martes, 27 de marzo de 2012

Del Amor al Odio (Oswald Chambers)


Del Amor al Odio


"De pronto, el amor de Amnón se transformó en odio, y la llegó a odiar aún más de lo que la había amado. —¡Vete de aquí! —le gruñó" 2Samuel 13:15 (NTV)

“Luego la aborreció Amnón con tan gran aborrecimiento, que el odio con que la aborreció fue mayor que el amor con que la había amado” (2Sa_13:15).


Amnón ardía con pasión por su media hermana Tamar. Ella era hermosa, su belleza había despertado la codicia, y “se enamoró”, esto es, estaba carnalmente determinado a poseerla. Se sentía frustrado porque sabía que lo que deseaba hacer estaba claramente prohibido por la ley de Dios. Pero el deseo le consumía y ninguna otra consideración parecía importante. Así que un día se fingió enfermo, la convenció de que entrara a su habitación y la violó. Estuvo dispuesto a sacrificarlo todo por aquel momento de pasión carnal.

Pero en seguida el deseo se tornó en odio. Después que egoístamente se hubo aprovechado de ella, la despreció y probablemente deseó nunca haberla visto. Ordenó que fuera expulsada de su alcoba y cerró la puerta tras ella.
A través de los años esta historia se ha repetido casi cada día. Hablan de “enamorarse”, pero es pasión carnal y egoísta. En nuestra alocada sociedad, las normas morales en su mayor parte han sido abandonadas. El sexo prematrimonial se acepta como lo normal. Las parejas viven juntas sin la formalidad del matrimonio. La prostitución se legaliza y la homosexualidad a llegado a ser un estilo de vida aceptable.

Jóvenes y viejos igualmente ven a alguien que les gusta y ¡no hay más que hablar! No reconocen otra ley. No están atados a ningún tipo de cohibición. Determinados a conseguir lo que desean, albergan cualquier pensamiento bueno o malo, y concluyen que no podrían vivir una vida normal de alguna otra manera. Así que dan el paso decisivo, como hizo Amnón, pensando ilusamente que sólo así se realizan en la vida.

Pero lo que parece tan hermoso prospectivamente, cuando se ve retrospectivamente luce casi siempre horripilante. El sentimiento de culpa siempre está presente, aunque se niegue con vehemencia. La pérdida mutua de respeto propio es inevitable, conduce al resentimiento, después a las disputas y más tarde al odio. La persona que antes parecía tan indispensable ahora resulta positivamente repulsiva. De allí sólo hay un corto paso para llegar a los golpes, los litigios y hasta el asesinato.

La concupiscencia es un pésimo fundamento sobre el que jamás podrá construirse una relación duradera. Los hombres ignoran voluntariamente lo que la ley de Dios afirma de la pureza a su propio riesgo y destrucción. Sólo la gracia de Dios puede traer perdón, sanidad y restauración.



lunes, 26 de marzo de 2012

“El viento sopla de donde quiere” (Oswald Chambers)


“El viento sopla de donde quiere”


"El viento sopla hacia donde quiere. De la misma manera que oyes el viento pero no sabes de dónde viene ni adónde va, tampoco puedes explicar cómo las personas nacen del Espíritu" Juan 3:8 (NTV)

“El viento sopla de donde quiere” (Jua_3:8).


El espíritu de Dios es soberano y se mueve como le agrada. Tratamos de hacerlo encajar en algún molde en particular, pero nuestros intentos se frustran invariablemente.
La mayoría de los tipos del Espíritu Santo son fluidos: viento, fuego, aceite y agua. Intentemos sujetarlos en nuestras manos y veremos que siempre tendrán una manera de decirnos: “No me puedes limitar”.

El Espíritu Santo jamás hará algo que esté moralmente mal, pero en otras áreas se reserva el derecho de actuar de manera excepcional y poco convencional. Por ejemplo, aunque es verdad que Dios ha dado al varón el lugar de liderazgo, no podemos decir que el Espíritu Santo no puede levantar a una Débora para guiar al pueblo de Dios si no hay varones espirituales, si él así lo desea.

En días de decadencia, el Espíritu permite conductas que de ordinario se considerarían prohibidas. Así fue que a David y a sus hombres se les concedió comer del pan de la proposición, que estaba reservado exclusivamente para los sacerdotes. Los discípulos fueron justificados al arrancar trigo en un día de reposo.
Algunos afirman que en el Libro de los Hchhos hay un modelo definido y predecible de evangelización, pero el único modelo que puedo ver es la soberanía del Espíritu Santo.

Los apóstoles no siguieron un libro de texto sino la dirección de Dios, que con frecuencia era diferente a lo que el sentido común les pudo haber dictado.
A modo de ilustración, vemos como el Espíritu hizo que Felipe dejara un exitoso avivamiento en Samaria para ir a testificar a un eunuco solitario de Etiopía que iba de camino a Gaza.

En nuestros días, debemos guardarnos de dictarle al Espíritu Santo lo que puede y no puede hacer. Sabemos que nunca hará nada que sea pecaminoso, pero en otras áreas podemos contar con que obrará de manera extraordinaria. No está limitado a ciertos métodos ni atado a nuestras maneras tradicionales de hacer las cosas. Sabe cómo protestar contra el formalismo, ritualismo y falta de vida, haciendo surgir nuevos movimientos con santidad y poder vivificante. Por lo tanto, debemos abrirnos a esta dinámica soberana del Espíritu Santo y no quedarnos sentados al lado del camino con una actitud de crítica.



domingo, 25 de marzo de 2012

“¿Qué a ti? Sígueme tú” (Oswald Chambers)


“¿Qué a ti? Sígueme tú”


"Jesús contestó: —Si quiero que él siga vivo hasta que regrese, ¿qué tiene que ver contigo? En cuanto a ti, sígueme" Juan 21:22 (NTV)

“¿Qué a ti? Sígueme tú” (Jua_21:22).


El Señor Jesús acababa de decirle a Pedro que viviría hasta llegar a ser anciano y que sufriría la muerte del martirio. Inmediatamente Pedro miró a Juan que les seguía, y preguntó en alta voz si éste recibiría un trato de preferencia. La respuesta del Señor fue: “¿Qué a ti? Sígueme tú”.

La actitud de Pedro nos recuerda las palabras de Dag Hammarskjold: “A pesar de todo, tu amargura siempre sale a relucir porque otros disfrutan lo que a ti se te niega. A veces se mantiene oculta tan sólo un par de días. Sin embargo, aún así sigue siendo una expresión de la amargura verdadera de la muerte, el hecho de que a otros se les permita seguir viviendo”.

Si tomáramos en serio las palabras del Señor, el pueblo cristiano resolvería muchos de los problemas que ahora lo oprimen.

Es fácil resentirse cuando vemos que algunos prosperan más que nosotros. El Señor les permite tener casa nueva, automóvil nuevo y hasta una casita de campo cerca del lago.

Otros a quienes podríamos considerar menos devotos tienen buena salud, mientras que nosotros batallamos con dos o tres enfermedades crónicas.
Aquella otra familia tiene hijos de bella presencia que además sobresalen intelectualmente y en los deportes. Nuestros hijos son de la variedad común que crece en el jardín.

Vemos que otros creyentes hacen cosas que nosotros no tenemos la libertad de hacer. Aún si éstas no son pecaminosas, nos sentimos agraviados por su libertad.
Lástima, pero hay un cierto celo profesional entre algunos obreros cristianos. Un predicador se molesta porque otro es más popular, tiene más amigos, es invitado más, o está más a la vista del público. Otro está herido porque sus colegas utilizan métodos que él no aprueba.

A todas estas actitudes indignas, las palabras del Señor nos llegan con fuerza contundente: “¿Qué a ti? Sígueme tú”. No nos incumbe la manera en la que el Señor trata con otros cristianos. Nuestra responsabilidad es seguirle en cualquier camino que nos haya señalado.



sábado, 24 de marzo de 2012

“En el principio Dios...” (Oswald Chambers)


“En el principio Dios...”


"En el principio, Dios creó los cielos y la tierra" Génesis 1:1 (NTV)

“En el principio Dios...” (Gen_1:1).


Si separamos las primeras cuatro palabras de Gen_1:1 del resto del versículo, se forma una especie de lema para todo aspecto de la vida: “Dios primero”. El primer mandamiento nos sugiere también este lema: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”. Nadie ni nada debe tomar el lugar del Dios vivo y verdadero.
Esto se ilustra con la historia de Elías y la viuda a quien sólo quedaba un poco de harina y aceite suficiente para hacer una última pieza de pan para ella y su hijo (1Re_17:12). Sorprendentemente Elías dijo: “hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida”. Aunque esto pudiera sonar como egoísmo imperdonable, en realidad no lo era. Elías era un representante de Dios. Lo que estaba diciendo era: “Pon a Dios en primer lugar y las cosas necesarias para la vida nunca te faltarán”.

Siglos más tarde el Señor Jesús enseñaba lo mismo sobre el Monte: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mat_6:33). La prioridad central de la vida es el reino de Dios y Su justicia.
De nuevo, el Salvador afirmó Su declaración en Luc_14:26, “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo”. Cristo debe tener el primer lugar.

Pero ¿cómo ponemos a Dios primero? Tenemos una familia a la que cuidar. Tenemos un empleo en el cual pensar. Tenemos un sinfín de tareas que claman pidiendo nuestro tiempo y recursos. Ponemos a Dios primero amándole con un amor tal que en comparación, todos los demás amores parecen aborrecimiento. Usando todas las cosas materiales como algo que él ha dejado a nuestro cargo, reteniendo sólo las cosas útiles en relación a Su reino. Dando la máxima prioridad a los asuntos de consecuencia eterna, recordando que a veces lo bueno puede convertirse en enemigo de lo mejor.

Los mejores intereses del hombre se encuentran en una buena relación con Dios. Hay buena relación cuando se le da a Dios el primer lugar. Pero poner a Dios primero no significa no tener problemas, de hecho los tendremos, pero encontraremos realización en la vida. Pero el poner a Dios en segundo lugar significa no tener más que problemas, y una existencia miserable.



viernes, 23 de marzo de 2012

Pero a cada uno de nosotros, fue dada la gracia (Oswald Chambers)


Pero a cada uno de nosotros, fue dada la gracia


"No obstante, él nos ha dado a cada uno de nosotros un don especial mediante la generosidad de Cristo" Efesios 4:7 (NTV)

“Pero a cada uno de nosotros, fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efe_4:7).


Debemos recordar siempre que cada vez que el Señor nos manda hacer algo, nos da el poder necesario para llevarlo a cabo. Todos Sus mandamientos incluyen la capacidad para hacerlos, aun cuando estén dentro de lo imposible.

Metro dijo a Moisés: “Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte” (Exo_18:23). J. O. Senderos observó: “El principio es el siguiente: Dios asume toda la responsabilidad de capacitar a Su hombre para que cumpla con la tarea que le ha asignado”.

En los días de Su ministerio el Señor Jesús se encontró con dos hombres paralíticos (Mat_9:6; Jua_5:9). En ambas ocasiones les dijo que se levantaran y se llevaran su camilla. Cuando ejercitaron la voluntad para obedecer, el poder fluyó en sus miembros inútiles.

Pedro comprendió que si el Señor lo llamaba sobre las aguas, sin duda podría caminar sobre ellas. Tan pronto como Jesús le dijo: “Ven”, Pedro bajó de la barca, caminó sobre el agua y fue hacia él.

Es dudoso que el hombre con la mano seca pudiera extenderla; sin embargo, cuando nuestro Señor le dijo que lo hiciera, lo hizo y la mano le fue restaurada.
La idea de alimentar cinco mil con unos cuantos panes y peces es una perfecta imposibilidad. Sin embargo, cuando Jesús dijo a los discípulos: “Dadles de comer”, la imposibilidad se desvaneció.

Lázaro había estado en la tumba ya cuatro días cuando Jesús le llamó diciendo: “Lázaro, ven fuera”. El mandamiento fue acompañado del poder necesario y Lázaro salió.

Debemos apropiarnos de esta verdad. Cuando Dios nos dirige, no debemos evadirnos con el pretexto de que no podemos hacerlo. Si el Señor nos ordena que hagamos algo, nos dará también el poder. Dios da lo que manda. Es una solemne verdad que: “La voluntad de Dios no te guiará adonde Su gracia no te sostenga”.
También es verdad que cuando Dios encarga algo, lo paga. Si estamos seguros de Su dirección, no debemos preocuparnos por las finanzas. él proveerá sin que tengamos que pedir a los demás. Si estamos seguros de Su dirección, las finanzas nunca serán un obstáculo.

El Dios que abrió el Mar Rojo y el Jordán para que el pueblo pudiera pasar, es el mismo hoy en día. Cuando los Suyos le obedecen, él quita toda imposibilidad. él sigue quitando toda imposibilidad cuando los Suyos obedecen Su voluntad. él sigue supliendo la gracia necesaria para hacer todo lo que manda. él sigue produciendo en nosotros tanto el querer como el hacer, por Su buena voluntad.



jueves, 22 de marzo de 2012

“Porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada” (Oswald Chambers)


“Porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada”


"Pero el rey le respondió a Arauna: —No, sino que insisto en comprarla, no le presentaré ofrendas quemadas al SEÑOR mi Dios que no me hayan costado nada. De modo que David le pagó cincuenta piezas de plata por el campo de trillar y por los bueyes 2Samuel 24:24 (NTV)

“Porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada”
(2Sa_24:24).


Cuando a David se le indicó que ofreciera holocaustos donde el Señor había detenido la peste,Arana presentó de inmediato un regalo que consistía en terreno, bueyes y leña para el fuego. Pero David insistió en comprar estas cosas. No ofrecería al Señor algo que no le costara.

Sabemos que llegar a ser cristiano no cuesta nada, pero también debiéramos saber que una vida de discipulado genuino cuesta mucho. La religión que no cuesta nada no vale nada.

Muy a menudo el grado de nuestro compromiso está determinado por consideraciones de conveniencia, costo y comodidad. Sí, iremos a la reunión de oración sino estamos cansados o no tenemos dolor de cabeza. Sí, enseñaremos en la clase bíblica siempre y cuando ésta no interrumpa un fin de semana en la montaña.
Nos pone nerviosos orar en público, dar un testimonio o predicar el evangelio, por lo tanto, permanecemos en silencio. No tenemos deseos de trabajar predicando entre los marginados y los de clase baja, por temor a los piojos o las moscas. Desechamos cualquier deseo de ir al campo de misión por el horror a las víboras o las arañas.

A menudo ofrendamos solamente propinas en lugar de sacrificios. Ofrendamos lo que nos sobra, a diferencia de aquella viuda que lo dio todo. Nuestra hospitalidad depende del importe de los gastos, las incomodidades y el desorden en nuestras casas, a diferencia del ganador de almas que decía que cada alfombra de su casa estaba manchada por el vómito de los borrachos que recibía. La disponibilidad hacia la gente necesitada llega a su fin cuando nos metemos en nuestra cama de agua, a diferencia del pastor que estaba dispuesto a levantarse en cualquier momento para dar asistencia espiritual o material.

Con mucha frecuencia cuando Cristo nos llama, nos preguntamos: “¿Cómo me beneficia esto?” o “¿Valdrá la pena?” La pregunta debería ser: “¿Es ésta una ofrenda que realmente cuesta?” Bien se ha dicho: “En la vida espiritual es mejor dar que recibir”.

Cuando pensamos en lo que le costó nuestra redención al Salvador, es bien pobre el retroceder ante el coste y sacrificio por él.



miércoles, 21 de marzo de 2012

“Bien has hecho en tener tal deseo” (Oswald Chambers)


“Bien has hecho en tener tal deseo”


"Pero YHVH dijo a mi padre David: Por cuanto ha estado en tu corazón el anhelo de edificar Casa para mi Nombre, bien has hecho en tener esto en tu corazón" 1Reyes 8:18 (B.Tx)

“Bien has hecho en tener tal deseo” (1Re_8:18).


Uno de los grandes deseos del corazón de David fue edificar un Templo para Jehová en Jerusalén. El Señor le envió palabra indicándole que no sería él quien lo construiría porque era hombre de guerra, pero añadió estas palabras significativas: “Bien has hecho en tener tal deseo”. De esto aprendemos que Dios toma en cuenta nuestro deseo de hacer algo para él aún cuando no podamos llevarlo a cabo.

Esto no se aplica a aquellas situaciones en las que el fracaso para realizar algo para Dios se debe a nuestra negligencia. En este caso no basta con el deseo. Como dice un refrán popular en inglés: “el camino al infierno está hecho con buenas intenciones”.

Pero hay muchas ocasiones en la vida cristiana cuando el deseo de hacer algo para agradar al Señor está presente pero circunstancias más allá de nuestro control nos lo impiden. Por ejemplo, un joven convertido desea bautizarse pero sus padres no creyentes se lo prohíben. En tal caso Dios lo considera como bautizado hasta que deja su casa y está en condiciones de obedecer al Señor sin insubordinarse a sus padres.

Una esposa cristiana desea asistir a todas las reuniones de la asamblea local pero su marido alcohólico insiste en que debe permanecer en casa. El Señor recompensa tanto la sujeción a su marido como el deseo de reunirse con los creyentes en Su Nombre.

Una hermana ya entrada en años lloraba mientras observaba a los demás que servían los alimentos en una conferencia bíblica. Por muchos años hacer esto había sido su gran motivo de gozo, pero ahora estaba físicamente incapacitada. En lo que a Dios se refiere, ella recibirá una rica recompensa por sus lágrimas así como los otros la tendrán por sus labores.

¿Quién sabe cuántos hay que voluntariamente se ofrecen para servir en los campos de misión, y sin embargo nunca pueden ir más allá de su propia ciudad? Dios lo sabe, y todas esas aspiraciones piadosas serán recompensadas en el Tribunal de Cristo.

Este principio se aplica también en la cuestión de dar. Hay quienes invierten con mucho sacrificio en la obra del Señor y que desearían dar aún más. En aquel día, el libro divino mostrará que dieron más.

A los enfermos y minusválidos, a los recluidos y a los ancianos no les será quitado este primer lugar de honor, porque: “en Su misericordia Dios nos juzgará no sólo por nuestros logros, sino también por nuestros sueños”.