viernes, 14 de noviembre de 2014

Si algo me pedís en mi nombre, Yo lo haré


Jua 14:14 Si algo me pedís en mi nombre, Yo lo haré. (BTx 3)

Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. Juan 14:14

 
¡Qué gran promesa! «¡Algo!» Todas mis necesidades, grandes y pequeñas, están incluidas en la palabra «algo».
Ven, alma mía, con libertad delante del propiciatorio y escucha a tu Señor, que dice: «Ensancha tu boca, y henchirla he».
¡Qué promesa tan sabia! Siempre debemos pedir en el nombre de Jesús. Esto que nos anima a nosotros, le honra a Él; es una recomendación continua. A veces hay circunstancias en que nos parece negado todo auxilio, aun aquél que se apoya sobre nuestras relaciones con Dios, o sobre la experiencia que hemos hecho de su gracia; pero, en tales ocasiones, el nombre de Jesús es tan poderoso delante del trono de Dios, que podemos invocarlo con la seguridad de ser socorridos.
¡Qué promesa tan rica de enseñanzas! Nada debo pedir si antes Cristo no pone sobre ello su mano y su sello. Nunca osaría servirme de su nombre para una petición egoísta u obstinada; sólo puedo poner el nombre de mi Señor en las oraciones que Él utilizaría si se hallara en mi caso. Gran privilegio es estar autorizado a pedir en nombre de Jesús como si Él mismo pidiese; pero nuestro amor hacia Él nunca nos permitirá poner su nombre donde Él no lo ha puesto.
¿Pido lo que Jesús aprobaría? ¿Me atrevo a poner su sello en mi oración? Entonces ya tengo todo aquello que busco del Padre.


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román




jueves, 13 de noviembre de 2014

Un centinela soberano


He aquí no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel.
Salmos 121:4


Jehová es el que «guarda a Israel». Nunca se halla inconsciente, ni se adormece, ni duerme; nunca deja de guardar la casa y el corazón de su pueblo. Esta es una razón suficiente para que podamos descansar en perfecta paz. Alejandro dijo que dormía porque su amigo Parmenio velaba; con mayor motivo podemos descansar nosotros cuando es Dios el que nos guarda.
La frase «He aquí» está puesta para llamar nuestra atención hacia esta verdad tan consoladora. Israel durmió aunque tenía una piedra por almohada; pero su Dios estaba despierto y se le apareció a su siervo. Cuando estamos descansando sin defensa, Jehová mismo cubrirá nuestra cabeza.
El Señor guarda a su pueblo como un rico guarda su tesoro, como un capitán la ciudad guarnecida, como un centinela a su soberano. Nadie podrá dañar a los que están guardados. Confiemos nuestra alma en sus manos queridas. Él nunca se olvida de nosotros, nunca deja de cuidarnos eficazmente, ni se siente incapaz de guardarnos.
¡Oh, Señor mío! Guárdame, no sea que me desvíe y caiga y perezca. Guárdame para que guarde tus mandamientos. Guárdame diligentemente de dormir como el perezoso, y de perecer como los que duermen el sueño de la muerte.


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román




miércoles, 12 de noviembre de 2014

Señor, saciado estoy. ¡Bendito sea tu nombre!


Jer 31:14 Saciaré el alma de los sacerdotes con grosura, Y mi pueblo será saciado con mi benevolencia, dice YHVH. (BTx 3)

Y mi pueblo será saciado de mi bien, dice Jehová. Jeremías 31:14

Notad la palabra «mi» que se repite dos veces: «Mi pueblo será saciado de mi bien».
Los que están saciados de Dios, son considerados, por Él, como suyos. Dios pone su contentamiento en ellos, porque ellos tienen contentamiento en Él. Le llaman su Dios, y Él les llama su pueblo; Él se satisface en ellos como en su heredad, y ellos se satisfacen en Él como la suya. Entre el Israel de Dios y el Dios de Israel, hay un afecto y una comunión constantes.
Quienes forman el pueblo de Dios están satisfechos. Esto ya es mucho. Pocos son los hombres que viven satisfechos, cualquiera que sea su suerte; han tragado la sanguijuela, la cual clama continuamente: «¡Trae, trae!» Sólo las almas santificadas se hallan satisfechas. Dios es el que puede convertirnos y saciarnos.
¿No es de maravilla que el pueblo de Dios esté saciado con el bien del Señor? Aquí tenemos bienes sin mezcla de males, liberalidad sin límites, misericordia sin repulsa, amor sin variación, auxilio sin reservas. Si la bondad de Dios no nos sacia ¿quién nos saciará? ¡Cómo! ¿aún gemimos? Ciertamente, perverso será el deseo de nuestro corazón si la bondad de Dios no puede satisfacerlo.
Señor, saciado estoy. ¡Bendito sea tu nombre!


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román





martes, 11 de noviembre de 2014

Dios nos dará la victoria por el Señor Jesucristo


Rom 6:14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. (BTx 3)

Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. Romanos 6:14

Cuantas veces puede, el pecado trata de reinar en nosotros y ocupar el trono de nuestro corazón. A veces tememos que nos vencerá, y entonces clamamos al Señor que «ninguna iniquidad se enseñoree de mí». Su consoladora respuesta es: «El pecado no se enseñoreará de vosotros». Podrá acometernos y aun herirnos, pero nunca enseñorearse de nosotros.
Si viviéramos bajo la ley, nuestro pecado tomaría fuerzas y nos esclavizaría, porque castigo es el pecado que el hombre caiga bajo su poder. Empero vivimos bajo el pacto de la gracia y estamos asegurados, por las cláusulas de dicha alianza, de que no podemos ser separados del Dios viviente. La gracia prometida, por el contrario, hará que volvamos de nuestros extravíos y que seamos liberados de nuestras impurezas y de las cadenas de nuestros malos hábitos.
Podríamos quedar sumidos en la desesperación y «servir a los egipcios», si fuéramos aún como esclavos que trabajan por ganar la vida eterna; pero siendo libres por el Señor, cobramos ánimo para seguir luchando contra el mal y las tentaciones, con la seguridad de que el pecado nunca más volverá a esclavizarnos. Dios nos dará la victoria por el Señor Jesucristo, a quien sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román






lunes, 10 de noviembre de 2014

Tu mano fiel me está guardando


Sal 121:3 No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda. (BTx 3)

No dará tu pie al resbaladero. Salmos 121:3

 
Si el Señor no lo permite, ni los hombres ni el diablo lo podrán conseguir. ¡Cuánta no sería su gloria si pudiesen hacernos caer vergonzosamente, arrojarnos de nuestras posiciones y hacernos desaparecer! Lo harían ciertamente si no tropezaran con un solo obstáculo: el Señor no lo permite; y si Él no lo permite, nosotros tampoco lo permitiremos.
El camino de la vida es como un viaje por los Alpes. Los senderos montañosos de continuo nos ponen en peligro de resbalar. Donde el camino es alto, la cabeza fácilmente sufre vértigos y los pies resbalan; hay sitios tan lisos como el cristal; otros son pedregosos, y en todos ellos es fácil caer. Quien durante su vida es ayudado a vivir rectamente y a caminar sin tropiezos, tiene sobradas razones para ser agradecido. Con trampas y lazos, con las rodillas débiles, los pies cansados y entre enemigos astutos, ningún hijo de Dios podría mantenerse firme ni siquiera una hora, si no fuera por el amor constante de Dios que no dará su pie al resbaladero.


Entre mil lazos voy andando,
Tu mano fiel me está guardando;
Ella hasta el fin me sostendrá
Y al monte santo me guiará.


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román



 



domingo, 9 de noviembre de 2014

Es una bendición consoladora saber que ya pertenecemos


Eze 34:30 Y sabrán que Yo, YHVH su Dios, estoy con ellos, y que ellos, la casa de Israel, son mi pueblo, dice Adonay YHVH. (BTx 3)

Y sabrán que yo Jehová su Dios estoy con ellos, y ellos son mi pueblo, la casa de Israel, dice Jehová el Señor. Ezequiel 34:30


Cosa excelente es pertenecer al pueblo del Señor, pero es una bendición consoladora saber que ya pertenecemos. Una cosa es esperar que Dios esté con nosotros, y otra cosa es saberlo. La fe nos salva, pero la certidumbre nos da la paz. Aceptamos a Dios como Dios nuestro cuando creemos en Él; pero tenemos gozo cuando Él es nuestro y nosotros suyos. Ningún creyente puede satisfacerse con vagas esperanzas, sino que debe pedir al Señor que le otorgue la plena seguridad para que las cosas esperadas sean ciertas.
Entonces es cuando gozamos de las bendiciones del pacto y vemos al Señor Jesús como «una planta de renombre (Ezequiel 34:29), que se levanta en nuestro favor cuando venimos al conocimiento claro de la gracia de Dios. No olvidemos que somos el pueblo de Dios no por ley, sino por gracia. Miremos siempre hacia la gracia. La certidumbre de la fe nunca puede venir por las obras de la ley. Es una virtud que sólo puede venirnos del Evangelio. No miremos a nosotros mismos; miremos solamente al Señor. Viendo a Jesús, vemos la salvación.
Señor, envíanos tan alta marea de amor, que seamos arrastrados por encima del fango y de la duda.


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román





sábado, 8 de noviembre de 2014

Hemos de apreciar nuestra propia debilidad


2Co 12:9 y me ha dicho: Bástate mi gracia, porque el poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que resida en mí el poder del Mesías. (BTx 3)

Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. 2 Corintios 12:9

 
Hemos de apreciar nuestra propia debilidad porque así se manifiesta la potencia divina. Tal vez nunca hubiéramos conocido el poder de la gracia si nunca hubiésemos experimentado la flaqueza de nuestra naturaleza. Bendito sea el Señor por el aguijón de la carne y por las asechanzas de Satanás que nos obligan a recurrir a la potencia de Dios.
Esta preciosa respuesta salida de labios del Señor, debe estremecernos de gozo. ¿La gracia de Dios es suficiente para mí? Lo creo. ¿No es el aire suficiente para el ave, y el océano para los peces? El Dios Todopoderoso es bastante para cubrir todas mis necesidades. Y el que basta para el cielo y la tierra, sin duda podrá satisfacer todas las necesidades de un gusanillo como yo.

Por tanto, confiemos en Dios y en su gracia.
Si no quita nuestro dolor, nos ayudará a soportarlo. Su poder nos llenará hasta que el gusano trille los montes. El que nada vale vencerá a los más poderosos. Es mejor poseer la potencia de Dios que no la nuestra; porque si fuéramos mil veces más fuertes de lo que somos, de nada nos valdría contra nuestros enemigos; y si pudiésemos ser más dóciles de lo que somos, lo que parece imposible, todas las cosas podríamos hacer en Cristo.


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román