Isa
32:2 Aquel varón será como abrigo del viento, Como refugio contra la
tempestad, Como corrientes de aguas en tierra seca, Como sombra de roca
maciza en tierra calurosa (BTx 3)
Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión. Isaías 32:2
Todos sabemos quién es ese varón. ¿Quién podría ser sino el segundo Adán, el Señor de los cielos, varón de dolores, el Hijo del Hombre? ¡Qué escondedero para su pueblo! Él mismo ha soportado toda la furia del viento, y por eso puede amparar a todos los que se refugian en él. Por su medio hemos escapado nosotros de la ira de Dios escaparemos de la ira de los hombres, de los cuidados de esta vida y del temor de la muerte. ¿Por qué exponernos al viento cuando tan fácilmente y con total seguridad podemos refugiarnos en nuestro Señor? Corramos hoy en pos de Él y gozaremos de paz.
Muchas veces se levanta el viento de la aflicción con tanta fuerza que se convierte en tempestad que lo arrastra todo. Cosas que parecían estar firmes se tambalean ante el ímpetu del viento, y muchas y grandes son las caídas de nuestra confianza carnal. Nuestro Señor Jesucristo, el varón glorioso, es un refugio que nunca se derrumba.
Escondidos en Él, vemos cómo pasa la tormenta arrolladora, mas nosotros descansamos tranquilos en su seguridad. Refugiémonos hoy en nuestro escondedero y cantemos confiadamente bajo la protección de nuestro refugio: ¡Bendito Jesús! ¡Cuánto te amamos! Bien podemos amarte, porque Tú eres nuestro refugio en la tempestad.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Stg
1:12 Bienaventurado el varón que soporta la prueba, porque cuando salga
aprobado, recibirá la corona de la vida, que prometió° a los que lo
aman (BTx 3)
"Bienaventurado
el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la
prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le
aman." Stg_1:12
Sí, bienaventurado es mientras sufre la tentación. Nadie puede ver esto hasta que sus ojos hayan sido ungidos con el divino colirio. Mas debe sufrir sin rebelarse contra Dios ni apartarse de su integridad. Bienaventurado es el que ha pasado por el fuego y no ha sido consumido como el falso metal.
Cuando ha terminado la prueba, viene la marca de la aprobación divina: «la corona de la vida». Como si dijera el Señor: «Que viva; ha sido pesado en balanza y no es hallado falto». La vida es el galardón: no la simple existencia, sino una existencia santa, feliz y verdadera, que realiza el plan de Dios en nosotros. Una forma más elevada de vida espiritual y de felicidad, corona a quienes han pasado por las más duras pruebas de la fe y del amor.
El Señor ha prometido la corona de la vida a los que le aman. Sólo quienes le aman pueden mantenerse firmes en el momento de la prueba; los demás, caerán, murmurarán o volverán al mundo. Alma mia, ¿amas al Señor? ¿Le amas de verdad? ¿Con todo tu corazón? Entonces has de saber que ese amor será probado; pero las muchas aguas no lo apagarán, ni los ríos lo ahogarán. Señor, haz que tu amor alimente el mio hasta el fin.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Deu
33:28 Israel acampa en seguridad, Apartada vive la fuente de Jacob, En
tierra de trigo y de vino, Bajo sus cielos que destilan rocío. (BTx 3)
También sus cielos destilarán rocío. Deuteronomio 33:28
Lo que en Oriente es el rocío para la naturaleza, eso es la influencia del Espíritu Santo en el reino de la gracia. ¡Cuánto lo necesito! Sin el Espíritu de Dios, soy una planta seca que se mustia. Desmayo, decaigo y muero. ¡Cuán gratamente me refresca este rocío! Pero desde que este rocío me refresca, me reanimo y me siento contento, fortalecido, gozoso. No necesito otra cosa. El Espíritu Santo me trae vida y todo cuanto se requiere para vivir. Todo lo demás, sin el rocío del
Espíritu Santo, lo reputo como nada: oigo, leo, oro, canto, me acerco a la mesa de la comunión, y no encuentro bendición hasta que me visita el Espíritu Santo. Tan pronto como Él me ciega, todos los medios de gracia me resultan dulces y provechosos. ¡Qué promesa tan grata para mí!... «Sus cielos destilarán rocío». Seré visitado por la gracia; no seré abandonado en mi sequedad natural, ni al calor abrasador del mundo, ni al soplo ardiente de la tentación. ¡Sienta yo ahora mismo el rocío apacible, silencioso y bienhechor del Señor! ¿Y por qué no? Él me ha dado la vida y me ha hecho crecer como la hierba de los prados, me tratará como se trata a la hierba y me refrescará desde lo alto. La hierba no puede clamar por el rocío, como puedo clamar yo. El Señor, que visita la planta que no pide, contestará a su hijo que le ruega.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Hch 16:31 Contestaron ellos: Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y tu casa (BTx 3)
Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Hechos 16:31
Estas
palabras dirigidas a un hombre que había puesto su espada al cuello son
también el Evangelio para mí. Esto mismo es lo que me convendría si
estuviera moribundo,y en verdad es lo que necesito mientras viva. Aparto
la vista de mí mismo, de mi pecado, de toda idea de méritos personales,
y confío en el Señor Jesús como el Salvador que Dios me ha dado. Creo
en Él, descanso en Él y le acepto enteramente. Señor, soy salvo y lo
seré por toda la eternidad, porque creo en Jesús. ¡Bendito sea su santo nombre! Manifieste yo cada día con mi vida que soy salvo del egoísmo, del amor al mundo y de todo pecado.
Por
lo que se refiere a la última palabra «casa»: Señor, no quiero irme con
una promesa a medias, ya que Tú me la das completa. Te ruego que salves
a toda costa mi familia. Salva a los más cercanos y queridos; convierte
a los hijos y nietos si los tuviere, sé benigno a mis criados y a
cuantos viven bajo mi techo o que trabajan bajo mis órdenes. Tú me haces esta promesa a mí personalmente, si creo en el Señor Jesús; te ruego que obres conforme a tu palabra. Quisiera
repasar todos los días en mis oraciones los nombres de mis hermanos y
hermanas, padres, hijos, amigos, parientes, criados, y no darte descanso
hasta que sea cumplida esta palabra «y tu casa».
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud. Lamentaciones 3:27
Aquí tenemos una nueva promesa. Siempre ha sido y será bueno para mí llevar el yugo. Al comienzo de mi vida, tuve que sentir el peso de la convicción, y desde entonces he comprendido que esa carga enriquece mi alma. ¿Habría yo podido amar tanto el Evangelio si mi propia experiencia no me hubiese enseñado la salvación por gracia? Jabes fue más ilustre que sus hermanos, porque su madre le parió con dolor, y todos los que sufren al nacer de nuevo para Dios, se hacen firmes creyentes en la gracia soberana. El yugo de la crítica es penoso, pero dispone al alma para la gloria futura. Quien no acepta el desafío del desprecio, no es apto para ser jefe. El elogio embriaga cuando no va precedido de la afrenta. Los hombres que se encaraman sin esfuerzo, de ordinario caen en la deshonra. El yugo de la aflicción, de los contratiempos y del excesivo trabajo, nunca debe ser buscado; mas cuando el Señor nos lo impone en nuestra mocedad, a menudo forma un carácter dispuesto a glorificar a Dios y bendecir a la iglesia. Ven, alma mía, dobla tu cuello; y toma tu cruz. Buena fue para ti cuando eras joven, y ahora no te hará daño. Por amor de Jesús cárgala sobre tus hombros con alegría.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Deu 28:6 Bendito serás en tu entrar y bendito serás en tu salir (BTx 3)
Bendito serás en tu entrar y bendito en tu salir. Deuteronomio 28:6
Las bendiciones de la ley no han sido anuladas.
Jesús confirmó las promesas cuando Él llevó sobre sí el castigo del transgresor. Si observo los mandamientos del Señor, indudablemente puedo apropiarme de las bendiciones de esta promesa. En este día, entraré en mi casa sin temer malas noticias, y entraré en mi cámara con la esperanza de oír buenas nuevas de mi Señor. No temeré entrar en mí mismo para examinar diligentemente los negocios de mi conciencia. Tengo mucho que hacer en mi interior, dentro de mi propia alma. ¡Ojalá recibiera una bendición, la bendición que el Señor Jesús que ha prometido para mi alma! También debo salir. La timidez me impulsa a quedarme en casa y nunca salir de ella. Pero fuerza es salir a mis obligaciones, para ayudar a mis hermanos y ser útil a los pecadores. Debo ser un defensor de la fe y enemigo declarado del mal. Quiera el Señor que también sobre mi salida descienda la bendición de Dios en este día! ¡Señor, iré adonde Tú me guíes, realizando aquellos trabajos que Tú me has confiado siempre bajo tu dirección y con el poder de tu Santo Espíritu!
Señor Jesús, entra conmigo y sé mi huésped; y después sal fuera conmigo, y haz que mi corazón arda mientras me hables por el camino.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Pro 28:14 ¡Dichoso el hombre que teme siempre! Pero el contumaz caerá en la desgracia (BTx 3)
Bienaventurado el hombre que siempre teme a Dios. Proverbios 28:14
El temor de
Dios es el principio y fundamento de la verdadera religión. Sin un temor
reverencial de Dios, no es posible encontrar apoyo para las virtudes
más brillantes. El alma que no adora, jamás conocerá la santidad. Feliz
aquél que siente un temor santo de hacer el mal. El santo temor no sólo
mira antes de saltar, sino también antes de moverse. Teme errar; teme
faltar a su deber; teme cometer el pecado; teme las malas compañías, las
conversaciones livianas y la astucia engañosa. Esto a nadie hace
miserable, mas
trae felicidad. El centinela que vigila es más feliz que el soldado que
duerme en su puesto. Quien prevé el mal y lo huye es más afortunado que
quien anda descuidado y es destruido. El
temor de Dios es una gracia tranquila que guía al hombre por camino
seguro. De él está escrito: «No habrá allí león, ni bestia fiera subirá
por él». El temor de toda apariencia de mal es un principio purificador
que, por el poder del Espíritu Santo, pone al hombre en condiciones de conservar sus vestiduras limpias en este mundo. En ambos casos, el que «siempre está temeroso» es feliz. Salomón había probado los regalos del mundo y el temor de Dios; en los primeros encontró vanidad, y en el último, la felicidad. No repitamos la prueba que él hizo; atengámonos a su veredicto.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.