domingo, 16 de noviembre de 2014

Y su victoria de parte mía, dice YHVH


Isa 54:17 Ningún arma forjada contra ti prosperará, Y condenarás a toda lengua que se levante en juicio contra ti. Esta es la herencia de los siervos de YHVH, Y su victoria de parte mía, dice YHVH. (BTx 3)

Ninguna arma fojada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Isaías 54:17

 
En las fraguas y forjas del enemigo, hay mucho ruido. Allí se fabrican herramientas con las cuales tratan de herir a los santos. Ni siquiera esto podrían hacer si el Señor de los Santos no lo permitiera, porque Él es el que ha criado al herrero que sopla las ascuas del fuego. Mirad cuán diligentemente trabajan, y cuántas espadas y lanzas fabrican. Poco importa, porque sobre la hoja de cada espada se puede leer esta inscripción: «No prosperará».
Y escuchad ahora otro ruido: el murmullo de las lenguas. La lengua es un instrumento más terrible que los que se forjan con martillos y yunques, y el mal que pueden hacer hiere más profundamente y se extiende con mayor rapidez. ¿Qué será ahora de nosotros? La calumnia, la mentira, las insinuaciones, la burla..., son como flechas venenosas, ¿y quién las resistirá? El Señor nos promete que si no podemos hacerlas callar, por lo menos no podrán arruinarnos. Por el momento nos condenan, pero nosotros las condenaremos al fin y para siempre. La boca de los que hablan mentiras será cerrada, y sus engaños contribuirán a enaltecer a los justos que por ellos han sufrido.


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román




sábado, 15 de noviembre de 2014

Como es propio de Él hacerlo


Flp 4:19 Mi Dios, pues, suplirá toda vuestra necesidad según su riqueza en gloria en Jesús el Mesías. (BTx 3)
 
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Filipenses 4:19



El Dios de Pablo es nuestro Dios y suplirá todo lo que nos haga falta. Pablo no dudaba de esto en cuanto a los Filipenses, y nosotros estamos ciertos por lo que a nosotros se refiere. Dios proveerá como es propio de Él hacerlo: nos ama, se complace en bendecirnos y, obrando así, será glorificado. Su misericordia, poder, amor y fidelidad, nos prestarán ayuda para que no padezcamos hambre. ¿De qué medida se sirve el Señor? «Conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús». Grandes son las riquezas de su gracia, pero ¿qué diremos de las riquezas de su gloria? Sus «riquezas en gloria en Cristo Jesús», ¿quién podrá medirlas? Según esta medida inconmensurable, Dios llenará el abismo inmenso de nuestras necesidades. Su Hijo Jesús es el recipiente y al mismo tiempo el canal de su plenitud, y, por tanto, nos hace participantes, en el más alto grado, de los tesoros de su amor. ¡Aleluya!
El autor de estas líneas sabe qué cosa es ser probado en el trabajo del Señor. La fidelidad ha sido recompensada con ira, y ha visto cómo generosos suscriptores han cortado su liberalidad; mas aquél a quien quisieron oprimir no ha sido por ello más pobre; al contrario, se ha visto enriquecido, porque esta promesa se ha cumplido: «Mi Dios suplirá todo lo que os falta». Los fondos de Dios son más seguros que el Banco de Inglaterra.


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román


 



viernes, 14 de noviembre de 2014

Si algo me pedís en mi nombre, Yo lo haré


Jua 14:14 Si algo me pedís en mi nombre, Yo lo haré. (BTx 3)

Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. Juan 14:14

 
¡Qué gran promesa! «¡Algo!» Todas mis necesidades, grandes y pequeñas, están incluidas en la palabra «algo».
Ven, alma mía, con libertad delante del propiciatorio y escucha a tu Señor, que dice: «Ensancha tu boca, y henchirla he».
¡Qué promesa tan sabia! Siempre debemos pedir en el nombre de Jesús. Esto que nos anima a nosotros, le honra a Él; es una recomendación continua. A veces hay circunstancias en que nos parece negado todo auxilio, aun aquél que se apoya sobre nuestras relaciones con Dios, o sobre la experiencia que hemos hecho de su gracia; pero, en tales ocasiones, el nombre de Jesús es tan poderoso delante del trono de Dios, que podemos invocarlo con la seguridad de ser socorridos.
¡Qué promesa tan rica de enseñanzas! Nada debo pedir si antes Cristo no pone sobre ello su mano y su sello. Nunca osaría servirme de su nombre para una petición egoísta u obstinada; sólo puedo poner el nombre de mi Señor en las oraciones que Él utilizaría si se hallara en mi caso. Gran privilegio es estar autorizado a pedir en nombre de Jesús como si Él mismo pidiese; pero nuestro amor hacia Él nunca nos permitirá poner su nombre donde Él no lo ha puesto.
¿Pido lo que Jesús aprobaría? ¿Me atrevo a poner su sello en mi oración? Entonces ya tengo todo aquello que busco del Padre.


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román




jueves, 13 de noviembre de 2014

Un centinela soberano


He aquí no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel.
Salmos 121:4


Jehová es el que «guarda a Israel». Nunca se halla inconsciente, ni se adormece, ni duerme; nunca deja de guardar la casa y el corazón de su pueblo. Esta es una razón suficiente para que podamos descansar en perfecta paz. Alejandro dijo que dormía porque su amigo Parmenio velaba; con mayor motivo podemos descansar nosotros cuando es Dios el que nos guarda.
La frase «He aquí» está puesta para llamar nuestra atención hacia esta verdad tan consoladora. Israel durmió aunque tenía una piedra por almohada; pero su Dios estaba despierto y se le apareció a su siervo. Cuando estamos descansando sin defensa, Jehová mismo cubrirá nuestra cabeza.
El Señor guarda a su pueblo como un rico guarda su tesoro, como un capitán la ciudad guarnecida, como un centinela a su soberano. Nadie podrá dañar a los que están guardados. Confiemos nuestra alma en sus manos queridas. Él nunca se olvida de nosotros, nunca deja de cuidarnos eficazmente, ni se siente incapaz de guardarnos.
¡Oh, Señor mío! Guárdame, no sea que me desvíe y caiga y perezca. Guárdame para que guarde tus mandamientos. Guárdame diligentemente de dormir como el perezoso, y de perecer como los que duermen el sueño de la muerte.


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román




miércoles, 12 de noviembre de 2014

Señor, saciado estoy. ¡Bendito sea tu nombre!


Jer 31:14 Saciaré el alma de los sacerdotes con grosura, Y mi pueblo será saciado con mi benevolencia, dice YHVH. (BTx 3)

Y mi pueblo será saciado de mi bien, dice Jehová. Jeremías 31:14

Notad la palabra «mi» que se repite dos veces: «Mi pueblo será saciado de mi bien».
Los que están saciados de Dios, son considerados, por Él, como suyos. Dios pone su contentamiento en ellos, porque ellos tienen contentamiento en Él. Le llaman su Dios, y Él les llama su pueblo; Él se satisface en ellos como en su heredad, y ellos se satisfacen en Él como la suya. Entre el Israel de Dios y el Dios de Israel, hay un afecto y una comunión constantes.
Quienes forman el pueblo de Dios están satisfechos. Esto ya es mucho. Pocos son los hombres que viven satisfechos, cualquiera que sea su suerte; han tragado la sanguijuela, la cual clama continuamente: «¡Trae, trae!» Sólo las almas santificadas se hallan satisfechas. Dios es el que puede convertirnos y saciarnos.
¿No es de maravilla que el pueblo de Dios esté saciado con el bien del Señor? Aquí tenemos bienes sin mezcla de males, liberalidad sin límites, misericordia sin repulsa, amor sin variación, auxilio sin reservas. Si la bondad de Dios no nos sacia ¿quién nos saciará? ¡Cómo! ¿aún gemimos? Ciertamente, perverso será el deseo de nuestro corazón si la bondad de Dios no puede satisfacerlo.
Señor, saciado estoy. ¡Bendito sea tu nombre!


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román





martes, 11 de noviembre de 2014

Dios nos dará la victoria por el Señor Jesucristo


Rom 6:14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. (BTx 3)

Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. Romanos 6:14

Cuantas veces puede, el pecado trata de reinar en nosotros y ocupar el trono de nuestro corazón. A veces tememos que nos vencerá, y entonces clamamos al Señor que «ninguna iniquidad se enseñoree de mí». Su consoladora respuesta es: «El pecado no se enseñoreará de vosotros». Podrá acometernos y aun herirnos, pero nunca enseñorearse de nosotros.
Si viviéramos bajo la ley, nuestro pecado tomaría fuerzas y nos esclavizaría, porque castigo es el pecado que el hombre caiga bajo su poder. Empero vivimos bajo el pacto de la gracia y estamos asegurados, por las cláusulas de dicha alianza, de que no podemos ser separados del Dios viviente. La gracia prometida, por el contrario, hará que volvamos de nuestros extravíos y que seamos liberados de nuestras impurezas y de las cadenas de nuestros malos hábitos.
Podríamos quedar sumidos en la desesperación y «servir a los egipcios», si fuéramos aún como esclavos que trabajan por ganar la vida eterna; pero siendo libres por el Señor, cobramos ánimo para seguir luchando contra el mal y las tentaciones, con la seguridad de que el pecado nunca más volverá a esclavizarnos. Dios nos dará la victoria por el Señor Jesucristo, a quien sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román






lunes, 10 de noviembre de 2014

Tu mano fiel me está guardando


Sal 121:3 No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda. (BTx 3)

No dará tu pie al resbaladero. Salmos 121:3

 
Si el Señor no lo permite, ni los hombres ni el diablo lo podrán conseguir. ¡Cuánta no sería su gloria si pudiesen hacernos caer vergonzosamente, arrojarnos de nuestras posiciones y hacernos desaparecer! Lo harían ciertamente si no tropezaran con un solo obstáculo: el Señor no lo permite; y si Él no lo permite, nosotros tampoco lo permitiremos.
El camino de la vida es como un viaje por los Alpes. Los senderos montañosos de continuo nos ponen en peligro de resbalar. Donde el camino es alto, la cabeza fácilmente sufre vértigos y los pies resbalan; hay sitios tan lisos como el cristal; otros son pedregosos, y en todos ellos es fácil caer. Quien durante su vida es ayudado a vivir rectamente y a caminar sin tropiezos, tiene sobradas razones para ser agradecido. Con trampas y lazos, con las rodillas débiles, los pies cansados y entre enemigos astutos, ningún hijo de Dios podría mantenerse firme ni siquiera una hora, si no fuera por el amor constante de Dios que no dará su pie al resbaladero.


Entre mil lazos voy andando,
Tu mano fiel me está guardando;
Ella hasta el fin me sostendrá
Y al monte santo me guiará.


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román