Mar 16:7 Pero id, decid a sus discípulos y a Pedro que va delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo (BTx 3)
Él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis como os dijo. Marcos 16:7
Allí
donde convocó a sus discípulos, allí estaría Jesús a su tiempo. Jesús
acude a la cita. Si promete encontrarnos ante el trono de la gracia, en
la congregación, o en lo secreto, podemos estar ciertos de que allí
estará Él. Por culpa nuestra podemos ausentarnos del puesto que se nos
ha señalado, pero Él nunca se ausenta. «Donde están, dice, dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos»; no dice: «allí estaré», sino «allí estoy».
Jesús
siempre es el primero en acudir a la cita. «Él va antes que vosotros».
Su corazón está con su pueblo; se goza con los suyos y nunca tarda en
hacerse encontradizo. Siempre es Él quien se nos adelanta. Pero, además, se revela a los que le siguen: «Allí le veréis». ¡Qué visión tan gozosa. Poco nos importa dejar de ver a los hombres más ilustres, pero si vemos a Él, estamos llenos de gozo y de paz. Y ciertamente le veremos porque Él promete venir a los que en Él creen, y manifestarse en ellos. Podéis estar seguros de que así será, porque siempre obra en conformidad con sus palabras: «Como os dijo». Tomad estas últimas palabras, y confiad en que hasta el fin Él hará con vosotros «como os dijo».
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Jua
16:13 Pero cuando venga Aquél, el Espíritu de la Verdad, os guiará en
toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará
cuanto oirá, y os
anunciará las cosas que han de venir (BTx 3)
Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad. Juan 16:13
La verdad es como una profunda gruta en la que deseamos entrar, pero no podemos atravesarla solos. La entrada es clara y brillante; pero si quisiéramos entrar más adentro
y explorar todos sus rincones, necesitaríamos un guía; de lo contrario nos perderíamos. El Espíritu Santo, que conoce perfectamente toda la verdad, es el guía señalado a todos los creyentes, y Él los conduce en la medida en que son capaces de ser conducidos, de una cámara a otra, para que vean las cosas profundas de Dios y para que les sean revelados sus secretos. ¡Qué promesa tan grande para un entendimiento humilde e investigador! Todos deseamos conocer la verdad y entrar en ella. Tenemos conciencia de que estamos sujetos a error, y sentimos la necesidad urgente de un guía. Nos regocijamos de que el Espíritu Santo haya venido y que more entre nosotros. Consiente en ser nuestro guía, y nosotros aceptamos complacidos su dirección. Deseamos saber «toda la verdad» para que no seamos parciales y desequilibrados. No quisiéramos
ser voluntariamente ignorantes de ninguna parte de la
revelación, no sea que por esta ignorancia perdamos una bendición y caigamos en el pecado. El Espíritu de Dios ha venido para guiarnos en toda verdad. Escuchemos con corazón obediente sus palabras y sigamos su dirección.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Miq
5:7 El remanente de Jacob será en medio de muchos pueblos como el rocío
de YHVH, Como la lluvia sobre la hierba, que no aguarda a nadie, Ni
pone su esperanza en los hijos del hombre. (BTx 3)
El remanente de Jacob será en medio de muchos pueblos como el rocío de Jehová, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan varón, ni aguardan a hijos de hombres. Miqueas 5:7
Si
esto es verdadero con respecto a Israel, mucho más lo será en lo que se
refiere al Israel espiritual, al pueblo creyente de Dios. Cuando los
santos son lo que deben ser, constituyen una verdadera bendición para
aquellos que les rodean. Son como el rocío, porque de una manera
tranquila y reposada refrescan a todos los que están a su alrededor.
Silenciosa, pero eficazmente, cumplen un ministerio en su favor y
contribuyen al gozo y crecimiento de los que conviven con
ellos. Recién venidos del cielo y reluciendo como diamantes al sol, los
buenos se cuidan de los débiles y de los pequeños, de suerte que hasta
una brizna de hierba tiene su gota de rocío. Son menudas
individualmente, es cierto, pero, unidas, son suficientes para las obras
que el Señor se propone realizar en ellas. Las gotas de rocío pueden regar campos inmensos. ¡Haznos, Señor, como el rocío! Los
hijos de Dios son como las lluvias, que vienen por mandato del cielo
sin el consentimiento y la autorización del hombre. Trabajan por Dios,
quiéranlo o no quieran los hombres; a nadie piden permiso, como no lo piden las lluvias.
Señor, haznos intrépidos y libres en tu servicio dondequiera que sea echada nuestra suerte.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Jua 12:32 Y Yo, cuando sea levantado en alto de sobre la tierra, a todos atraeré a mí mismo (BTx 3)
Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Juan 12:32
Venid, obreros del Evangelio, y cobrad ánimo.
Teméis que no os será posible llevar a Él una congregación.
Intentad predicar a un Salvador crucificado, resucitado y que ha subido a los cielos, porque éste es el mayor atractivo que puede ser presentado a los hombres. ¿Quién los llevará a Cristo sino Cristo mismo? ¿Qué os atrae a Él sino su sagrada persona? Si habéis sido atraídos a la religión por otra cosa, pronto os apartaréis de ella. Jesús os ha retenido y os retendrá hasta el fin. ¿Por qué, pues, dudáis de poder atraer a otros? Id en nombre de Jesús a los que hasta el presente se han manifestado reacios y probad si con esto lográis atraerlos. Ningún hombre se halla fuera del alcance
de este poder atractivo. Viejos y jóvenes, ricos y pobres, ignorantes y sabios, depravados y rectos, todos sentirán su poderosa atracción. Jesús es el único imán. No busquéis otros. La música no llevará a los hombres a Jesús, ni tampoco la elocuencia, ni la lógica, ni la liturgia, ni el aparato. Es Jesús quien debe atraerlos, y Él es poderoso para cumplir con esta tarea en todo tiempo y lugar. No os dejéis arrastrar por la charlatanería moderna; trabajad como obreros en la viña del Señor, y utilizad sus propios medios, y servíos de las redes de Cristo. Atraed a Cristo y atraed por Cristo, porque Cristo atraerá a todos por vuestro medio.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
En cuanto a mí, veré tu rostro enjusticia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza. Salmos 17:15
La heredad de las gentes del mundo alimenta sus cuerpos y enriquece a sus hijos; mas la heredad del creyente es de otra clase. Los hombres del mundo cifran su tesoro en la tierra, mas los hombres del siglo venidero miran más lejos y más alto.
Nuestra posesión es doble. Tenemos la presencia de Dios aquí, y su semejanza, después. Aquí vemos el rostro del Señor en justicia, porque en Cristo Jesús somos justificados.
¡Qué gozo ver el rostro de un Dios reconciliado! La gloria de Dios, vista en el rostro de Jesucristo, nos trae el cielo a la tierra; mas allá arriba será el cielo de los cielos.
Hay más todavía: seremos transformados en aquello que contemplamos. Dormiremos algún tiempo, y después despertaremos para convertirnos en espejos que reflejen la gloria de nuestro Señor. La fe ve a Dios con una mirada que transforma. El corazón recibe la imagen de Jesús en todas sus profundidades, y su carácter queda impreso en el alma. Esta es una verdadera satisfacción. Ver a Dios y ser semejante a Él. ¿Qué más podré desear? La confianza cierta de David se trocó, por el Espíritu Santo, en una promesa del Señor. La creo, la espero. Señor, concédemela. Amén.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Gén
50:24 Después, dijo José a sus hermanos: Yo voy a morir, pero ’Elohim
ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que
juró dar a Abraham, a Isaac, y a Jacob (BTx 3)
Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob. Génesis 50:24
José había sido para sus hermanos la providencia personificada. Todos nuestros Josés mueren, y todos los consuelos con ellos. No se portó así Egipto con Israel después de la muerte de José, ni tampoco el mundo se porta con nosotros del mismo modo que cuando vivían nuestros seres queridos. Pero mirad cómo fue aliviada la triste pena de su muerte. Recibieron la promesa de que el Dios viviente los visitaría. ¡Una visita de Jehová! ¡Qué consuelo! ¡Qué cielo en la tierra! Oh, Señor, visítanos hoy, aunque en verdad no somos dignos de que entres en nuestra morada.
Y se les prometió algo más: el Señor los haría subir de la tierra. Encontrarían en Egipto una acogida fría después de la muerte de José; más aún, vendría a ser para ellos una casa de siervos. Mas no lo sería para siempre; saldrían por una liberación divina y marcharían a la tierra prometida. Nuestras lágrimas no serán eternas. Seremos llamados al hogar de la gloria para juntarnos allí con nuestros seres queridos. Por lo tanto, «consolaos los unos a los otros en estas palabras».
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.
Sal 111:5 Dio alimento a los que lo temen, Para siempre se acordará de su pacto. (BTx 3)
Ha dado alimento a los que le temen; para siempre se acordará de su pacto. Salmos 111:5
Quienes
temen a Dios no tienen por qué temer la pobreza. A través de muchos
años, siempre ha encontrado el Señor la manera de nutrir a sus hijos,
cuando estuvieron en Egipto, junto al arroyo de Cherith, en la
cautividad, o cercados por el hambre. Hasta el presente, nos ha dado el
Señor, día tras día, el pan cotidiano, y no dudamos que seguirá
alimentándonos hasta que no tengamos necesidad.
En cuanto a las bendiciones más excelentes del pacto de gracia, nunca cesará de derramarlas sobre nosotros según nuestras necesidades. Se acuerda de la alianza que hizo con nosotros, y nunca obra como si se hubiera arrepentido de haberlo hecho. De ella se acuerda cuando le provocamos a destruirnos. Se acuerda de amarnos, de guardarnos y consolarnos, y se ha comprometido a hacerlo. Se acuerda hasta de la última tilde de sus compromisos, no olvidando ninguna de sus palabras.
Nosotros,
por desgracia, nos olvidamos de nuestro Dios, mas Él, en su
misericordia, no se olvida de nosotros. No puede olvidarse de su Hijo,
que es el fiador de la alianza, ni de su Espíritu Santo, que realiza el
pacto, ni de su propia gloria que está incluida en el pacto. Por tanto,
el fundamento de Dios está firme, y ningún creyente perderá la herencia
divina que le pertenece por derecho de alianza.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.