jueves, 22 de mayo de 2014

Un himno de tu confianza


Sal 138:7 Aunque yo ande en medio de la angustia, Tú me vivificarás, Extenderás tu mano frente a la ira de mis enemigos, Y me salvará tu diestra (BTx 3)

“Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará tu diestra.”  Sal_138:7.

 
Desdichado es andar en medio de la angustia. No, es un bendito andar, puesto que hay una promesa especial para ese andar. Si cuento con una promesa, entonces, ¿cuál es el problema? ¿Qué es lo que aquí me enseña el Señor? Pues me enseña esto: “Tú me vivificarás.” Tendré más vida, más energía, más fe. ¿Acaso no sucede con frecuencia que la angustia nos vivifica como una bocanada de aire fresco, cuando uno está a punto de desfallecer? 
¡Cuán airados están mis enemigos y especialmente el archienemigo! ¿Extenderé mi mano para luchar con mis enemigos? No, mi mano  está mejor empleada cuando sirve a mi Señor. Además, no tengo necesidad de extenderla, pues el Señor usará Su brazo que tiene largo alcance, y Él tratará con mis enemigos mucho mejor de lo que yo lo haría si lo intentara. “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” Él me salvará con Su propia diestra de poder y sabiduría, ¿y qué más podría desear?
Vamos, corazón mío, repite para ti mismo esta promesa hasta que puedas usarla como el himno de tu confianza y el solaz de tu soledad. Pide para que tú mismo seas vivificado, y dejes todo lo demás al Señor, que hace todo por ti. 

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román



 


miércoles, 21 de mayo de 2014

Los carruajes negros de la gracia resplandeciente



Ecl 11:3 Si las nubes están llenas de lluvia, Se vaciarán sobre la tierra, Y si un árbol cae hacia el sur o hacia el norte, En el lugar donde caiga quedará (BTx 3)


“Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra la derramarán.”  Ecl_11:3.

 

¿Por qué, entonces, sentimos miedo de las nubes que oscurecen ahora nuestro firmamento? Es verdad que por un momento ocultan al sol, pero el sol no se ha apagado; brillará de nuevo en breve. Mientras tanto, esas nubes negras están llenas de lluvia; y entre más negras estén, más probablemente derramarán una abundante lluvia. ¿Cómo podríamos tener lluvia sin nubes?
Nuestros problemas siempre nos han acarreado bendiciones, y siempre lo harán. Son los carruajes negros de la gracia resplandeciente. Estas nubes se vaciarán dentro de poco, y toda la tierna hierba estará jubilosa por la lluvia. Puede ser que el Señor nos remoje con aflicción, pero no nos ahogará con ira; más bien, Él nos refrescará con misericordia. Las cartas de amor de nuestro Señor, nos llegan a menudo en sobres con bordes negros. Sus carruajes avanzan con estruendo, pero están cargados de beneficios. Su vara florece con tiernas flores y fruto s nutritivos. No hemos de preocuparnos de las nubes, sino que debemos cantar porque nos son entregadas las flores de Mayo gracias a las nubes y a las lluvias de Abril.
¡Oh Señor, las nubes son el polvo de Tus pies! ¡Cuán cerca estás Tú en el día nublado y oscuro! El amor te contempla, y se alegra. La Fe ve que las nubes se vacían y alegran a los pequeños montes por doquier. 

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román









 

martes, 20 de mayo de 2014

El camino está allanado


Isa 45:2 Yo iré delante de ti, y allanaré los lugares escabrosos, Quebraré los batientes de bronce, y haré pedazos las barras de hierro (BTx 3)

“Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos.”  Isa_45:2.

 
Esto estaba dirigido a Ciro; pero es para siempre la herencia de todos lo s propios siervos espirituales del Señor. Sólo hemos de seguir adelante por fe, y nuestro camino será allanado para nosotros. Las torceduras y las curvas de la astucia humana y de la sutileza satánica serán enderezadas para nosotros; no necesitaremos pisar sus tortuosos recovecos. Las puertas de bronce serán quebrantadas, y los cerrojos de hierro que las aseguran serán hechos pedazos. No necesitaremos arietes ni barras de hierro: el propio Señor hará lo imposible por nosotros, y lo inesperado será un hecho. 
No hemos de quedarnos paralizados, sumidos en un miedo cobarde. Hemos de esforzarnos en el sendero del deber, pues el Señor lo ha dicho: “Yo iré delante de ti”.
No nos corresponde a nosotros razonar por qué; nuestra responsabilidad es atrevernos y proseguir adelante. Es la obra del Señor, y Él nos habilitará para llevarla a cabo: todos los impedimentos habrán de ceder delante de Él. ¿Acaso no ha dicho: “Quebrantaré puertas de bronce”? ¿Qué cosa podría obstaculizar Su propósito o frustrar Sus decretos? Aquellos que sirven a Dios tienen infinitos recursos. El camino está allanado para la fe aunque esté trancado para la fuerza humana. Cuando Jehová dice: “Yo haré”, como lo hace dos veces en esta promesa, no nos atrevemos a dudar. 

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


 


lunes, 19 de mayo de 2014

¡Cuán grande honor!


Jer 15:19 Entonces me respondió YHVH: Si te vuelves, Yo te restauraré, Para que puedas estar en pie delante de mi presencia; Si apartas lo precioso de lo vil, Serás mi boca. ¡Conviértanse ellos a ti, Y no te conviertas tú a ellos! (BTx 3)

“Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo
precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.”  Jer_15:19.

¡Pobre Jeremías! Pero, ¿por qué decimos eso? El profeta llorón fue uno de los siervos más especiales de Dios, y fue honrado por Él por encima de muchos. Jeremías era odiado por decir la verdad. La palabra que era muy dulce para él, era amarga para sus oyentes; sin embargo Jeremías era aceptado por su Señor. Se le había ordenado que permaneciera siendo fiel, y entonces el Señor continuaría hablando por medio de Jeremías. Tenía que tratar valerosa y fielmente con los hombres, y llevar a cabo el trabajo de limpieza del Señor en relación a los profesantes de su día, y entonces el Señor le dio esta palabra: “Serás como mi boca.”
¡Cuán grande honor! ¿Acaso no debería ambicionarlo cada predicador, sí, cada creyente? ¡Qué maravilla es que Dios hable por nosotros! Expondremos una verdad segura y pura, y la diremos con poder. Nuestra palabra no regresará vacía; será una bendición para aquellos que la reciban, y quienes la rechacen lo harán bajo su propio riesgo. Nuestros labios alimentarán a muchos. Despertaremos a los que duermen y llamaremos a vida a los muertos. 
Oh, querido lector, ora para que esto suceda con el que escribe estas líneas, y con todos los siervos enviados por nuestro Señor.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

 
 


domingo, 18 de mayo de 2014

Dios restituye


Joe 2:25 Os restituiré los años que devoró el saltón, El saltamontes, el cigarrón y la langosta,° Mi gran ejército que envié contra vosotros (BTx 3)

“Y os restituiré los años que comió la oruga.”  Joe_2:25.

Sí, esos años desperdiciados por cuya causa suspiramos, nos serán restaurados. Dios puede darnos una gracia tan abundante, que, en lo que resta de nuestros días, podremos acumular un servicio que compense todos aquellos años de impiedad, por los que gemimos en humilde penitencia. 
Las orugas de la rebeldía, de la mundanalidad y de la tibieza, son ahora vistas por nosotros como una terrible plaga. ¡Oh, que nunca se nos hubieran acercado! El Señor, en Su misericordia, las ha eliminado de nosotros, y estamos llenos de celo por servirle.
Bendito sea Su nombre porque podremos levantar tales cosechas de gracias espirituales, que harán que nuestra esterilidad anterior desaparezca. Por medio de una copiosa gracia, podremos sacar provecho de nuestra amarga experiencia y usarla para advertir a otros.
Debido a nuestras deficiencias anteriores, podremos quedar más arraigados en la humildad, en la dependencia infantil y en la espiritualidad penitente. Si nos volvemos más vigilantes, celosos y tiernos, ganaremos por causa de nuestras lamentables pérdidas. Los años desperdiciados pueden ser restaurados por un milagro de amor. ¿Les parece una bendición demasiado grande? Creamos en eso y vivamos para eso y todavía podremos realizarlo, así como Pedro se volvió un hombre mucho más útil después de que su presunción fue curada por su manifiesta debilidad. Señor, ayúdanos por Tu gracia.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


 


sábado, 17 de mayo de 2014

Heredarán el bien


Pro 28:10 El que extravía al recto por el mal camino, Caerá en su propia fosa, Pero los íntegros heredarán el bien (BTx 3)

“Mas los perfectos heredarán el bien.”  Pro_28:10

 
El Libro de Proverbios es también un Libro de Promesas. Las promesas deben ser proverbios para el pueblo de Dios. Esta promesa es muy notable. Estamos acostumbrados a pensar en nuestras buenas cosas como reversibles, pero aquí se nos dice que las tendremos en posesión. 
Ni toda la malicia y la astucia de nuestros enemigos pueden obrar nuestra destrucción: ellos caerán en el hoyo que han cavado. Nuestra herencia está tan vinculada a nosotros que no seremos privados de ella, ni seremos desviados del camino como para no encontrarla. 
Pero, ¿qué tenemos ahora? Tenemos una conciencia tranquila por medio de la sangre preciosa de Jesús. Tenemos el amor de Dios fijado en nosotros más allá de todo cambio.
Tenemos poder con Dios en la oración, en todo tiempo de necesidad. Tenemos la providencia de Dios que nos vigila, los ángeles de Dios que nos ministran, y, sobre todo, el Espíritu de Dios que mora en nosotros. De hecho, todas las cosas son nuestras: “Sea lo presente, sea lo porvenir, todo es vuestro.” Jesús es nuestro. Sí, la divina Trinidad en Unidad es nuestra. Aleluya. No debemos desfallecer ni gemir, ni escatimar ni trabajar como esclavos, puesto que tenemos la posesión de cosas buenas. Vivamos de nuestro Dios y regocijémonos en Él todo el día. ¡Ayúdanos, oh Espíritu Santo!

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

 
 


viernes, 16 de mayo de 2014

Toda aquella deuda


“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” Mat_5:7.

No es bueno que el hombre que no quiera perdonar sea perdonado, y que quien no quiera dar a los pobres vea sus propias necesidades subsanadas. Dios nos medirá con nuestra propia medida, y aquellos que han sido duros señores y duros acreedores, descubrirán que el Señor tratará duramente con ellos. “Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia.”
En este día, tratemos de dar y de perdonar. Hemos de ocuparnos en estos dos verbos: tolerar y soportar. Hemos de ser amables, y benévolos y tiernos. No malinterpretemos la conducta de los demás, ni impongamos onerosos contratos, ni iniciemos insensatas querellas, ni seamos demasiado exigentes. Ciertamente deseamos ser bendecidos, y también necesitamos obtener misericordia: seamos misericordiosos para que alcancemos misericordia. Cumplamos con la condición, para que recibamos la bienaventuranza. ¿Acaso no es un deber agradable ser amable? ¿Acaso no hay mucho más dulzura en eso que en estar enfadados y ser mezquinos?  Vamos, ¡hay una beatitud en la cosa misma! Además, la obtención de misericordia es una rica recompensa.
¿Quién, con la excepción de la gracia soberana, podría sugerir una promesa como esta? Nosotros somos misericordiosos a nuestros semejantes mortales en cosas de centavos, y
el Señor nos perdona “toda aquella deuda”.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román