Jos
1:7 Solamente esfuérzate y sé muy valiente, cuidando de hacer conforme a
toda la Ley que mi siervo Moisés te ordenó. No te apartes de ella ni a
diestra ni a siniestra, para que tengas buen éxito dondequiera que vayas
(BTx 3)
“Solamente
esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la
ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni
a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que
emprendas.” Jos_1:7.
Sí,
el Señor estará con nosotros en nuestra guerra santa, pero Él exige de
nosotros que sigamos estrictamente Sus reglas. Nuestras victorias
dependerán en mucho de nuestra obediencia a Él de todo nuestro corazón,
poniendo nuestro esfuerzo y nuestro valor, en las acciones de nuestra
fe. Si nos entregamos con un corazón a medias, no hemos de esperar algo
más que una bendición a medias.
Debemos
obedecer al Señor con solicitud y atención. “Para cuidar de hacer” es
la frase utilizada, y está llena de significado. Esto se refiere a cada
una de las partes de la voluntad divina; debemos obedecer “conforme a
toda la ley”. No podemos seleccionar con esmero lo que queramos, sino
que hemos de tomar los mandamientos del Señor conforme los recibimos,
todos y cada uno de ellos. En todo esto hemos de proceder con exactitud y
constancia. El nuestro debe ser un curso recto, que no se tuerce ni a
la derecha ni a la izquierda. No debemos errar siendo más rígidos que la
ley, ni volvernos por ligereza a un camino más libre y fácil. Con una
obediencia de este tipo vendrá la prosperidad espiritual. ¡Oh, Señor,
ayúdanos a ver si acaso no fuera así! No probaremos Tu promesa en vano.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Deu
1:21 He aquí, YHVH tu Dios ha entregado ante ti esta tierra. Sube y
toma posesión, tal como YHVH el Dios de tus padres te ha hablado. No
temas ni te acobardes (BTx 3)
“Mira,
Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella,
como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes.”
Deu_1:21
Hay
una herencia de gracia que debemos ser lo suficientemente valerosos de
ganar para que se convierta en una posesión nuestra. Todo lo que un
creyente ha ganado, está disponible para los demás. Podemos ser fuertes
en la fe, fervientes en el amor, y abundantes en la labor; no hay nada
que lo impida; subamos y tomemos posesión. La más dulce experiencia y la
gracia más resplandeciente, nos pertenecen tanto a nosotros como a
cualquiera de nuestros hermanos. Jehová nos las ha entregado; nadie
puede impugnar nuestro derecho; subamos y poseámoslas en Su nombre.
El
mundo está también delante de nosotros para ser conquistado para el
nombre de Jesús. No hemos de dejar ningún país, ni ningún rincón del
mundo sin que sean sometidos. Ese barrio bajo cerca de nuestro hogar
está delante de nosotros, no para frustrar nuestros esfuerzos, sino para
ceder ante ellos. Sólo tenemos que cobrar el suficiente valor para
seguir adelante, y ganaremos para Jesús hogares oscurecidos y corazones
empedernidos. Nunca dejemos que la gente que esté en una calzada o en un
angosto callejón muera porque no tenemos suficiente fe en Jesús y en Su
Evangelio para subir y poseer la tierra. Ningún lugar está demasiado
entenebrecido, ninguna persona es tan profana como para estar más allá
del poder de la gracia. ¡Fuera de aquí, cobardía! La fe marcha a la
conquista.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Sal 37:31 La Ley de su Dios está en su corazón, En ninguno de sus pasos resbala (BTx 3)
“La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán.” Sal_37:31.
Pónganle
la ley en su corazón, y el hombre entero será recto. Allí es donde debe
estar la ley; pues entonces descansa, como las tablas de piedra en el
arca, en el lugar señalado para ella. En la cabeza confunde, en la
espalda abruma, en el corazón sostiene.
¡Qué
palabra tan preciosa es usada aquí, “La ley de su Dios”! Cuando
conocemos al Señor como nuestro propio Dios, Su ley se convierte en
libertad para nosotros. Dios con nosotros en un pacto, nos vuelve ávidos
de obedecer Su voluntad y de caminar en Sus mandamientos. Entonces me
deleito en la ley.
Aquí
se nos garantiza que el hombre de corazón obediente será sostenido en
cada paso que dé. Hará lo que es recto, y, por tanto, hará lo que es
sabio. La acción santa es siempre la más prudente, aunque en el momento
no lo parezca. Cuando nos mantenemos en el camino de Su ley, avanzamos a
lo largo de la calzada de la providencia y de la gracia de Dios. La
Palabra de Dios no ha descarriado a una sola alma todavía; sus claras
instrucciones de caminar humildemente, justamente, amorosamente y en el
temor del Señor, son tanto palabras de sabiduría para prosperar nuestro
camino, como reglas de santidad para mantener limpios nuestros vestidos.
El que camina rectamente camina seguramente.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Núm 6:24 YHVH te bendiga y te guarde (BTx 3)
“Jehová te bendiga, y te guarde.” Núm_6:24.
Esta
primera cláusula de la bendición sacerdotal es sustancialmente una
promesa. Esa bendición que nuestro grandioso Sumo Sacerdote pronuncia
sobre nosotros, vendrá con certidumbre, pues Él habla la mente de Dios.
¡Cuán
grande gozo es permanecer bajo la bendición divina! Esto inserta un
sabor de gracia en todas las cosas. Si somos bendecidos, entonces todas
nuestras posesiones y goces son bendecidos; sí, nuestras pérdidas y
nuestras cruces, e incluso nuestras desilusiones son bendecidas. La
bendición de Dios es profunda, enfática y eficaz. La bendición del
hombre puede comenzar y quedar en palabras; pero la bendición del Señor
enriquece y santifica. El mejor deseo que podamos sentir para nuestro
amigo más querido no es “que la prosperidad te acompañe”, sino, “Jehová
te bendiga”.
Es
también algo muy deleitable ser guardados por Dios; guardados por Él,
guardados cerca de Él, guardados en Él. Aquellos que son guardados por
Dios son eficazmente guardados; son preservados del mal, y son
reservados para una felicidad sin límites. La guarda de Dios va
acompañada de Su bendición, para afirmarla y hacer que permanezca.
El
autor de este librito desea que la rica bendición y la segura guarda
pronunciadas aquí, lleguen para cada uno de sus lectores que pueda estar
en este instante mirando estas líneas. Y si su autor viviera, por
favor, eleven este texto a Dios como una plegaria por Su siervo.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Lev
22:11 Pero si el sacerdote compra una persona con su dinero, ésta
comerá de ello, y el nacido en su casa comerá de su pan (BTx 3)
“Mas
cuando el sacerdote comprare algún esclavo por dinero, éste podrá comer
de ella, así como también el nacido en su casa podrá comer de su
alimento.” Lev_22:11.
Los
extranjeros, los huéspedes y los jornaleros no debían comer de las
cosas santas. Lo mismo sucede todavía en cuanto a los asuntos
espirituales. Pero dos clases de personas eran libres de acercarse a la
mesa sagrada: aquellos que eran comprados con el dinero del sacerdote, y
aquellos que eran nacidos en la casa del sacerdote. Comprados y
nacidos; estas eran las dos pruebas indisputables de un derecho a las
cosas sagradas.
Comprados.
Nuestro grandioso Sumo Sacerdote ha comprado por un precio a todos
aquellos que ponen su confianza en Él. Son Su propiedad absoluta;
pertenecen por completo al Señor. No por lo que son en sí mismos, sino
estrictamente por causa del dueño, son admitidos a los mismos
privilegios que él mismo goza, y “podrán comer de su alimento”. Tienen
alimentos para comer que los mundanos desconocen. “Porque sois de
Cristo”, por tanto, compartirán con su Señor.
Nacidos.
Esta es una vía igualmente segura para alcanzar el privilegio; si somos
nacidos en la casa del sacerdote, tomamos nuestro lugar con el resto de
la familia. La regeneración nos hace coherederos, y partes del mismo
cuerpo; y, por tanto, la paz, el gozo y la gloria que el Padre ha dado a
Cristo, Cristo nos ha dado a nosotros. La redención y la regeneración
nos han dado un doble derecho al permiso divino para esta promesa.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Éxo 4:12 Ahora pues, ve, y Yo estaré con tu boca, y te instruiré acerca de lo que hablarás (BTx 3)
“Ahora pues, vé, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.” Éxo_4:12.
Muchos
verdaderos siervos del Señor son tardos en el habla, y cuando son
llamados para predicar a su Señor, se encuentran en grande confusión por
miedo de arruinar una buena causa gracias a su intermediación. En tales
casos es bueno recordar que el Señor hizo la lengua que es muy tarda, y
tenemos que tener cuidado de no culpar a nuestro Hacedor. Podría ser
que una lengua tarda no sea un mal tan grande como lo podría ser una
lengua rápida, y la escasez de palabras puede ser una mayor bendición
que los torrentes de verbosidad. Es también muy cierto que el verdadero
poder salvador no radica en la retórica humana, ni en sus tropos, y sus
hermosas frases, y grandes despliegues. La falta de fluidez no es una
gran falla como pudiera parecer.
Si
Dios está con nuestra boca, y con nuestra mente, tendremos algo mejor
que el metal que resuena de la elocuencia, o el címbalo que retiñe de la
persuasión. La enseñanza de Dios es sabiduría; Su presencia es poder.
Faraón tenía más razón de temer al tartamudeante Moisés que al más
habilidoso orador de Egipto; pues lo que Moisés decía contenía poder;
Moisés habló plagas y muertes. Si el Señor está con nosotros en nuestra
debilidad natural, entonces estaremos ceñidos de poder sobrenatural. Por
tanto, hablemos por Jesús con denuedo, tal como debemos hacerlo.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Gén
17:7 Yo establezco mi pacto entre Yo y tú, y tu descendencia después de
ti en sus generaciones como alianza eterna, para ser el Dios tuyo y el
de tu descendencia después de ti (BTx 3)
“Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti.” Gén_17:7.
Oh
Señor, Tú has hecho un pacto conmigo, siervo Tuyo, en Cristo Jesús mi
Señor; y ahora, te lo imploro, haz que mis hijos sean incluidos en sus
misericordiosas provisiones. Permíteme que crea en esta promesa como
hecha para mí así como fue hecha a Abraham. Yo sé que mis hijos son
nacidos en pecado, y en maldad han sido formados, al igual que los hijos
de los demás hombres; por tanto, no pido nada sobre la base de su
nacimiento, pues bien sé que “Lo que es nacido de la carne, carne es”, y
nada más. ¡Señor, hazlos nacer bajo Tu pacto de gracia por Tu Santo
Espíritu!
Yo
oro por mis descendientes a lo largo de todas las generaciones. Sé Tú
su Dios como eres mi Dios. Mi más excelso honor es que Tú me hayas
permitido servirte; que mi prole te sirva en todos los años venideros.
¡Oh Dios de Abraham, sé el Dios de su Isaac! ¡Oh Dios de Ana, acepta a
su Samuel!
Señor,
si Tú me has favorecido en mi familia, te suplico que recuerdes a otros
hogares de Tu pueblo que permanecen sin bendición. Sé el Dios de todas
las familias de Israel.
No
permitas que ninguno de los que temen Tu nombre sea juzgado junto con
el hogar impío y perverso, por Tu Hijo Jesucristo. Amén.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
