sábado, 7 de junio de 2014

Eterna seguridad


Jua 10:28 y Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano (BTx 3)

“Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.”  Jua_10:28.

 
Nosotros creemos en la eterna seguridad de los santos. Primero, porque ellos le pertenecen a Cristo, y Él nunca perderá las ovejas que ha comprado con Su sangre, y que ha recibido de Su Padre.
A continuación, porque Él les da vida eterna, y si es eterna, bien, entonces es eterna, y no puede haber un término para esa vida, a menos que pueda haber un término para el infierno, y para el cielo, y para Dios. Si la vida espiritual pudiera extinguirse, entonces no sería manifiestamente vida eterna, sino vida temporal. Pero el Señor habla de vida eterna, y eso elimina efectivamente la posibilidad de un fin.
Observen, además, que el Señor dice expresamente: “No perecerán jamás.” En tanto que las palabras tengan un significado, esto garantiza a los creyentes, que no perecerán. La incredulidad más obstinada no puede quitar ese significado de esta frase. 
Luego, para completar el asunto, Él declara que Su pueblo está en Su mano, y desafía a todos Sus enemigos a que lo arrebaten de allí. Ciertamente es algo imposible incluso para el demonio del infierno. Estamos seguros, puesto que estamos en la mano de un Salvador Omnipotente. 
A nosotros nos corresponde desechar el miedo carnal así como la confianza carnal, y descansar tranquilamente en la palma de la mano del Redentor.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
 



viernes, 6 de junio de 2014

Por medio de Su Hijo Bendito


Sal 6:9 YHVH ha escuchado mi súplica, YHVH ha recibido mi oración: (BTx 3)

“Jehová ha oído mi ruego; ha recibido Jehová mi oración.”  Sal_6:9.


La experiencia registrada aquí, es mía. Yo puedo confirmar que Dios es veraz. De formas muy maravillosas, Él ha respondido repetidamente a las peticiones de Su siervo. Sí, y Él está escuchando mi presente súplica, y no está apartando de mí Su oído. ¡Bendito sea Su santo nombre!  ¿Qué sucede entonces? Bien, sin duda la promesa que yace dormida en la confianza creyente del Salmista es mía también. He de asirla con la mano de la fe: “ha recibido Jehová mi oración.” Él la aceptará, pensará en ella, y me la concederá de la manera y en el momento en que Su amante sabiduría lo juzgue conveniente. Yo llevo mi pobre oración en mi mano ante el grandioso Rey, y me concede una audiencia, y misericordiosamente recibe mi petición. Hay quienes ridiculizan mis oraciones llenas de lágrimas, pero el Señor no; Él recibe mi oración en Su oído y en Su corazón.  ¡Qué recepción es esta para un pobre pecador! Nosotros recibimos a Jesús, y entonces el Señor nos recibe a nosotros y a nuestras oraciones por medio de Su Hijo. Bendito sea ese amado nombre que franquea nuestras oraciones de tal manea que atraviesan libremente las puertas de oro. Señor, enséñame a orar, puesto que Tú oyes mis oraciones.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román




jueves, 5 de junio de 2014

Tu gracia hace diferencia


Éxo 11:7 Pero contra cualquiera de los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que YHVH hace distinción entre Egipto e Israel (BTx 3)

“Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas.”  Éxo_11:7.

¡Cómo!, ¿tiene poder Dios sobre las lenguas de los perros? ¿Puede impedir que los canes ladren? Sí, así es. Él puede impedir incluso que los perros egipcios acosen a las ovejas del rebaño de Israel. ¿Silencia Dios a los perros, y a los que son como perros en medio de los hombres, y al gran cancerbero a las puertas del infierno? Entonces prosigamos sin miedo en nuestro camino.
Él podría permitir que los perros muevan sus lenguas, pero paraliza sus colmillos. Podrían generar un ruido terrible, pero sin llegar a hacernos un daño real. Sin embargo, ¡cuán dulce es la tranquilidad! ¡Cuán deleitable es moverse en medio de los enemigos, y percibir que Dios los obliga a estar en paz con nosotros! Como Daniel en el foso de los leones, permanecemos incólumes en medio de los destructores. 
¡Oh, que hoy, esta palabra del Señor para Israel se vuelva una realidad para mí! ¿Me aflige el perro? Se lo diré al Señor. Señor, al perro no le importan mis súplicas; háblale Tú la palabra de poder, y entonces tendrá que echarse. ¡Concédeme la paz, oh Dios mío, y permíteme ver Tu mano tan distintamente en esto, que perciba muy claramente la diferencia que Tu gracia hace entre mi persona y los impíos!

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román



 

miércoles, 4 de junio de 2014

Especial tesoro


Mal 3:17 En el día que Yo preparo, dice YHVH Sebaot, serán para mí un especial tesoro, y los perdonaré como un hombre perdona al hijo que lo sirve (BTx 3)

“Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe.”  Mal_3:17.

El día vendrá en el que las joyas de la corona de nuestro grandioso Rey serán contadas, para comprobar que correspondan al inventario que Su Padre le entregó. Alma mía, ¿estarás tú entre las cosas preciosas de Jesús? Tú eres preciosa para Él, si Él es precioso para ti, y tú serás Suya “en aquel día”, si Él es tuyo en este día. 
En los días de Malaquías, los escogidos del Señor estaban tan acostumbrados a conversar entre sí, que su propio Dios escuchaba su conversación. Le gustaba tanto que tomó notas de ella; sí, e hizo un libro con ella, que guardó en Su Oficina de Registros.
Complacido con su conversación, también tenía Su complacencia en ellos. Haz una pausa, alma mía, y pregúntate: Si Jesús escuchara tu conversación, ¿estaría complacido con ella? ¿Es para Su gloria y para edificación de los hermanos? Responde, alma mía, y asegúrate de que estás diciendo la verdad. 
Pero, ¡qué honor será para nosotros, ser considerados por el Señor como las joyas de Su corona! Todos los santos tienen este honor. Jesús no dice solamente “son míos”, sino, “serán míos”. Él nos compró, nos buscó, nos recogió, y nos ha forjado a Su imagen de tal manera, que seremos defendidos por Él con todo Su poder. 

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

 
 


martes, 3 de junio de 2014

Uno de estos días seremos llamados a lugares todavía más altos


Hab 3:19 ¡Adonay YHVH es mi fortaleza! Él me da pies como de ciervas y me hace andar en las alturas (BTx 3)

“Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como ciervas, y en mis alturas me hace andar.”  Hab_3:19. 

 
Esta confianza del hombre de Dios, es equivalente a una promesa; pues aquello de lo que la fe está persuadida, es el propósito de Dios. El profeta tuvo que atravesar los hondos lugares de la pobreza y del hambre, pero fue cuesta abajo sin resbalar, pues el Señor le dio apoyo. Luego fue llamado a los lugares altos de los montes del conflicto, y no estuvo más temeroso de subir que de bajar.  ¡Vean, el Señor le proporcionó fortaleza! Es más, el propio Jehová era su fuerza.  Piensen en eso: ¡el propio Dios Todopoderoso se convierte en nuestra fortaleza!
Noten que el Señor le dio también una base segura para apoyar sus pies. Las ciervas saltan sobre las rocas y los riscos sin perder nunca su apoyadero. Nuestro Señor nos dará gracia para seguir los más difíciles senderos del deber sin tropiezo. Él puede adecuar nuestro pie a los riscos, de tal forma que nos sentiremos muy cómodos allí donde, aparte de Dios, pereceríamos. 
Uno de estos días seremos llamados a lugares todavía más altos. Hasta allá arriba vamos a escalar, incluso hasta el monte de Dios, hasta los lugares altos donde los seres resplandecientes están congregados. ¡Oh, qué pies son los pies de la fe, por los cuales, siguiendo al Ciervo de la Mañana, ascenderemos al monte del Señor!

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


 


lunes, 2 de junio de 2014

Verdaderamente libres


Nah 1:13 Sino que ahora te sacaré de encima su yugo Y romperé tus coyundas (BTx 3)

“Porque ahora quebraré su yugo de sobre ti, y romperé tus coyundas.”  Nah_1:13.

A los asirios se les permitió durante un tiempo oprimir al pueblo del Señor, pero llegó el tiempo de que su poder fuera quebrantado. De igual manera, muchos corazones son mantenidos en servidumbre por Satanás y se angustian agudamente bajo ese yugo. Oh, que para esos prisioneros de la esperanza, la palabra del Señor venga de inmediato, de acuerdo al texto: “Ahora quebraré su yugo de sobre ti, y romperé tus coyundas.”
¡Vean: el Señor promete una liberación presente: “Ahora quebraré su yugo de sobre ti”! Cree en una inmediata libertad y de conformidad a tu fe será hecho en esta misma hora.
Cuando Dios dice: “ahora”, ningún hombre ha de decir: “mañana”. 
Vean cuán completo ha de ser el rescate; pues el yugo no será quitado, sino que será quebrado, y las coyundas no serán desatadas, sino que serán rotas. Aquí tenemos un despliegue de la fuerza divina que garantiza que el opresor no regresará. Su yugo es quebrado, y ya no podemos ser doblegados otra vez por su peso. Sus coyundas son cortadas, y ya no pueden retenernos más. ¡Oh, hemos de creer en Jesús para una completa y sempiterna emancipación! “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” Ven, Señor, y libera a Tus cautivos de conformidad a Tu palabra.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


 

domingo, 1 de junio de 2014

Lo hallarás


“Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás.”  Ecl_11:1.
 
No debemos esperar ver una inmediata recompensa por todo el bien que hagamos; ni tampoco debemos confinar nuestros esfuerzos a lugares y personas que parezcan tener la probabilidad de producir una recompensa para nuestras labores. El egipcio arroja su semilla en las aguas de Nilo, acto que parecería ser un puro desperdicio del grano. Pero a su debido tiempo la crecida del río desciende y el arroz y los otros granos se hunden en el lodo fértil, y rápidamente la cosecha es producida. Hemos de hacer hoy el bien a los malagradecidos y a los impíos. Hemos de enseñar a los indiferentes y a los obstinados. Aguas improbables podrían cubrir un terreno esperanzador. En ninguna parte nuestra labor en el Señor será en vano. 
Nuestra labor es arrojar nuestro pan en las aguas; corresponde a Dios cumplir la promesa: “Lo hallarás.” Él no permitirá que Su promesa falle. Su buena palabra que hemos hablado vivirá, será encontrada, y será encontrada por nosotros. Tal vez no suceda todavía, pero algún día segaremos lo que hemos sembrado. Hemos de ejercitar nuestra paciencia; pues quizá el Señor la ejerza. “Después de muchos días”, dice la Escritura, y en muchos casos esos días se convierten en meses y años, y, sin embargo, la palabra sigue siendo verdadera. La promesa de Dios se cumplirá; debemos preocuparnos por guardar el precepto, y guardarlo en este día.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román