Flp 4:9 Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced, y el Dios de paz estará con vosotros (BTx 3)
Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros. Filipenses 4:9
Cosa excelente es poder imitar a una persona con provecho, como por ejemplo al apóstol Pablo. ¡Ojalá pudiéramos imitarlo hoy y todos los días de nuestra vida!
Si con la ayuda de Dios ponemos en práctica las enseñanzas de Pablo, podemos reclamar el cumplimiento de la promesa que se nos hace en su exhortación. ¡Y qué promesa!
Dios, que ama la paz, que es el Autor de la paz y que inspira paz, estará con nosotros. «Paz a vosotros», he ahí una magnifica bendición. Pero mucho más rica bendición es saber que con nosotros está el Dios de Paz. De este modo tenemos el manantial con todos sus riachuelos, el Sol con todos sus rayos. Si el Dios de paz está con nosotros, gozaremos de esta paz que sobrepuja todo entendimiento, aunque las circunstancias exteriores se conjuren para destruirla. En las contiendas de los hombres, nosotros podremos convertirnos en pacificadores, si el autor de la paz está con nosotros. La auténtica paz se halla en el camino de la verdad. Y si con el pretexto de extenderla abandonamos la fe o nos apartamos del camino de la justicia, caeremos en un gravísimo error. Ser primeramente puros y después pacíficos, tal es el orden de la sabiduría y de la verdad. Mantengámonos en la senda trazada por Pablo, y el Dios de paz estará con nosotros como lo estuvo con el apóstol.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Eze
11:16 Por tanto, di: Así dice Adonay YHVH: Aunque Yo los arrojé lejos
entre las naciones, y aunque los dispersé entre los pueblos, con todo,
les seré por un pequeño Santuario en las tierras adonde lleguen. (BTx 3)
Por tanto, di: Así ha dicho Jehová el Señor: Aunque los he arrojado lejos
entre las gentes, y los he esparcido por las tierras, con todo eso les
seré por un pequeño santuario, en las tierras adonde lleguen. Ezequiel
11:16
Alejados de los medios de gracia habituales, no estamos, sin embargo, privados de ella. El Señor coloca a veces a su pueblo en un lugar de destierro; pero a su lado está, y les dará todo lo que habrían recibido en su propia casa o en sus asambleas. Quienes tenéis que permanecer lejos, guardad estas palabras.
Dios es para los hijos de su pueblo un lugar de refugio. En Él encuentran un Santuario a cubierto de sus enemigos.
Él es también para ellos un lugar de adoración. Con ellos está como lo estuvo Jacob cuando durmió en el campo, el cual levantándose exclamó: «Ciertamente Jehová está en este lugar».
Dios será para ellos santuario de reposo, como el lugar Santísimo, donde moraba el Altísimo. Aquí vivirán tranquilos sin temor del maligno.
Dios mismo, en Cristo Jesús, es el Santuario de misericordia. Jesús es el arca de la alianza, y la vara de Aarón; el vaso del maná y las tablas de la ley se hallan en Cristo, que es nuestro verdadero Santuario. En Dios encontramos, asimismo, el templo de la santidad y de la comunión. ¿Qué más necesitamos? ¡Oh, Señor, cumple en nosotros tu promesa, y sé siempre nuestro santuario!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Jer
1:6-7 Entonces dije: ¡Ah, Adonay YHVH! He aquí, no sé hablar, porque
soy joven. Pero me dijo YHVH: No digas: Soy joven. Adondequiera que te
envíe, irás, y todo lo que te mande, dirás (BTx 3)
Y yo dije: ¡Ah!, ¡ah, Señor Jehová! He aquí no sé hablar, porque yo soy niño. Y me dijo Jehová: No digas soy un niño, porque a todo lo que te envíe irás tú y dirás todo lo que te mande. Jeremías 1:6-7
Jeremías era joven y se espantó cuando Dios le confió una misión difícil. Mas el Señor, que le envió, no admitía esta excusa: «Soy niño». Debía olvidar lo que en sí mismo era para fijarse únicamente en que era el escogido para hablar en lugar de Dios. No tenía que inventar el mensaje, ni elegir a los oyentes, sino comunicar lo que Dios le ordenaba y hablar en el lugar que Dios le señalaba, y esto lo haría con una fortaleza que no era suya.
¿No es por ventura este el caso de algún predicador o joven evangelista que lee estas líneas? Dios sabe que eres joven, cuán mezquinos son tus conocimientos y experiencia;
pero si Él te llama, no te pertenece a ti negarte a su
divino llamamiento. Dios será glorificado en tu pequeñez. Aun cuando fueras más viejo que Matusalén, ¿de qué te servirán tus muchos años? Si fueras tan sabio como Salomón, tal vez te extraviarías como él. Cíñete a tu mensaje, y en esto consistirá tu sabiduría. Sigue tu orden de marcha y en eso consistirá tu prudencia.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Deu 33:18 De Zabulón dijo: ¡Regocíjate, oh Zabulón, en tus salidas marítimas, Y tú Isacar, en tus tiendas! (BTx 3)
A Zabulón dijo: Alégrate, Zabulón, cuando salieres. Deuteronomio 33:18
Podemos aplicarnos las bendiciones anunciadas a las tribus, porque somos nosotros el verdadero Israel y a Dios servimos en espíritu y no ciframos nuestra esperanza en la carne. Zabulón debe regocijarse porque Jehová bendecirá su salida, y nosotros podemos ver también en esta invitación una bendición que nos otorga. Cuando salgamos, será para nosotros motivo de gozo.
¿Emprendemos un viaje? La providencia de Dios nos acompañará en el camino. ¿Tal vez tenemos que emigrar? El Señor estará con nosotros en tierra y en mar. ¿Salimos como misioneros? Jesús nos dice: «He aquí yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo». ¿Vamos cada día a nuestro trabajo?
Bien podemos hacerlo con alegría, porque Dios estará a nuestro lado desde la mañana hasta la noche.
Si a veces, en el momento de la partida, se apodera de nosotros el temor porque ignoramos lo que podrá acontecernos, esta bendición será para nosotros una palabra de aliento. Cuando hagamos nuestra maleta, pongamos en ella este versículo; pongámoslo en nuestro corazón y guardémoslo allí, y pongámoslo en nuestros labios para cantarlo cuando levemos anclas o entremos en el departamento de nuestro coche. Seamos del número de esta tribu afortunada y que cada uno de nuestros movimientos alabe al Señor con alegre corazón.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
1Sa
17:47 y toda esta gente sepa que YHVH no salva con la espada y la
lanza, por cuanto esta batalla es de YHVH, y Él os entregará en nuestra
mano (BTx 3)
Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos. 1 Samuel 17:47
Sin duda alguna, la batalla es del Señor, y, por tanto, podemos contar con la victoria, y con una victoria en la que se despliegue todo el poder de Dios. El Señor es olvidado de todos, aun de las asambleas de Israel, y cuando se presenta una oportunidad de hacer ver a los hombres que la causa primera puede llevar a cabo sus planes sin el concurso del hombre, esta oportunidad es de un valor inestimable que nadie debe menospreciar. El mismo Israel mira demasiado la espada y la lanza. Es algo maravilloso ver a David sin espada en la mano, y, sin embargo, sabe que su Dios derrotará a todo el ejército de enemigos.
Si luchamos con todo nuestro entusiasmo por la causa de la verdad y la justicia, no esperemos hasta que nos creamos con suficiente talento, riqueza u otro poder visible; corramos hacia el enemigo con las piedras que encontremos en el arroyo, y con nuestra honda en la mano. Si combatiéramos por nosotros mismos, tal vez podríamos desconfiar, mas si luchamos por Jesús y peleamos con su poder, ¿quién podrá resistirnos?
Hagamos frente, sin vacilaciones, al ejército de Filisteos, porque el Señor de los ejércitos está con nosotros y ¿quién contra nosotros?
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. Juan 12:46
Este mundo es tan sombrío como la noche: Jesús ha venido para que por medio de la fe tengamos luz y no permanezcamos en medio de las tinieblas que envuelven a toda la humanidad.
«Todo aquel» es un término muy amplio que abarca al mundo entero: tú y yo. Si seguimos a Jesús, jamás permaneceremos en la sombra de la muerte, sino que entraremos en la luz vivificadora de un día que no tendrá fin. ¿Por qué no nos decidimos a salir ahora mismo a la luz?
Tal vez se cierna sobre nosotros alguna nube, mas no quedamos en tinieblas si creemos en Jesús. Él ha venido para darnos la luz del mediodía. ¿Será vana su venida? Si tenemos fe, la luz del sol será su privilegio para nosotros; disfrutemos de su esplendor. Jesús ha venido para librarnos de la noche de la ignorancia, de la duda, de la desesperación, del pecado y del temor; y todos los creyentes han de saber que así como el sol se levanta y derrama luz y calor, así la venida de Jesús tampoco será vana.
Querido hermano, aparta de ti todo desaliento. No vivas en la oscuridad, sino en la luz. En Jesús está tu esperanza, tu gozo, tu cielo. Mírale sólo a Él y te regocijarás, como las avecillas cuando sale el sol, y como los ángeles delante del trono de Dios.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Jer
29:7 Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y
rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz (BTx 3)
Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz. Jeremías 29:7
La invitación contenida en este versículo debería inducirnos a todos nosotros, que somos extranjeros y peregrinos en este mundo, y pertenecemos al Señor, a procurar y mantener la paz y prosperidad del pueblo en medio del cual vivimos. De un modo particular debemos interceder constantemente por nuestra patria y por nuestra ciudad para que Dios las bendiga.
Oremos constantemente por la gran dádiva de la paz, tanto en nuestra patria como en el extranjero. Si la discordia causara derramamiento de sangre en nuestras calles, o si la guerra con el extranjero produjera la muerte de nuestros valientes soldados, todos deberíamos llorar ante semejante desgracia.
Oremos, pues, por la paz, y tratemos de sembrar en diligencia aquellos principios que tienden a unir con lazos de afecto a las diversas clases sociales y a las diferentes razas.
También a nosotros se nos promete tranquilidad en la medida de la paz que disfrute nuestra nación, lo cual es un bien apetecible, porque así podremos educar a nuestra familia en el temor de Dios y predicar el Evangelio sin entorpecimientos.
Mantengámonos hoy en oración por nuestra patria, confesando nuestros pecados nacionales y pidiendo perdón y bendición para nuestro pueblo por amor a Jesucristo.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román