Éxo
11:7 Pero contra cualquiera de los hijos de Israel, desde el hombre
hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que YHVH
hace distinción entre Egipto e Israel (BTx 3)
“Pero
contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni
un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia
entre los egipcios y los israelitas.” Éxo_11:7.
¡Cómo!,
¿tiene poder Dios sobre las lenguas de los perros? ¿Puede impedir que
los canes ladren? Sí, así es. Él puede impedir incluso que los perros
egipcios acosen a las ovejas del rebaño de Israel. ¿Silencia Dios a los
perros, y a los que son como perros en medio de los hombres, y al gran
cancerbero a las puertas del infierno? Entonces prosigamos sin miedo en
nuestro camino.
Él
podría permitir que los perros muevan sus lenguas, pero paraliza sus
colmillos. Podrían generar un ruido terrible, pero sin llegar a hacernos
un daño real. Sin embargo, ¡cuán dulce es la tranquilidad! ¡Cuán
deleitable es moverse en medio de los enemigos, y percibir que Dios los
obliga a estar en paz con nosotros! Como Daniel en el foso de los
leones, permanecemos incólumes en medio de los destructores.
¡Oh,
que hoy, esta palabra del Señor para Israel se vuelva una realidad para
mí! ¿Me aflige el perro? Se lo diré al Señor. Señor, al perro no le
importan mis súplicas; háblale Tú la palabra de poder, y entonces tendrá
que echarse. ¡Concédeme la paz, oh Dios mío, y permíteme ver Tu mano
tan distintamente en esto, que perciba muy claramente la diferencia que
Tu gracia hace entre mi persona y los impíos!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Mal
3:17 En el día que Yo preparo, dice YHVH Sebaot, serán para mí un
especial tesoro, y los perdonaré como un hombre perdona al hijo que lo
sirve (BTx 3)
“Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe.” Mal_3:17.
El
día vendrá en el que las joyas de la corona de nuestro grandioso Rey
serán contadas, para comprobar que correspondan al inventario que Su
Padre le entregó. Alma mía, ¿estarás tú entre las cosas preciosas de
Jesús? Tú eres preciosa para Él, si Él es precioso para ti, y tú serás
Suya “en aquel día”, si Él es tuyo en este día.
En
los días de Malaquías, los escogidos del Señor estaban tan
acostumbrados a conversar entre sí, que su propio Dios escuchaba su
conversación. Le gustaba tanto que tomó notas de ella; sí, e hizo un
libro con ella, que guardó en Su Oficina de Registros.
Complacido
con su conversación, también tenía Su complacencia en ellos. Haz una
pausa, alma mía, y pregúntate: Si Jesús escuchara tu conversación,
¿estaría complacido con ella? ¿Es para Su gloria y para edificación de
los hermanos? Responde, alma mía, y asegúrate de que estás diciendo la
verdad.
Pero,
¡qué honor será para nosotros, ser considerados por el Señor como las
joyas de Su corona! Todos los santos tienen este honor. Jesús no dice
solamente “son míos”, sino, “serán míos”. Él nos compró, nos buscó, nos
recogió, y nos ha forjado a Su imagen de tal manera, que seremos
defendidos por Él con todo Su poder.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Hab 3:19 ¡Adonay YHVH es mi fortaleza! Él me da pies como de ciervas y me hace andar en las alturas (BTx 3)
“Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como ciervas, y en mis alturas me hace andar.” Hab_3:19.
Esta
confianza del hombre de Dios, es equivalente a una promesa; pues
aquello de lo que la fe está persuadida, es el propósito de Dios. El
profeta tuvo que atravesar los hondos lugares de la pobreza y del
hambre, pero fue cuesta abajo sin resbalar, pues el Señor le dio apoyo.
Luego fue llamado a los lugares altos de los montes del conflicto, y no
estuvo más temeroso de subir que de bajar. ¡Vean, el Señor le
proporcionó fortaleza! Es más, el propio Jehová era su fuerza. Piensen
en eso: ¡el propio Dios Todopoderoso se convierte en nuestra fortaleza!
Noten
que el Señor le dio también una base segura para apoyar sus pies. Las
ciervas saltan sobre las rocas y los riscos sin perder nunca su
apoyadero. Nuestro Señor nos dará gracia para seguir los más difíciles
senderos del deber sin tropiezo. Él puede adecuar nuestro pie a los
riscos, de tal forma que nos sentiremos muy cómodos allí donde, aparte
de Dios, pereceríamos.
Uno
de estos días seremos llamados a lugares todavía más altos. Hasta allá
arriba vamos a escalar, incluso hasta el monte de Dios, hasta los
lugares altos donde los seres resplandecientes están congregados. ¡Oh,
qué pies son los pies de la fe, por los cuales, siguiendo al Ciervo de
la Mañana, ascenderemos al monte del Señor!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Nah 1:13 Sino que ahora te sacaré de encima su yugo Y romperé tus coyundas (BTx 3)
“Porque ahora quebraré su yugo de sobre ti, y romperé tus coyundas.” Nah_1:13.
A
los asirios se les permitió durante un tiempo oprimir al pueblo del
Señor, pero llegó el tiempo de que su poder fuera quebrantado. De igual
manera, muchos corazones son mantenidos en servidumbre por Satanás y se
angustian agudamente bajo ese yugo. Oh, que para esos prisioneros de la
esperanza, la palabra del Señor venga de inmediato, de acuerdo al texto:
“Ahora quebraré su yugo de sobre ti, y romperé tus coyundas.”
¡Vean:
el Señor promete una liberación presente: “Ahora quebraré su yugo de
sobre ti”! Cree en una inmediata libertad y de conformidad a tu fe será
hecho en esta misma hora.
Cuando Dios dice: “ahora”, ningún hombre ha de decir: “mañana”.
Vean
cuán completo ha de ser el rescate; pues el yugo no será quitado, sino
que será quebrado, y las coyundas no serán desatadas, sino que serán
rotas. Aquí tenemos un despliegue de la fuerza divina que garantiza que
el opresor no regresará. Su yugo es quebrado, y ya no podemos ser
doblegados otra vez por su peso. Sus coyundas son cortadas, y ya no
pueden retenernos más. ¡Oh, hemos de creer en Jesús para una completa y
sempiterna emancipación! “Así que, si el Hijo os libertare, seréis
verdaderamente libres.” Ven, Señor, y libera a Tus cautivos de
conformidad a Tu palabra.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

“Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás.” Ecl_11:1.
No
debemos esperar ver una inmediata recompensa por todo el bien que
hagamos; ni tampoco debemos confinar nuestros esfuerzos a lugares y
personas que parezcan tener la probabilidad de producir una recompensa
para nuestras labores. El egipcio arroja su semilla en las aguas de
Nilo, acto que parecería ser un puro desperdicio del grano. Pero a su
debido tiempo la crecida del río desciende y el arroz y los otros granos
se hunden en el lodo fértil, y rápidamente la cosecha es producida.
Hemos de hacer hoy el bien a los malagradecidos y a los impíos. Hemos de
enseñar a los indiferentes y a los obstinados. Aguas improbables
podrían cubrir un terreno esperanzador. En ninguna parte nuestra labor
en el Señor será en vano.
Nuestra
labor es arrojar nuestro pan en las aguas; corresponde a Dios cumplir
la promesa: “Lo hallarás.” Él no permitirá que Su promesa falle. Su
buena palabra que hemos hablado vivirá, será encontrada, y será
encontrada por nosotros. Tal vez no suceda todavía, pero algún día
segaremos lo que hemos sembrado. Hemos de ejercitar nuestra paciencia;
pues quizá el Señor la ejerza. “Después de muchos días”, dice la
Escritura, y en muchos casos esos días se convierten en meses y años, y,
sin embargo, la palabra sigue siendo verdadera. La promesa de Dios se
cumplirá; debemos preocuparnos por guardar el precepto, y guardarlo en
este día.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Jua
16:33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo
tenéis aflicción, pero confiad, Yo he vencido al mundo. (BTx 3)
“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Jua_16:33.
Las
palabras de mi Señor son ciertas en lo relativo a la tribulación. Yo
tengo mi porción de tribulación más allá de toda duda. El trillo no está
colgado fuera del alcance, ni puedo esperar que sea guardado mientras
yo permanezca en la era. ¿Cómo podría esperar sentirme en casa en el
país del enemigo, o gozoso mientras estoy en el exilio, o confortable en
un desierto? Este no es mi reposo. Este es el lugar del horno, y de la
forja, y del martillo. Mi experiencia concuerda con las palabras de mi
Señor.
Observo
cómo me ordena que “tenga buen ánimo”. ¡Ay!, yo soy demasiado propenso a
estar abatido. Mi espíritu se abate pronto cuando soy severamente
afligido. Pero no debo ceder ante este sentimiento. Cuando el Señor me
ordena que tenga ánimo, no he de atreverme a estar abatido.
¿Cuál
es el argumento que Él utiliza para alentarme? Pues es Su propia
victoria. Él dice: “Yo he vencido al mundo.” Su batalla fue mucho más
severa que la mía. Yo todavía no he resistido hasta la muerte. ¿Por qué
no tendría esperanza de vencer? Alma mía, observa que el enemigo ha sido
vencido una vez. Yo lucho contra un enemigo derrotado. Oh mundo, Jesús
ya te ha vencido; y en mí, por Su gracia, te vencerá otra vez. Por
tanto, tengo buen ánimo, y entono himnos a mi Señor vencedor.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Mat
26:64 Jesús le dice: Tú lo has dicho. Y además, os digo: Desde ahora
veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo en
las nubes del cielo. (BTx 3)
“Y
además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la
diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”
Mat_26:64
¡Ah,
Señor, Tú estabas en Tu estado de mayor humillación cuando fuiste
presentado como un criminal delante de Tus perseguidores! Sin embargo,
los ojos de Tu fe podían ver más allá de Tu presente humillación, hasta
la gloria futura. ¡Qué palabras son estas: “Y además os digo, que desde
ahora”! Yo quisiera imitar Tu visión anticipada, y en medio de la
pobreza, o de la enfermedad, o de la calumnia, que pudiera decir: “y
además os digo, que desde ahora”. En lugar de debilidad, Tú tienes todo
el poder; en vez de vergüenza, tienes toda la gloria; en vez de
escarnio, tienes toda la adoración. Tu cruz no ha disminuido el
esplendor de Tu corona, ni la saliva ha estropeado la belleza de Tu
rostro. Más bien, Tú eres más exaltado y honrado por causa de Tus
sufrimientos.
Por
tanto, Señor, yo quiero cobrar valor a partir del “desde ahora”. Quiero
olvidar la presente tribulación recordando el triunfo futuro. Ayúdame,
conduciéndome al amor de Tu Padre y a Tu propia paciencia, de tal forma
que cuando sea escarnecido por Tu nombre, no sea bamboleado, sino que
piense más y más en el “desde ahora”, y, por tanto, piense menos en el
hoy. Pronto estaré contigo y contemplaré Tu gloria. Por lo tanto, no
estoy avergonzado, sino que digo en lo íntimo de mi alma: “Y además os
digo, que desde ahora”.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
