Mat 11:28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y agobiados, y Yo os haré descansar (BTx 3)
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Mateo 11:28
Quienes somos salvos encontramos descanso en Jesús; quienes no lo son alcanzarán ese descanso si a Él se acercan, ya que Dios así lo ha prometido. Nada es tan gratuito como un don; aceptemos complacidos lo que libremente nos da. No tienes necesidad de comprarlo, ni pedirlo prestado; te basta recibirlo como se recibe un don. Trabajas bajo el látigo de la ambición, de la codicia, de la pasión y la inquietud: Él te librará de tan dura esclavitud, y te hará descansar. Estás cargado, y sobrecargado con el peso del pecado, del temor, del desasosiego, del remordimiento y del temor de la muerte; mas si acudes a Él, te librará de la carga. Él llevó sobre sí el peso abrumador de nuestros pecados, a fin de que no sucumbiésemos con Él. Se constituyó en el gran portador de cargas, para que todos los cargados dejaran de doblarse bajo tan enorme peso. Jesús proporciona descanso. Y así es, en efecto. ¿Lo crees tú? ¿Quieres probarlo? ¿Por qué no lo intentas ahora mismo? Acude a Jesús renunciando a toda otra esperanza, pensando en Él, creyendo en el testimonio que Dios da de Jesús, y depositando en Él todos tus afanes. Si con estas disposiciones recurres a Él, el descanso que te dará será profundo, seguro, santo y eterno. Este descanso perdurará hasta tu entrada en el cielo, y dispuesto está el Señor a concedérselo a cuantos a Él se alleguen confiadamente.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Jua 6:37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, de ningún modo lo echo fuera (BTx 3)
Al que a mí viene, no le echo fuera. Juan 6:37
¿Hay en el Evangelio un solo caso en que veamos que Jesús rechace a quien a Él se acerca? Si lo hubiera, desearíamos saberlo; mas nunca lo hubo, ni lo habrá jamás. Ninguno de los condenados podrá jamás decir: «Vine a Jesús y me echó fuera». No es posible que tú y yo fuéramos los primeros con quienes Jesús ha quebrantado su palabra. Jamás abriguemos tan mezquina sospecha.
Acerquémonos a Cristo con todos nuestros males presentes. De una cosa podemos estar ciertos: jamás nos negará la entrada, ni nos echará fuera. Quienes hemos ido muchas veces, y quienes nunca han ido, acudamos todos juntos, y comprobaremos que a nadie cierra la puerta de su gracia.
«Este a los pecadores recibe», pero a nadie rechaza. Venimos a Él con la debilidad y el pecado, con una fe vacilante, con muy poco conocimiento y con menguada esperanza, y no nos rechaza. Venimos con la oración indecisa, con la confesión incompleta, con la alabanza que no está en armonía con sus merecimientos, y, sin embargo, nos recibe. Venimos enfermos, manchados, desanimados, indignos, mas no nos echa fuera. Acudamos nuevamente a Él, hoy mismo, porque a nadie echa fuera.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Lam 3:31 Porque Adonay no desechará para siempre (BTx 3)
Porque el Señor no desecha para siempre. Lamentaciones 3:31
Tal vez el Señor nos deseche por algún tiempo, mas no para siempre. La mujer puede prescindir de sus adornos, pero no los olvida, ni los arroja al muladar. No es propio del Señor rechazar a los que ama, porque «como hubiese amado a los suyos que estaban en el mundo, amólos hasta el fin». Algunos dicen estar en gracia o sin ella, como si se tratara de conejos que entran y salen libremente de sus madrigueras; y sin embargo, no es así. El amor de nuestro Salvador para con los suyos es algo más serio y permanente.
Desde toda la eternidad nos escogió, y durante toda la eternidad seguirá prodigándonos su amor. De tal manera nos amó que se entregó a la muerte por nosotros; por donde podemos estar seguros de que su amor nunca tendrá fin.
Su honor de tal suerte está ligado con nuestra Salvación, que le es absolutamente imposible desecharnos, como lo sería despojarse de su vestidura de Rey de gloria. ¡No! El Señor Jesús, como Cabeza que es, nunca se separa de sus miembros; como Esposo, nunca repudia a su esposa. ¿Por ventura te creías desechado? ¿Cómo podías figurarte tal cosa del Señor que te ha desposado? Arroja lejos de ti tales pensamientos, y no permitas que aniden en tu corazón. «No ha desechado Dios a su pueblo al cual antes conoció (Romanos 11:2). «Él aborrece que sea repudiada» (Malaquías 2:16).
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Gén 9:14 Pues sucederá que cuando Yo cubra con nube la tierra, entonces aparecerá el arco en la nube (BTx 3)
Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes. Génesis 9:14
El cielo aparece lleno de nubes, mas no tememos que la tierra sea inundada por un nuevo diluvio. El arcoiris trazado en los cielos disipa todos nuestros temores. La alianza hecha por Dios con Noé no ha sido quebrantada; de esto no abrigamos duda alguna. Y siendo esto así, ¿por qué pensamos que las nubes de nuestras tribulaciones, que al presente oscurecen el cielo de nuestra dicha, serán para nuestra destrucción?
Desechemos estos temores infundados y bochornosos.
La fe siempre tiene delante de nuestros ojos el arco de la promesa establecida cuando nuestros sentidos perciben la nube del dolor. Dios tiene en sus manos el arco con el cual puede lanzar las flechas de la destrucción; pero ese arco apunta hacia arriba. Es un arco sin cuerda y sin flecha; es un arco de trofeo, inútil para la guerra; un arco de muchos y diversos colores que significa esperanza y amor; un arco que se torna rojo con la guerra y negro con la ira.
Tengamos valor. Dios jamás ensombrece nuestro cielo, de tal modo que no podamos dar testimonio de su alianza. Y aun cuando así lo hiciere, nosotros siempre podremos tener la seguridad de que la alianza de paz se cumplirá.
Hasta que nuevamente cubran las aguas toda la tierra, no tendremos motivo para dudar de la promesa de nuestro Dios.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Pro 11:25 El alma generosa será saciada, Y el que sacia a otros, también él será saciado (BTx 3)
El que saciare, él también será saciado. Proverbios 11:25
Si yo presto interés por los demás, Dios también se interesará por mí, y de algún modo será recompensado.
Si pienso en el pobre, Dios pensará en mí; si me ocupo de los pequeñuelos, Dios me tratará como a hijo suyo. Si apaciento su rebaño, Él me alimentará; si riego su jardín, Él hará que mi alma sea a manera de jardín. Tal es la promesa del Señor.
A mí me toca cumplir las condiciones para poder esperar su cumplimiento.
Puedo preocuparme de mí mismo hasta enfermar; ocultar mis sentimientos hasta que nada sienta; lamentar mi flaqueza hasta el punto de no sentirme capaz de lamentar nada. De mayor aprovechamiento será para mi el ser desinteresado, y empezar, por el amor de mi Señor, a preocuparme de las almas que me rodean. El agua va menguando en mi cisterna; no ha caído agua suficiente para llenarla. ¿Qué haré? Dejaré abierta la válvula para que el agua corra libremente y riegue las plantas que se marchitan a mi alrededor. Mas, ¿qué veo? Mi cisterna se llena a medida que el agua va saliendo; brota un secreto manantial. Mientras el agua estaba detenida, el manantial dejaba de manar; mas cuando sale para regar las almas, el Señor piensa en mí ¡Aleluya!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Pro 11:25 El alma generosa será saciada, Y el que sacia a otros, también él será saciado (BTx 3)
El alma generosa será engordada. Proverbios 11:25
Si quiero la prosperidad de mi alma, no debo amontonar tesoros, sino repartirlos entre los pobres. El camino de la fortuna, según el mundo, es ser avaro y mezquino; mas no es éste el camino de Dios, porque nos dice: «Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay quienes son escasos más de lo que es justo, mas vienen a pobreza». Según la fe, la manera de adquirir ganancias consiste en dar. Hagamos la experiencia, y veremos que siempre se nos dará en abundancia todo lo necesario en retorno de nuestra liberalidad.
Indudablemente, nunca llegaré a ser rico con este procedimiento. Seré «engordado», mas no en demasía.
Tanta abundancia de riquezas podría hacerme pesado, como lo son las personas excesivamente gruesas, y podría causarme una dispepsia mundanal y hasta producirme una degeneración cardíaca.
En verdad, puedo darme por satisfecho si, estando lo suficientemente nutrido, gozo de buena salud, y si el Señor me concede lo necesario, puedo darme por contento.
Existe, no obstante, una grosura intelectual y espiritual que en gran manera codicio: la que proviene de nuestros nobles pensamientos acerca de Dios, de su Iglesia y de nuestros semejantes. Que nunca ponga yo límites a mi generosidad para que mi alma no desfallezca de hambre. Que siempre sea liberal y dadivoso, porque así imitaré a mi Señor. Él se dio a sí mismo por mí. ¿Podré yo negarle cuanto me pidiere?
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Mateo 5:8
La limpieza de corazón es uno de los fines principales que debemos perseguir. Importa mucho que seamos purificados interiormente por el Espíritu Santo y por medio de la Palabra, y en verdad lo seremos exteriormente por una mayor consagración y obediencia. Existe una relación íntima entre el corazón y la inteligencia. Si amamos el mal, jamás podremos comprender el bien. Si el corazón está manchado, el ojo estará oscurecido. ¿Cómo podrán estos hombres ver al Dios Santo, si aman el pecado?
¡Cuán singular es el privilegio de ver a Dios en la tierra! Una sola mirada sobre Él constituye para nosotros un verdadero paraíso. En Cristo Jesús contemplan al Padre los limpios de corazón. En Él vemos a Dios, la verdad, su amor, su santidad, sus designios, su soberanía, su alianza. Empero estas cosas solamente se perciben cuando se impide la entrada del pecado en el corazón. Sólo quienes aspiran a la santidad pueden exclamar: «Mis ojos están siempre hacia Jehová». El deseo de Moisés: «ruégote que me muestres tu gloria», solamente puede tener cumplimiento en nosotros cuando estemos limpios de toda iniquidad. Nosotros «le veremos como Él es»; y «cualquiera que tiene esta esperanza en Él, se purifica». El gozo de la presente comunión y la esperanza de la visión beatífica son dos poderosas razones para que andemos en pureza de corazón y de vida.
¡Crea, Señor, en nosotros un corazón puro para que podamos
ver tu rostro!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román