerás al cananeo aunque tenga
carros de hierro y aunque sea fuerte (BTx 3)
“Porque tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte.” Jos_17:18. Tener
la certeza de la victoria es un gran estímulo que nos da valor, pues
entonces el hombre sale confiado a la guerra, y se aventura en lugares a
los que de otra manera habría estado temeroso de ir. Nuestra guerra es
contra el mal que está dentro de nosotros y a nuestro alrededor, y hemos
de estar persuadidos de que somos capaces de obtener la victoria, y de
que lo haremos en el nombre del Señor Jesús. No estamos cabalgando para
caernos, sino para triunfar; y triunfaremos. Dios, en Su omnipotencia,
ejerce Su gracia para el derrocamiento del mal en toda forma: de aquí la
certeza del triunfo.
Ciertos
de nuestros pecados encuentran carros herrados en nuestra constitución,
en nuestros hábitos anteriores, en nuestras compañías, y en nuestras
ocupaciones. Sin embargo, hemos de vencerlos. Son muy fuertes, y en
referencia a ellos nosotros somos muy débiles; no obstante, en el nombre
de Dios hemos de vencerlos, y lo haremos. Si un pecado tiene dominio
sobre nosotros, entonces no somos los hombres libres del Señor. El
hombre que está sujeto por una sola cadena es todavía un cautivo. No hay
tal cosa como ir al cielo si un pecado gobierna en nuestro interior,
pues de los santos se dice: “el pecado no se enseñoreará de vosotros.
¡Arriba, entonces, maten a todo cananeo, hagan añicos todo carro
herrado! El Dios de los ejércitos está con nosotros, ¿y quién resistirá
Su poder que destruye
al pecado?
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Isa
2:4 Él juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos. De
sus espadas forjarán arados y de sus lanzas, hoces; No alzará la espada
nación contra nación ni se adiestrarán más para la guerra (BTx 3)
“Y
volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no
alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la
guerra.” Isa_2:4. ¡Oh,
que estos tiempos felices ya hubiesen llegado! En el momento presente,
las naciones están fuertemente armadas, e inventan todavía armas más y
más terribles, como si el principal objetivo del hombre sólo pudiese ser
cumplido destruyendo a miríadas de sus semejantes. Sin embargo, la paz
prevalecerá un día; sí, y prevalecerá de tal manera que los instrumentos
de destrucción serán moldeados con otras formas y utilizados para
mejores propósitos.
¿Cómo
se dará esto? ¿Por el comercio? ¿Por medio de la civilización? ¿A
través del arbitraje? No lo creemos. La experiencia pasada nos impide
confiar en instrumentos tan débiles. La paz será establecida únicamente
por el reinado del Príncipe de Paz. Él ha de enseñar al pueblo por Su
Espíritu, ha de renovar los corazones por Su gracia, y ha de reinar en
ellos por Su poder supremo, y entonces ellos cesarán de herir y matar.
El hombre es un monstruo una vez que su sangre está hirviendo, y
solamente el Señor Jesús puede convertir a este león en un cordero. Al
cambiar el corazón del hombre, sus pasiones sedientas de sangre son
dominadas. Que cada lector de este libro de promesas ofrezca hoy una
oración especial al Señor y Dador de Paz, para que ponga prontamente un
fin a la guerra, y establezca la concordia en el mundo entero.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Apo
21:5 Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí que hago nuevas
todas las cosas, y dijo: Escribe: Estas palabras son fieles y verdaderas
(BTx 3)
“Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.” Rev_21:5. ¡Gloria
sea dada a Su nombre! Todas las cosas necesitan ser renovadas, pues
están tristemente estropeadas y desgastadas por el pecado. Ya es tiempo
que la vieja vestidura sea enrollada y puesta aparte, y que la creación
de ponga su traje dominguero. Pero nadie más puede renovar todas las
cosas excepto el Señor, que las hizo al principio; pues se necesita el
mismo poder para hacer algo de lo malo, que para hacer algo de la nada.
Nuestro Señor Jesús ha asumido la tarea, y Él es plenamente competente
para llevarla a cabo. Él ya ha comenzado Su labor, y por siglos ha
perseverado en regenerar los corazones de los hombres, y el orden de la
sociedad. Gradualmente hará nueva toda la constitución del gobierno
humano, y la naturaleza humana será transformada por Su gracia; y el día
vendrá en el que el propio cuerpo será cambiado y conformado a
semejanza de Su cuerpo glorioso.
¡Qué
gozo es pertenecer a un reino en el que todo está siendo renovado por
el poder de su Rey! No nos estamos muriendo: nos estamos apresurando a
una vida más gloriosa. A pesar de la oposición de los poderes del mal,
nuestro glorioso Señor Jesucristo está cumpliendo Su propósito, y
haciéndonos a nosotros y a todas las cosas que nos rodean, “nuevos”, y
tan llenos de belleza como cuando salieron al principio de la mano del
Señor.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Zac
14:7 Será un día, el cual es conocido por YHVH, que no será ni día ni
noche, sino que al anochecer seguirá habiendo luz (BTx 3)
“Pero sucederá que al caer la tarde habrá luz.” Zac_14:7. Es
una sorpresa que esto sea así, pues la amenaza de todas las cosas es
que al caer la tarde oscurecerá. Dios suele obrar de una manera tan por
encima de nuestros miedos y más allá de nuestras esperanzas que nos
quedamos grandemente sorprendidos, y somos conducidos a alabar Su gracia
soberana. No, no sucederá con nosotros como nuestros corazones están
profetizando: la oscuridad no se profundizará en medianoche, sino que
súbitamente se esclarecerá como el día. No debemos desesperar nunca. En
los peores momentos confiemos en el Señor que torna la oscuridad de la
sombra de muerte en mañana. Cuando la tarea de ladrillo es aumentada,
Moisés aparece, y cuando abunda la tribulación, está más cerca de su
fin.
Esta
promesa debía ayudar a nuestra paciencia. La luz no puede venir
plenamente mientras nuestras esperanzas estén bastante disminuidas por
esperar todo el día sin propósito alguno.
Para
el malvado el sol se pone cuando todavía es de día: para el justo el
sol se levanta cuando todavía es de noche. ¿No podemos esperar con
paciencia esa luz celestial, que podría tardar en llegar, pero que con
seguridad demostrará ser muy digna de la espera? Vamos, alma mía, toma
tu parábola y cántale a Él, que te bendecirá en la vida y en la muerte
de una manera que sobrepasa todo lo que la naturaleza pudiere ver jamás
en su punto culminante.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
