Sal 50:15 Invócame entonces en el día de angustia, Yo te libraré, y tú me honrarás. (BTx 3)
“E invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.” Sal_50:15. ¡En verdad esto es una promesa!
Aquí
encontramos una ocasión urgente: “el día de la angustia”. En un día
así, está oscuro incluso al mediodía, y cada hora parece más negra que
la que le precedió. Para esas ocasiones es oportuna esta promesa: está
escrita para un día nublado.
Aquí hay un consejo condescendiente,
“invócame”. No deberíamos necesitar esta exhortación: debería ser
nuestro hábito constante durante todo el día y cada día. ¡Qué
misericordia es tener libertad para invocar a Dios! ¡Qué sabiduría es
hacer buen uso de ella! ¡Qué insensato es acudir a los hombres! El Señor
nos invita a poner nuestro caso delante de Él, y ciertamente no dudará
en librarnos.
Aquí tenemos un estímulo tranquilizante: “te
libraré”. Cualquiera que sea el problema, el Señor no hace excepciones,
sino que promete una liberación plena, segura y feliz. Él mismo nos
librará con Su propia mano. Nosotros creemos eso, y el Señor honra esa
fe.
Aquí tenemos un resultado final: “tú me honrarás”. ¡Ah!, eso
haremos muy abundantemente. Cuando Él nos hubiere librado, le honraremos
en alta voz; y como lo hará con certeza, debemos comenzar a
glorificarle de inmediato.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Jua
16:22 También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os veré otra vez y
vuestro corazón se alegrará, y nadie os quita° vuestro gozo. (BTx 3)
“Pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón.” Jua_16:22.
“Pero os volveré a ver otra vez, y se gozará vuestro corazón.” Versión King James. Ciertamente
Él vendrá una segunda vez, y entonces, cuando nos vea, y cuando le
veamos, en verdad habrá gozo. ¡Oh, anhelamos ese gozoso retorno!
Pero
esta promesa está siendo cumplida diariamente en otro sentido. Nuestro
clemente Señor menciona muchos “otra vez” en Sus tratos con nosotros. Él
nos dio perdón, y nos ve otra vez, y repite la palabra absolutoria
cuando los nuevos pecados nos causan aflicción. Él nos ha revelado
nuestra aceptación delante de Dios, y cuando nuestra fe en esa bendición
disminuye, viene a nosotros una y otra vez, y dice: “Paz a vosotros”.
Amados,
todas nuestras misericordias pasadas son señales de futuras
misericordias. Si Jesús ha estado con nosotros, nos verá otra vez. No
miren a ningún favor anterior como una cosa muerta y enterrada, por la
que hay que llorar; sino deben considerarla como una semilla sembrada,
que crecerá, y que sacará la cabeza por entre el polvo, y clamará: “Os
volveré a ver otra vez.” ¿Son oscuros los tiempos porque Jesús no está
con nosotros como solía estar? Hemos de tener valor, pues no estará
mucho tiempo lejos. Sus pies son como los del corzo o del cervatillo, y
pronto lo traerán a nosotros. Por tanto, debemos comenzar a estar
gozosos, pues Él nos dice incluso ahora: “Os volveré a ver otra vez”.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Sof 3:15 YHVH ha apartado tus juicios,° Ha echado fuera tu enemigo.
YHVH, el Rey de Israel está en medio de ti. ¡Nunca más temerás el mal!
(BTx 3)
“Ha echado fuera tus enemigos.” Sof_3:15.
¡Qué
expulsión fue esa! Satanás ha perdido su trono en nuestra naturaleza
igual que perdió su asiento en el cielo. Nuestro Señor Jesús ha
destruido el poder de reinar del enemigo sobre nosotros. Es posible que
el enemigo pueda preocuparnos, pero no puede reclamarnos como suyos. Sus
cadenas no atan más a nuestros espíritus: el Hijo nos ha hecho libres,
y, en verdad, somos libres.
Todavía el archienemigo es el acusador
de los hermanos; pero el Señor lo ha echado incluso de esta posición.
Nuestro abogado silencia a nuestro acusador. El Señor reprende a
nuestros enemigos, e intercede por las causas de nuestra alma, de tal
forma que ningún daño se deriva de todos los ultrajes del demonio.
El
espíritu maligno todavía arremete en contra nuestra como tentador, y se
insinúa a nuestras mentes; pero es echado fuera de allí como también
fue echado de su antigua preeminencia. Se arrastra rondando como una
serpiente, pero no puede gobernar como un soberano. Inculca pensamientos
blasfemos cuando tiene la oportunidad; pero ¡qué alivio es cuando
recibe la orden de estar tranquilo, y es obligado a escabullirse como un
perro apaleado! Señor, haz esto por todos los que estén en este momento
preocupados y desfallecidos por sus ladridos. Echa fuera a sus
enemigos, y glorifícate a sus ojos. Tú lo has derribado. Señor, échalo
fuera. ¡Oh, que Tú lo desterraras del mundo!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

1Pe 5:6 Sed humillados, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que os exalte a su tiempo (BTx 3)
“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.” 1Pe_5:6. Esto
es equivalente a una promesa: si nos inclinamos, el Señor nos alzará.
La humildad conduce al honor: la sumisión es el camino a la exaltación.
La misma mano de Dios que nos empuja hacia abajo, está esperando para
levantarnos cuando estemos preparados para recibir la bendición. Nos
agachamos para vencer. Muchos se rebajan delante de los hombres, y, sin
embargo, no reciben la protección que ambicionan; pero aquel que se
humilla bajo la mano de Dios no dejará de ser enriquecido, exaltado,
sostenido y consolado por el Dios siempre lleno de gracia. Es un hábito
de Jehová derribar al altivo y exaltar al humillado.
Sin embargo,
hay un tiempo para la obra del Señor. Hemos de humillarnos ahora,
incluso en este preciso instante; y estamos obligados a continuar
haciéndolo, ya sea que el Señor ponga sobre nosotros Su mano que causa
aflicción o no. Cuando el Señor hiere, es nuestro especial deber aceptar
el castigo con profunda sumisión. Pero en cuanto a nuestra exaltación
proveniente del Señor, esa sólo puede venir “cuando fuere tiempo”, y
Dios es el mejor juez de ese día y hora. ¿Clamamos impacientemente
pidiendo la bendición? ¿Desearíamos un honor inoportuno? ¿Qué
pretendemos? Seguramente no nos hemos humillado verdaderamente, pues, de
lo contrario, esperaríamos con tranquila sumisión. Entonces,
hagámoslo.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Hch
13:34 Y que lo levantó de entre los muertos, para nunca más volver a
corrupción, lo ha dicho así: Os daré las misericordias y fieles promesas
hechas a David. (BTx 3)
“Os daré las misericordias fieles de David.” Hch_13:34. Nada
que sea del hombre es seguro; pero todo lo que es de Dios sí lo es. En
especial, las misericordias del pacto son misericordias seguras, tal
como dijo David: “Pacto perpetuo, ordenado en todas las cosas, y será
guardado.”
Estamos seguros de que el Señor ofreció en serio Su
misericordia. Él no habló meras palabras: hay sustancia y verdad en cada
una de Sus promesas. Sus misericordias son en verdad misericordias.
Incluso si una promesa pareciera que no se cumplirá por causa de la
muerte, no dejará de cumplirse, pues el buen Señor cumplirá Su palabra.
Nosotros estamos seguros de que el Señor otorgará las misericordias
prometidas a todos aquellos que están bajo el pacto. Esas misericordias
llegarán a todos los elegidos del Señor, en el tiempo señalado. Serán
cumplidas para toda la simiente, desde el más pequeño de ellos hasta el
mayor de ellos.
Estamos seguros de que el Señor continuará Sus
misericordias para con Su propio pueblo. Él no da y quita. Lo que ya nos
ha dado es la señal de muchas cosas más. Lo que no hemos recibido es
tan seguro como lo que ya nos ha sido otorgado; por tanto, hemos de
esperar delante del Señor y quedarnos tranquilos. No hay ninguna razón
justificable para la menor duda. El amor de Dios, y Su palabra, y Su
fidelidad serán guardados. Muchas cosas son cuestionables, pero en
cuanto al Señor cantamos:
“Pues Sus misericordias perdurarán
Siempre fieles, siempre seguras.”
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Ose 2:16 Y sucederá en aquel día, dice YHVH, Tú me llamarás ’Ishí,° y ya no me llamarás Ba’alí,°
Ose 2:17 Pues quitaré de su boca los nombres de los Baales,° Y sus nombres no serán más invocados. (BTx 3)
“En
aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás
Baali. Porque quitaré de su boca los nombres de los baales, y nunca más
se mencionarán sus nombres.” Ose_2:16-17. Ese día ha llegado.
Ya no vemos más a nuestro Dios como Baal, nuestro tirano señor y
poderoso amo, pues no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. Ahora
consideramos a Jehová, nuestro Dios, como nuestro Ishi, nuestro amado
esposo, nuestro Señor en amor, nuestro pariente por los vínculos de una
sagrada relación. No lo reverenciamos menos, sino que lo amamos más. No
le servimos con menor obediencia, sino más bien le servimos por una
razón más excelsa y cariñosa. No temblamos más bajo Su látigo, sino que
nos regocijamos en Su amor. El esclavo es convertido en un hijo, y la
tarea es vuelta placer.
¿Sucede así contigo, querido lector? ¿Ha
quitado la gracia el miedo servil y ha implantado el amor filial? ¡Cuán
felices somos con tal experiencia! Ahora llamamos al domingo un deleite,
y la adoración nunca es un fastidio. La oración es ahora un privilegio,
y la alabanza es un día de fiesta. Obedecer es el cielo; dar para la
causa de Dios es un banquete. De esta manera todas las cosas se han
vuelto nuevas. Nuestra boca está llena de himnos, y nuestro corazón está
pletórico de música. Bendito sea nuestro Ishi celestial por siempre y
para siempre.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

Dan 12:13 Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días. (BTx 3)
“Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días.” Dan_12:13.
Nosotros
no podemos entender todas las profecías, pero, a pesar de ello, las
consideramos con placer, y no con desánimo. No puede haber nada en el
decreto del Padre que deba alarmar justamente a Su hijo. Aunque la
abominación de la desolación esté investida de poder, el verdadero
creyente no será contaminado; más bien será purificado, y emblanquecido,
y probado. Aunque la tierra arda, los escogidos no tendrán ningún olor
de fuego. En medio de la caída estrepitosa de la materia, y de la
destrucción de los mundos, el Señor Jehová preservará a los Suyos.
Con
calma y resueltos en el deber, valerosos en el conflicto, y pacientes
en el sufrimiento, prosigamos nuestro camino, manteniéndonos en nuestra
ruta, sin desviarnos de ella y sin holgazanear en ella. El fin vendrá;
prosigamos nuestra marcha hasta que venga.
El reposo será nuestro.
Todas las otras cosas oscilan de un lado al otro, pero nuestro cimiento
permanece firme. Dios reposa en Su amor, y, por tanto, nosotros
reposamos en él. Nuestra paz es, y siempre será, como un río. Una
porción del Canaán celestial es nuestra, y estaremos en ella, venga lo
que venga. El Dios de Daniel dará una digna porción a todos aquellos que
se atrevan a decidirse por la verdad y por la santidad como lo hizo
Daniel. Ningún foso de leones nos privará de nuestra herencia
garantizada.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
