Mal
3:17 En el día que Yo preparo, dice YHVH Sebaot, serán para mí un
especial tesoro, y los perdonaré como un hombre perdona al hijo que lo
sirve (BTx 3)
Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe. Malaquías 3:17
Llega un día en que las joyas de nuestro gran Rey serán contadas para comprobar si correponden al inventario que su Palabra le entregó. Alma mía, ¿serás contada tú entre las piedras preciosas de Jesucristo? Si Él es precioso para ti, tú eres mucho más preciosa para Él; y tú serás suyo «en aquel día», y Él es tuyo en este día.
En los días de Malaquías, los elegidos del Señor tenían por costumbre hablar cada uno a su compañero de modo que Dios mismo les escuchaba, y le eran tan agradables sus conversaciones, que tomaba nota de sus palabras y escribió un libro que registro en su archivo. Sus discursos fueron gratos al Señor y a Él también agradaron. Reflexiona, alma mía, y pregúntate a ti misma: Si Jesús oyera tus conversaciones, ¿le serían gratas? ¿Van dirigidas a su gloria y a la edificación de los demás? Responde, alma mía, y asegúrate de la verdad de tu contestación.
Pero ¡qué gloria será para nosotros, pobres criaturas, ser contadas como joyas del Señor! Esta gloria es para todos sus santos. Jesús no dice solamente que «son míos», sino que «serán para mí». Él nos compró, nos buscó y nos guió y de tal modo nos hizo a su semejanza que Él luchará con todo su poder en favor nuestro.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Hab 3:19 ¡Adonay YHVH es mi fortaleza! Él me da pies como de ciervas y me hace andar en las alturas (BTx 3)
Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar. Habacuc 3:19
La confianza que el Siervo de Dios manifiesta aquí equivale a una promesa, porque lo que hemos aprendido por la fe, es una realidad que entra de lleno en los propósitos de Dios. El profeta tuvo que pasar por las rudas pruebas de la pobreza y del hambre, pero pudo bajar hasta estas profundidades sin resbalar porque el Señor le sostuvo. Luego fue invitado a escalar las alturas de los montes de la lucha; y no tuvo temor ni al bajar ni al subir.
El Señor le prestó fuerzas. El mismo Dios fue su fortaleza. Medita en esto: el Señor Omnipotente es nuestra fortaleza.
Atiende, asimismo, que el Señor aseguró sus pies. Las ciervas brincan sobre las rocas y peñascos sin perder el equilibrio. Nuestro Señor nos dé gracia para seguir los senderos más difíciles del deber sin dar un solo paso en falso. De tal manera puede calzar nuestros pies que nos encontraremos seguros en lugares en que, sin la protección de Dios, pereceríamos.
Pronto seremos llamados a un punto más elevado; allá arriba subiremos hasta el monte de Dios, hasta las alturas donde están congregados los bienaventurados. ¡Oh, cuán hermosos son los pies de la fe, con los cuales, como el ciervo de la mañana, subiremos al monte del Eterno!
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Nah 1:13 Sino que ahora te sacaré de encima su yugo Y romperé tus coyundas (BTx 3)
Porque ahora quebraré su yugo de sobre ti, y romperé tus coyundas. Nahúm 1:13
Dios permitió que los asirios oprimieran a su pueblo por algún tiempo; pero llegó la hora en que su poder debía ser quebrantado. Muchos corazones están esclavizados por Satanás y gimen amargamente bajo su yugo. Hasta ellos llegan las palabras de esperanza del Señor: «ahora quebraré su yugo de sobre ti y romperé tus coyundas». ¡Mira! El Señor te promete una liberación presente: «Ahora quebraré su yugo de sobre ti». Cree en una libertad inmediata, y según tu fe, se hará contigo en esta misma hora. Cuando Dios dice «ahora», que nadie ose decir «mañana».
La liberación que se anuncia es completa, porque tu yugo no será quitado, sino quebrantado; y tus coyundas no serán desatadas, sino rotas. Aquí tenemos una manifestación del poder divino que nos asegura que el tirano no volverá a oprimirnos nuevamente. Su yugo ha sido quebrantado, y su peso no volverá a agobiarnos; sus coyundas han sido rotas, ya no pueden sujetarnos. ¡Creamos en Jesús para obtener una emancipación completa y eterna! «Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres». Ven, Señor, y da libertad a tus cautivos según tu palabra.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Ecl 11:1 Echa tu pan sobre las aguas, Porque después de muchos días lo hallarás (BTx 3)
Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. Eclesiastés 11:1
No esperemos una recompensa inmediata por el bien que hayamos hecho; ni limitemos nuestros esfuerzos a los sitios y personas que puedan recompensar nuestro trabajo.
El egipcio esparce su semilla sobre las aguas del Nilo, donde al parecer se pierde por completo. Pero, al cabo de algún tiempo descienden las aguas, y el grano de arroz o de trigo se hunde en el lodo y produce una rica cosecha. Hagamos hoy bien a los ingratos y malos; instruyamos a los indiferentes y rebeldes. A veces las aguas, que ofrecen pocas probabilidades de fruto, cubren terrenos áridos que producen mucho. Nuestro trabajo para el Señor en ninguna parte será vano.
A nosotros nos toca echar nuestro pan sobre las aguas, y a Dios cumplir su promesa: «lo hallarás». Él jamás faltará a su promesa. Toda palabra que nosotros hayamos dicho en su nombre será hallada por nosotros. Tal vez no en seguida, pero, tarde o temprano, segaremos lo que hayamos sembrado.
Debemos ejercitar nuestra paciencia, porque tal vez el Señor quiera ejercitarla. «Después de muchos días», dice la Escritura; en muchos casos esos días se convierten en meses y años; mas su palabra es verdad. La promesa de Dios se cumplirá. Procuremos nosotros guardar sus mandamientos sobre todo en el día de hoy.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Jua
16:33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo
tenéis aflicción, pero confiad, Yo he vencido al mundo (BTx 3)
En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. Juan 16:33
Las palabras del Señor son verdaderas también en lo concerniente a la tribulación, y sin duda alguna en ella tengo yo mi parte. Mientras estoy en la era, no puede permanecer colgado el trillo, ni tampoco olvidado. ¿Cómo puedo encontrarme en mi propio hogar viviendo en país de enemigos?, ¿cómo puedo vivir gozoso estando en el destierro, y cómo en medio del desierto? La tierra no es lugar de reposo, sino la mansión del horno, de la fragua y del martillo. Mi experiencia está de acuerdo con las palabras del Señor.
Yo sé que Él me manda «confiar». Y, sin embargo, soy muy propenso a desalentarme. Mi espíritu se abate en seguida cuando me veo cercado de pruebas. Mas no debo ceder en este sentimiento. Cuando mi Señor me ordena confiar, no debo dejarme llevar del abatimiento.
¿De qué argumento se sirve para animarme? Su propia victoria. Él dice: «Yo he vencido al mundo». Su lucha fue mucho más penosa que la mía. Yo no he resistido todavía hasta la sangre. Considera, alma mía, que el enemigo ha sido vencido una vez; por tanto, peleo con un adversario vencido.
¡Oh, mundo! Jesús te ha derrotado, y en mí, con su gracia, te vencerá de nuevo. Por eso tengo buen ánimo y canto a mi Señor victorioso.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Mat
26:64 Jesús le dice: Tú lo has dicho. Y además, os digo: Desde ahora
veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo en
las nubes del cielo (BTx 3)
Y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. Mateo 26:64
¡Señor, qué humillación para ti comparecer delante de tus perseguidores como un criminal! Sin embargo, los ojos de tu fe contemplaron más allá de tu humillación presente, tu gloria venidera. ¡Cuántas cosas se encierran en estas palabras: «y aun desde ahora»! En lugar de flaqueza tú tienes el poder, en vez de venganza, la gloria; en vez de escarnio, la adoración. Tu cruz nunca pudo oscurecer el resplandor de tu corona, ni los esputos han desfigurado la hermosura de tu parecer.
Todo lo contrario; has sido exaltado y engrandecido a causa de tus sufrimientos.
Por eso, Señor, quisiera cobrar ánimo «desde ahora». Quisiera olvidar mi tribulación presente con la visión del triunfo futuro. Ayúdame, y levanta mi corazón con el amor de tu Padre y con la paciencia tuya, para que cuando a causa de tu nombre, sea yo escarnecido, no vacile, sino que piense más en la otra vida y menos en la presente. Pronto estaré contigo para contemplar tu gloria. Por lo tanto, no me avergüenzo de mi seguridad, sino que digo desde lo más íntimo de mi corazón: «Y aun desde ahora».
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román
Mar 1:17 Jesús les dijo: Venid en pos de mí y haré que seáis pescadores de hombres (BTx 3)
Y les dijo Jesús: venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Marcos 1:17
Sólo siguiendo a Jesús podremos satisfacer el deseo de nuestro corazón, y ser verdaderamente útiles para nuestros semejantes. ¡Oh si fuéramos pescadores útiles para Jesús!
A buen seguro que sabríamos sacrificar nuestras vidas para ganar almas. Pero muchas veces somos tentados a emplear medios que Jesús nunca empleó. ¿Cederemos a la tentación del enemigo? Si así obramos, tal vez logremos salpicarnos con el agua, pero nunca cogeremos peces. Si queremos salir airosos, es necesario seguir a Jesús. Los métodos sensacionales y efectistas, las diversiones y otras cosas análogas, ¿son a propósito para ir en pos de Jesús? ¿Creemos que el Señor Jesús, para salvar a las almas, emplearía los medios que tan en boga se hallan hoy? ¿Cuál es el resultado? Seguramente que no será de aquellos que puedan ser admitidos en el día del juicio.
No podemos salirnos del método estricto de la predicación; tal fue el método de Jesucristo nuestro Maestro; porque sólo así se salvan las almas. Debemos predicar su doctrina y proclamar su evangelio completo y gratuito, porque esa es la red en la que se cogen las almas. Hemos de poner en la predicación su ternura, su confianza, su amor; ahí está el secreto del éxito en los corazones de los hombres. Hemos de trabajar con su divina unción y con la participación del Espíritu Santo.
De este modo, caminando en pos de Jesús, y no delante de Él, ni lejos de Él, seremos pescadores de hombres.
La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román