Jos
17:18 sino que la serranía será tuya, aunque es bosque, tú lo talarás, y
serán tuyos sus términos, porque desposeerás al cananeo aunque tenga
carros de hierro y aunque sea fuerte. (BTx 3)
Tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte. Josué 17:18
Estar seguro de la victoria es un estímulo del valor, porque entonces el hombre sale confiado a la guerra, y se muestra valiente cuando todo incitaría al temor. Nuestra lucha se desencadena contra el mal dentro de nosotros y alrededor nuestro y debiéramos estar persuadidos de que podemos vencer y que en el nombre de Jesús, venceremos. No estamos para caer, sino para vencer: el triunfo será nuestro. La omnipotente gracia de Dios se nos concede para que destruyamos el mal en todas sus formas; de aquí viene la seguridad de la victoria.
Ciertos pecados nuestros encuentran en nuestro temperamento, en nuestros hábitos inveterados y en nuestras mismas ocupaciones, verdaderos carros blindados. No obstante, debemos vencerlos. Son poderosos, y ante ellos nos sentimos débiles; pero, en el nombre de Dios, los destruiremos.
Si un pecado nos domina, no somos siervos libres del Señor.
Aunque el hombre esté preso con una sola cadena, no por eso deja de ser un cautivo. No podemos entrar en el cielo siendo esclavos de un solo pecado, porque el Señor ha dicho a los santos: «El pecado no se enseñoreará de vosotros». Levántate y mata al cananeo, y haz pedazos cada carro herrado. Jehová de los ejércitos es con nosotros, ¿y quién podrá resistir su poder vencedor contra el pecado?
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Isa
2:4 Él juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos. De
sus espadas forjarán arados y de sus lanzas, hoces; No alzará la espada
nación contra nación ni se adiestrarán más para la guerra (BTx 3)
Y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra. Isaías 2:4
¡Ojalá hubiesen llegado estos felices tiempos! Actualmente, las naciones están armadas hasta los dientes y cada día aparecen nuevos inventos, cada vez más mortíferos, como si la gloria principal del hombre fuera destruir por millares a sus semejantes. Sin embargo, la paz prevalecerá algún día, de suerte que los instrumentos de destrucción serán transformados en objetos muy distintos y para usos más provechosos.
¿Cómo se efectuará esto? ¿Por el comercio, la civilización, o el arbitraje? No lo creo. Las experiencias pasadas nos impiden confiar en medios tan poco adecuados. La paz solamente será establecida por el Príncipe de la Paz. Él debe enseñar al pueblo por su Espíritu, renovar los corazones con su gracia y reinar con la soberanía de su poder. Entonces los hombres cesarán de herir y matar. El hombre, cuando se enfurece, es un monstruo; sólo el Señor Jesús puede trocar el león en cordero.
Con sólo transformar su corazón, desaparecerán sus sanguinarios instintos. Que cada lector de este libro ore hoy, sobre todo, al Señor y dador de la paz para que ponga fin a las guerras, y restaure la paz en el mundo.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Apo
21:5 Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí que hago nuevas
todas las cosas, y dijo: Escribe: Estas palabras son fieles y verdaderas
(BTx 3)
Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Apocalipsis 21:5
¡Gloria sea dada a su nombre! Todas las cosas necesitan ser renovadas, porque desgraciadamente están rotas y gastadas por el pecado. Tiempo es ya de que el vestido viejo sea arrollado y desechado, y de que la creación entera se vista de fiesta. Pero nadie, sino el Señor que las creó, puede hacer nuevas todas las cosas, porque tanto poder se necesita para sacar algo del mal, como de la nada. El Señor Jesús ha emprendido la obra y es capaz de ejecutarla. Él ya ha comenzado y durante siglos ha perseverado en renovar los corazones y el orden de la sociedad. Pronto renovará por completo la constitución del gobierno de los hombres, y la humana naturaleza será transformada por la gracia. Día llegará en que el cuerpo será hecho de nuevo y resucitará a la semejanza de su cuerpo glorioso.
¡Qué gozo pertenecer a un reino en el cual todo se está renovando por el poder de su Rey! No morimos, sino que avanzamos hacia una vida más gloriosa. A pesar de la oposición de los agentes del mal, nuestro glorioso Jesús está realizando su propósito haciéndonos «nuevos», y haciendo «nuevas» todas las cosas que nos rodean, y tan llenas de hermosura como cuando al principio salieron de las manos de su Creador.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Zac
14:7 Será un día, el cual es conocido por YHVH, que no será ni día ni
noche, sino que al anochecer seguirá habiendo luz. (BTx 3)
Sucederá que al caer la tarde habrá luz. Zacarías 14:7
Esto es sorprendente, porque todo indica que, al atardecer, oscurece. Dios acostumbra a obrar de un modo tan distinto a como obramos nosotros, tan por encima de nuestros temores y esperanzas, que nos quedamos sorprendidos y obligados a adorar su gracia soberana. No acontecerá con nosotros según los augurios de nuestro corazón: la oscuridad no llegará a ser como la noche, sino que repentinamente se esclarecerá como el día. Nunca desmayemos. En los tiempos más adversos, confiemos en el Señor, porque Él cambia la oscuridad de la muerte en la claridad de la mañana. Cuando el trabajo de fabricar ladrillos se dobló entonces es cuando apareció Moisés, y cuando abunda la tribulación, es señal de que nos acercamos al final.
Esta promesa debe ayudarnos a ser pacientes.
Tal vez la luz no amanecerá del todo hasta que nuestras esperanzas estén totalmente agotadas esperando todo el día en vano. Para el impío el sol se pone cuando aún es de día; para el justo se levanta cuando casi es de noche. ¿No podemos esperar con paciencia aquella luz divina, que tal vez tarde en llegar, pero que es digna de ser esperada?
Y ahora, alma mía, acepta esta palabra y canta al que te bendecirá en vida y en muerte, de modo que sobrepujará todo lo que tú has visto y esperado en tus mejores días.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Isa 30:15 Pues así decía el Soberano, YHVH, el Santo de Israel: Vuestra salvación está en volveros a mí y tener calma; Vuestra fortaleza consiste en confiar y estar tranquilos; pero no quisisteis (BTx 3)
En quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Isaías 30:15
Siempre será una debilidad acongojarse y preocuparse, desconfiar y cavilar. ¿Qué provecho sacamos de esto? ¿Qué conseguimos con la duda y el enojo? ¿Acaso no nos incapacitamos para la acción y turbamos nuestro espíritu de suerte que no seamos capaces de tomar una decisión prudente? Nos hundimos con nuestros esfuerzos cuando podíamos salir a flote por la fe.
¡Quién tuviera la gracia de permanecer tranquilo! ¿Por qué corremos de casa en casa para contar la triste historia que nos aflige cada vez más que la repetimos? Y si nos quedamos en nuestra casa, ¿por qué lloramos angustiosamente pensando en cosas que tal vez no se realizarán? Bueno sería refrenar la lengua, pero mejor sería conservar el corazón tranquilo.
¡Ojalá pudiéramos estar sosegados y conocer que Jehová es Dios! ¡Quién pudiera tener la gracia de confiar en Dios! El Santo de Israel tiene que defender y librar a los suyos; no puede volverse atrás de sus compromisos. Ciertos podemos estar de que cada palabra suya permanecerá, aunque se moviesen los montes. Él es digno de nuestra fe, y si confiamos en Él, podremos ser tan felices como los espíritu delante de su trono.
Vuelve, alma mía, a tu reposo, y reclina tu cabeza en el pecho de tu Señor Jesús.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Sal 37:3 Confía en YHVH y practica el bien; Habita en la tierra y apaciéntate de la fidelidad (BTx 3)
Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Salmos 37:3
Creer y obrar son inseparables en el orden establecido por el Espíritu Santo. Deberíamos tener fe y esa fe debería obrar. La fe en Dios nos hace obrar santamente; confiamos en Dios para el bien, y obramos lo que es bueno. No permanecemos inactivos porque confiamos, sino que nos despertamos y esperamos que el Señor obrará por medio de nosotros.
No es nuestra condición acongojarnos y hacer mal, sino esperar y hacer bien; no podemos confiar sin obrar, ni obrar sin confiar.
Nuestros enemigos, si pudieran, tratarían de desarraigarnos, pero confiando y obrando bien, viviremos en la tierra. No iremos a Egipto, sino que permaneceremos en la tierra de Enmanuel, la providencia de Dios, Canaán del pacto de amor.
Los enemigos de Dios no podrán tan fácilmente deshacerse de nosotros, ni echarnos fuera, ni quebrantarnos. Donde Dios nos ha dado un nombre y un lugar, allí permaneceremos.
¿Y qué decir de la provisión para nuestras necesidades? El Señor ha puesto la palabra «en verdad» en esta promesa. Tan cierto como el Señor es verdadero, así su pueblo será alimentado. A ellos les pertenece esperar y hacer bien, y el Señor obrará conforme a su fe. Si no son mantenidos por los cuervos o por un Abdías, ni por una viuda, lo cierto es que serán alimentados. ¡Fuera todo temor!
La Chequera del Banco de la Fe
Traducción de Allan Román
Éxo
23:22 Si escuchas atentamente su voz y haces todo lo que te hablo,
tendré enemistad con tus enemigos y tendré aversión hacia tus
adversarios (BTx 3)
Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos y afligiré a los que te afligieren. Éxodo 23:22
Cristo, el Señor, debe ser reconocido y obedecido en medio de su pueblo. El es el vicario de Dios, y habla en nombre del Padre; a nosotros nos toca hacer inmediatamente lo que Él manda. Si despreciamos su precepto, perderemos el fruto de la promesa.
¡Cuán grande es la bendición de una obediencia perfecta! El Señor establece con su pueblo una alianza ofensiva y defensiva. Bendecirá a los que nos bendicen y maldecirá a los que nos maldicen. Dios estará con todo su corazón al lado de su pueblo, y en todas sus situaciones le mostrará la más viva simpatía. ¡Qué protección nos promete! No nos preocupemos de nuestros adversarios cuando sabemos que son los adversarios de Dios. Si Jehová se ha encargado de nuestra defensa, podemos dejar en sus manos a nuestros enemigos.
Por lo que a nuestros intereses respecta, no tenemos enemigos; pero por causa de la verdad y la justicia, tomamos nuestras armas y salimos al combate. En esta guerra santa somos aliados del Dios eterno, y si diligentemente obedecemos su ley, Él promete emplear todo su poder en nuestro favor.
Por tanto, a nadie temeremos.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román