Jua 10:28 y Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano (BTx 3)
“Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” Jua_10:28.
Nosotros
creemos en la eterna seguridad de los santos. Primero, porque ellos le
pertenecen a Cristo, y Él nunca perderá las ovejas que ha comprado con
Su sangre, y que ha recibido de Su Padre.
A
continuación, porque Él les da vida eterna, y si es eterna, bien,
entonces es eterna, y no puede haber un término para esa vida, a menos
que pueda haber un término para el infierno, y para el cielo, y para
Dios. Si la vida espiritual pudiera extinguirse, entonces no sería
manifiestamente vida eterna, sino vida temporal. Pero el Señor habla de
vida eterna, y eso elimina efectivamente la posibilidad de un fin.
Observen,
además, que el Señor dice expresamente: “No perecerán jamás.” En tanto
que las palabras tengan un significado, esto garantiza a los creyentes,
que no perecerán. La incredulidad más obstinada no puede quitar ese
significado de esta frase.
Luego,
para completar el asunto, Él declara que Su pueblo está en Su mano, y
desafía a todos Sus enemigos a que lo arrebaten de allí. Ciertamente es
algo imposible incluso para el demonio del infierno. Estamos seguros,
puesto que estamos en la mano de un Salvador Omnipotente.
A
nosotros nos corresponde desechar el miedo carnal así como la confianza
carnal, y descansar tranquilamente en la palma de la mano del Redentor.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Sal 6:9 YHVH ha escuchado mi súplica, YHVH ha recibido mi oración: (BTx 3)
“Jehová ha oído mi ruego; ha recibido Jehová mi oración.” Sal_6:9.
La
experiencia registrada aquí, es mía. Yo puedo confirmar que Dios es
veraz. De formas muy maravillosas, Él ha respondido repetidamente a las
peticiones de Su siervo. Sí, y Él está escuchando mi presente súplica, y
no está apartando de mí Su oído. ¡Bendito sea Su santo nombre! ¿Qué
sucede entonces? Bien, sin duda la promesa que yace dormida en la
confianza creyente del Salmista es mía también. He de asirla con la mano
de la fe: “ha recibido Jehová mi oración.” Él la aceptará, pensará en
ella, y me la concederá de la manera y en el momento en que Su amante
sabiduría lo juzgue conveniente. Yo llevo mi pobre oración en mi mano
ante el grandioso Rey, y me concede una audiencia, y misericordiosamente
recibe mi petición. Hay quienes ridiculizan mis oraciones llenas de
lágrimas, pero el Señor no; Él recibe mi oración en Su oído y en Su
corazón. ¡Qué
recepción es esta para un pobre pecador! Nosotros recibimos a Jesús, y
entonces el Señor nos recibe a nosotros y a nuestras oraciones por medio
de Su Hijo. Bendito sea ese amado nombre que franquea nuestras
oraciones de tal manea que atraviesan libremente las puertas de oro.
Señor, enséñame a orar, puesto que Tú oyes mis oraciones.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
Éxo
11:7 Pero contra cualquiera de los hijos de Israel, desde el hombre
hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que YHVH
hace distinción entre Egipto e Israel (BTx 3)
“Pero
contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni
un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia
entre los egipcios y los israelitas.” Éxo_11:7.
¡Cómo!,
¿tiene poder Dios sobre las lenguas de los perros? ¿Puede impedir que
los canes ladren? Sí, así es. Él puede impedir incluso que los perros
egipcios acosen a las ovejas del rebaño de Israel. ¿Silencia Dios a los
perros, y a los que son como perros en medio de los hombres, y al gran
cancerbero a las puertas del infierno? Entonces prosigamos sin miedo en
nuestro camino.
Él
podría permitir que los perros muevan sus lenguas, pero paraliza sus
colmillos. Podrían generar un ruido terrible, pero sin llegar a hacernos
un daño real. Sin embargo, ¡cuán dulce es la tranquilidad! ¡Cuán
deleitable es moverse en medio de los enemigos, y percibir que Dios los
obliga a estar en paz con nosotros! Como Daniel en el foso de los
leones, permanecemos incólumes en medio de los destructores.
¡Oh,
que hoy, esta palabra del Señor para Israel se vuelva una realidad para
mí! ¿Me aflige el perro? Se lo diré al Señor. Señor, al perro no le
importan mis súplicas; háblale Tú la palabra de poder, y entonces tendrá
que echarse. ¡Concédeme la paz, oh Dios mío, y permíteme ver Tu mano
tan distintamente en esto, que perciba muy claramente la diferencia que
Tu gracia hace entre mi persona y los impíos!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Mal
3:17 En el día que Yo preparo, dice YHVH Sebaot, serán para mí un
especial tesoro, y los perdonaré como un hombre perdona al hijo que lo
sirve (BTx 3)
“Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe.” Mal_3:17.
El
día vendrá en el que las joyas de la corona de nuestro grandioso Rey
serán contadas, para comprobar que correspondan al inventario que Su
Padre le entregó. Alma mía, ¿estarás tú entre las cosas preciosas de
Jesús? Tú eres preciosa para Él, si Él es precioso para ti, y tú serás
Suya “en aquel día”, si Él es tuyo en este día.
En
los días de Malaquías, los escogidos del Señor estaban tan
acostumbrados a conversar entre sí, que su propio Dios escuchaba su
conversación. Le gustaba tanto que tomó notas de ella; sí, e hizo un
libro con ella, que guardó en Su Oficina de Registros.
Complacido
con su conversación, también tenía Su complacencia en ellos. Haz una
pausa, alma mía, y pregúntate: Si Jesús escuchara tu conversación,
¿estaría complacido con ella? ¿Es para Su gloria y para edificación de
los hermanos? Responde, alma mía, y asegúrate de que estás diciendo la
verdad.
Pero,
¡qué honor será para nosotros, ser considerados por el Señor como las
joyas de Su corona! Todos los santos tienen este honor. Jesús no dice
solamente “son míos”, sino, “serán míos”. Él nos compró, nos buscó, nos
recogió, y nos ha forjado a Su imagen de tal manera, que seremos
defendidos por Él con todo Su poder.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Hab 3:19 ¡Adonay YHVH es mi fortaleza! Él me da pies como de ciervas y me hace andar en las alturas (BTx 3)
“Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como ciervas, y en mis alturas me hace andar.” Hab_3:19.
Esta
confianza del hombre de Dios, es equivalente a una promesa; pues
aquello de lo que la fe está persuadida, es el propósito de Dios. El
profeta tuvo que atravesar los hondos lugares de la pobreza y del
hambre, pero fue cuesta abajo sin resbalar, pues el Señor le dio apoyo.
Luego fue llamado a los lugares altos de los montes del conflicto, y no
estuvo más temeroso de subir que de bajar. ¡Vean, el Señor le
proporcionó fortaleza! Es más, el propio Jehová era su fuerza. Piensen
en eso: ¡el propio Dios Todopoderoso se convierte en nuestra fortaleza!
Noten
que el Señor le dio también una base segura para apoyar sus pies. Las
ciervas saltan sobre las rocas y los riscos sin perder nunca su
apoyadero. Nuestro Señor nos dará gracia para seguir los más difíciles
senderos del deber sin tropiezo. Él puede adecuar nuestro pie a los
riscos, de tal forma que nos sentiremos muy cómodos allí donde, aparte
de Dios, pereceríamos.
Uno
de estos días seremos llamados a lugares todavía más altos. Hasta allá
arriba vamos a escalar, incluso hasta el monte de Dios, hasta los
lugares altos donde los seres resplandecientes están congregados. ¡Oh,
qué pies son los pies de la fe, por los cuales, siguiendo al Ciervo de
la Mañana, ascenderemos al monte del Señor!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Nah 1:13 Sino que ahora te sacaré de encima su yugo Y romperé tus coyundas (BTx 3)
“Porque ahora quebraré su yugo de sobre ti, y romperé tus coyundas.” Nah_1:13.
A
los asirios se les permitió durante un tiempo oprimir al pueblo del
Señor, pero llegó el tiempo de que su poder fuera quebrantado. De igual
manera, muchos corazones son mantenidos en servidumbre por Satanás y se
angustian agudamente bajo ese yugo. Oh, que para esos prisioneros de la
esperanza, la palabra del Señor venga de inmediato, de acuerdo al texto:
“Ahora quebraré su yugo de sobre ti, y romperé tus coyundas.”
¡Vean:
el Señor promete una liberación presente: “Ahora quebraré su yugo de
sobre ti”! Cree en una inmediata libertad y de conformidad a tu fe será
hecho en esta misma hora.
Cuando Dios dice: “ahora”, ningún hombre ha de decir: “mañana”.
Vean
cuán completo ha de ser el rescate; pues el yugo no será quitado, sino
que será quebrado, y las coyundas no serán desatadas, sino que serán
rotas. Aquí tenemos un despliegue de la fuerza divina que garantiza que
el opresor no regresará. Su yugo es quebrado, y ya no podemos ser
doblegados otra vez por su peso. Sus coyundas son cortadas, y ya no
pueden retenernos más. ¡Oh, hemos de creer en Jesús para una completa y
sempiterna emancipación! “Así que, si el Hijo os libertare, seréis
verdaderamente libres.” Ven, Señor, y libera a Tus cautivos de
conformidad a Tu palabra.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

“Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás.” Ecl_11:1.
No
debemos esperar ver una inmediata recompensa por todo el bien que
hagamos; ni tampoco debemos confinar nuestros esfuerzos a lugares y
personas que parezcan tener la probabilidad de producir una recompensa
para nuestras labores. El egipcio arroja su semilla en las aguas de
Nilo, acto que parecería ser un puro desperdicio del grano. Pero a su
debido tiempo la crecida del río desciende y el arroz y los otros granos
se hunden en el lodo fértil, y rápidamente la cosecha es producida.
Hemos de hacer hoy el bien a los malagradecidos y a los impíos. Hemos de
enseñar a los indiferentes y a los obstinados. Aguas improbables
podrían cubrir un terreno esperanzador. En ninguna parte nuestra labor
en el Señor será en vano.
Nuestra
labor es arrojar nuestro pan en las aguas; corresponde a Dios cumplir
la promesa: “Lo hallarás.” Él no permitirá que Su promesa falle. Su
buena palabra que hemos hablado vivirá, será encontrada, y será
encontrada por nosotros. Tal vez no suceda todavía, pero algún día
segaremos lo que hemos sembrado. Hemos de ejercitar nuestra paciencia;
pues quizá el Señor la ejerza. “Después de muchos días”, dice la
Escritura, y en muchos casos esos días se convierten en meses y años, y,
sin embargo, la palabra sigue siendo verdadera. La promesa de Dios se
cumplirá; debemos preocuparnos por guardar el precepto, y guardarlo en
este día.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
