Sal 32:10 Muchos dolores habrá para el impío, Pero al que confía en YHVH lo rodea la misericordia (BTx 3)
“Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia.” Sal_32:10. ¡Oh
hermosa recompensa de la esperanza! ¡Señor mío, concédemela a plenitud!
El que espera, se siente un pecador mayor que los demás hombres; y he
aquí que la misericordia es preparada para él: él mismo sabe que no
tiene merecimientos, pero la misericordia interviene, y provee para él
en una escala liberal. ¡Oh Señor, dame esta misericordia puesto que yo
espero en Ti!
¡Observa,
alma mía, qué escolta personal tienes! Como un príncipe que está
rodeado de tropas, así estás tú rodeada de misericordia. Enfrente, y
atrás, y en todos los costados, cabalgan estos guardias montados de la
gracia. Nosotros habitamos en el centro del sistema de misericordia,
pues moramos en Cristo Jesús.
¡Oh
alma mía, qué atmósfera respiras! Como el aire que te rodea, así
también te rodea la misericordia de tu Señor. Para los perversos hay
muchas aflicciones, pero para ti hay tantas misericordias que tus
aflicciones no son dignas de mención. David dice: “Alegraos en Jehová y
gozaos, justos; y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de
corazón.” En obediencia a este precepto mi corazón triunfará en Dios, y
proclamaré mi alegría. ¡Como Tú me has rodeado de misericordia, así
también rodearé yo Tus altares, oh mi Dios, con cánticos de
agradecimiento!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Deu 28:3 Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo (BTx 3)
“Y bendito tú en el campo.” Deu_28:3. Así
fue bendecido Isaac cuando salió al campo a la hora de la tarde para
meditar. ¡Cuán a menudo se ha reunido el Señor con nosotros cuando hemos
estado solos! Los vallados y los árboles pueden dar testimonio de
nuestro gozo. Ansiamos tal bendición de nuevo.
Así
fue bendecido Booz cuando segó su cosecha y sus segadores lo recibieron
con bendiciones. ¡Que el Señor prospere a todos los que llevan el
arado! Cada agricultor puede argumentar esta promesa ante Dios, si en
verdad obedece la voz del Señor Dios.
Salimos
al campo a trabajar como lo hizo nuestro padre Adán; y como la
maldición cayó sobre la tierra a través del pecado del primer Adán, es
un gran consuelo encontrar una bendición a través del segundo Adán.
Salimos
al campo para ejercitarnos, y somos felices en la creencia de que el
Señor bendecirá ese ejercicio, y nos dará salud, la cual usaremos para
Su gloria.
Vamos
al campo para estudiar a la naturaleza, y no hay nada en el
conocimiento de la creación visible que no pueda ser santificado para
los usos más elevados por la bendición divina.
Por
último, tenemos que ir al campo para enterrar a nuestros muertos; sí, y
otros a su vez nos llevarán al camposanto; pero somos benditos, ya sea
llorando junto a la tumba, o durmiendo en ella.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Gén
13:14 Y después que Lot se separara de su lado, YHVH dijo a Abram: Alza
ahora tus ojos y mira del lugar donde estás hacia el norte y hacia el
Neguev, y hacia el oriente y hacia el mar,° Gén 13:15 porque toda la tierra que tú ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre (BTx 3)
“Y
Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus
ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al
oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a
tu descendencia para siempre.” Gén_13:14-15. Una
bendición especial para una ocasión memorable. Abram había resuelto una
disputa familiar. Había dicho: “No haya ahora altercado entre nosotros
dos,… porque somos hermanos”; y por esto él recibió la bendición que
pertenece a los pacificadores. El Señor y dador de paz se deleita en
manifestar Su gracia a quienes buscan la paz y la siguen. Si deseamos
una comunión más íntima con Dios, hemos de mantenernos muy cerca de las
vías de paz.
Abram
se había portado muy generosamente con su pariente, dándole lo que
eligiera de la tierra. Si nos negamos a nosotros mismos por causa de la
paz, el Señor nos compensará con creces. El patriarca puede reclamar
todo aquello que pueda ver, y nosotros podemos hacer lo mismo por la fe.
Abram tuvo que esperar la posesión real, pero el Señor le legó la
tierra a él y a su posteridad. Bendiciones ilimitadas nos pertenecen por
el don del pacto. Todas las cosas son nuestras. Cuando complacemos al
Señor, nos pide que miremos a todos lados, y que veamos todo como
nuestro, sea lo presente, sea lo porvenir, todo es nuestro, y nosotros
de Cristo, y Cristo de Dios.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Isa
44:3 Yo derramaré aguas sobre el sequedal, Y torrentes sobre la tierra
seca: Derramaré mi Espíritu sobre tu simiente, Y mi bendición sobre tus
renuevos (BTx 3)
“Mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos.” Isa_44:3. Nuestros
amados hijos no tienen el Espíritu de Dios por naturaleza, como podemos
verlo claramente. Vemos mucho en ellos que nos hace temer en cuanto a
su futuro, y esto nos conduce a una oración agonizante. Cuando un hijo
se torna especialmente perverso, clamamos con Abraham: “Ojalá Ismael
viva delante de ti.” Preferimos que nuestras hijas sean como Ana antes
que sean emperatrices. Este versículo debería alentarnos grandemente.
Sigue a las palabras: “No temas, siervo mío Jacob”, y ha de desterrar
nuestros temores.
El
Señor dará Su Espíritu; lo dará abundantemente, derramándolo; lo dará
eficazmente, de tal forma que será una bendición real y eterna. Bajo
este derramamiento divino, nuestros hijos pasarán al frente, y “Este
dirá: Yo soy de Jehová; el otro se llamará del nombre de Jacob.”
Esta
es una de esas promesas relativas a las cuales el Señor quiere nuestra
oración. ¿No deberíamos, en determinados momentos, de una manera clara,
orar por nuestros descendientes? Nosotros no podemos darles corazones
nuevos, pero el Espíritu Santo sí puede; y es fácil suplicarle a Él. El
grandioso Padre se complace en las oraciones de los padres y de las
madres. ¿Tenemos a algunos seres queridos fuera del arca? No descansemos
hasta que sean introducidos con nosotros por la propia mano del Señor.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Hch 22:15 Porque le serás testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído (BTx 3)
“Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.” Hch_22:15. Pablo
fue elegido para ver y oír al Señor que le hablaba desde el cielo. Esta
elección divina fue un elevado privilegio para Pablo; pero no tenía el
propósito de acabar allí, sino que tenía por propósito que ejerciera una
influencia sobre otros; sí, sobre todos los hombres. Es a Pablo a quien
Europa le debe el Evangelio en esta hora.
Nos
corresponde a nosotros, en nuestra medida, ser testigos de aquello que
el Señor nos ha revelado, y es a nuestro propio riesgo que ocultemos esa
preciosa revelación.
Primero,
hemos de ver y oír, pues de lo contrario no tendríamos nada que decir;
pero cuando hayamos hecho eso, debemos estar ansiosos de dar nuestro
testimonio. Ha de ser personal: “Serás”. Ha de ser por Cristo: “Serás
testigo suyo.” Ha de ser constante y completamente absorbente; hemos de
ser esto por encima de todas las otras cosas, y excluyendo muchas otras
cosas. Nuestro testimonio no ha de ser para unos cuantos selectos que
nos reciban alegremente; sino a “todos los hombres”, a todos los que
podamos llegar, jóvenes o viejos, ricos o pobres, buenos o malos. No
hemos de quedarnos callados nunca como esos que son poseídos por un
espíritu mudo; pues el texto que está ante nosotros es una orden, y una
promesa, y no debemos perderla: “Serás testigo suyo”. “Sois mis
testigos, dice Jehová.”
¡Señor, cumple esta palabra para mí también!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Zac
13:9 Y a esa tercera parte la haré pasar por el fuego, Y los refinaré
como se refina la plata, Y los probaré como se prueba el oro. Invocará
mi Nombre, y Yo le responderé, Y diré: Es mi pueblo, Y él dirá: YHVH es
mi Dios (BTx 3)
“Y
meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la
plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo
le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios.” Zac_13:9. La
gracia nos transmuta en metal precioso, y luego el fuego y el horno
siguen como una consecuencia necesaria. ¿Comenzamos en ese punto?
¿Preferiríamos ser considerados indignos para que pudiéramos gozar del
reposo, como las piedras del campo? Esto sería elegir la parte más vil:
como Esaú, sería tomar el potaje y renunciar a la porción del pacto.
¡No, Señor, preferimos gozosamente ser arrojados en el horno que ser
echados de Tu presencia!
El
fuego únicamente refina, no destruye. Hemos de ser conducidos a través
del fuego, y no seremos dejados allí. El Señor valora a Su pueblo como
plata, y por ello se toma el trabajo de eliminar su escoria. Si somos
sabios, más bien le daremos la bienvenida al proceso refinador en lugar
de rechazarlo. Nuestra oración será que nuestra aleación sea suprimida
en nosotros en vez de que seamos retirados del crisol.
¡Oh
Señor, Tú en verdad nos pruebas! Estamos listos a derretirnos bajo la
fiereza de las llamas. Sin embargo, este es el camino, y Tu camino es el
mejor. Sostennos en la prueba, y completa el proceso de nuestra
purificación, y seremos Tuyos por siempre y para siempre.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Isa
41:10 No temas, porque Yo estoy contigo; No desmayes, porque Yo soy tu
Dios; Te fortaleceré y siempre te ayudaré, Sí, Yo te sostendré con mi
diestra victoriosa (BTx 3)
“Siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” Isa_41:10. El
temor de caer es saludable. Ser osado no es un signo de sabiduría. Nos
llegan tiempos cuando sentimos que debemos desplomarnos a menos que
tengamos un muy especial sustento. Aquí lo tenemos. La diestra de Dios
es un grandioso apoyo. Observen que no sólo dice Su mano, aunque
mantenga el cielo y la tierra en sus lugares, sino Su diestra: Su poder
unido a la habilidad, Su poder donde es más diestro. Pero esto no es
todo; está escrito: “Siempre te sustentaré con la diestra de mi
justicia.” Esa mano que Él utiliza para mantener Su santidad, y para
ejecutar Sus reales sentencias, es la que será extendida para sostener a
los que confían en Él. Estar temerosos es nuestro peligro, pero estar
gozosos es nuestra seguridad. Los diablos no pueden derribar al hombre a
quien Dios sostiene.
Nuestros
pies pueden ser débiles, pero todopoderosa es la diestra de Dios. El
camino puede ser áspero, pero la Omnipotencia es nuestro sustento.
Podemos seguir adelante valerosamente. No caeremos. Apoyémonos
continuamos en el apoyo de todas las cosas.
Dios
no retirará Su fortaleza, pues Su justicia está también allí: Él será
fiel a Su promesa, y fiel a Su Hijo, y, por tanto, fiel a nosotros.
¡Cuán felices deberíamos estar! ¿No lo estamos?
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román