Sal
138:7 Aunque yo ande en medio de la angustia, Tú me vivificarás,
Extenderás tu mano frente a la ira de mis enemigos, Y me salvará tu
diestra (BTx 3)
“Si
anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; contra la ira
de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará tu diestra.”
Sal_138:7.
Desdichado
es andar en medio de la angustia. No, es un bendito andar, puesto que
hay una promesa especial para ese andar. Si cuento con una promesa,
entonces, ¿cuál es el problema? ¿Qué es lo que aquí me enseña el Señor?
Pues me enseña esto: “Tú me vivificarás.” Tendré más vida, más energía,
más fe. ¿Acaso no sucede con frecuencia que la angustia nos vivifica
como una bocanada de aire fresco, cuando uno está a punto de
desfallecer?
¡Cuán
airados están mis enemigos y especialmente el archienemigo! ¿Extenderé
mi mano para luchar con mis enemigos? No, mi mano está mejor empleada
cuando sirve a mi Señor. Además, no tengo necesidad de extenderla, pues
el Señor usará Su brazo que tiene largo alcance, y Él tratará con mis
enemigos mucho mejor de lo que yo lo haría si lo intentara. “Mía es la
venganza, yo pagaré, dice el Señor.” Él me salvará con Su propia diestra
de poder y sabiduría, ¿y qué más podría desear?
Vamos,
corazón mío, repite para ti mismo esta promesa hasta que puedas usarla
como el himno de tu confianza y el solaz de tu soledad. Pide para que tú
mismo seas vivificado, y dejes todo lo demás al Señor, que hace todo
por ti.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Ecl
11:3 Si las nubes están llenas de lluvia, Se vaciarán sobre la tierra, Y
si un árbol cae hacia el sur o hacia el norte, En el lugar donde caiga
quedará (BTx 3)
“Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra la derramarán.” Ecl_11:3.
¿Por
qué, entonces, sentimos miedo de las nubes que oscurecen ahora nuestro
firmamento? Es verdad que por un momento ocultan al sol, pero el sol no
se ha apagado; brillará de nuevo en breve. Mientras tanto, esas nubes
negras están llenas de lluvia; y entre más negras estén, más
probablemente derramarán una abundante lluvia. ¿Cómo podríamos tener
lluvia sin nubes?
Nuestros
problemas siempre nos han acarreado bendiciones, y siempre lo harán.
Son los carruajes negros de la gracia resplandeciente. Estas nubes se
vaciarán dentro de poco, y toda la tierna hierba estará jubilosa por la
lluvia. Puede ser que el Señor nos remoje con aflicción, pero no nos
ahogará con ira; más bien, Él nos refrescará con misericordia. Las
cartas de amor de nuestro Señor, nos llegan a menudo en sobres con
bordes negros. Sus carruajes avanzan con estruendo, pero están cargados
de beneficios. Su vara florece con tiernas flores y fruto s nutritivos.
No hemos de preocuparnos de las nubes, sino que debemos cantar porque
nos son entregadas las flores de Mayo gracias a las nubes y a las
lluvias de Abril.
¡Oh
Señor, las nubes son el polvo de Tus pies! ¡Cuán cerca estás Tú en el
día nublado y oscuro! El amor te contempla, y se alegra. La Fe ve que
las nubes se vacían y alegran a los pequeños montes por doquier.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Isa
45:2 Yo iré delante de ti, y allanaré los lugares escabrosos, Quebraré
los batientes de bronce, y haré pedazos las barras de hierro (BTx 3)
“Yo
iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré
puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos.” Isa_45:2.
Esto
estaba dirigido a Ciro; pero es para siempre la herencia de todos lo s
propios siervos espirituales del Señor. Sólo hemos de seguir adelante
por fe, y nuestro camino será allanado para nosotros. Las torceduras y
las curvas de la astucia humana y de la sutileza satánica serán
enderezadas para nosotros; no necesitaremos pisar sus tortuosos
recovecos. Las puertas de bronce serán quebrantadas, y los cerrojos de
hierro que las aseguran serán hechos pedazos. No necesitaremos arietes
ni barras de hierro: el propio Señor hará lo imposible por nosotros, y
lo inesperado será un hecho.
No
hemos de quedarnos paralizados, sumidos en un miedo cobarde. Hemos de
esforzarnos en el sendero del deber, pues el Señor lo ha dicho: “Yo iré
delante de ti”.
No
nos corresponde a nosotros razonar por qué; nuestra responsabilidad es
atrevernos y proseguir adelante. Es la obra del Señor, y Él nos
habilitará para llevarla a cabo: todos los impedimentos habrán de ceder
delante de Él. ¿Acaso no ha dicho: “Quebrantaré puertas de bronce”? ¿Qué
cosa podría obstaculizar Su propósito o frustrar Sus decretos? Aquellos
que sirven a Dios tienen infinitos recursos. El camino está allanado
para la fe aunque esté trancado para la fuerza humana. Cuando Jehová
dice: “Yo haré”, como lo hace dos veces en esta promesa, no nos
atrevemos a dudar.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Jer
15:19 Entonces me respondió YHVH: Si te vuelves, Yo te restauraré, Para
que puedas estar en pie delante de mi presencia; Si apartas lo precioso
de lo vil, Serás mi boca. ¡Conviértanse ellos a ti, Y no te conviertas
tú a ellos! (BTx 3)
“Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.” Jer_15:19.
¡Pobre
Jeremías! Pero, ¿por qué decimos eso? El profeta llorón fue uno de los
siervos más especiales de Dios, y fue honrado por Él por encima de
muchos. Jeremías era odiado por decir la verdad. La palabra que era muy
dulce para él, era amarga para sus oyentes; sin embargo Jeremías era
aceptado por su Señor. Se le había ordenado que permaneciera siendo
fiel, y entonces el Señor continuaría hablando por medio de Jeremías.
Tenía que tratar valerosa y fielmente con los hombres, y llevar a cabo
el trabajo de limpieza del Señor en relación a los profesantes de su
día, y entonces el Señor le dio esta palabra: “Serás como mi boca.”
¡Cuán
grande honor! ¿Acaso no debería ambicionarlo cada predicador, sí, cada
creyente? ¡Qué maravilla es que Dios hable por nosotros! Expondremos una
verdad segura y pura, y la diremos con poder. Nuestra palabra no
regresará vacía; será una bendición para aquellos que la reciban, y
quienes la rechacen lo harán bajo su propio riesgo. Nuestros labios
alimentarán a muchos. Despertaremos a los que duermen y llamaremos a
vida a los muertos.
Oh,
querido lector, ora para que esto suceda con el que escribe estas
líneas, y con todos los siervos enviados por nuestro Señor.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Joe
2:25 Os restituiré los años que devoró el saltón, El saltamontes, el
cigarrón y la langosta,° Mi gran ejército que envié contra vosotros (BTx
3)
“Y os restituiré los años que comió la oruga.” Joe_2:25.
Sí,
esos años desperdiciados por cuya causa suspiramos, nos serán
restaurados. Dios puede darnos una gracia tan abundante, que, en lo que
resta de nuestros días, podremos acumular un servicio que compense todos
aquellos años de impiedad, por los que gemimos en humilde penitencia.
Las
orugas de la rebeldía, de la mundanalidad y de la tibieza, son ahora
vistas por nosotros como una terrible plaga. ¡Oh, que nunca se nos
hubieran acercado! El Señor, en Su misericordia, las ha eliminado de
nosotros, y estamos llenos de celo por servirle.
Bendito
sea Su nombre porque podremos levantar tales cosechas de gracias
espirituales, que harán que nuestra esterilidad anterior desaparezca.
Por medio de una copiosa gracia, podremos sacar provecho de nuestra
amarga experiencia y usarla para advertir a otros.
Debido
a nuestras deficiencias anteriores, podremos quedar más arraigados en
la humildad, en la dependencia infantil y en la espiritualidad
penitente. Si nos volvemos más vigilantes, celosos y tiernos, ganaremos
por causa de nuestras lamentables pérdidas. Los años desperdiciados
pueden ser restaurados por un milagro de amor. ¿Les parece una bendición
demasiado grande? Creamos en eso y vivamos para eso y todavía podremos
realizarlo, así como Pedro se volvió un hombre mucho más útil después de
que su presunción fue curada por su manifiesta debilidad. Señor,
ayúdanos por Tu gracia.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Pro 28:10 El que extravía al recto por el mal camino, Caerá en su propia fosa, Pero los íntegros heredarán el bien (BTx 3)
“Mas los perfectos heredarán el bien.” Pro_28:10
El
Libro de Proverbios es también un Libro de Promesas. Las promesas deben
ser proverbios para el pueblo de Dios. Esta promesa es muy notable.
Estamos acostumbrados a pensar en nuestras buenas cosas como
reversibles, pero aquí se nos dice que las tendremos en posesión.
Ni
toda la malicia y la astucia de nuestros enemigos pueden obrar nuestra
destrucción: ellos caerán en el hoyo que han cavado. Nuestra herencia
está tan vinculada a nosotros que no seremos privados de ella, ni
seremos desviados del camino como para no encontrarla.
Pero,
¿qué tenemos ahora? Tenemos una conciencia tranquila por medio de la
sangre preciosa de Jesús. Tenemos el amor de Dios fijado en nosotros más
allá de todo cambio.
Tenemos
poder con Dios en la oración, en todo tiempo de necesidad. Tenemos la
providencia de Dios que nos vigila, los ángeles de Dios que nos
ministran, y, sobre todo, el Espíritu de Dios que mora en nosotros. De
hecho, todas las cosas son nuestras: “Sea lo presente, sea lo porvenir,
todo es vuestro.” Jesús es nuestro. Sí, la divina Trinidad en Unidad es
nuestra. Aleluya. No debemos desfallecer ni gemir, ni escatimar ni
trabajar como esclavos, puesto que tenemos la posesión de cosas buenas.
Vivamos de nuestro Dios y regocijémonos en Él todo el día. ¡Ayúdanos, oh
Espíritu Santo!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” Mat_5:7.
No
es bueno que el hombre que no quiera perdonar sea perdonado, y que
quien no quiera dar a los pobres vea sus propias necesidades subsanadas.
Dios nos medirá con nuestra propia medida, y aquellos que han sido
duros señores y duros acreedores, descubrirán que el Señor tratará
duramente con ellos. “Porque juicio sin misericordia se hará con aquel
que no hiciere misericordia.”
En
este día, tratemos de dar y de perdonar. Hemos de ocuparnos en estos
dos verbos: tolerar y soportar. Hemos de ser amables, y benévolos y
tiernos. No malinterpretemos la conducta de los demás, ni impongamos
onerosos contratos, ni iniciemos insensatas querellas, ni seamos
demasiado exigentes. Ciertamente deseamos ser bendecidos, y también
necesitamos obtener misericordia: seamos misericordiosos para que
alcancemos misericordia. Cumplamos con la condición, para que recibamos
la bienaventuranza. ¿Acaso no es un deber agradable ser amable? ¿Acaso
no hay mucho más dulzura en eso que en estar enfadados y ser mezquinos?
Vamos, ¡hay una beatitud en la cosa misma! Además, la obtención de
misericordia es una rica recompensa.
¿Quién,
con la excepción de la gracia soberana, podría sugerir una promesa como
esta? Nosotros somos misericordiosos a nuestros semejantes mortales en
cosas de centavos, y
el Señor nos perdona “toda aquella deuda”.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
