Sal 91:14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, Yo también lo libraré, Lo pondré en alto, por cuanto ha conocido mi Nombre (BTx 3)
“Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.” Sal_91:14.
¿Me
dice el Señor esto a mí? Sí, si he conocido Su nombre. Bendito sea el
Señor porque no soy un extraño para Él. Lo he probado, y lo he
experimentado, y lo he conocido, y, por tanto, yo en verdad confío en
Él. Conozco Su nombre como un Dios que odia el pecado, pues por el poder
convincente de Su Espíritu, he aprendido que Él nunca tolerará el mal.
Pero también lo conozco como el Dios que perdona el pecado en Cristo
Jesús, pues Él me ha perdonado todas las ofensas. Su nombre es
fidelidad, y yo lo sé, pues Él nunca me ha abandonado aunque mis
tribulaciones se hayan multiplicado sobre mí.
Este
conocimiento es un don de la gracia, y el Señor lo convierte en la
razón por la que Él concede otro don de la gracia, es decir, poner en
alto. Esto es gracia sobre gracia.
Observemos
que si subimos a lo alto, la posición podría ser peligrosa; pero si el
Señor nos pone allí, es segura. Él nos puede levantar a una gran
utilidad, a una experiencia eminente, al éxito en el servicio, al
liderazgo entre los obreros, al lugar de un padre entre los pequeñitos.
Si no hiciera esto, podría ponernos en alto por medio de una comunión
cercana, un claro discernimiento, un santo triunfo , y una agraciada
anticipación de la gloria eterna. Cuando Dios nos pone en alto, Satanás
mismo no puede derribarnos. ¡Oh, que este sea nuestro caso a lo largo de
todo este día!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Apo 2:28 como también Yo la he recibido de mi Padre; y le daré la estrella de la mañana (BTx 3)
“Y le daré la estrella de la mañana.” Rev_2:28.
Hasta
que apunte el día, y huyan las sombras, ¡qué bendición es ver en Jesús a
“la estrella de la mañana”! Recuerdo cuando leímos en los periódicos la
ociosa historia de que la estrella de Belén había aparecido de nuevo.
Al investigar descubrimos que era únicamente “la estrella de la mañana”;
pero, después de todo, no se había cometido un grave error.
Es
mejor ver a Jesús como el sol; pero cuando no podemos hacerlo, lo
segundo mejor es verlo como la estrella que profetiza el día, y muestra
que la luz eterna está cerca a la mano. Si yo no soy hoy todo lo que
deseo ser, sin embargo, veo a Jesús, y eso me asegura que un día seré
como Él. Ver a Jesús por fe, es la garantía de contemplarlo en Su gloria
y de ser transformado en Su imagen. Si no tengo en esta hora toda la
luz y el gozo que podría desear, sé que los tendré, pues tan ciertamente
como veo la estrella de la mañana, veré el día. La estrella de la
mañana nunca está lejos del sol.
Vamos,
alma mía, ¿te ha dado el Señor la estrella de la mañana? ¿Sostienes
firmemente esa verdad, esa gracia, esa esperanza y ese amor que el Señor
te ha dado? Entonces, en esto, tienes el amanecer de la gloria
venidera. Quien te hace vencer al mal y perseverar en justicia, te ha
dado en ello la estrella de la mañana.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Pro 27:18 Quien cuida la higuera comerá higos, Y el que custodia a su amo recibirá honores (BTx 3)
“Quien cuida la higuera comerá su fruto, y el que mira por los intereses de su señor, tendrá honra.” Pro_27:18.
El
que vela por la higuera, recibe higos a cambio de sus preocupaciones, y
el que mira por los intereses de un buen señor, recibe honor como
recompensa. Verdaderamente el Señor Jesús es el mejor de todos los
señores, y es un honor que se le permita a alguien hacer el más nimio
acto por Su causa. Servir a ciertos señores es como velar por manzanos
silvestres y comer manzanas amargas como salario; pero servir a mi
Señor Jesús es cuidar una higuera que produce los más dulces higos. Su
servicio es en sí mismo un deleite, la continuación de ese servicio es
una promoción, y el éxito en ese servicio es la bendición aquí abajo, y
la recompensa por ese servicio es la gloria arriba.
Nuestros
más grandes honores serán recogidos en aquel tiempo cuando los higos
estén maduros, en el mundo venidero. Los ángeles que son ahora nuestros
servidores nos llevarán a casa cuando nuestro día de trabajo hubiere
concluido. El cielo donde está Jesús, será nuestra honorable mansión, la
eterna bienaventuranza será nuestra honorable porción, y el propio
Señor será nuestro honorable compañero. ¿Quién podría imaginar el pleno
significado de esta promesa: “el que mira por los intereses de su señor,
tendrá honra”?
Señor,
ayúdame a mirar por los intereses de mi Maestro. Haz que deje toda idea
de honor para la hora cuando Tú mismo me honrarás. ¡Que Tu Santo
Espíritu me convierta en un obrero y un servidor humilde y paciente!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Gén 49:19 Gad, salteadores lo asaltarán, Mas él asaltará al final (BTx 3)
“Gad, ejército lo acometerá; mas él acometerá al fin.” Gén_49:19.
Algunos
de nosotros hemos sido como la tribu de Gad. Por un tiempo nuestros
adversarios fueron demasiado numerosos para nosotros, y vinieron en
contra nuestra como una tropa. Sí, y por un tiempo nos acometieron y
mostraron gran exultación por causa de su victoria temporal. Con eso
únicamente demostraron que la primera parte de la herencia familiar es
nuestra realmente, pues el pueblo de Cristo, como Dan, será acometido
por una tropa. Ser acometido es muy doloroso, y habríamos desesperado,
si no hubiésemos creído por fe, en la segunda parte de la bendición de
nuestro padre, “él acometerá al fin.” “Bien está lo que bien acaba”,
dijo el poeta del mundo; y dijo la verdad. Una guerra ha de ser juzgada,
no por los primeros éxitos o reveses, sino por lo que ocurre “al fin”.
El Señor dará la victoria a la verdad y a la justicia “al fin”; y, como
dice el señor Bunyan, eso quiere decir para siempre, pues nada puede
sobrevenir después del fin.
Lo
que necesitamos es una paciente perseverancia en hacer el bien, y una
tranquila confianza en nuestro glorioso Capitán. Cristo, nuestro Señor
Jesús, quiere enseñarnos Su arte santa de poner nuestros rostros como un
pedernal para completar nuestra obra o para atravesar nuestro
sufrimiento hasta que podamos decir: “consumado es.” Aleluya.
¡Victoria! ¡Victoria! Nosotros creemos en la promesa. “Él acometerá al fin.”
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Heb 13:6 De manera que podemos decir osadamente: El Señor es mi ayudador, no temeré. ¿Qué me puede hacer el hombre? (BTx 3)
“De manera que podemos decir confiadamente: el Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.” Heb_13:6.
Debido
a que el Señor nunca nos dejará ni nos abandonará, hemos de estar muy
contentos con las cosas que tenemos. Puesto que el Señor es nuestro, no
nos podemos quedar sin ningún amigo, sin ningún tesoro y sin ninguna
morada. Esta seguridad debe hacernos sentir que somos muy independientes
de los hombres. Contando con tal amparo, no nos sentimos tentados a
amedrentarnos delante de nuestros semejantes, ni a pedirles permiso para
considerar a nuestras vidas como nuestras propias vidas; por el
contrario, lo que decimos, lo decimos valerosamente, y desafiamos la
contradicción.
El
que teme a Dios no tiene nada más que temer. Hemos de vivir en tal
temor del Dios vivo, que todas las amenazas que pudieran ser usadas por
el más altivo perseguidor no deberían tener más efecto en nosotros que
el silbido del viento. El hombre en estos días no puede hacer tanto en
contra nuestra como lo que podía hacer cuando el apóstol escribió el
versículo que encabeza esta reflexión. El potro de tormento y la hoguera
están fuera de moda. El Gigante llamado el Papa no puede quemar a los
peregrinos ahora. Si los seguidores de falsos maestros intentan la cruel
burla y el escarnio, no nos sorprendemos por ello, pues los hombres de
este mundo no pueden amar a la simiente celestial. ¿Qué pasa entonces?
Debemos soportar el escarnio del mundo. El escarnio no quiebra ningún
hueso. Con la ayuda de Dios, seamos valerosos, y cuando el mundo se
enfurezca, que lo haga, pero no debemos tenerle miedo.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Sal 33:21 Por tanto, en Él se alegrará nuestro corazón, Porque en su santo Nombre hemos confiado (BTx 3)
“Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado.” Sal_33:21.
La
raíz de la fe produce la flor del gozo del corazón. Tal vez al
principio no nos regocijemos, pero llega a su debido tiempo. Confiamos
en el Señor cuando estamos tristes, y en su debido momento, Él responde
de tal manera a nuestra confianza que nuestra fe se logra cumplidamente y
nosotros nos regocijamos en el Señor. La duda engendra zozobra, pero la
confianza significa gozo a la larga.
La
seguridad expresada por el Salmista en este versículo, es realmente una
promesa entregada en las manos de la santa confianza. Oh que recibamos
gracia para apropiarnos de ella. No obstante que no nos regocijemos en
este momento, lo haremos, tan ciertamente como que el Dios de David es
nuestro Dios.
Debemos
meditar en el santo nombre del Señor, para que podamos confiar más en
Él y para que podamos regocijarnos más prestamente. Él es en carácter
santo, justo, verdadero, misericordioso, fiel e inmutable. ¿Acaso no
hemos de confiar en un Dios así?
Él
es omnisciente, todopoderoso y omnipresente; ¿no podemos confiar en Él
alegremente? Sí, eso haremos de inmediato, y lo haremos sin reservas.
Jehová-jireh proveerá, Jehová-salom enviará la paz, Jehová-tsidkenu
justificará, Jehová-sama estará por siempre cerca, y en Jehová-nisi
venceremos a cualquier enemigo. Quienes conocen Tu nombre confiarán en
Ti; y quienes confíen en Ti se regocijarán en Ti, oh Señor.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Mat 20:7 Le dicen: Porque nadie nos ha contratado. Les dice: Id también vosotros a la viña (BTx 3)
“Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo.” Mat_20:7.
Sí,
hay trabajo para cuerpos envejecidos en la viña de Cristo. Es la hora
undécima, y, sin embargo, Él nos permitirá trabajar. ¡Qué grandiosa
gracia es esta! ¡Ciertamente toda persona
anciana debería apresurarse a aceptar esta invitación! Cuando los
hombres tienen una edad avanzada nadie los quiere como trabajadores; van
de taller en taller, y los patronos miran sus cabellos grises y menean
su cabeza. ¡Pero Jesús contrata a la gente vieja, y les da también
buenos salarios! Esto es verdadera misericordia. Señor, ayuda a los edad
avanzada a alistarse en Tu servicio sin demora ni siquiera de una
hora.
¿Pero
pagará salarios el Señor a viejos individuos cansados? No lo dudes. Él
dice que te dará lo que sea justo si trabajas en Su viña. Él en verdad
te dará gracia aquí y gloria en el más allá. Él concederá alivio
presente y descanso futuro; la fuerza que necesites en tu día, y una
visión de gloria cuando la noche de la muerte llegue. Todas estas cosas
dará el Señor muy libremente tanto al convertido de edad avanzada como
al que entra a Su servicio en su juventud.
He
de decir esto a algún anciano o anciana que no sean salvos, y pedirle
al Señor que bendiga mis palabras, por el Señor Jesús. ¿Dónde puedo
encontrar a ese tipo de personas? Estaré buscándolas atentamente, para
decirles amablemente las nuevas.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
