Sal 115:12 YHVH se acordó de nosotros, Él nos bendecirá, Bendecirá a la casa de Israel, Bendecirá a la casa de Aarón (BTx 3)
Jehová se acordó de nosotros; nos bendecirá. Salmos 115:12
En cuanto a mí, podría firmar en mi propio nombre este primer testimonio. ¿Podrías hacerlo tú? Sí, Jehová se acordó de nosotros; nos ha consolado, nos ha liberado y nos ha guiado. En su paternal providencia ha tenido memoria de nosotros, y no nos ha dejado un solo momento de nuestra vida. Siempre nos tiene presentes: tal es el significado de la palabra «acordarse».
Así ha sucedido siempre, y así acontecerá en lo porvenir. Sin embargo, en muchos casos, hemos podido comprobar de un modo clarísimo esta su providencia, y podríamos recordarlo a los demás llenos de gozosa gratitud. Sí, «Jehová se acordó de nosotros».
La frase que sigue es consecuencia lógica de la anterior. Dios no cambia, y, como lo hizo en el pasado, asít ambién lo hará en el futuro. Ahora bien, acordarse es sinónimo de bendición. Empero no se trata de conclusiones dictadas por la razón, sino de afirmaciones de la Palabra inspirada por Dios.
Estas afirmaciones están respaldadas por el Espíritu Santo: «Nos bendecirá». Esto quiere decir cosas grandes e incomprensibles. Lo indefinido de la promesa tiene un alcance verdaderamente infinito. Nos bendecirá como Dios bendice, y su bendición será eterna. Por tanto, digamos agradecidos: «Bendice, oh alma mía, a Jehová».
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Sal 32:10 Muchos dolores habrá para el impío, Pero al que confía en YHVH lo rodea la misericordia (BTx 3)
El que espera en Jehová, le rodea la misericordia. Salmos 32:10
¡Qué galardón tan espléndido para el que confía! ¡Quiera el Señor concedérmelo con abundancia! Quien en Él confía se confiesa el mayor pecador del mundo, y para él está preparada la misericordia de Dios. Sabe que ningún mérito hay en él, mas la misericordia desciende sobre su persona y se le concede con liberalidad. ¡Señor, concédeme esta gracia, porque en ti confío!
Considera, alma mía, la defensa que te rodea.
A la manera que un príncipe se halla cercado de soldados, así lo estás tú de la misericordia de Dios. Delante y detrás de ti, por todos los lados, puedes contemplar esta numerosa guardia de la gracia.
Nos encontramos en el centro mismo de la gracia porque estamos en Cristo Jesús.
¡Oh, alma mía! ¡Qué atmósfera te envuelve! Del mismo modo que el aire te rodea por todas partes, así te circunda la misericordia de Dios. Grandes males están reservados para los malos; en cambio, hay para ti tanta abundancia de dones, que ni siquiera merecen mencionarse las tribulaciones.
Dice David: «Alegraos en Jehová, y gozaos, justos; y cantad todos vosotros, los rectos de corazón». Obedeciendo este mandato mi corazón triunfará en Dios y manifestará su gozo. De la manera que Tú me has cercado de tu misericordia, así andaré yo alrededor de tus altares, oh mi Dios, con himnos de gratitud por tu liberación.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Deu 28:3 Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo (BTx 3)
Bendito tú en el campo. Deuteronomio 28:3
Isaac fue bendito cuando, al atardecer, salió al campo para meditar. ¡Cuántas veces nos ha encontrado el Señor cuando estábamos solos! Las setas y los árboles pueden dar testimonio de nuestra alegría, y abrigamos la esperanza de poder disfrutar nuevamente de esos apacibles momentos.
Booz fue bendito cuando recogió su cosecha, y sus siervos le saludaron con bendiciones. ¡Que el Señor prospere a todos aquellos que siguen el arado! El agricultor que obedece la voz de Dios puede presentar esta promesa en su presencia.
Vayamos al campo a trabajar como lo hizo nuestro padre Adán; desde que la maldición de Dios cayó sobre la tierra a causa del pecado del primer Adán, es un consuelo poder encontrar una bendición en el segundo.
Vayamos al campo para ejercitar nuestros cuerpos, en la esperanza cierta de que Dios bendecirá este ejercicio que fortalecerá nuestra salud y que servirá para su gloria.
Vayamos al campo para estudiar allí las maravillas de la creación porque todo conocimiento de la naturaleza puede ser santificado y utilizado del modo más eficaz para la bendición del Señor.
Finalmente, hemos de ir al campo para enterrar a nuestros muertos, que otros, a su vez irán para dar sepultura a los suyos. También allí encontraremos la bendición de Dios cuando lloremos, o descansemos en Él.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Gén
13:14-15 Y después que Lot se separara de su lado, YHVH dijo a Abram:
Alza ahora tus ojos y mira del lugar donde estás hacia el norte y hacia
el Neguev, y hacia el oriente y hacia el mar, porque toda la tierra que
tú ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre (BTx 3)
Y Jehová dijo a Abram después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y al sur, y al oriente y al occidente; porque toda la tierra que ves la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Génesis 13:14-15
Bendición especial en una ocasión memorable.
Abraham había dado fin a una contienda familiar: «No haya ahora altercado entre nosotros dos, porque somos hermanos».
Por lo tanto, él recibió la gracia prometida a los pacíficos. El Señor y dador de toda paz se complace en manifestar su gracia a quienes buscan la paz y la siguen. Si deseamos gozar de una más íntima comunión con Dios, tenemos que seguir más de cerca los caminos de la paz.
Abraham se comportó de un modo muy espléndido con su pariente permitiéndole escoger la tierra. Si renunciamos a nosotros mismos por amor de la paz, el Señor nos recompensará con largueza. Abraham podía reclamar toda la tierra que alcanzaba su vista, y nosotros podemos hacer lo mismo por la fe. Abraham tuvo que esperar hasta conseguir la posesión que se le prometía, mas el Señor entregó a él y a su posteridad la tierra prometida. Por el don de la alianza nos pertenecen infinitas bendiciones. Todo es nuestro. Cuando nuestra vida es grata al Señor, nos permite mirarlo todo en derredor nuestro y considerar como nuestras todas las cosas; lo presente y lo porvenir todo es nuestro y nosotros de Cristo y Cristo de Dios.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Isa
44:3 Yo derramaré aguas sobre el sequedal, Y torrentes sobre la tierra
seca: Derramaré mi Espíritu sobre tu simiente, Y mi bendición sobre tus
renuevos (BTx 3)
Mi espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos. Isaías 44:3
Nuestros hijos, por naturaleza, carecen del Espíritu de Dios, como podremos comprobarlo. En ellos podemos advertir muchas cosas que nos hacen temer por su porvenir, lo cual debe ser objeto de nuestras súplicas y oraciones. Cuando uno de nuestros hijos se pervierte, clamamos con Abraham: «¡Ojalá Ismael viva delante de ti!» Preferiríamos ver a nuestras hijas humildes y piadosas antes que emperatrices. Este texto debería animarnos mucho. Viene a continuación de estas palabras: «No temas, siervo mio, Jacob», y por tanto no debemos amedrentarnos.
El Señor dará su espíritu y lo dará en abundancia; lo dará eficazmente para que sea una verdadera y eterna bendición. Con esta efusión divina, nuestros hijos avanzarán, y «éste dirá: Yo soy de Jehová; y el otro se llamará del nombre de Jacob».
Ésta es una de las promesas cuyo cumplimiento quiere el Señor que se lo pidamos. ¿No deberíamos, en determinados momentos, orar por nuestros hijos? Somos incapaces de darles un nuevo corazón, pero el Espíritu Santo puede hacerlo, y quiere que se lo pidamos. El Padre Celestial se contenta mucho de las oraciones de los padres. ¿Está fuera del arca alguno de nuestros seres queridos? No descansemos hasta verlos metidos en ella por la mano del Señor.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Hch 22:15 Porque le serás testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído (BTx 3)
Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Hechos 22:15
El apóstol Pablo fue escogido para ver al Señor y oír cómo le hablaba desde el cielo. Esta elección fue para él un singular privilegio. Sin embargo, la bendición recibida no fue para que únicamente se ciñera a su persona, sino para que influyera en los demás y en todos los hombres. Europa entera debe a san Pablo el evangelio que ahora tiene.
También a nosotros, en la medida de nuestras fuerzas, incumbe la obligación de ser testigos de lo que el Señor nos ha revelado; y esconder esta gloriosa revelación constituiría un peligro para nosotros. Primero, debemos ver y oír; de lo contrario, nada tendríamos que comunicar; mas si hemos visto y oído, debemos sentir ansias de dar nuestro testimonio.
Y nuestro testimonio ha de ser personal: «has de ser». Ha de ser para Cristo. «Has de ser testigo suyo». Debe ser constante y absorberlo todo. Ante todas las cosas, y dejando a un lado otras muchas, debemos ser testigos. Nuestro testimonio no ha de dirigirse a unos pocos escogidos que lo aceptarían con agrado, sino a todos, a cuantos podamos alcanzar, lo mismo a jóvenes que ancianos, ricos y pobres, buenos y malos. No hemos de callar, como si estuviéramos poseídos de un espíritu mudo, porque el versículo en cuestión es un mandamiento y una promesa, y debemos cumplirlo. «Has de ser testigo suyo». «Vosotros sois mis amigos, dice Jehová». ¡Cumple, Señor, también en mí tu palabra!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Zac
13:9 Y a esa tercera parte la haré pasar por el fuego, Y los refinaré
como se refina la plata, Y los probaré como se prueba el oro. Invocará
mi Nombre, y Yo le responderé, Y diré: Es mi pueblo, Y él dirá: YHVH es
mi Dios (BTx 3)
Y meteré en el fuego la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. Él invocará mi nombre, y, yo le oiré y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios. Zacarías 13:9
La gracia nos trueca en metal precioso: después vienen como consecuencia natural el horno y el fuego. ¿Nos espanta esta visión? ¿Preferimos ser estimados sin valor alguno, como las piedras del campo, con tal de gozar de quietud y descanso? Esto sería escoger la parte más despreciable, como hizo Esaú renunciando a la alianza por un plato de comida. ¡No, Señor, antes ser lanzados al horno que arrojados de tu presencia!
El fuego afina los metales, no los destruye.
Seremos pasados por el fuego, mas no quedaremos en él. El Señor estima a su pueblo como a la plata; por eso quiere purificarlo de la escoria. Si somos sabios, sabremos apreciar el proceso de la fundición, antes que rehusarlo. Nuestra oración ha de consistir en pedir, no que seamos sacados del crisol, sino que desaparezca la escoria.
¡Oh, Señor, Tú nos pruebas de verdad! A punto estamos de derretirnos bajo el calor de la llama. Sin embargo, éste es tu camino, y tu camino es el mejor.
Sosténnos en la prueba y perfecciona la obra de nuestra purificación, y tuyos seremos para siempre.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román