Sal 128:5 ¡Desde Sión te bendiga YHVH, Y veas el bien de Jerusalem todos los días de tu vida (BTx 3)
“Bendígate Jehová desde Sion, y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida.” Sal_128:5
Esta
es una promesa para el hombre temeroso de Dios que camina en los
caminos de la santidad con diligente atención. Él tendrá una bendición
doméstica: su esposa e hijos serán la fuente de una gran felicidad
hogareña. Pero, además, como un miembro de la iglesia, él desea ver que
la causa prospere, pues está tan preocupado por la casa del Señor como
por la suya propia.
Cuando
el Señor edifica nuestra casa, es justo que deseemos ver edificada la
casa del Señor. Nuestros bienes no serán en verdad un bien a menos que
promovamos mediante ellos, el bien de la iglesia elegida del Señor.
Sí,
obtendrás una bendición cuando subas a las asambleas de Sion; serás
instruido, vivificado y consolado en el lugar donde la oración y la
alabanza ascienden y es dado el testimonio del Grandioso Sacrificio.
“Bendígate Jehová desde Sion.”
Y
no solamente tú serás beneficiado; la misma iglesia prosperará; los
creyentes se verán multiplicados, y su santa obra se verá coronada de
éxito. Ciertos hombres agraciados ven cumplida esta promesa para ellos
durante toda su vida. ¡Ay!, cuando ellos mueren su causa a menudo se
debilita. Debemos estar entre aquellos que traen buenas cosas a
Jerusalén todos sus días. ¡Señor, por tu misericordia haznos como ellos!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

1Sa 12:22 Porque YHVH no abandonará a su pueblo, debido a su gran Nombre; pues YHVH ha querido haceros pueblo suyo (BTx 3)
“Pues Jehová no desamparará a su pueblo, por su grande nombre; porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo.” 1Sa_12:22.
La
elección de Dios de Su pueblo es la razón para que permanezca con ellos
y no los desampare. Él los escogió por Su amor, y los ama por Su
elección. Su propia voluntad es la fuente de Su elección, y Su elección
es la razón de la continuidad de Su agrado en ellos. Sería una deshonra
para Su grandioso nombre que los desamparara, pues mostraría, ya sea que
cometió un error en Su elección, o que era voluble en Su amor. El amor
de Dios tiene esta gloria: que nunca cambia, y Él nunca empañará esta
gloria.
Por
todos los recuerdos de las anteriores misericordias del Señor, hemos de
estar seguros de que no nos desamparará. Aquel que ha ido tan lejos
para convertirnos en Su pueblo, no deshará la creación de Su gracia. Él
no ha obrado en nosotros tales maravillas para desampararnos después de
todo. Su Hijo Jesús murió por nosotros, y podemos estar seguros de que
no murió en vano. ¿Acaso podría abandonar a aquellos por quienes derramó
Su sangre? Puesto que hasta aquí se ha agradado en elegirnos y en
salvarnos, será Su complacencia bendecirnos todavía. Nuestro Señor Jesús
no es un amante cambiante. Habiendo amado a los Suyos, los sigue amando
hasta el fin.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Isa 27:3 Yo, YHVH, soy su guardián, La riego en todo momento Para que nadie la dañe, La guardo noche y día (BTx 3)
“Yo Jehová la guardo, cada momento la regaré; la guardaré de noche y de día, para que nadie la dañe.” Isa_27:3.
Cuando
el mismo Señor habla en Su propia persona, en vez de hacerlo a través
de un profeta, la palabra tiene un peso peculiar para las mentes de los
creyentes. El mismo Señor es el guardador de Su propia viña; no la
confía a nadie más, sino que le presta Su propia atención. ¿Acaso no
están bien guardados aquellos a quienes Dios guarda? Hemos de recibir
riegos de gracia, no sólo cada día y cada hora, sino “cada momento”.
¡Cómo hemos de crecer! ¡Cuán fresca y fructuosa ha de ser cada planta! ¡Cuán ricos racimos han de producir las viñas!
Pero
los perturbadores se acercan: pequeñas zorras y el jabalí. Por tanto,
el propio Señor es nuestro guardián, y eso lo hace a todas horas, tanto
“de noche como de día”.
Entonces, ¿qué podría dañarnos? ¿Por qué estamos temerosos? Él cuida, Él riega, Él guarda; ¿qué más necesitamos?
Dos
veces en este versículo el Señor dice “Yo haré”. ¡Qué verdad, qué
poder, qué amor, qué inmutabilidad encontramos en el grandioso “Yo haré”
de Jehová! ¿Quién puede resistirse a Su voluntad? Si Él dice: “Yo
haré”, ¿qué espacio hay para la duda? Con un “Yo haré” de Dios, podemos
enfrentar a todas las huestes del pecado, de la muerte, y del infierno.
¡Oh, Señor, puesto que Tú dices: “Yo te guardaré”, yo replico: “yo te
alabaré”!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Deu
33:28 Israel acampa en seguridad, Apartada vive la fuente de Jacob, En
tierra de trigo y de vino, Bajo sus cielos que destilan rocío (BTx 3)
“E
Israel habitará confiado, la fuente de Jacob habitará sola en tierra de
grano y de vino; también sus cielos destilarán rocío.” Deu_33:28.
Entre
más habitemos solos, más seguros estaremos. Dios quiere que Su pueblo
esté separado de los pecadores. Su llamado para ellos es: “Salid de en
medio de ellos.” Un mundo cristiano es una gran monstruosidad que las
Escrituras nunca contemplan. Un cristiano mundano está espiritualmente
enfermo. Aquellos que transigen con los enemigos de Cristo pueden ser
incluidos entre ellos.
Nuestra
seguridad radica, no en hacer acuerdos con el enemigo, sino en habitar
solos con nuestro mejor Amigo. Si hacemos esto, habitaremos en
seguridad, a pesar de los sarcasmos, las calumnias, y los escarnios del
mundo. Estaremos seguros de la funesta influencia de su incredulidad, su
altivez, su vanidad y su inmundicia.
Dios
también nos hará habitar confiados en aquel día cuando el pecado sea
visitado en las naciones por medio de guerras y hambrunas.
El
Señor sacó a Abram de Ur de los Caldeos, pero él se detuvo a medio
camino. No tuvo bendición hasta que, habiéndose propuesto ir a la tierra
de Canaán, llegó a la tierra de Canaán. Abram estaba confiado estando
solo, incluso en medio de enemigos. Lot no estaba seguro en Sodoma
aunque estuviera en un círculo de amigos. Nuestra seguridad radica en
habitar aparte con Dios.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Isa
54:4 ¡No temas, porque no serás avergonzada! ¡No te sonrojes, porque no
serás insultada! Porque olvidarás la afrenta de tu juventud, Y del
oprobio de tu viudez no te acordarás (BTx 3)
“No temas, pues no serás confundida.” Isa_54:4.
No
seremos confundidos por nuestra fe. Críticos mordaces pueden asediar
las Escrituras sobre las que cimentamos nuestra fe, pero cada año el
Señor hará más y más claro que en Su Libro no hay error, no hay exceso, y
no hay omisión. No es un descrédito ser un simple creyente; la fe que
mira únicamente a Jesús, es una corona de honor en la cabeza de
cualquier hombre, y es mejor que una estrella sobre su pecho.
No
seremos confundidos por nuestra esperanza. Sucederá exactamente como
el Señor ha dicho. Seremos nutridos, conducidos, bendecidos y
recibiremos descanso. Nuestro Señor vendrá, y entonces los días de
nuestra aflicción llegarán a un término. ¡Cómo nos gloriaremos en el
Señor que primero nos dio una esperanza viva, y luego nos dio aquello
que esperábamos!
No
seremos confundidos por nuestro amor. Jesús es para nosotros todo
codiciable, y nunca, nunca, habremos de sonrojarnos por haberle
entregado nuestros corazones. La visión de nuestro glorioso Bienamado
justificará la más entusiasta adhesión a Él. Nadie reprochará a los
mártires por haber muerto por Él. Cuando los enemigos de Cristo estén
cubiertos de desprecio sempiterno, los amantes de Jesús se verán
honrados por todos los seres santos, porque eligieron el vituperio de
Cristo en lugar de los tesoros de Egipto.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Sof
3:13 El remanente de Israel no cometerá iniquidad, ni hablará mentira,
ni se hallará en su boca lengua engañosa, pues ellos se apacentarán y
reposarán, sin que haya quien los aterrorice (BTx 3)
“Ellos serán apacentados, y dormirán, y no habrá quien los atemorice.” Sof_3:13.
Ayer
pensamos en los afligidos y en la pobre gente que el Señor ha dejado
para que sea una simiente viva en un mundo muerto. El profeta dice de
los tales que no harán injusticia ni dirán mentiras. De tal forma que,
aunque no tenían rango ni riquezas que los protegieran, eran a la vez
incapaces de usar esas armas en las que los inicuos ponen tanta
confianza: no podían defenderse a sí mismos con el pecado ni con las
sutilezas.
¿Entonces
qué? ¿Serán destruidos? De ninguna manera. Ellos serán apacentados y
dormirán, y no estarán simplemente libres del peligro, sino que vivirán
tranquilos, sin temor del mal.
Las
ovejas son criaturas muy débiles, y los lobos son terribles enemigos;
sin embargo, en esta hora, las ovejas son más numerosas que los lobos, y
la causa de las ovejas siempre está ganando, mientras que la causa de
los lobos siempre está declinando. Un día los rebaños de las ovejas
cubrirán las llanuras, y no quedará ningún lobo. El hecho es que las
ovejas tienen un pastor, y esto les da forraje, protección y paz. “No
habrá quien” -que quiere decir nadie, ya sea en forma diabólica o
humana- “los atemorice”.
¿Quién
atemorizará al rebaño del Señor cuando Él está cerca? Reposamos en
verdes pastos, pues Jesús mismo es alimento y reposo para nuestras
almas.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Stg
1:5 Y si alguno de vosotros carece de sabiduría, pídala al que da, a
Dios, que da a todos generosamente y sin reproche, y le será dada (BTx
3)
“Y
si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual
da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” Stg_1:5.
“Si
alguno de vosotros tiene falta de sabiduría”. No hay un “si” en este
asunto, pues yo estoy seguro de que tengo falta de sabiduría. ¿Qué es lo
que sé? ¿Cómo podría guiar mi propio camino? ¿Cómo puedo dirigir a
otros? Señor, yo soy una masa de insensatez y no tengo ninguna
sabiduría. Tú
dices: “Pídala a Dios”. Señor, ahora te la pido. Aquí, en el estrado de
Tus pies, pido que se me otorgue sabiduría celestial para enfrentar las
perplejidades de este día, ay, y también para las simplicidades de este
día; pues yo sé que puedo hacer cosas muy estúpidas, incluso tratándose
de asuntos sencillos, a menos que Tú me apartes del mal. Te
doy gracias porque todo lo que tengo que hacer es pedir. ¡Qué gracia es
esta de parte Tuya, que sólo tengo que orar con fe, y Tú me darás
sabiduría! Tú me prometes aquí una educación liberal, y eso, también,
sin un tutor enojado, o un maestro reprensor. Esto,
asimismo, Tú lo otorgarás sin cobrar un honorario; lo otorgarás a un
necio que tiene falta de sabiduría. Oh Señor, yo te doy gracias por esa
palabra positiva y expresiva: “Y le será dada”. Yo lo creo. Tú harás
que, en este día, Tu bebé conozca la sabiduría escondida que quienes son
carnalmente prudentes nunca aprenden. Tú me guiarás con Tu consejo, y
después me recibirás en la gloria.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román