Sal 46:1 Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. (BTx 3)
Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Salmos 46:1
Una ayuda que no llega cuando la necesitamos vale poco. El áncora abandonada en casa de nada vale para el marinero en el momento de la tormenta; el dinero que en otro tiempo poseyó el deudor para nada vale cuando se ha extendido contra él una demanda judicial. Pocas ayudas terrenales pueden llamarse «prontas»: de ordinario se hallan lejos cuando hay que buscarlas, cuando se utilizan, y todavía más lejos después de utilizarlas. Empero nuestro Dios es «pronto» cuando le buscamos; «pronto» cuando le necesitamos, y «pronto» cuando hemos experimentado su ayuda.
Viene en nuestro auxilio antes que pueda llegar el amigo más cercano, porque durante la prueba está en nosotros; más presente de lo que estamos nosotros en nosotros mismos, porque a veces carecemos de presencia de ánimo. Él está siempre presente, totalmente presente, eficazmente presente, simpáticamente presente, totalmente presente. Está presente ahora si es un tiempo sombrío; descansemos en Él. Es nuestro refugio: escondámonos en Él; es nuestra fortaleza: revistámonos de Él; es nuestro amparo: apoyémonos en Él; nuestro pronto auxilio: descansemos ahora mismo en Él. No es preciso que pasemos ansiedad ni temor. «Jehová de los ejércitos es con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob».
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Miq
7:19 Y volverá a compadecerse, Y sepultará nuestras iniquidades, Y
echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. (BTx 3)
Él
volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras
iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.
Miqueas 7:19
Dios jamás abandona su amor, pero deja pronto su ira. El amor a sus escogidos está en conformidad con su carácter; su ira con su deber; ama porque es amor, se enoja porque es necesario para nuestro bien. Él volverá al lugar donde su corazón descansa, es decir, al amor a los suyos, y, por tanto, tendrá compasión de nuestros dolores y les pondrá fin.
¡Qué promesa tan magnífica! «Él sujetará nuestras iniquidades». Las vencerá. Procuran esclavizarnos, pero el Señor nos dará la victoria con su diestra. Como los cananeos, serán vencidas, dominadas y, finalmente destruidas.
Y cuán gloriosamente es quitada la culpabilidad de nuestros pecados! «Todos nuestros pecados», sí, por numerosos que sean, los «echará» (sólo un brazo omnipotente podría obrar tal maravilla) «en lo profundo del mar», donde se hundieron Faraón y sus carros. No los echará a flor de agua, de donde podrían salir con la marea, sino que serán precipitados «en lo profundo del mar». Han desaparecido todos. Como piedras descendieron a las profundidades. ¡Aleluya! ¡Aleluya!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
El guarda todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado. Salmos 34:20
Esta promesa, según el contexto, se refiere al justo muy afligido: «Muchos son los males del justo; mas de todos ellos lo librará Jehová». Podrá ser herido, pero no sufrirá grandes daños: «ni uno solo de sus huesos será quebrantado».
Gran consuelo es este para los hijos de Dios en la prueba, consuelo que puedo yo aceptar, por que hasta el presente, no he sufrido perjuicio alguno por mis aflicciones. No he perdido ni la fe, ni la esperanza, ni el amor. Al contrario, estas gracias, que son la fuerza del carácter, han ganado en intensidad y energía. Tengo más conocimiento, más experiencia, más paciencia y mas firmeza de lo que tenía antes de la prueba.
Ni siquiera mi gozo ha sido destruido. La enfermedad, el luto, el abatimiento, la calumnia y la contradicción me han producido muchas contusiones; pero éstas han sanado, y no hubo fractura doble ni sencilla de hueso. La razón es fácil de comprender.
Si confiamos en el Señor, Él guarda todos nuestros huesos, y si Él los guarda, podemos estar seguros de que ni uno solo sera quebrantado.
Corazón mío, no te entristezcas. Estás resentido, pero los huesos no son quebrantados. Sufre trabajos y desafía al temor.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Isa 31:5 Como ave que revolotea, Así amparará YHVH Sebaot a Jerusalem, Amparando y salvando, Perdonando y libertando. (BTx 3)
Como las aves que vuelan, así amparará Jehová de los ejércitos a Jerusalén. Isaías 31:5
Con rápido vuelo se apresura el ave a socorrer a sus polluelos. No malgasta el tiempo en el camino cuando viene a darles de comer o a librarles del peligro. Así acudirá el Señor, con alas de águila para defender a sus escogidos; volará sobre las alas del viento.
La madre extiende sus alas para cubrir en el nido a sus pequeños. Los esconde interponiendo su propio cuerpo. La gallina comunica su propio calor a sus pollos y de sus alas hace casa donde moran contentos. Así obra Jehová para proteger a sus escogidos. Él mismo es su refugio, su morada, su todo.
Como aves que vuelan y como aves que protegen (la palabra tiene ambos significados), así hará el Señor con nosotros, y esto lo repetirá con éxito muchas veces. Seremos amparados y guardados de todo mal: el Señor, que se compara a las aves, no será como ellas en su debilidad, porque es Jehová de los ejércitos. El amor eterno será pronto para defender y seguro en su protección. Sea este nuestro consuelo. Las alas de Dios son más rápidas y solícitas que las del ave, y nosotros confiaremos a su sombra desde ahora y para siempre.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
1Ts
4:17 Después nosotros, los que vivamos, los que hayamos quedado,
seremos arrebatados simultáneamente con ellos en las nubes al encuentro
con el Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor (BTx 3)
Y así estaremos siempre con el Señor. 1 Tesalonicenses 4:17
Mientras estemos aquí, el Señor está con nosotros, y cuando seremos llamados, estaremos con Él. El creyente no puede estar separado de su Salvador. Son una cosa y siempre lo serán. Jesús no puede estar sin su pueblo; de lo contrario, sería una cabeza sin cuerpo. Ora seamos arrebatados en el aire, ora descansemos en el paraíso, o moremos aquí, siempre estamos con Jesús. ¿Quién nos apartará de Él? ¡Qué inmenso gozo!, nuestro honor supremo, nuestro descanso, nuestro consuelo y gozo son estar con el Señor. Nada podemos soñar que pueda exceder, ni siquiera igualar, esta divina compañía. Por una santa comunión, debemos estar con Él en su humillación y sufrimiento, para que podamos estar con Él en la gloria. Pronto descansaremos en Él en su sabiduría, en su esperanza, y en su manifestación gloriosa. Compartiremos las mismas pruebas y gozaremos del mismo triunfo. Oh, mi Señor, si he de estar eternamente contigo, mi destino es incomparable. Ni a los mismos arcángeles envidiaré, porque mi ideal supremo es estar con el Señor. Ni las arpas de oro, ni las coronas inmarcesibles, ni la luz sin nubes, constituyen mi dicha; sólo Jesús, y yo siempre con Él en la más íntima comunión, será mi verdadera gloria.
La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román
Jos
17:18 sino que la serranía será tuya, aunque es bosque, tú lo talarás, y
serán tuyos sus términos, porque desposeerás al cananeo aunque tenga
carros de hierro y aunque sea fuerte. (BTx 3)
Tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte. Josué 17:18
Estar seguro de la victoria es un estímulo del valor, porque entonces el hombre sale confiado a la guerra, y se muestra valiente cuando todo incitaría al temor. Nuestra lucha se desencadena contra el mal dentro de nosotros y alrededor nuestro y debiéramos estar persuadidos de que podemos vencer y que en el nombre de Jesús, venceremos. No estamos para caer, sino para vencer: el triunfo será nuestro. La omnipotente gracia de Dios se nos concede para que destruyamos el mal en todas sus formas; de aquí viene la seguridad de la victoria.
Ciertos pecados nuestros encuentran en nuestro temperamento, en nuestros hábitos inveterados y en nuestras mismas ocupaciones, verdaderos carros blindados. No obstante, debemos vencerlos. Son poderosos, y ante ellos nos sentimos débiles; pero, en el nombre de Dios, los destruiremos.
Si un pecado nos domina, no somos siervos libres del Señor.
Aunque el hombre esté preso con una sola cadena, no por eso deja de ser un cautivo. No podemos entrar en el cielo siendo esclavos de un solo pecado, porque el Señor ha dicho a los santos: «El pecado no se enseñoreará de vosotros». Levántate y mata al cananeo, y haz pedazos cada carro herrado. Jehová de los ejércitos es con nosotros, ¿y quién podrá resistir su poder vencedor contra el pecado?
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Isa
2:4 Él juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos. De
sus espadas forjarán arados y de sus lanzas, hoces; No alzará la espada
nación contra nación ni se adiestrarán más para la guerra (BTx 3)
Y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra. Isaías 2:4
¡Ojalá hubiesen llegado estos felices tiempos! Actualmente, las naciones están armadas hasta los dientes y cada día aparecen nuevos inventos, cada vez más mortíferos, como si la gloria principal del hombre fuera destruir por millares a sus semejantes. Sin embargo, la paz prevalecerá algún día, de suerte que los instrumentos de destrucción serán transformados en objetos muy distintos y para usos más provechosos.
¿Cómo se efectuará esto? ¿Por el comercio, la civilización, o el arbitraje? No lo creo. Las experiencias pasadas nos impiden confiar en medios tan poco adecuados. La paz solamente será establecida por el Príncipe de la Paz. Él debe enseñar al pueblo por su Espíritu, renovar los corazones con su gracia y reinar con la soberanía de su poder. Entonces los hombres cesarán de herir y matar. El hombre, cuando se enfurece, es un monstruo; sólo el Señor Jesús puede trocar el león en cordero.
Con sólo transformar su corazón, desaparecerán sus sanguinarios instintos. Que cada lector de este libro ore hoy, sobre todo, al Señor y dador de la paz para que ponga fin a las guerras, y restaure la paz en el mundo.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román