miércoles, 7 de enero de 2015

El cielo se nos abrirá de par en par


Jua 1:50 Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije que te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que éstas verás (BTx 3)

Cosas mayores que éstas verás. Juan 1:50

 
Estas palabras fueron dirigidas a un creyente que se hizo como niño y que estaba dispuesto a aceptar a Jesús como el Hijo de Dios y Rey de Israel con un solo argumento decisivo. Quienes quieren abrir los ojos, ven. Permanecemos tristemente ciegos porque nos obstinamos en cerrar los ojos.
Por lo que a nosotros se refiere, hemos visto muchas cosas; el Señor nos ha revelado misterios inescrutables por los cuales podemos celebrar su nombre; sin embargo, en su Palabra se encierran verdades más profundas, experiencias más hondas y de mayor utilidad, descubrimientos maravillosos de su amor, de su poder y sabiduría. Todo esto lo veremos ciertamente si creemos en nuestro Señor. Cosa nociva es inventar falsas doctrinas, mas el don de discernir la verdad es una bendición. El cielo se nos abrirá de par en par; el camino que nos conduce a él en la persona del Hijo del hombre nos será más fácil, y más evidente la comunión angelical entre el cielo y la tierra. Fijemos nuestros ojos con mayor atención en las cosas espirituales y veremos cada vez con mayor claridad cosas más importantes. No pensemos que nuestras vidas son algo efímero y baladí; antes por el contrario, siempre irán creciendo y viendo cosas de mayor importancia hasta que contemplemos cara a cara al mismo Dios y no podamos ya perderle de vista.


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román





martes, 6 de enero de 2015

La fuerza interior es perfeccionada por el socorro exterior


Isa 41:10 No temas, porque Yo estoy contigo; No desmayes, porque Yo soy tu Dios; Te fortaleceré y siempre te ayudaré, Sí, Yo te sostendré con mi diestra victoriosa (BTx 3)

Siempre te ayudaré. Isaías 41:10

 
La promesa de ayer nos aseguró las fuerzas para cumplir con nuestro deber; la de hoy nos asegura la ayuda de Dios cuando no podemos trabajar solos. El Señor dice: «te ayudaré». La fuerza interior es perfeccionada por el socorro exterior.
Dios puede, si tal es su voluntad, proporcionarnos aliados en nuestra guerra. Él estará a nuestro lado en la lucha, lo cual es mucho mejor. «Nuestro Aliado Augusto» vale más que legiones de seres humanos.
Su socorro es oportuno: «nuestro pronto auxilio en las tribulaciones». Su socorro es sabio: Él sabe prestar a cada uno aquella ayuda más apropiada a las circunstancias en que se encuentra. Su socorro es eficacísimo, «aunque vana es la salud de los hombres», porque él lleva sobre sí todo el peso de la carga y suple nuestra flaqueza. «El Señor es mi ayudador, no temeré lo que me hará el hombre».
Habiendo sido nuestro socorro, podemos confiar en Él en lo que atañe a nuestro presente y futuro. Nuestra oración es: «Jesús, sé Tú mi ayudador». Nuestra experiencia: «El Espíritu ayuda nuestra flaqueza». Nuestra esperanza: «Alzaré mis ojos a los montes de donde vendrá mi socorro». Y nuestra canción será algún día: «Tú, Jesús, me ayudaste».


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román




lunes, 5 de enero de 2015

Él será alimento de nuestras almas y salud de nuestros corazones


Isa 41:10 No temas, porque Yo estoy contigo; No desmayes, porque Yo soy tu Dios; Te fortaleceré y siempre te ayudaré, Sí, Yo te sostendré con mi diestra victoriosa. (BTx 3)

Yo soy tu Dios que te esfuerzo. Isaías 41:10


Cuando somos invitados al servicio de Dios o al sufrimiento, medimos nuestras fuerzas y vemos que son menores de lo que juzgábamos y que no están en proporción con nuestras necesidades. Empero no nos dejemos llevar del abatimiento mientras podamos apoyarnos en una promesa que nos asegura todo aquello de que tenemos necesidad. La fuerza de Dios es omnipotente, y esa fuerza puede comunicárnosla, así lo ha prometido. Él será alimento de nuestras almas y salud de nuestros corazones; por tanto, Él nos fortalecerá. No es posible ponderar cuán grande sea el poder que Dios puede infundir en el hombre. Cuando llena el poder divino, la debilidad humana deja de ser un obstáculo.
¿No recordamos aquellos tiempos de dolor y prueba en que recibimos una fuerza tan especial que nos maravillamos de nosotros mismos? En el peligro, tuvimos calma; en el dolor de haber perdido seres queridos, permanecimos resignados; en la calumnia, pudimos contener nuestro enojo; y en la enfermedad, fuimos pacientes. Dios, en efecto, nos comunicó una fuerza insospechada ante las pruebas extraordinarias, de suerte que pudimos levantarnos de nuestra flaqueza. Los cobardes se tornan valientes, los insensatos se truecan en sabios, y a los mudos se les inspira lo que han de hablar en aquella hora. Nuestra propia debilidad nos atemoriza, mas la promesa de Dios nos infunde valor. ¡Señor, fortifícame «según tu palabra»!


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román






domingo, 4 de enero de 2015

Paz en medio de los enemigos


Ose 2:18 Pactaré a favor de ellos un pacto con las bestias salvajes, Con las aves de los cielos y con los reptiles de la tierra; Romperé el arco, la espada y las batallas de la tierra, Y haré que reposen seguros (BTx 3)

Te haré dormir seguro. Oseas 2:18


Sí, los santos tendrán paz. El pasaje de nuestro texto nos habla de una alianza «con las bestias del campo, y con las aves del cielo y con las serpientes de la tierra». Tal es la paz en medio de los enemigos de este mundo, de las pruebas misteriosas y pequeñas contrariedades. Todas estas cosas pueden quitarnos el sueño, mas ninguna de ellas lo logrará. El Señor destruirá todo cuanto amenace a su pueblo y «quebrará arco y espada y batalla de la tierra». La paz será inquebrantable, cuando sean rotos los instrumentos de iniquidad.
Con esta paz habrá descanso. «A su amado dará Dios el sueño». Los creyentes podrán entregarse al reposo abundantemente proveidos y tranquilos.
Este descanso será seguro. Una cosa es acostarse y otra «dormir seguro». Hemos sido introducidos en la tierra de la promesa, en la casa del Padre, en la cámara del amor y en el seno de Cristo; ahora sí que podemos «dormir seguros».
Para un creyente es mucho más seguro acostarse en paz, que permanecer levantado e intranquilo.
«En lugares de delicados pastos me hará yacer». Nunca podremos descansar hasta tanto que el Consolador nos haga «dormir seguros».


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román





sábado, 3 de enero de 2015

En Jesús, todas las promesas son «Sí» y «Amén»


Gén 28:13 Y he aquí YHVH estaba en pie sobre ella y dijo: Yo soy YHVH, Dios de tu padre Abraham y Dios de Isaac. La tierra sobre la que estás tendido te la daré a ti y a tu descendencia. (BTx 3)

La tierra en que estás acostado te la daré a ti. Génesis 28:13

 
No hay promesa alguna que sea de interpretación particular: las promesas no van dirigidas a un santo solamente, sino a todos los creyentes. Si tú, hermano mío, puedes apoyarte en esta promesa y descansar en ella como en una almohada, tuya será. El lugar que «encontró» Jacob y donde descansó, es el mismo del cual tomó posesión más tarde. Cuando sus miembros fatigados reposaron en la tierra, cuando las piedras le sirvieron de almohada, no se imaginaba que estaba tomando posesión de aquel país. Sin embargo, así fue. Durante el sueño, vio una maravillosa escala que para el verdadero creyente une los cielos con la tierra. Indudablemente, tenía derecho a poseer la tierra donde descansaba el último peldaño de la escala; de otro modo no era posible alcanzar la divina escala. En Jesús, todas las promesas son «Sí» y «Amén». Y así como Cristo es pertenencia nuestra, así también nos pertenece su promesa si en Él descansa toda nuestra fe.
Ven, alma cansada; acepta las palabras del Señor como tu almohada. Reposa en paz. Piensa únicamente en Él. Jesús es la escala luminosa. Mira cómo suben y bajan los ángeles sobre Él, entre tu alma y Dios; ten la seguridad de que la promesa es la porción que Dios te da; si la tomas, como si fuera hecha exclusivamente para ti, no la robarás; es cosa tuya.


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román.




viernes, 2 de enero de 2015

La herida le será infligida únicamente por Dios


Rom 16:20 Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás debajo de vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesús sea con vosotros. (BTx 3)

Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. Romanos 16:20

 
He aquí una promesa que viene a completar la que meditábamos ayer. Nuestra conformidad con nuestro divino modelo y cabeza no ha de manifestarse únicamente en ser heridos en el calcañar, sino en la victoria sobre el maligno. La antigua serpiente debe ser aplastada bajo nuestros pies. Los creyentes de Roma se vieron afligidos por luchas internas, pero su Dios, «el Dios de paz», les proporcionó el descanso del alma. El enemigo capital consiguió hacer vacilar los pies de los imprudentes y que los sencillos fueran engañados; pero, al final, quedó vencido, y por aquellos mismos entre quienes había sembrado la confusión. Esta victoria la consiguió el pueblo de Dios por su sabiduría y poder; Dios mismo desbaratará el poder de Satanás.
Aun cuando los creyentes logren quebrantarlo, sin embargo la herida le será infligida únicamente por Dios.
¡Acometamos con valentía al tentador! Y no sólo los espíritus malignos, sino el mismo príncipe de las tinieblas, huirán ante nosotros. Contemos con una inmediata victoria si confiamos plenamente en Dios. «Presto». ¡Bienaventurada palabra! «Presto» lograremos aplastar la cabeza de la antigua serpiente. ¡Cuán grande será nuestro gozo al vencer a Satanás, y qué deshonra para él cuando su cabeza sea quebrantada por nuestros pies! Por la fe en Jesús aplastemos al tentador.


La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román





jueves, 1 de enero de 2015

Protoevangelio


Gén 3:15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, Y entre tu descendiente y su descendiente. Él te aplastará la cabeza cuando tú hieras su calcañar (BTx 3)

Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. Génesis 3:15


Tal es la primera promesa hecha al hombre caído. En ella está contenido todo el Evangelio y la esencia del pacto de la gracia. En gran parte, ya ha sido cumplida: la simiente de la mujer ha sido herida en su calcañar en la persona de nuestro Señor Jesucristo. Y ¡qué herida más espantosa! Mas ¡cuán terrible será también el quebrantamiento final de la cabeza de la serpiente! Esta profecía, virtualmente, tuvo cumplimiento por primera vez cuando Jesucristo llevó sobre sí el pecado del hombre; venció a la muerte y quebrantó el poderío de Satán; pero se cumplirá total y definitivamente en la segunda venida del Señor y en el juicio final.
Para nosotros esta promesa constituye una profecía, a saber: heridos en el calcañar también seremos afligidos en nuestra corrompida naturaleza por el poder del mal; empero podremos triunfar en Cristo, el cual aplastó la cabeza de la antigua serpiente. Durante el año, tendremos ocasión de experimentar la primera parte de esta promesa ante las tentaciones con que nos acechará Satanás, y ante los ataques de los impíos, que son su simiente. Tal vez saldremos heridos y maltrechos de la lucha, mas no desmayaremos si sabemos acogernos a la segunda parte del versículo. Alegrémonos por anticipado en la seguridad de que reinaremos con Cristo que es la simiente de la mujer.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román