Sal 55:16 Pero yo clamaré a ’Elohim, y YHVH me salvará (BTx 3)
“En cuanto a mí, a Dios clamaré; y Jehová me salvará.” Sal_55:16.
Sí,
debo orar y lo haré. ¿Qué otra cosa podría hacer? Traicionado,
abandonado, acongojado, frustrado, oh mi Dios, clamo a Ti. Mi Siclag
está reducida a cenizas, y los hombres hablan de apedrearme; pero yo
aliento a mi corazón en el Señor, que me sostendrá en esta prueba como
me ha sostenido en otras muchas pruebas. Jehová me salvará; estoy seguro
que lo hará, y yo declaro mi fe.
El
Señor me salvará y nadie más. No deseo ninguno otro ayudador, y no
confiaría en un brazo de carne aun si pudiera. Clamaré a Él en la noche,
y en la mañana, y al mediodía, y no clamaré a nadie más, pues Él es
Todo-suficiente.
No
tengo la menor idea de cómo me salvará; pero lo hará, lo sé. Él lo hará
de la mejor y más segura manera, y lo hará en el sentido más grande,
más verdadero, y más pleno. El grandioso YO SOY me librará de esta
prueba y de todas las futuras pruebas, tan ciertamente como Él vive; y
cuando llegue la muerte, y todos los misterios de la eternidad se
presenten a continuación, esta afirmación todavía será cierta: “Jehová
me salvará.” Este será mi cántico a lo largo de todo este día de otoño.
¿No es acaso como una manzana madura proveniente del árbol de la vida?
Me alimentaré de ella. ¡Cuán dulce es a mi paladar!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Isa 48:10 Mira, te purifico no como a plata; Te probaré en el crisol de la aflicción (BTx 3)
“Te he escogido en horno de aflicción.” Isa_48:10.
Este
ha sido desde hace mucho tiempo el lema fijado delante de nuestros ojos
en la pared de nuestro aposento, y de muchas maneras ha sido escrito
también en nuestro corazón. No es algo insignificante ser elegido por
Dios. La elección de Dios convierte a los elegidos en hombres
especiales. Es mejor ser elegido por Dios que elegido por una nación
entera. Este privilegio es tan eminente, que aunque viniere acompañado
de algún inconveniente, lo aceptaríamos gozosamente, de la misma manera
que el judío comía las hierbas amargas que acompañaban al Cordero
Pascual. Nosotros escogemos el horno, puesto que Dios nos escoge en él.
Somos
escogidos como un pueblo afligido, y no como un pueblo próspero;
elegidos, no en el palacio, sino en el horno. En el horno la belleza es
desfigurada, la moda es destruida, la fortaleza es derretida, la gloria
es consumida, y, sin embargo, aquí el amor eterno revela sus secretos, y
declara su escogencia. Así ha sido en nuestro caso. En tiempos de las
más severas pruebas, Dios nos ha hecho claros nuestro llamamiento y
elección, y nosotros los hemos hecho firmes: entonces hemos elegido al
Señor para que sea nuestro Dios, y Él ha mostrado que somos ciertamente
Sus elegidos. Por lo tanto, si hoy el horno es calentado siete veces
más, no le temeremos, pues el glorioso Hijo de Dios caminará con
nosotros en medio de los carbones ardientes.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Eze 34:22 Por tanto Yo salvaré a mis ovejas, y no serán más una presa, y juzgaré entre oveja y oveja (BTx 3)
“Y juzgaré entre oveja y oveja.” Eze_34:22.
Algunos
son gordos y prósperos, y por eso son rudos con los débiles. Este es un
pecado cruel, y causa mucha aflicción. Esos empujones con el costado y
con el hombro, esos empellones a las enfermas con los cuernos, son un
triste instrumento de ofensa en las asambleas de los creyentes
profesantes. El Señor toma nota de estos hechos altivos y groseros, y se
enoja grandemente por causa de ellos, pues Él ama al débil.
¿Se
cuenta mi lector entre los despreciados? ¿Es un gemidor en Sion y un
hombre marcado por causa de su tierna conciencia? ¿Lo juzgan duramente
estos hermanos? Que no resienta su conducta; sobre todo, que no empuje
ni dé empellones en retribución.
Que
deje el asunto en las manos del Señor. Él es el Juez. ¿Por qué
habríamos de entrometernos en Su oficio? Él decidirá mucho más
justamente que nosotros. Su tiempo para el juicio es el mejor, y no
debemos tener ansias de apresurarlo.
Que
se ponga a temblar el opresor de empedernido corazón. Aunque atropelle
impunemente a los demás en el momento presente, todas sus altivas
expresiones están debidamente registradas, y por cada una de ellas habrá
de rendir cuentas ante el tribunal del Grandioso Juez.
¡Paciencia alma mía! ¡Paciencia! El Señor conoce tu aflicción. ¡Tu Jesús tiene piedad de ti!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Eze 34:15 Yo apacentaré mi rebaño, y Yo lo haré sestear, dice Adonay YHVH (BTx 3)
Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor.” Eze_34:15.
Bajo
el pastorado divino, los santos son alimentados hasta la saciedad. La
suya no es una insatisfactoria ración vana de simple “pensamiento”; mas
el Señor alimenta a los santos con la sólida verdad sustancial de la
revelación divina. Hay en la Escritura un nutrimento real para el alma
que es introducido en el corazón por el Espíritu Santo.
Jesús,
Él propio, es el alimento que sostiene la vida de los creyentes.
Nuestro Grandioso Pastor nos promete que ese sagrado sustento nos será
dado por Su propio Ser. Si, en el día domingo, nuestro pastor terrenal
tuviera las manos vacías, el Señor no las tiene vacías.
La
mente descansa cuando es alimentada con la santa verdad. Quienes son
alimentados por Jehová están en paz. Ningún perro los preocupará, ningún
lobo los devorará, ningunas inclinaciones a la intranquilidad los
turbarán. Se acostarán y digerirán el alimento que han disfrutado. Las
doctrinas de la gracia no sólo son sustentadoras, sino también
consoladoras: en ellas tenemos los medios que nos vigorizan y nos hacen
descansar. Si los predicadores no nos proporcionaran descanso, busquemos
al Señor para encontrar el descanso.
Que
el Señor nos conduzca en este día a alimentarnos en los pastos de la
Palabra, y nos dé descanso en ellos. Que este día esté marcado, no por
la insensatez, ni por la preocupación, sino por la Meditación y la Paz.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

1Co 1:19 Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé la inteligencia de los entendidos (BTx 3)
“Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos.” 1Co_1:19.
Este
versículo es una amenaza para los sabios del mundo, pero es una promesa
para el simple creyente. Los que se declaran eruditos están
continuamente tratando de convertir en cenizas la fe del humilde
creyente. Pero fallan en sus intentos. Sus argumentos se desploman, sus
teorías caen por su propio peso, y sus conspiraciones infernales se
delatan a sí mismas antes de que su propósito se vea cumplido. El viejo
Evangelio no está extinto todavía, ni lo estará mientras el Señor viva.
Si pudiera ser exterminado, ya habría perecido de sobre la faz de la
tierra desde hace mucho tiempo.
Nosotros
no podemos destruir la sabiduría de los sabios, ni procuramos
intentarlo, pues la obra está en mejores manos. El propio Señor dice:
“lo haré” y Él nunca resuelve en vano. Él declara Su propósito dos veces
en este versículo, y podemos tener la certeza que no se apartará de
él.
¡Qué
obra tan perfecta de limpieza hace el Señor en lo relativo a la
filosofía y al “pensamiento moderno” cuando pone Sus manos en ello!
Abate la fina apariencia hasta convertirla en nada; destruye por
completo la madera, el heno y la hojarasca. Está escrito que será así, y
así será. Señor, hazlo pronto. Amén y Amén.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

“Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan.” Pro_8:17.
La
sabiduría ama a los que la aman, y busca a los que la buscan. El que
busca ser sabio, ya es sabio, y el que diligentemente busca la
sabiduría, ya casi la ha encontrado. Lo que es válido para la sabiduría
en general, es especialmente válido para la sabiduría encarnada en
nuestro Señor Jesús. A Él hemos de amar y buscar, y, a cambio, gozaremos
de Su amor, y lo encontraremos.
Nuestra
obligación es buscar a Jesús pronto en la vida. ¡Felices son los
jóvenes que pasan su mañana con Jesús! Nunca es demasiado temprano para
buscar al Señor Jesús.
Los
que buscan temprano tienen certeza de encontrar. Hemos de buscarle
temprano con diligencia. Los comerciantes que prosperan se levantan
temprano, y los santos que prosperan buscan a Jesús con avidez. Los que
encuentran a Jesús para su enriquecimiento se entregan de corazón a
buscarlo. Primero, hemos de buscarlo, y por tanto hemos de buscarlo lo
más temprano posible. Jesús por sobre todo. Jesús, primero, y ninguna
otra cosa, ni siquiera como un mal secundario.
La
bendición es que Él será hallado. Él se revela más y más a nuestra
búsqueda. Él se entrega más plenamente a nuestra comunión. Felices los
hombres que buscan a uno que, cuando es encontrado, permanece con ellos
para siempre, un tesoro que se torna cada vez más precioso para sus
corazones y sus entendimientos.
Señor Jesús, yo te he encontrado; sé encontrado por mí hasta un grado inefable de gozosa satisfacción.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Sal 76:10 Ciertamente el furor del hombre te exaltará, Y te ceñirás con el residuo de inútiles furores (BTx 3)
“Ciertamente la ira del hombre te alabará; Tú reprimirás el resto de las iras.” Sal_76:10.
Los
hombres malvados son coléricos. Debemos soportar su ira como el
distintivo de nuestro llamamiento, como la señal de nuestra separación
de ellos: si fuésemos del mundo, el mundo amaría a los suyos. Nuestro
consuelo es que la ira del hombre redundará en la gloria de Dios. Cuando
en su ira los perversos crucificaron al Hijo de Dios, estaban
cumpliendo el propósito divino sin darse cuenta, y en miles de ocasiones
la obstinación de los impíos hace lo mismo. Ellos se consideran libres,
pero, como convictos sujetos a cadenas, están cumpliendo
inconscientemente los decretos del Todopoderoso.
Las
artimañas de los malvados son vencidas y terminan siendo derrotados.
Actúan de una manera suicida, y frustran sus propias conspiraciones. Su
ira no producirá nada que pueda dañarnos verdaderamente. Cuando quemaron
a los mártires, el humo que subía de la hoguera enfermaba a los hombres
del Papado más que ninguna otra cosa.
Entre
tanto, el Señor tiene un bozal y una cadena para los osos. Él restringe
la más furiosa ira del enemigo. Es como un molinero que detiene la
corriente, y sólo permite que fluya el agua suficiente para hacer girar
la rueda de su molino. Así que no suspiremos, sino cantemos. Todo está
bien, sin importar cuán fuerte sople el viento.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
