viernes, 14 de marzo de 2014

Consuelo de Madre


Isa 66:13 Como a uno que consuela su madre, Así Yo os consolaré; en Jerusalem seréis consolados (BTx 3)


“Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros.” Isa_66:13.

¡El consuelo de una madre! Ah, es la ternura misma. ¡Cómo se adentra una madre en el dolor de su hijo! ¡Cómo lo estrecha contra su pecho, y trata de extraerle toda su aflicción para trasladarla a su propio corazón! Él puede contarle todo a ella, ya que se identificará con el problema como nadie podría hacerlo. Entre todos los consoladores, el niño prefiere a su madre, e incluso hombres adultos han descubierto que esto es así. 
¿Acaso Jehová condesciende a hacer el papel de una madre? Esto, en verdad, es bondad.
Podemos percibir con facilidad que Él sea un padre; pero ¿será también  como una madre? ¿Acaso no nos invita esto a una santa familiaridad, a una confianza sin reservas, a un reposo sagrado? Cuando Dios se convierte en “el Consolador” ninguna angustia puede permanecer por largo tiempo. Cada uno de nosotros ha de contarle su problema, aunque los sollozos y los suspiros se conviertan en nuestra primera expresión. Él no nos despreciará por nuestras lágrimas; nuestra madre no lo hizo. Él considerará nuestra debilidad así como lo hizo ella, y quitará nuestras faltas, sólo que lo hará de una manera más cierta y más seguro de lo que nuestra madre podría hacerlo. No procuraremos llevar solos nuestro dolor: eso sería rudo para Uno tan gentil y tan amable. Comencemos el día con nuestro amante Dios, y, ¿por qué no lo terminamos en la misma compañía, puesto que las madres nunca se cansan de sus hijos?

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


jueves, 13 de marzo de 2014

Dios te conoce


Jer 1:6 Entonces dije: ¡Ah, Adonay YHVH! He aquí, no sé hablar, porque soy joven.
Jer 1:7 Pero me dijo YHVH: No digas: Soy joven. Adondequiera que te envíe, irás, y todo lo que te mande, dirás (BTx 3)


“Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.”  Jer_1:6-7.

Jeremías era joven y sentía una reticencia natural cuando fue enviado por el Señor a cumplir un gran encargo; pero el que lo envió no aceptaría que dijera: “Soy  niño”. Lo que era en sí mismo no debía ser mencionado, sino que había de perderse en la consideración de que era elegido para hablar por Dios. No tenía que idear ni inventar un mensaje, ni elegir un audiencia: él tenía que hablar lo que Dios le mandase, y hablar adonde Dios le enviase, y sería capacitado para hacer esto con una fuerza que no era la suya. 
¿No ocurre lo mismo con algún joven predicador, o algún maestro que lea estas líneas? Dios sabe cuán joven eres, y cuán débiles son tu conocimiento y tu experiencia; pero si Él decide enviarte, no te corresponde cuestionar el llamado celestial. Dios se engrandecerá en tu debilidad. Si fueras tan viejo como Matusalén, ¿cuánto te ayudarían tus años? Si fueras tan sabio como Salomón, podrías ser tan veleidoso como él. Has de atenerte a tu mensaje, y será tu sabiduría; sigue tus órdenes de marcha y serán tu discreción.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


miércoles, 12 de marzo de 2014

La providencia de Dios es nuestra escolta


Deu 33:18 De Zabulón dijo: ¡Regocíjate, oh Zabulón, en tus salidas marítimas,° Y tú Isacar, en tus tiendas! (BTx 3)

“A Zabulón dijo: alégrate, Zabulón cuando salieres.”  Deu_33:18.
 

Las bendiciones de las tribus son nuestras; pues nosotros somos el verdadero Israel que adora a Dios en espíritu y no tiene confianza en la carne. Zabulón ha de regocijarse porque Jehová lo bendecirá “cuando saliere”; vemos también para nosotros, una promesa latente en esta bendición. Cuando salgamos buscaremos ocasiones de gozo. 
Cuando salimos en un viaje, la providencia de Dios es nuestra escolta. Cuando salimos para emigrar, el Señor está con nosotros, tanto en tierra como en el mar. Cuando salimos como misioneros, Jesús nos dice: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Salimos cada día a nuestro trabajo, y podemos hacerlo con alegría, pues Dios estará con nosotros desde la mañana hasta la noche. 
Un miedo se introduce en nosotros cuando estamos comenzando algo, pues no sabemos qué podríamos encontrar; pero esta bendición puede servirnos muy bien como una palabra de buen aliento. Cuando empaquemos para mudarnos, pongamos este versículo en el baúl de viaje; coloquémoslo en nuestros corazones, y guardémoslo allí; sí, pongámoslo en nuestra lengua para que nos haga cantar. Levemos el ancla con un cántico, y subámonos al carruaje con un salmo. Hemos de pertenecer a la tribu que se alegra, y en cada uno de nuestros momentos, hemos de alabar al Señor con corazones alegres.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


martes, 11 de marzo de 2014

El Señor de los Ejércitos


1Sa 17:47 y toda esta gente sepa que YHVH no salva con la espada y la lanza, por cuanto esta batalla es de YHVH, y Él os entregará en nuestra mano (BTx 3)

“Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.”  1Sa_17:47.

Este punto nos ha de quedar muy claro: que la batalla es del Señor, y podemos estar muy  seguros de la victoria, y de una victoria tal, que manifieste mejor el poder de Dios.
El Señor es olvidado por todos los hombres en demasía, sí, incluso por las asambleas de Israel; y cuando haya una oportunidad de hacer ver a los hombres que la Grandiosa Primera Causa puede alcanzar Sus propósitos sin el poder del hombre, es una ocasión inapreciable que debe ser bien empleada. Incluso Israel confía demasiado en la espada y la lanza. Es algo grandioso que no haya una espada en la mano de David, y, sin embargo, que David sepa que su Dios vencerá a ejércitos enteros de pueblos enemigos. 
Si en verdad estamos contendiendo por la verdad y la justicia, no nos demoremos hasta que tengamos talento, o riqueza, o cualquier otra forma de poder visible a nuestra disposición; pero con tales piedras como las que encontramos en el arroyo, y con nuestra usual honda, corramos a enfrentar al enemigo. Si fuese nuestra propia batalla podríamos desconfiar; pero si nos estamos levantando por Jesús, y haciendo la guerra en Su fortaleza únicamente, ¿quién podría estorbarnos? Sin ninguna traza de duda, enfrentemos a los filisteos; pues el Señor de los Ejércitos está con  nosotros, ¿y quién podría estar contra nosotros? 

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


lunes, 10 de marzo de 2014

Salgamos a la luz de inmediato


Jua 12:46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas (BTx 3)

“Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.”  Jua_12:46.

Este mundo es oscuro como la medianoche; Jesús ha venido para que por fe, tengamos luz y no permanezcamos por más tiempo en la tenebrosidad que cubre a todo el resto de la humanidad. 
Todo aquel es un término muy amplio: quiere decir ustedes y yo. Si confiamos en Jesús, no permaneceremos más en la oscura sombra de la muerte, sino que entraremos en la cálida luz de un día que no terminará nunca. ¿Por qué no salimos a la luz de inmediato? 
Una nube se puede cernir algunas veces sobre nosotros, pero no permaneceremos en la oscuridad si creemos en Jesús. Él ha venido para proporcionarnos abundante luz del día.
¿Vendrá en vano? Si tenemos fe, contamos con el privilegio de la luz del sol: debemos gozarlo. Jesús ha venido para liberarnos de la noche de la depravación natural, de la ignorancia, de la duda, de la desesperación, del pecado y del terror; y todos los creyentes sabrán que Él no viene en vano, como tampoco lo hace el sol que sale y esparce indefectiblemente su calor y su luz. 
Arroja con una sacudida tu depresión, amado hermano. No permanezcas en las tinieblas, sino habita en la luz. En Jesús está tu esperanza, tu gozo, tu cielo. Míralo a Él, y únicamente a Él, y te gozarás como los pájaros se deleitan con la salida del sol, y como los ángeles se gozan delante del trono.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


domingo, 9 de marzo de 2014

En conexión con la paz


Jer 29:7 Procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a YHVH, porque en la paz de ella tendréis vosotros paz (BTx 3)

“Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz.”  Jer_29:7.

El principio involucrado en este texto nos sugiere a todos aquellos de nosotros que somos los peregrinos y extranjeros del Señor, que hemos de estar deseosos de promover la paz y la prosperidad de la gente entre quienes habitamos. Nuestra nación y nuestra ciudad han de ser especialmente bendecidas por nuestra constante intercesión. Una sincera oración por Gran Bretaña e Irlanda es muy conveniente en la boca de cada creyente inglés. 
Oremos con denuedo por la gran bendición de la paz, tanto en casa como en el extranjero. Si la refriega causara el derramamiento de sangre en nuestras calles, o si la batalla en el extranjero matara a nuestros valientes soldados, todos nosotros deberíamos lamentar la calamidad; por tanto, oremos por la paz, y promovamos diligentemente aquellos principios por los que las clases sociales en casa y los pueblos extranjeros estén ligados entre sí con lazos de amistad. 
A nosotros mismos se nos promete tranquilidad en conexión con la paz de la nación, y esto es sumamente deseable; pues así podemos educar a nuestras familias en el temor del Señor, y también predicar el Evangelio sin impedimentos y sin obstáculos. Hoy hemos de orar mucho por nuestro país, confesando los pecados nacionales, y  pidiendo el perdón y la bendición para la nación, por Jesucristo nuestro Señor.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


sábado, 8 de marzo de 2014

Capacítanos para usarlos para Tu Gloria


Deu 28:5 Bendita será tu cesta y tu artesa de amasar (BTx 3)

“Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar.”  Deu_28:5.

La obediencia trae una bendición sobre todas las provisiones que nuestra diligencia nos proporciona. Aquello que entra y sale de inmediato, como la fruta en la canasta que es para uso inmediato, será bendecido; y aquello que permanece con nosotros por una temporada más larga, igualmente recibirá una bendición. Tal vez la nuestra sea una porción equivalente a una canasta de mano. Tenemos muy poco para el desayuno, y un escaso bocado para la comida, en nuestro canasto, cuando salimos a nuestro trabajo en la mañana. Esto está bien, pues la bendición del Señor es prometida para esa canasta. Si no contamos con provisiones y sólo tenemos lo que llevamos de la mano a la boca, recibiendo cada día la provisión del día, estamos tan bien como Israel; pues cuando el Señor mantenía a Su pueblo elegido, sólo les proporcionaba maná para el día. ¿Qué más necesitaban ellos? ¿Qué más necesitamos nosotros?
Pero si tenemos una reserva, ¡cuánto más necesitamos que el Señor la bendiga! Pues está el cuidado de obtenerla, el cuidado  de guardarla, el cuidado de administrarla, el cuidado de usarla; y a menos que el Señor la bendiga, estos cuidados carcomerán nuestros corazones, hasta que nuestros bienes se conviertan en nuestros dioses, y nuestros cuidados se manifiesten en llagas gangrenosas. 
Oh, Señor, bendice nuestros bienes. Capacítanos para usarlos para Tu gloria. Ayúdanos a mantener las cosas mundanas en su debido lugar, y que nuestros ahorros no pongan en peligro la salvación de nuestras almas. 

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román