lunes, 14 de abril de 2014

Tus herederos, fueron elegidos por Dios


Sal 47:4 Pues Él eligió nuestra heredad, La hermosura de Jacob, al cual amó. Selah (BTx 3)

“Él nos elegirá nuestras heredades.”  Sal_47:4.

Nuestros enemigos quieren asignarnos una porción muy funesta, pero no seremos entregados en sus manos. El Señor hará que permanezcamos en nuestro sitio, en nuestro lugar asignado por Su infinita sabiduría. Una mente más sabia que la nuestra arregla nuestro destino. El ordenamiento de todas las cosas pertenece a Dios, y nos alegra que así sea; preferimos que Dios elija por nosotros. Si las cosas pudieran ser a nuestra manera, desearíamos que todas las cosas fueran a la manera de Dios. 
Estando conscientes de nuestra propia necedad, no deseamos gobernar nuestros destinos. Nos sentimos más seguros y más tranquilos cuando el Señor dirige el rumbo de nuestro barco que si pudiéramos dirigirlo nosotros de acuerdo a nuestro juicio.
Gozosamente ponemos nuestro doloroso presente y nuestro desconocido futuro en manos de nuestro Padre, nuestro Salvador y nuestro Consolador. 
¡Oh, alma mía, pon en este día todos tus deseos a los pies de Jesús! Si últimamente has sido algo díscolo y testarudo, ávido de ser y de hacer lo que te dicte tu propia mente, descarta ahora tu necio ego, y pon las riendas en las manos del Señor. Di: “Él ha de elegir”. Si otros disputan la soberanía del Señor, y se glorían en el libre albedrío del hombre, tú respóndeles efectivamente: “Él elegirá por mí.” Mi más libre decisión es que Él decida por mí. Como un agente libre, yo elijo que Él tenga toda la decisión.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
 

domingo, 13 de abril de 2014

El Señor Jesús, cambiará todo esto


Flp 3:21 el cual transfigurará el cuerpo de la humillación nuestra para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, según la eficacia del poder con el cual Él también puede someter a sí mismo todas las cosas. (BTx 3)

“El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.”  Flp_3:21.

Con frecuencia, cuando somos atormentados por el dolor y nos descubrimos incapaces de pensar o de adorar, sentimos que, en verdad, este es “el cuerpo de la humillación nuestra”; y cuando somos tentados por las pasiones que surgen de la carne, no creemos que la palabra “humillación” sea una traducción demasiado vigorosa en absoluto.
Nuestros cuerpos nos humillan; y eso es todo lo mejor que hacen por nosotros. ¡Oh, que fuéramos debidamente humildes, pues nuestros cuerpos nos asemejan a los animales, e incluso nos ligan con el polvo!
Pero nuestro Salvador, el Señor Jesús, cambiará todo esto. Seremos transformados a semejanza de Su propio cuerpo de gloria. Esto lo experimentarán todos aquellos que creen en Jesús. Por fe sus almas han sido transformadas, y sus cuerpos experimentarán una renovación tal que los adaptará a sus espíritus regenerados. Qué tan pronto ocurra esta grandiosa transformación, no podríamos decirlo; pero su pensamiento debería ayudarnos a soportar las tribulaciones de hoy, y todas las aflicciones de la carne. En breve, seremos como Jesús es ahora. No más rostros adoloridos, no más miembros hinchados, no más ojos apagados, no más corazones desfallecidos. El viejo no será más un manojo de debilidades, ni el enfermo una masa de agonía. “Semejante al cuerpo de la gloria suya.” ¡Qué expresión! ¡Aun nuestra carne descansará en la esperanza de una tal resurrección! 

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

 
 

sábado, 12 de abril de 2014

Deuda que, cuando es pagada, deja de ser deuda


Jer 31:34 Y no enseñará más cada cual a su prójimo, y cada cual a su hermano, diciendo: ¡Conoce a YHVH!, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice YHVH. Porque perdonaré su maldad, y no me acordaré más de sus pecados (BTx 3)

“Porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.”  Jer_31:34.

Cuando conocemos al Señor, recibimos el perdón de los pecados. Lo conocemos como el Dios de Gracia, que pasa por alto nuestras transgresiones. ¡Qué feliz descubrimiento es este! 
Pero cuán divinamente está expresada esta promesa: ¡el Señor promete que no se acordará más de nuestros pecados! ¿Puede Dios olvidar? Él dice que lo hará, y Él dice en serio lo que dice. Él considerará como si no hubiésemos pecado nunca. La grandiosa expiación quitó tan eficazmente todo pecado, que para la mente de Dios es como si no hubiera existido. El creyente es ahora tan acepto en Cristo Jesús como lo era Adán en su inocencia; sí, más aún, pues él lleva puesta una justicia divina, mientras que la de Adán era solamente humana. 
El Gran Señor no se acordará de nuestros pecados como para castigarlos, o como para amarnos una pizca menos por causa de esos pecados. Igual que una deuda que, cuando es pagada, deja de ser deuda, así el Señor hace una completa cancelación de la iniquidad de Su pueblo. 
Cuando nos estemos lamentando por nuestras transgresiones y deficiencias  -y este es nuestro deber mientras vivamos- al mismo tiempo hemos de regocijarnos porque nunca serán mencionadas contra nosotros. Esto nos lleva a odiar el pecado. El perdón de Dios inmerecido nos conduce a vigilar para no ofenderle nunca más por medio de la desobediencia. 

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román




viernes, 11 de abril de 2014

Desde el más pequeño



Jer 31:34 Y no enseñará más cada cual a su prójimo, y cada cual a su hermano, diciendo: ¡Conoce a YHVH!, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice YHVH. Porque perdonaré su maldad, y no me acordaré más de sus pecados (BTx 3)

“Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová.”  Jer_31:34.

En verdad, prescindiendo de cualquier otra cosa que no sepamos, nosotros conocemos al Señor. Este día esta promesa es verdadera en nuestra experiencia, y no es una pequeña promesa. El más pequeño creyente entre nosotros conoce a Dios en Cristo Jesús. No tan plenamente como quisiéramos; mas, sin embargo, verdadera y realmente conocemos al Señor. No sólo conocemos doctrinas acerca de Él, sino que lo conocemos  a ÉL. Él es nuestro Padre y nuestro Amigo. Somos Sus conocidos personales. Podemos decir: “Señor mío, y Dios mío.” Gozamos de estrecha comunión con Dios, y pasamos muchas temporadas felices en Su  santa compañía. Ya no somos más extraños para nuestro Dios, sino que el secreto del Señor está con nosotros. 
Esto es más de lo que la naturaleza podría habernos enseñado. La carne y la sangre no nos han revelado a Dios. Cristo Jesús ha dado a conocer al Padre a nuestros corazones.
Si, entonces, el Señor ha hecho que lo conozcamos, ¿no es esto la fuente de todo conocimiento salvador? Conocer a Dios es la vida eterna. Tan pronto como llegamos a conocer a Dios, tenemos la evidencia de ser resucitados a una vida nueva. ¡Oh, alma mía, regocíjate con este conocimiento, y bendice a tu Señor todo este día!

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


jueves, 10 de abril de 2014

Si miras a Jesús, tú vivirás también


Núm 21:8 Y YHVH dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente y ponla en lo alto de un asta, y sucederá que cualquiera que sea mordido y mire a ella, vivirá (BTx 3)

“Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.”  Núm_21:8.

Este es un tipo glorioso del Evangelio. Jesús, contado con los inicuos, cuelga en la cruz delante de nosotros. Una mirada a Él nos curará de la mordida de serpiente del pecado; Él nos sanará de inmediato: “Cuando mirare a ella, vivirá”. El lector que esté lamentando su pecaminosidad ha de notar las palabras: “Cualquiera que mirare a ella, vivirá”. Todo el que mire comprobará que esto es verdad. Yo comprobé que así es. Yo miré a Jesús y viví al instante. Yo sé que viví. Lector, si miras a Jesús, tú vivirás también. Es cierto que estás henchido de veneno y no ves ninguna esperanza. Es cierto, también,  que no hay otra esperanza sino esta. Pero esta es una cura infalible: “Cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.”
La serpiente de bronce no fue izada como un a curiosidad que debía ser contemplada por los sanos; su propósito especial era para quienes fueren “mordidos”. Jesús murió como un Salvador real para pecadores reales. Aunque la mordida te haya hecho un borracho, o un ladrón, o una persona impúdica y profana, una mirada al Grandioso Salvador te sanará de estas enfermedades, y te hará vivir en santidad y comunión con Dios. Mira y vive.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román




miércoles, 9 de abril de 2014

Mucha paz tienen ...y no tropiezan


Sal 119:165 Mucha paz tienen los que aman tu Ley, Y no hay para ellos piedra de tropiezo (BTx 3)

“Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo.”  Sal_119:165.


Sí, un verdadero amor por el gran Libro, nos traerá gran paz del gran Dios, y será una gran protección para nosotros. Si vivimos constantemente en la compañía de la ley del Señor, engendrará en nuestros corazones un sosiego que ninguna otra cosa podría generar. El Espíritu Santo actúa como Consolador por medio de la Palabra, y derrama abundantemente esas benignas influencias que calman las tempestades del alma. 
Nada sirve de piedra de tropiezo para el hombre en el que mora ricamente la Palabra de Dios. Él toma su cruz diaria que se convierte en un deleite. Está preparado para la tribulación de fuego, y no la considera como algo extraño, como para quedar completamente abatido por ella. No tropieza con la prosperidad, como hacen muchos, ni es aplastado por adversidad, como han sido otros, pues vive más allá de las cambiantes circunstancias de la vida externa. Cuando el Señor pone delante de él algún gran misterio de la fe que hace clamar a otros: “Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?”, el creyente lo acepta sin ninguna duda; pues sus dificultades intelectuales son resueltas por su temor reverente de la ley del Señor, que es para él la suprema autoridad ante la que se inclina gozosamente. Señor, obra en nosotros este amor, esta paz y este reposo, en este día.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


martes, 8 de abril de 2014

Ten ánimo


Hch 23:11 A la noche siguiente, se le apareció el Señor y le dijo: ¡Ánimo! Porque como testificabas fielmente acerca de mí en Jerusalem, así también tienes que testificar en Roma (BTx 3)

“A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma.”  Hch_23:11.


¿Eres un testigo del Señor, y te encuentras justo ahora en peligro? Entonces recuerda que tú eres inmortal hasta que tu trabajo haya sido concluido. Si el Señor te ha designado para que des más testimonios, entonces vivirás para darlos. ¿Quién es aquel que podría romper la vasija que el Señor se propone utilizar otra vez? 
Si no tienes más trabajo que hacer para tu Señor, no debería turbarte que esté a punto de llamarte a casa y ponerte donde estés más allá del alcance de los adversarios. Dar testimonio por Jesús ha de ser tu principal oficio, y no te pueden detener hasta que ese testimonio esté concluido: por tanto, puedes estar tranquilo. La cruel calumnia, la tergiversación impía, el abandono de los amigos, la traición de quien goza de tu mayor confianza, y todo lo demás que te pudiese sobrevenir, no pueden obstaculizar el propósito del Señor en cuanto a ti. El Señor está a tu lado en  la noche de tu aflicción, y dice: “Todavía es necesario que testifiques de Mí.” Ten calma y sé lleno de gozo en el Señor. 
Si no necesitas esta promesa justo ahora, podrías necesitarla muy pronto. Atesórala. Recuerda también orar por los misioneros, y por todos los perseguidos, para que el Señor los preserve hasta que completen su obra. 

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román