jueves, 14 de agosto de 2014

Disciplina paternal


1Re 11:39 y por esto humillaré a la descendencia de David, pero no para siempre (BTx 3)

“Y yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto, mas no para siempre.”  1Re_11:39.

En la familia de la gracia hay disciplina, y esa disciplina es lo suficientemente severa para que pecar sea algo malo y amargo. Salomón, desviado por sus esposas extranjeras, se había erigido otros dioses, y había provocado gravemente al Dios de su padre; por tanto, diez porciones de las doce que constituían su reino le fueron arrancadas, y fueron establecidas como un estado rival. Esta fue una dolorosa aflicción para la casa de David, que sobrevino sobre esa dinastía claramente proveniente de la mano de Dios, como resultado de la conducta impía. El Señor castigará a Sus más amados siervos si se apartan de la plena obediencia a Sus leyes: quizás en este preciso momento tal castigo esté sobre nosotros. Clamemos humildemente: “Oh Señor, hazme entender por qué contiendes conmigo.”
¡Cuán preciosa es esa cláusula salvadora: “mas no para siempre”! El castigo del pecado es eterno, pero la disciplina paternal por el pecado en un hijo de Dios, no es sino por un tiempo. La enfermedad, la pobreza, la depresión de espíritu, pasarán cuando hubieren rendido el pretendido efecto. Recuerden que no estamos bajo la ley sino bajo la gracia.
La vara puede hacer que nos dolamos, pero la espada no hará que muramos. Nuestro dolor presente tiene el propósito de conducirnos al arrepentimiento, para que no seamos destruidos con los malvados.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


 



miércoles, 13 de agosto de 2014

¡Qué obra tan veloz!


Isa 65:24 Y acontecerá que antes que clamen, Yo responderé; Cuando todavía estén hablando, Yo ya habré oído (BTx 3)

“Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído.” Isa_65:24.

¡Qué obra tan veloz! El Señor nos oye antes de que llamemos; y con frecuencia responde con la misma prontitud. Previendo nuestras necesidades, y nuestras oraciones, arregla la providencia de tal manera que antes de que surja realmente la necesidad, Él la satisface, y antes de que la tribulación asedie, Él nos arma contra ella. Esta es la prontitud de la omnisciencia, y a menudo la hemos visto ejercitada. Antes de que soñáramos con la aflicción que venía, ya había llegado la poderosa consolación que había de sustentarnos a lo largo de ella. ¡Contamos con un Dios que responde las oraciones!
La segunda cláusula nos sugiere el teléfono. Aunque Dios esté en el cielo y nosotros en la tierra, Él hace que nuestra palabra, al igual que Su propia palabra, viaje muy velozmente. Cuando oramos correctamente, hablamos al oído de Dios. Nuestro agraciado Mediador presenta nuestras peticiones de inmediato, y el grandioso Padre las oye y les sonríe. ¡Qué grandioso es orar! ¿Quién no se entregaría de lleno a la oración, sabiendo que el Rey de reyes le oye? Hoy voy a orar con fe, no solamente creyendo que seré oído, sino que soy oído; no solamente sabiendo que Él me responderá, sino que ya tengo la respuesta. ¡Santo Espíritu, ayúdame en esto!

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

 
 



martes, 12 de agosto de 2014

Tú alumbras mis tinieblas


2Sa 22:29 ¡Tú eres mi lámpara, oh YHVH! ¡Oh YHVH, Tú alumbras mis tinieblas! (BTx 3)

“Tú eres mi lámpara, oh Jehová; mi Dios alumbrará mis tinieblas.”  2Sa_22:29

¿Estoy en la luz? Entonces Tú, oh Señor, eres mi lámpara. Si te alejaras, mi gozo partiría; pero en tanto que estés conmigo, puedo prescindir de las antorchas del tiempo y de las lámparas del consuelo creado. ¡Qué luz derrama sobre todas las cosas la presencia de Dios! Nos enteramos de un  faro que podía ser visto desde una distancia de veinte millas, pero nuestro Jehová no sólo es un Dios que tenemos a la mano, sino que es visto desde lejos, incluso en el país del enemigo. Oh, Señor, cuando Tu amor llena mi corazón, soy tan feliz como un ángel. Tú eres todo mi deseo. 
¿Estoy en tinieblas? Entonces Tú, oh Señor, alumbrarás mis tinieblas. Muy pronto las cosas cambiarán. Los asuntos podrían tornarse más y más funestos, y las nubes podrían ir acumulándose; pero si se pusiera tan oscuro que no pudiera ver ni mi propia mano, todavía veré la mano del Señor. Cuando no pueda encontrar una luz dentro de mí, ni entre mis amigos, ni en el mundo entero, el Señor, que dijo: “Sea la luz”, y fue la luz, puede decir lo mismo de nuevo. Por Su palabra mis tinieblas serán alumbradas. No moriré, sino viviré. El día está naciendo. Este precioso texto brilla como la estrella matutina. Batiré mis manos de gozo antes de que pasen muchas horas.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
 



lunes, 11 de agosto de 2014

¡Bendita postura!


Sal 62:1  ¡Sólo en Dios se aquieta mi alma! ¡De Él procede mi salvación! (BTx 3)

“En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación.”  Sal_62:1.

¡Bendita postura! Esperar verdadera y únicamente en el Señor. Esta debe ser nuestra condición durante todo este día, y cada día. Esperar lo que a Él le agrade, esperar en Su servicio, esperar en gozosa esperanza, esperar en oración y contentamiento. Cuando la propia alma espera de esta manera, está en la mejor y más verdadera condición de una criatura delante de su Creador, de un siervo delante de su Señor y de un hijo delante de su Padre. No toleramos intentar prescribirle a Dios, ni quejarnos delante de Dios; no permitiremos ninguna petulancia, ni ninguna desconfianza. Al mismo tiempo, no acostumbramos correr delante de la nube, ni buscar la ayuda en los demás: nada de esto sería tener el alma acallada en Dios. Dios, y sólo Dios, es la esperanza de nuestros corazones. 
¡Bendita seguridad! De Él nos viene la salvación y viene en camino. Vendrá de Él, y de nadie más. Él recibirá toda la gloria por ello, pues sólo Él puede y quiere darnos la salvación. Y Él lo hará con toda certeza en el tiempo y en la manera establecidos por Él.
Él salvará de la duda y del sufrimiento, y de la calumnia, y de la turbación. Aunque todavía no veamos ninguna señal de salvación, estamos satisfechos de aguardar la voluntad del Señor, pues no tenemos desconfianza de Su amor y fidelidad. Él hará Su obra con certeza en breve, y nosotros le alabaremos por la misericordia venidera.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


 


domingo, 10 de agosto de 2014

De Aquel que nunca cambia


1Sa 2:7 YHVH hace empobrecer y hace enriquecer, Él abate y Él exalta (BTx 3)

“Jehová empobrece, y él enriquece; abate y enaltece.”  1Sa_2:7

Todos mis cambios provienen de Aquel que nunca cambia. Si me hubiese vuelto rico, debí haber visto Su mano en ello, y debí haberlo alabado; he de ver igualmente Su mano si empobrezco, y he de alabarle de todo corazón. Cuando bajamos en el mundo, es por el Señor, y por ello debemos tomarlo pacientemente: cuando subimos en el mundo, es por el Señor, y hemos de aceptarlo agradecidamente. En cualquier caso, el Señor lo ha hecho, y está muy bien. 
Parecería que la manera de operar del Señor es de abatir a aquellos que tiene la intención de enaltecer, y de desnudar a los que tiene la intención de vestir. Si es Su manera de hacerlo, entonces es la manera más sabia y la mejor. Si estoy experimentando ahora el abatimiento, haría bien en regocijarme, pues veo en ello el prefacio del enaltecimiento. Entre más seamos humillados por la gracia, más seremos exaltados en gloria. Ese empobrecimiento que será tornado para nuestro enriquecimiento, ha de ser bienvenido. 
Oh Señor, últimamente Tú me has abatido, y me has hecho sentir mi insignificancia y mi pecado. No es una experiencia agradable, pero te suplico que la conviertas en algo benéfico. ¡Oh, que de esta manera me habilites para soportar un mayor peso de deleite y de utilidad; y cuando esté listo para ello, entonces concédemelo, por Cristo nuestro Señor! Amén.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
 




sábado, 9 de agosto de 2014

Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo levanta


Jua 15:2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo levanta; y todo el que lleva fruto, lo limpia para que lleve más fruto (BTx 3)

“Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”  Jua_15:2.

Esta es una preciosa promesa para alguien que vive para la fecundidad. Al principio, parece mostrar un aspecto severo. ¿Tiene que ser podada la rama fructífera? ¿Es preciso que el cuchillo corte a los mejores y a los más útiles? Sin duda así es, pues gran parte de la obra de purificación de nuestro Señor es llevada a cabo por medio de aflicciones de un tipo o de otro. No son los malvados sino los buenos los que reciben la promesa de tribulación en esta vida. Pero, entonces, el fin compensa con creces la dolorosa naturaleza de los medios. Si podemos producir más fruto para nuestro Señor, no nos importará la poda ni la pérdida de follaje. 
Aun así, la limpieza es obrada algunas veces por la Palabra aparte de la tribulación, y esto elimina cualquier cosa que pudiera parecer dura en el sabor de la promesa. Por la Palabra seremos hechos más agraciados y más útiles. El Señor, que nos ha hecho fructíferos, en una medida, operará en nosotros hasta que alcancemos un grado más alto de fecundidad. ¿Acaso no este un grande gozo? En verdad hay más consuelo en una promesa de fecundidad que si se nos hubiesen garantizado riquezas, o salud u honor. 
¡Señor Jesús, apresúrate a cumplir en mí Tu palabra de gracia, y hazme abundar en fruto para tu alabanza! 

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


 




viernes, 8 de agosto de 2014

Seguros de la omnipotente ayuda


Isa 50:7 Pero Adonay YHVH me ayudará, por tanto, no estoy abochornado; Por eso he puesto mi rostro como un pedernal, Y sé que no seré avergonzado (BTx 3)

“Jehová el Señor me ayudará.”  Isa_50:7.

Estas son, en profecía, las palabras del Mesías en el día de Su obediencia hasta la muerte, cuando dio Su cuerpo a los heridores, y Sus mejillas a los que le mesaban la barba. Él confiaba en el sustento divino, y esperaba en Jehová.
¡Oh alma mía, tus aflicciones son como el polvito de la balanza, comparadas con las aflicciones de tu Señor! ¿Acaso no puedes creer que el Señor Dios te ayudará? Tu Señor estaba en una posición peculiar; pues como el representante de los hombres pecadores -su sustituto y su sacrificio- era necesario que el Padre lo dejara, y lo condujera a experimentar la deserción del alma. Una tal necesidad no es impuesta sobre ti: tú no estás obligado a clamar: “¿Por qué me has desamparado?” El Salvador aun en esa condición confió en Dios, y ¿no podrías hacerlo tú? Él murió por ti, y de esta manera hizo imposible que seas dejado solo; por tanto, ten buen ánimo. 
En los trabajos y en las pruebas de este día, digan: “Jehová el Señor me ayudará.”
Salgan valerosamente. Pongan su rostro como un pedernal, y tomen la determinación de que ningún desmayo ni timidez se apoderarán de ustedes. Si Dios ayuda, ¿quién puede impedirlo? Si están seguros de la omnipotente ayuda, ¿qué podría ser demasiado pesado para ustedes? Comiencen el día con gozo, y no permitan que ninguna sombra de duda se interponga entre ustedes y el eterno brillo del sol.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román