“Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.” Mar_1:17.
Únicamente
viniendo en pos de Jesús podemos obtener el deseo de nuestro corazón, y
ser realmente útiles para nuestros semejantes. ¡Oh, cómo anhelamos ser
pescadores exitosos para Jesús! Quisiéramos sacrificar nuestras vidas
para ganar almas. Pero somos tentados
a probar métodos que Jesús nunca habría probado. ¿Cederemos ante esta
sugerencia del enemigo? Si así fuera, podríamos chapotear en el agua,
pero no sacaríamos nunca ningún pez. Hemos de ir en pos de Jesús si
queremos tener éxito. Los métodos sensacionalistas, los
entretenimientos, y cosas parecidas: ¿implica todo esto ir en pos de
Jesús? ¿Podemos imaginar al Señor atrayendo una congregación mediante
tales medios como los que son usados ahora comúnmente? ¿Cuál es el
resultado de tales recursos? El resultado no es nada que Jesús tomará en
cuenta en el último gran día.
Hemos
de apegarnos a nuestra predicación como lo hizo nuestro Maestro, pues
por este medio, las almas son salvadas. Debemos predicar la doctrina de
nuestro Señor, y proclamar un Evangelio completo y libre; pues esta es
la red en las que las almas serán pescadas. Debemos predicar con Su
benignidad, valor, y amor; pues este el secreto del éxito con los
corazones de los hombres. Hemos de trabajar bajo la unción divina,
dependiendo del sagrado Espíritu. Así, viniendo en pos de Jesús, y no
corriendo delante de Él, ni junto a Él, seremos pescadores de hombres.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Gén
32:12 Pero Tú mismo dijiste: De cierto te haré bien y pondré tu
descendencia como la arena del mar, que por ser tanta no se puede
contar (BTx 3)
“Y tú has dicho: Yo te haré bien.” Gén_32:12.
Esta
es la vía segura de prevalecer con el Señor en la oración: podemos
recordarle humildemente lo que Él ha dicho. Nuestro Dios fiel nunca se
retractará de Su palabra, ni la dejará sin cumplimiento; sin embargo, Él
quiere que Su pueblo le pida y le recuerde Su promesa. Esto es un
refrigerio para la memoria del pueblo, es un avivamiento a su fe, y una
renovación de su esperanza. La palabra de Dios es dada, no para Su
beneficio, sino para el nuestro. Sus propósitos están establecidos, y no
necesita nada que lo obligue a Su designio de hacer el bien a Su
pueblo; pero Él da la promesa para nuestro fortalecimiento y consuelo.
Por esta razón Él desea que argumentemos la promesa, y que le digamos:
“Tú has dicho.” “Yo
te haré bien” es justamente la esencia de todos los dichos
misericordiosos del Señor. Hay un especial énfasis en la certeza. Él nos
hará bien, un bien real, un bien duradero, sólo el bien y toda clase de
bien. No s hará bien, y esto es hacernos bien en el grado más alto
posible. Él nos tratará como lo hace con los santos mientras estemos
aquí, y eso es el bien. Pronto nos llevará para que estemos con Jesús y
con todos Sus elegidos, y eso es un bien supremo. Con esta promesa en
nuestros corazones, no hemos de temer al airado Esaú, ni a nadie más. Si
el Señor nos hará bien, ¿quién podría hacernos daño?
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
2Pe
1:8 Porque si estas cualidades están en vosotros y abundan, no os
dejarán estar ociosos ni estériles en el conocimiento pleno de Jesús el
Mesías, nuestro Señor.
“Porque
si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar
ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor
Jesucristo.” 2Pe_1:8.
Si
deseamos glorificar a nuestro Señor con muchos frutos, hemos de poseer
ciertas cosas dentro de nosotros, pues nada puede salir de nosotros que
no esté previamente dentro de nosotros. Debemos comenzar con la fe, que
es el fundamento de todas las virtudes; y luego añadir diligentemente a
la fe virtud, conocimiento, dominio propio y paciencia. Junto a todas
ellas, hemos de tener piedad y afecto fraternal. Todas estas cosas
juntas nos conducirán a producir con toda certeza, como fruto de nuestra
vida, los racimos de la utilidad, y no seremos meros conocedores
ociosos, sino hacedores reales de la palabra. Estas cosas santas no
solamente han de estar en nosotros, sino que han de abundar, o seremos
estériles. El fruto es el derramamiento de la vida, y hemos de estar
llenos antes de que podamos desbordar.
Hemos
observado a algunos hombres de considerables dotes y oportunidades que
nunca han tenido éxito en hacer un bien real en la conversión de las
almas; y después de un diligente escrutinio hemos concluido que carecían
de ciertas gracias que son absolutamente esenciales para dar fruto. Las
gracias de una utilidad real son mejores que los dones. Según es el
hombre, así es su trabajo. Si queremos tener mayor utilidad, debemos
ser mejores. Este texto debe ser una delicada insinuación para los
profesantes estériles, y para mí también.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Éxo 23:25 Serviréis a YHVH vuestro Dios, y Él bendecirá tu pan y tu agua, y apartaré la enfermedad de en medio de ti. (BTx 3)
“Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas.” Éxo_23:25.
¡Qué
promesa es esta! Servir a Dios, en sí mismo, es un excelso deleite.
Pero ¡qué inmenso privilegio es que la bendición del Señor descanse
sobre nosotros en todas las cosas! Nuestras cosas más comunes se vuelven
benditas cuando nosotros mismos somos consagrados al Señor. Nuestro
Señor Jesús tomó el pan y lo bendijo; he aquí, nosotros también comemos
del pan bendito. Jesús bendijo el agua y la convirtió en vino: el agua
que bebemos es mucho mejor para nosotros que cualquier vino con el que
los hombres celebran; cada gota contiene una bendición. La bendición
divina está en el hombre de Dios en todo, y permanecerá con él en todo
momento.
¡Qué
importa si sólo contamos con pan y agua! Pues se trata de pan y agua
benditos. Pan y agua tendremos. Esto está implícito, pues tienen que
estar allí para que el Señor los bendiga. “Se te dará tu pan, y tus
aguas serán seguras.” Con Dios a nuestra mesa, no solamente pedimos una
bendición, sino que tenemos una. No es sólo en el altar, sino también en
la mesa, que Él nos bendice. Él sirve bien a quienes le sirven bien.
Esta bendición de la mesa no es por deuda, sino por gracia. En verdad,
hay una gracia triple: Él nos concede gracia para servirle, por Su
gracia nos alimenta con pan, y luego, en Su gracia lo bendice.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Deu
28:12 YHVH te abrirá su buen tesoro de los cielos para dar lluvia a tu
tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Prestarás a
muchas naciones, pero tú no tomarás prestado (BTx 3)
“Te abrirá Jehová su buen tesoro.” Deu_28:12.
Esto
se refiere primero a la lluvia. Él Señor la dará a su tiempo. La lluvia
es el emblema de todos esos refrigerios celestiales que el Señor está
presto a otorgar a Su pueblo. ¡Oh, que tengamos una lluvia copiosa que
refresque la herencia del Señor!
Pareciera
que pensamos que la tesorería de Dios únicamente puede ser abierta por
un gran profeta como Elías, pero no es así, pues esta promesa es para
todos los fieles de Israel, y, en verdad, para cada uno de ellos. Oh
amigo creyente, “Te abrirá Jehová su buen tesoro.” Tú también puedes ver
el cielo abierto, y meter tu mano y tomar tu porción, sí, y una porción
para todos tus hermanos a tu alrededor. Pide lo que quieras, y no te
será negado, si permaneces en Cristo, y Sus palabras permanecen en ti.
Todavía
no has conocido todos los tesoros de tu Señor, pero Él los abrirá para
tu entendimiento. Ciertamente todavía no has gozado la plenitud de las
riquezas del pacto, pero Él dirigirá tu corazón hacia Su amo r, y
revelará a Jesús en ti. Únicamente el propio Señor puede hacer esto por
ti; pero aquí está Su promesa, y si escuchas diligentemente Su voz, y
obedeces Su voluntad, Sus riquezas serán tuyas en la gloria por Cristo
Jesús.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Jos
23:10 Un varón de vosotros persigue a mil, porque YHVH vuestro Dios es
quien pelea por vosotros, tal como Él os habló (BTx 3)
“Un varón de vosotros perseguirá a mil; porque Jehová vuestro Dios es quien pelea por vosotros, como él os dijo.” Jos_23:10.
¿Para
qué contar las cabezas? Un hombre que está con Dios es mayoría aunque
hubiere mil en el bando contrario. Algunas veces nuestros ayudadores
podrían ser demasiados para que Dios obre por medio de ellos, como
sucedió con Gedeón, que no pudo hacer nada hasta no haber incrementado
sus fuerzas gracias a que disminuyó sus números.
Pero
el ejército del Señor nunca es demasiado pequeño. Cuando Dios quiso
fundar una nación, llamó únicamente a Abram y le bendijo. Cuando quiso
vencer al altivo Faraón, no usó ningún ejército, sino únicamente a
Moisés y a Aarón. El “ministerio de un solo hombre”, según lo llaman
ciertos sabios, ha sido usado mucho más por el Señor, que grupos
entrenados con sus oficiales. ¿Acaso todos los israelitas juntos mataron
a tantos filisteos como lo hizo Sansón solo? Saúl y sus ejércitos
hirieron a sus miles, y David a sus diez miles.
El
Señor puede dar amplias ventajas al enemigo y a pesar de ello vencerlo.
Si tenemos fe, tenemos a Dios con nosotros, y, entonces, ¿qué son las
multitudes de hombres? Un perro pastor puede pastorear un gran rebaño de
ovejas. Si el Señor te envía, oh hermano mío, Su fuerza alcanzará Su
propósito divino. Por tanto, descansa en la promesa, y sé valiente.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Sal 72:12 Porque él librará al necesitado que suplica, Y al pobre, que no tiene quien lo ayude (BTx 3)
“Porque él librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra.” Sal_72:12.
El
menesteroso clama; ¿qué otra cosa podría hacer? Su clamor es oído por
Dios; ¿qué otra cosa necesitaría hacer? El lector menesteroso necesita
ponerse a clamar de inmediato, pues esto será su sabiduría. No clames a
los oídos de amigos, pues incluso si pudieran ayudarte sería únicamente
debido a que el Señor los capacita para ayudarte. La ruta más rápida es
acudir directamente a Dios, y hacer que tu clamor suba delante de Él. La
línea recta permite correr mejor: corre al Señor, y no acudas a las
causas secundarias.
“¡Ay!”,
-clamas- “no tengo ni amigos ni ayudadores”. Es mucho mejor así; puedes
apoyarte en Dios bajo ambas carencias: sin provisiones y sin
ayudadores. Haz de tu doble necesidad tu doble súplica. Incluso en lo
relativo a las misericordias temporales puedes esperar en Dios, pues Él
se preocupa por Sus hijos en estos asuntos temporales. En cuanto a las
necesidades espirituales, que son las más abrumadoras de todas, el Señor
oirá tu clamor, y te liberará y te abastecerá.
Oh, amigo pobre, prueba a tu Dios rico. Oh, tú que eres desvalido, apóyate en Su ayuda.
Él
nunca me ha fallado, y estoy seguro de que nunca te fallará. Acude
como un mendigo, y Dios no rehusará darte ayuda. Ven sin otro argumento
que Su gracia. Jesús es Rey, ¿acaso te dejará perecer por causa de tu
necesidad? ¡Cómo! ¿Olvidaste esto?
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
