Sal 47:4 Pues Él eligió nuestra heredad, La hermosura de Jacob, al cual amó. Selah (BTx 3)
“Él nos elegirá nuestras heredades.” Sal_47:4.
Nuestros
enemigos quieren asignarnos una porción muy funesta, pero no seremos
entregados en sus manos. El Señor hará que permanezcamos en nuestro
sitio, en nuestro lugar asignado por Su infinita sabiduría. Una mente
más sabia que la nuestra arregla nuestro destino. El ordenamiento de
todas las cosas pertenece a Dios, y nos alegra que así sea; preferimos
que Dios elija por nosotros. Si las cosas pudieran ser a nuestra manera,
desearíamos que todas las cosas fueran a la manera de Dios.
Estando
conscientes de nuestra propia necedad, no deseamos gobernar nuestros
destinos. Nos sentimos más seguros y más tranquilos cuando el Señor
dirige el rumbo de nuestro barco que si pudiéramos dirigirlo nosotros de
acuerdo a nuestro juicio.
Gozosamente
ponemos nuestro doloroso presente y nuestro desconocido futuro en manos
de nuestro Padre, nuestro Salvador y nuestro Consolador.
¡Oh,
alma mía, pon en este día todos tus deseos a los pies de Jesús! Si
últimamente has sido algo díscolo y testarudo, ávido de ser y de hacer
lo que te dicte tu propia mente, descarta ahora tu necio ego, y pon las
riendas en las manos del Señor. Di: “Él ha de elegir”. Si otros disputan
la soberanía del Señor, y se glorían en el libre albedrío del hombre,
tú respóndeles efectivamente: “Él elegirá por mí.” Mi más libre decisión
es que Él decida por mí. Como un agente libre, yo elijo que Él tenga
toda la decisión.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Flp
3:21 el cual transfigurará el cuerpo de la humillación nuestra para que
sea semejante al cuerpo de la gloria suya, según la eficacia del poder
con el cual Él también puede someter a sí mismo todas las cosas. (BTx 3)
“El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.” Flp_3:21.
Con
frecuencia, cuando somos atormentados por el dolor y nos descubrimos
incapaces de pensar o de adorar, sentimos que, en verdad, este es “el
cuerpo de la humillación nuestra”; y cuando somos tentados por las
pasiones que surgen de la carne, no creemos que la palabra “humillación”
sea una traducción demasiado vigorosa en absoluto.
Nuestros
cuerpos nos humillan; y eso es todo lo mejor que hacen por nosotros.
¡Oh, que fuéramos debidamente humildes, pues nuestros cuerpos nos
asemejan a los animales, e incluso nos ligan con el polvo!
Pero
nuestro Salvador, el Señor Jesús, cambiará todo esto. Seremos
transformados a semejanza de Su propio cuerpo de gloria. Esto lo
experimentarán todos aquellos que creen en Jesús. Por fe sus almas han
sido transformadas, y sus cuerpos experimentarán una renovación tal que
los adaptará a sus espíritus regenerados. Qué tan pronto ocurra esta
grandiosa transformación, no podríamos decirlo; pero su pensamiento
debería ayudarnos a soportar las tribulaciones de hoy, y todas las
aflicciones de la carne. En breve, seremos como Jesús es ahora. No más
rostros adoloridos, no más miembros hinchados, no más ojos apagados, no
más corazones desfallecidos. El viejo no será más un manojo de
debilidades, ni el enfermo una masa de agonía. “Semejante al cuerpo de
la gloria suya.” ¡Qué expresión! ¡Aun nuestra carne descansará en la
esperanza de una tal resurrección!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Jer
31:34 Y no enseñará más cada cual a su prójimo, y cada cual a su
hermano, diciendo: ¡Conoce a YHVH!, porque todos me conocerán, desde el
más pequeño de ellos hasta el más grande, dice YHVH. Porque perdonaré su
maldad, y no me acordaré más de sus pecados (BTx 3)
“Porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.” Jer_31:34.
Cuando
conocemos al Señor, recibimos el perdón de los pecados. Lo conocemos
como el Dios de Gracia, que pasa por alto nuestras transgresiones. ¡Qué
feliz descubrimiento es este!
Pero
cuán divinamente está expresada esta promesa: ¡el Señor promete que no
se acordará más de nuestros pecados! ¿Puede Dios olvidar? Él dice que lo
hará, y Él dice en serio lo que dice. Él considerará como si no
hubiésemos pecado nunca. La grandiosa expiación quitó tan eficazmente
todo pecado, que para la mente de Dios es como si no hubiera existido.
El creyente es ahora tan acepto en Cristo Jesús como lo era Adán en su
inocencia; sí, más aún, pues él lleva puesta una justicia divina,
mientras que la de Adán era solamente humana.
El
Gran Señor no se acordará de nuestros pecados como para castigarlos, o
como para amarnos una pizca menos por causa de esos pecados. Igual que
una deuda que, cuando es pagada, deja de ser deuda, así el Señor hace
una completa cancelación de la iniquidad de Su pueblo.
Cuando
nos estemos lamentando por nuestras transgresiones y deficiencias -y
este es nuestro deber mientras vivamos- al mismo tiempo hemos de
regocijarnos porque nunca serán mencionadas contra nosotros. Esto nos
lleva a odiar el pecado. El perdón de Dios inmerecido nos conduce a
vigilar para no ofenderle nunca más por medio de la desobediencia.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Jer
31:34 Y no enseñará más cada cual a su prójimo, y cada cual a su
hermano, diciendo: ¡Conoce a YHVH!, porque todos me conocerán, desde el
más pequeño de ellos hasta el más grande, dice YHVH. Porque perdonaré su
maldad, y no me acordaré más de sus pecados (BTx 3)
“Y
no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano,
diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más
pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová.” Jer_31:34.
En
verdad, prescindiendo de cualquier otra cosa que no sepamos, nosotros
conocemos al Señor. Este día esta promesa es verdadera en nuestra
experiencia, y no es una pequeña promesa. El más pequeño creyente entre
nosotros conoce a Dios en Cristo Jesús. No tan plenamente como
quisiéramos; mas, sin embargo, verdadera y realmente conocemos al Señor.
No sólo conocemos doctrinas acerca de Él, sino que lo conocemos a ÉL.
Él es nuestro Padre y nuestro Amigo. Somos Sus conocidos personales.
Podemos decir: “Señor mío, y Dios mío.” Gozamos de estrecha comunión con
Dios, y pasamos muchas temporadas felices en Su santa compañía. Ya no
somos más extraños para nuestro Dios, sino que el secreto del Señor está
con nosotros.
Esto
es más de lo que la naturaleza podría habernos enseñado. La carne y la
sangre no nos han revelado a Dios. Cristo Jesús ha dado a conocer al
Padre a nuestros corazones.
Si,
entonces, el Señor ha hecho que lo conozcamos, ¿no es esto la fuente de
todo conocimiento salvador? Conocer a Dios es la vida eterna. Tan
pronto como llegamos a conocer a Dios, tenemos la evidencia de ser
resucitados a una vida nueva. ¡Oh, alma mía, regocíjate con este
conocimiento, y bendice a tu Señor todo este día!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Núm
21:8 Y YHVH dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente y ponla en lo
alto de un asta, y sucederá que cualquiera que sea mordido y mire a
ella, vivirá (BTx 3)
“Y
Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un
asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.”
Núm_21:8.
Este
es un tipo glorioso del Evangelio. Jesús, contado con los inicuos,
cuelga en la cruz delante de nosotros. Una mirada a Él nos curará de la
mordida de serpiente del pecado; Él nos sanará de inmediato: “Cuando
mirare a ella, vivirá”. El lector que esté lamentando su pecaminosidad
ha de notar las palabras: “Cualquiera que mirare a ella, vivirá”. Todo
el que mire comprobará que esto es verdad. Yo comprobé que así es. Yo
miré a Jesús y viví al instante. Yo sé que viví. Lector, si miras a
Jesús, tú vivirás también. Es cierto que estás henchido de veneno y no
ves ninguna esperanza. Es cierto, también, que no hay otra esperanza
sino esta. Pero esta es una cura infalible: “Cualquiera que fuere
mordido y mirare a ella, vivirá.”
La
serpiente de bronce no fue izada como un a curiosidad que debía ser
contemplada por los sanos; su propósito especial era para quienes fueren
“mordidos”. Jesús murió como un Salvador real para pecadores reales.
Aunque la mordida te haya hecho un borracho, o un ladrón, o una persona
impúdica y profana, una mirada al Grandioso Salvador te sanará de estas
enfermedades, y te hará vivir en santidad y comunión con Dios. Mira y
vive.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Sal 119:165 Mucha paz tienen los que aman tu Ley, Y no hay para ellos piedra de tropiezo (BTx 3)
“Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo.” Sal_119:165.
Sí,
un verdadero amor por el gran Libro, nos traerá gran paz del gran Dios,
y será una gran protección para nosotros. Si vivimos constantemente en
la compañía de la ley del Señor, engendrará en nuestros corazones un
sosiego que ninguna otra cosa podría generar. El Espíritu Santo actúa
como Consolador por medio de la Palabra, y derrama abundantemente esas
benignas influencias que calman las tempestades del alma.
Nada
sirve de piedra de tropiezo para el hombre en el que mora ricamente la
Palabra de Dios. Él toma su cruz diaria que se convierte en un deleite.
Está preparado para la tribulación de fuego, y no la considera como algo
extraño, como para quedar completamente abatido por ella. No tropieza
con la prosperidad, como hacen muchos, ni es aplastado por adversidad,
como han sido otros, pues vive más allá de las cambiantes circunstancias
de la vida externa. Cuando el Señor pone delante de él algún gran
misterio de la fe que hace clamar a otros: “Dura es esta palabra; ¿quién
la puede oír?”, el creyente lo acepta sin ninguna duda; pues sus
dificultades intelectuales son resueltas por su temor reverente de la
ley del Señor, que es para él la suprema autoridad ante la que se
inclina gozosamente. Señor, obra en nosotros este amor, esta paz y este
reposo, en este día.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Hch
23:11 A la noche siguiente, se le apareció el Señor y le dijo: ¡Ánimo!
Porque como testificabas fielmente acerca de mí en Jerusalem, así
también tienes que testificar en Roma (BTx 3)
“A
la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo,
pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que
testifiques también en Roma.” Hch_23:11.
¿Eres
un testigo del Señor, y te encuentras justo ahora en peligro? Entonces
recuerda que tú eres inmortal hasta que tu trabajo haya sido concluido.
Si el Señor te ha designado para que des más testimonios, entonces
vivirás para darlos. ¿Quién es aquel que podría romper la vasija que el
Señor se propone utilizar otra vez?
Si
no tienes más trabajo que hacer para tu Señor, no debería turbarte que
esté a punto de llamarte a casa y ponerte donde estés más allá del
alcance de los adversarios. Dar testimonio por Jesús ha de ser tu
principal oficio, y no te pueden detener hasta que ese testimonio esté
concluido: por tanto, puedes estar tranquilo. La cruel calumnia, la
tergiversación impía, el abandono de los amigos, la traición de quien
goza de tu mayor confianza, y todo lo demás que te pudiese sobrevenir,
no pueden obstaculizar el propósito del Señor en cuanto a ti. El Señor
está a tu lado en la noche de tu aflicción, y dice: “Todavía es
necesario que testifiques de Mí.” Ten calma y sé lleno de gozo en el
Señor.
Si
no necesitas esta promesa justo ahora, podrías necesitarla muy pronto.
Atesórala. Recuerda también orar por los misioneros, y por todos los
perseguidos, para que el Señor los preserve hasta que completen su
obra.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
